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Silvio Rodríguez dio un
concierto inolvidable en Lima
LIMA, 23 feb (PL) —. El trovador cubano
Silvio Rodríguez selló al filo de la
medianoche un reencuentro lleno de amor
y poesía con los peruanos de tres
generaciones, que lo aclamaron en un
concierto inolvidable.
Durante casi tres horas Silvio llenó de
luz una noche fresca, en la que el
verano pareció detenerse para hacer más
grato el acontecimiento.
Canciones de todas las épocas, desde "La
era está pariendo un corazón" de hace
cuatro décadas, hasta las más novedosas,
colmaron las expectativas de unos ocho
mil seguidores del cantautor, que
llenaron el escenario al aire libre del
Jockey Club.
Además de ofrecer generosamente sus
canciones, Silvio hizo gala de su
carisma y su dominio de escena,
interactuando con el público,
manejándolo con afecto coloquial y
sorprendiéndolo en cada tema, con
preludios musicales novedosos que no
permitían identificar la canción en los
primeros segundos.
Humilde, comenzó sin demoras de divo y
agradeciendo a quienes le dedicaban esa
noche unos momentos de sus vidas y entre
los que había muchos jóvenes que no
habían nacido cuando el trovador cantó
en Lima, en 1986.
Esos muchachos, para sorpresa de
algunos, reclamaban a todo pulmón
canciones clásicas de Silvio, como "La
era...", "Playa Girón" y "Ojalá",
mientras el ídolo de tres generaciones,
el emblema de una causa, pedía paciencia
y mantenía el orden del programa.
El público, de pie, rugía en cuanto
identificaba la canción que había
empezado el artista y coreaba las
letras. Los vivas a Cuba sonaron
cálidos, en la zona popular, cuando
cantó a sus convicciones cubanas,
diciendo que se muere como vivió o que
es un hombre feliz en un país libre.
Silvio no sólo lanzó al viento su
mensaje revolucionario y cubano,
humanista y universal, sino que leyó un
poema de su compañero de generación,
Rogelio Nogueras, dedicado a las
víctimas de las agresiones de Israel a
Líbano, como introducción a una canción
dedicada al tema.
También saludó con cariño a quienes
habían llegado a verlo y escucharlo
desde la mítica ciudad andina de Cusco y
otros confines de Perú y hasta de países
vecinos como Bolivia y Ecuador, ondeando
sus banderas.
Se declaró conmovido y agradecido por el
cariño de los peruanos y por un
movimiento de jóvenes seguidores que
cultiva sus canciones y forma el grupo
musical "Silvio a la carta", e invitó a
cantar a la joven y notable intérprete
Miriam Quiñones.
La joven dijo que su vida no sería la
misma si no fuera por Silvio e
interpretó, a la altura de las
circunstancias, "Eva", de Silvio, una
canción de la compositora peruana
Chabuca Granda y un poema del vate
universal César Vallejo, musicalizado
por Neol Nicola, el desaparecido
trovador cubano.
El entusiasmo de los asistentes pareció
llegar a su clímax cuando, como en el
fútbol, comenzaron a saltar rítmicamente
y corear "Olee, olé, olé, oleeee,
Silvio, Silvio", entre canción y canción
del poeta y músico.
Se acercaba la medianoche cuando Silvio
se despidió y junto a sus espléndidos
músicos dejó el escenario, ante lo cual
los asistentes lo aclamaron, sin moverse
hasta que volvió a cantar; lo que se
repitió varias veces, hasta despedirse
el artista con un sincero y conmovido
"Volveremos".
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