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I N T E R N A C I O N A L

La Habana, 27 de Agosto de 2009

 

El reto de los Kennedy
Edward, el hermano menor de JFK y Robert, falleció ayer

GABRIEL MOLINA

Edward Kennedy ha arrastrado hasta su último aliento el reto de su familia: sanear la sucia política de Estados Unidos.

El reto de los KennedyEn una reflexión de abril último, Fidel reconocía a esa familia, en especial al asesinado presidente John F. Kennedy (JFK), como representante de "una nueva generación de norteamericanos que enfrentaba a la vieja y sucia política de hombres de la calaña de Nixon y lo había derrotado con derroche de talento político".

La atención se dirige ahora a la última importante batalla de Edward, la de llevar el Medicare (seguro médico) a los casi 50 millones de norteamericanos que no pueden disfrutarla. Sin embargo, no debe olvidarse la decisiva participación de los Kennedy, encabezados últimamente por él, en la victoria electoral de Barack Obama. Sin ese triunfo no se podría siquiera pensar en debatir el Medicare. Sin ese apoyo moral, político y financiero, probablemente continuaría en el poder la sucia saga de los Bush y los Nixon.

Para el líder cubano no era fácil el maduro análisis de un clan que ejecutó contra Cuba una frustrada invasión, un eventual ataque nuclear y varios intentos de magnicidio. Prevaleció en su análisis la contención, el autocontrol que demostró JFK, a pesar de las poderosas presiones combinadas de la CIA y el Pentágono.

Prevaleció también el reconocimiento a la rectificación que mostraron John y Robert desde el desenlace de la amenaza nuclear. Fue tanta esa voluntad que contribuyó en importante medida a inspirar la conspiración para asesinar al Presidente, como reconoce el informe de la Comisión del Congreso que investigó el atentado del 22 de noviembre de 1963. Nadie ha podido negar que los conspiradores dieron pasos sustanciales para acabar con la Revolución cubana, fabricando complicidades con Lee Harvey Oswald, el presunto tirador solitario.

Prevaleció el respeto a los objetivos de esa familia empeñada en cambiar la sucia política nacional e internacional, simbolizada en los últimos 70 años, más que nadie, por tres generaciones de los Bush. La lucha de Robert Kennedy por dar seguimiento a las ideas de su hermano, también en lo tocante a Cuba, condujeron asimismo a la menos conocida conspiración para igualmente asesinarlo en junio de 1968, cuando investido por la candidatura de los demócratas que ganó, su popularidad amenazaba con llevarlo a la presidencia de Estados Unidos.

La sinceridad de esos análisis se muestra en el respeto con que los hermanos sobrevivientes y sus descendientes han tratado desde entonces a Fidel Castro y a la Revolución cubana. John John Kennedy, el hijo del finado Presidente, fue uno de los miembros del clan que vinieron a La Habana para conocerlo. El sospechoso accidente de aviación en que halló la muerte el joven de 38 años, señalado como el encargado de mantener viva la tradición de los Kennedy, ocurrió varias semanas antes de la amplia entrevista para su revista, que habían planificado para diciembre de 1999 desde el primer encuentro. Él relató en varias páginas del semanario Paris Match las gratas impresiones que obtuvo con Fidel.

Todos los autores concuerdan en que Edward, el menor de los hermanos Kennedy portaba también la mística de la familia. Personalmente lo comprobé en el sótano del edificio del Capitolio en Washington, cuando fue divisado por la numerosa concurrencia. Todos corrían para hablarle o al menos verlo de cerca.

"Durante cinco décadas (1962-2009), prácticamente toda importante pieza legislativa para promover los derechos civiles, la salud y el bienestar económico del pueblo estadounidense llevó su nombre y fructificó por su esfuerzo", dijo Obama.

The New York Times recordaba este miércoles cómo Ted Kennedy se presentó en agosto del año pasado durante la campaña electoral, ya herido de muerte por un tumor canceroso cerebral. Edward electrificó a los delegados a la Convención Nacional Demócrata en Denver, al declarar con voz fuerte: "He venido esta noche a pararme junto a ustedes para cambiar a América, para restaurar el futuro, a elevarnos hacia nuestros mejores ideales al elegir a Barack Obama como presidente de los Estados Unidos".

El aporte moral, político y financiero de los Kennedy, fue decisivo incluso para ganar la candidatura sobre Hillary Clinton. A partir de ese momento cambió el panorama electoral.

"Un importante capítulo de nuestra historia ha llegado a su fin. Nuestro país ha perdido un gran líder, quien levantó la antorcha de sus fallecidos hermanos y se convirtió en el más grande senador de Estados Unidos de nuestros tiempos", agregaba el diario.

Pero los medios masivos de EE.UU. no dejaban de vincularlo también a semejantes aventuras amorosas que las de sus hermanos. The New York Times también recoge cómo las aspiraciones a la Casa Blanca que todos los observadores le pronosticaban en reemplazo de sus hermanos asesinados, se frustraron en 1969 por el trágico incidente en que halló la muerte la joven de 28 años Mary Jo Kopechne, colaboradora de su hermano Robert. Ella se ahogó cuando lo acompañaba al salir de una fiesta. El auto que conducía cayó al agua en Chappaquiddick (pequeña isla cerca del elegante balneario de Martha's Vineyard, en Massachussets), cuando falló al penetrar en el puente. Edward Kennedy logró salvarse, pero tardó diez horas en reportar el accidente, lo cual lo hizo vulnerable a las contingencias de una campaña para ocupar la presidencia.

Los Kennedy han señalado desde el año pasado a Obama como el hombre que podría continuar los sueños de cambio de John. Los acontecimientos de estos años han hecho surgir temores no infundados de que la historia se repita. Es una posibilidad difícil, pero innegable y que ya ha reflejado algunos síntomas y similitudes. La ofensiva anunciada por la actuación de la CIA en sus campañas contra el terrorismo, sean en Guantánamo o en Colombia, ilustran algunos de esos síntomas. No estamos en 1963 ni en 1968, cuando fueron asesinados los Kennedy. Pero... la propia prensa de Estados Unidos está llamando la atención, como apuntó Fidel hace unos días.

 
 

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