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El reto de
los Kennedy
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Edward,
el hermano menor de JFK y Robert,
falleció ayer
GABRIEL MOLINA
Edward Kennedy
ha arrastrado hasta su último aliento el
reto de su familia: sanear la sucia
política de Estados Unidos.
En
una reflexión de abril último, Fidel
reconocía a esa familia, en especial al
asesinado presidente John F. Kennedy (JFK),
como representante de "una nueva
generación de norteamericanos que
enfrentaba a la vieja y sucia política
de hombres de la calaña de Nixon y lo
había derrotado con derroche de talento
político".
La atención se
dirige ahora a la última importante
batalla de Edward, la de llevar el
Medicare (seguro médico) a los casi 50
millones de norteamericanos que no
pueden disfrutarla. Sin embargo, no debe
olvidarse la decisiva participación de
los Kennedy, encabezados últimamente por
él, en la victoria electoral de Barack
Obama. Sin ese triunfo no se podría
siquiera pensar en debatir el Medicare.
Sin ese apoyo moral, político y
financiero, probablemente continuaría en
el poder la sucia saga de los Bush y los
Nixon.
Para el líder
cubano no era fácil el maduro análisis
de un clan que ejecutó contra Cuba una
frustrada invasión, un eventual ataque
nuclear y varios intentos de magnicidio.
Prevaleció en su análisis la contención,
el autocontrol que demostró JFK, a pesar
de las poderosas presiones combinadas de
la CIA y el Pentágono.
Prevaleció
también el reconocimiento a la
rectificación que mostraron John y
Robert desde el desenlace de la amenaza
nuclear. Fue tanta esa voluntad que
contribuyó en importante medida a
inspirar la conspiración para asesinar
al Presidente, como reconoce el informe
de la Comisión del Congreso que
investigó el atentado del 22 de
noviembre de 1963. Nadie ha podido negar
que los conspiradores dieron pasos
sustanciales para acabar con la
Revolución cubana, fabricando
complicidades con Lee Harvey Oswald, el
presunto tirador solitario.
Prevaleció el
respeto a los objetivos de esa familia
empeñada en cambiar la sucia política
nacional e internacional, simbolizada en
los últimos 70 años, más que nadie, por
tres generaciones de los Bush. La lucha
de Robert Kennedy por dar seguimiento a
las ideas de su hermano, también en lo
tocante a Cuba, condujeron asimismo a la
menos conocida conspiración para
igualmente asesinarlo en junio de 1968,
cuando investido por la candidatura de
los demócratas que ganó, su popularidad
amenazaba con llevarlo a la presidencia
de Estados Unidos.
La sinceridad de
esos análisis se muestra en el respeto
con que los hermanos sobrevivientes y
sus descendientes han tratado desde
entonces a Fidel Castro y a la
Revolución cubana. John John Kennedy, el
hijo del finado Presidente, fue uno de
los miembros del clan que vinieron a La
Habana para conocerlo. El sospechoso
accidente de aviación en que halló la
muerte el joven de 38 años, señalado
como el encargado de mantener viva la
tradición de los Kennedy, ocurrió varias
semanas antes de la amplia entrevista
para su revista, que habían planificado
para diciembre de 1999 desde el primer
encuentro. Él relató en varias páginas
del semanario Paris Match las gratas
impresiones que obtuvo con Fidel.
Todos los
autores concuerdan en que Edward, el
menor de los hermanos Kennedy portaba
también la mística de la familia.
Personalmente lo comprobé en el sótano
del edificio del Capitolio en
Washington, cuando fue divisado por la
numerosa concurrencia. Todos corrían
para hablarle o al menos verlo de cerca.
"Durante cinco
décadas (1962-2009), prácticamente toda
importante pieza legislativa para
promover los derechos civiles, la salud
y el bienestar económico del pueblo
estadounidense llevó su nombre y
fructificó por su esfuerzo", dijo Obama.
The New York
Times recordaba este miércoles cómo Ted
Kennedy se presentó en agosto del año
pasado durante la campaña electoral, ya
herido de muerte por un tumor canceroso
cerebral. Edward electrificó a los
delegados a la Convención Nacional
Demócrata en Denver, al declarar con voz
fuerte: "He venido esta noche a pararme
junto a ustedes para cambiar a América,
para restaurar el futuro, a elevarnos
hacia nuestros mejores ideales al elegir
a Barack Obama como presidente de los
Estados Unidos".
El aporte moral,
político y financiero de los Kennedy,
fue decisivo incluso para ganar la
candidatura sobre Hillary Clinton. A
partir de ese momento cambió el panorama
electoral.
"Un importante
capítulo de nuestra historia ha llegado
a su fin. Nuestro país ha perdido un
gran líder, quien levantó la antorcha de
sus fallecidos hermanos y se convirtió
en el más grande senador de Estados
Unidos de nuestros tiempos", agregaba el
diario.
Pero los medios
masivos de EE.UU. no dejaban de
vincularlo también a semejantes
aventuras amorosas que las de sus
hermanos. The New York Times también
recoge cómo las aspiraciones a la Casa
Blanca que todos los observadores le
pronosticaban en reemplazo de sus
hermanos asesinados, se frustraron en
1969 por el trágico incidente en que
halló la muerte la joven de 28 años Mary
Jo Kopechne, colaboradora de su hermano
Robert. Ella se ahogó cuando lo
acompañaba al salir de una fiesta. El
auto que conducía cayó al agua en
Chappaquiddick (pequeña isla cerca del
elegante balneario de Martha's Vineyard,
en Massachussets), cuando falló al
penetrar en el puente. Edward Kennedy
logró salvarse, pero tardó diez horas en
reportar el accidente, lo cual lo hizo
vulnerable a las contingencias de una
campaña para ocupar la presidencia.
Los Kennedy han
señalado desde el año pasado a Obama
como el hombre que podría continuar los
sueños de cambio de John. Los
acontecimientos de estos años han hecho
surgir temores no infundados de que la
historia se repita. Es una posibilidad
difícil, pero innegable y que ya ha
reflejado algunos síntomas y
similitudes. La ofensiva anunciada por
la actuación de la CIA en sus campañas
contra el terrorismo, sean en Guantánamo
o en Colombia, ilustran algunos de esos
síntomas. No estamos en 1963 ni en 1968,
cuando fueron asesinados los Kennedy.
Pero... la propia prensa de Estados
Unidos está llamando la atención, como
apuntó Fidel hace unos días.
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