Honduras: golpe, mediación ¿y…?
Nidia
Díaz
NO nos llamemos a engaño. Los
cabecillas del golpe de Estado
cívico-militar que usurpan el poder en
Honduras desde la madrugada del 28 de
junio último están aislados. Quién diga
lo contrario miente. Su permanencia o no
en el poder depende en gran medida de
que no flaquee en sus posiciones la
comunidad internacional que los condenó
unánimemente. La misma que no dudó en
aprobar como principios irrenunciables
el retorno del presidente Zelaya a su
país sin condiciones y sin negociaciones
con aquellos que carecen de autoridad
moral e institucional para dialogar.
A esta verdad de Perogrullo, sin
embargo, la están tratando sutilmente de
socavar y para ello se utiliza la
manipulación del lenguaje y la engañosa
"objetividad" de algunos que, obligados
por las circunstancias, se sumaron al
reclamo universal de defensa de la
democracia y de la soberanía hondureñas
cuando en realidad por debajo de la mesa
aplaudían el zarpazo.
El martes 7 de julio, tras una
reunión de media hora sostenida con el
presidente Manuel Zelaya en Washington,
la jefa de la diplomacia yanqui, Hillary
Clinton, informó en conferencia de
prensa —a la que no convidó al
interesado—, que se había aceptado al
presidente de Costa Rica, Oscar Arias,
como "mediador" en el "conflicto"
surgido en Honduras.
Minutos antes, ella misma conversó
telefónicamente con el golpista Roberto
Michelletti de quien solicitó su
anuencia para el "diálogo" quien,
obviamente, estuvo de acuerdo por ser
una forma de legitimarlo.
La prioridad en este momento de mi
país, dijo la Clinton, es "que las dos
partes en Honduras inicien el diálogo y
quede restablecido el orden
constitucional", según reportes de las
agencias EFE y Reuters.
Ni una palabra sobre el regreso del
presidente Zelaya como recaba su pueblo
y como quedó aprobado por aclamación en
el seno de la OEA y de la Asamblea
General de Naciones Unidas, entre otros
muchos foros internacionales .
La Secretaria norteamericana de
Estado dijo estar animada de que Zelaya
haya aceptado el proceso de negociación
en Costa Rica, que es "un camino mejor,
en este momento, que intentar volver (a
Honduras)".
En igual posición Ian Kelly, portavoz
del Departamento de Estado, reiteró que
"lo importante es establecer un proceso
que lleve a la restauración del orden
constitucional".
Desde Moscú, el presidente Barack
Obama también hizo pública su posición
cuando expresó, según despachos de
prensa, que "América apoya la
restauración del Presidente
democráticamente electo de Honduras, a
pesar de que se ha opuesto fuertemente a
las políticas americanas".
Más claro ni el agua.
Por su parte, el presidente Manuel
Zelaya, acompañado de su canciller,
Patricia Rodas, al ofrecer a la prensa
su versión del encuentro con la Clinton
dijo que lo acordado con ella y con el
presidente Arias no es una negociación,
es "la planificación de la salida de los
golpistas del país".
"No estamos haciendo una negociación,
hay cosas que no son negociables (...).
Por ejemplo, la restitución del sistema
presidencial en Honduras no es un asunto
que está en negociación en ninguna parte
ni en la carta de la OEA ni en la
resolución de la Organización de Estados
Americanos ni en la resolución de
Naciones Unidas. Mal haría su servidor
como Presidente electo por la voluntad
del pueblo de ir a negociar lo que a mí
no me compete, no voy a traicionar mis
principios, ni los principios del pueblo
que está luchando en las calles
hondureñas", aclaró Zelaya.
"El pueblo está en la calle, Honduras
está paralizado, hay huelgas, marchas.
Hoy hasta mi esposa y mis hijos están
encabezando una de ellas apoyando al
pueblo hondureño".
Y esto, aunque no lo publiquen los
grandes medios, lo saben en Washington y
esta jugada del imperio por intentar
desconocer lo que ellos mismos se vieron
obligados a suscribir ante la
indignación universal que provocó el
zarpazo del golpe de Estado en Honduras
y que implica el retorno sin condiciones
del presidente Zelaya a Honduras sin
negociación con los golpistas por
carecer de legitimidad, es una carta que
se están jugando para atenuar las
críticas que desde la ultraderecha y los
halcones del stablishment
imperial los están acorralando.
Difícil posición para una
administración que en la Cumbre de las
Américas en Trinidad y Tobago y en la
Asamblea General de la OEA en San Pedro
Sula, intentó hace apenas unas semanas
mostrarse con una nueva imagen, que la
distinguiera claramente del anterior
régimen de George W. Bush, y la obligó a
asumir ciertas posiciones que, sin dejar
de ser ambiguas, pudieran haberse
interpretado como el inicio de una nueva
época dentro de las siempre conflictivas
relaciones del imperio con sus vecinos
americanos.
Precisamente por ese antecedente no
pocos le concedieron el beneficio de la
duda. Al menos en esta ocasión, dijeron,
parecía que el Gobierno de los Estados
Unidos no era responsable directa ni
indirectamente del renacer del gorilismo
en el país centroamericano.
Tampoco hay que descartar que en este
caso, como en otros, el Presidente de
Estados Unidos y su equipo de gobierno
pudieran estar siendo víctimas y, a la
vez, prisioneros de sus propias
palabras, al no poder librarse del
acoso, las presiones y amenazas de la
extrema derecha política, el complejo
militar-industrial, los principales
consorcios informativos vinculados al
gran capital y, por tanto,
ideológicamente proclives al pensamiento
imperial reaccionario.
No es casual que ante el giro dado
por la administración demócrata respecto
a Honduras, Ileana Ros-Lehtinen,
congresista republicana de origen cubano
y representante de la mafia
cubano-americana haya expresado: "iEsa
es una mejor posición de la que teníamos
hace 24 horas ¿¿".(…) "Creo que es la
posición correcta que tiene que adoptar
el Departamento de Estado".
Queda por ver si el actual presidente
de Estados Unidos es capaz de salirse
del cerco que estos sectores extremistas
le tienen montado y van apretando poco a
poco con hechos que pretenden presentar
como irreversibles, como este del golpe
fascista en Honduras en un verdadero
intento de hacer retroceder el proceso
de transformaciones y cambios en
Centroamérica, en particular, y en
América Latina y el Caribe en general o,
simplemente si este continente que lo
recibió con positiva expectativa no
tendría menos que evocar aquello de ¿tú
también, Obama? •