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La
entrevista de Fidel con...(II)
FAUSTINO LO
LLEVÓ A MANZANILLO Y ALMEIDA FUE EL
PRIMERO EN RECIBIRLO EN LA SIERRA
La casa del viejo Epifanio se erguía
solidaria en el lugar conocido por Los
Chorros, al sur del Purial de Jibacoa,
en la vertiente norte de la Sierra
Maestra. Cubierta de potreros de hierba
de Guinea y cañadas boscosas, la finca
carecía de grandes elevaciones que
posibilitaran el mejor resguardo de la
guerrilla, aunque por el lugar en que se
encontraba, casi en el llano, facilitaba
el mejor acceso de cualquier vehículo
automotor o el desplazamiento de una
persona no ducha a caminar por los
abruptos pasajes montaraces.
Fidel, conocedor de la lealtad
colaboradora de Epifanio y la de sus dos
hijos, Enrique y Miguel, decidió esperar
en ese sitio al periodista
norteamericano y efectuar
simultáneamente su primera gran reunión
con los principales dirigentes del llano
oriental.
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El
primer combatiente en recibir a
Matthews en la Sierra fue el hoy
Comandante de la Revolución Juan
Almeida, con quien el destacado
periodista simpatizó desde el primer
instante.
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Hijo de
campesinos, y campesino él también,
Guerrita podía identificar las horas con
solo mirar los astros. Por eso tan
pronto vio la luna encaramada en el
centro del firmamento, supo que el
domingo 17 de febrero de 1957 estaba a
punto de fenecer.
Fue entonces,
cuando detuvo la marcha y dictaminó que
había que continuar a pie. Matthews se
bajó gustoso y emprendió junto al grupo
el ascenso por entre los trillos, la
oscuridad y el chirrido del grillo
insomne. Guerra Matos, mayor conocedor
de los vericuetos, marchaba delante
mientras el periodista se orientaba por
sus pasos sin soltar la cachimba ni la
añoranza por llegar.
De pronto
apareció ante ellos el arroyo Tío Lucas,
que serpenteaba escurridizo por entre
los árboles de la Maestra. Para llegar
hasta el campamento había que cruzar
inevitablemente el riachuelo de aguas
frías y correntonas. René se lo hizo
saber al reportero de The New York Times
y este respondió con un gesto animoso.
Matthews entró
brioso, pero en medio del espejo
tembloroso del río, perdió el equilibrio
y cayó aparatosamente entre las aguas de
bajo fondo. "¡Se jodió el americano!",
gritó Guerrita. Mas, pese al sorpresivo
resbalón, el periodista levantó con
ligereza el pequeño bolso que traía en
las manos sin soltar la cachimba de la
boca. Guerrita le tendió la diestra de
auxilio y el norteamericano se incorporó
con ciertos bríos juveniles.
El arroyo de la
sierra, que a Martí complacía más que el
mar, se comporta como un perro
hambriento que lame y lame las piedras
del fondo hasta dejarlas pulidas y
resbaladizas. Los zapatos de Matthews,
al parecer, no tuvieron en cuenta este
postulado fluvial de la serranía, y el
periodista se deslizó sobre el manto
frío y resbaloso, como un clásico
pelotero en pos de una almohadilla.
Sin embargo, no
perdió ni el porte ni la entereza, y con
un gesto gallardo instó a continuar el
sendero hacia el campamento, que sin él
saberlo, quedaba ya a escasos minutos.
El primero en
recibirlo fue el expedicionario Juan
Almeida Bosque, quien le explicó que el
Comandante en Jefe se encontraba en ese
momento en su Estado Mayor y que vendría
al amanecer. Matthews simpatizó de
primera ojeada con este hombre que
apoyaba sus palabras en la traducción de
Pazos, y le hizo saber, además, al
recién llegado que la tropa disponía de
varios campamentos.
La conversación
se prolongó por varios minutos, a la que
se incorporaron el combatiente Ciro
Frías y otros guerrilleros. Almeida le
pidió a Matthews que descansara un poco
bajo una cobija de yagua. El
norteamericano accedió a la amabilidad,
mientras sacó del bolsillo unos
fósforos, salvados del chapuzón
madrugador, y le prendió fuego a la
picadura, guarecida en el redondel de la
pipa inmutable.
Celia Sánchez,
recordaba:
Aquella noche
salimos a caminar para ver si
encontrábamos una casita que se veía por
el día. Íbamos Fidel, Armando, Frank,
Vilma y yo; y Luis Crespo que siempre
andaba perdido, y quiso ir de guía.
Nunca hallamos la casita; caminamos
tanto de noche que no supimos volver al
campamento; nos acostamos en el campo
raso. Esa madrugada llegó Matthews.
Cuando Universo llegó con la noticia, se
le comunicó que dijera que Fidel estaba
en otro campamento, que lo esperara
allí. Almeida, el Che y Raúl quedaron
con el visitante.
Con los primeros
rayos del sol llegó al campamento el
grupo encabezado por Fidel. Vilma Espín,
prestigiosa combatiente de la
clandestinidad en Santiago de Cuba y
quien había sido llevada horas antes por
Guerrita hasta el campamento, y Javier
Pazos servirían de traductores, aunque
Fidel tenía buen dominio del idioma
inglés.
Raúl se adelantó
al grupo y le dio la mano al periodista
al tiempo que anunciaba la llegada del
máximo líder. En su diario de campaña,
el entonces capitán Raúl Castro narró el
hecho de la siguiente manera:
Llegamos allí
y abracé al "Flaco" (René Rodríguez) que
en realidad había cumplido lo que
ofreciera. Le di la mano al periodista y
recordando mi rudimentario inglés
escolar le dije: How are you? No entendí
lo que me contestó y seguidamente llegó
F (Fidel) quien después de saludarlo se
sentó con él en la chabola y empezó la
entrevista periodística, que seguramente
se constituirá en un "palo"(...)
Mientras ellos seguían en la entrevista,
el oficial de guardia Almeida triplicó
la vigilancia, tomando todas las medidas
de seguridad que estuvieran a nuestro
alcance dentro de aquel cayito de
manigua, que más bien era una ratonera.
Desgraciadamente esta es una zona
completamente desmontada y fue un
atrevimiento nuestro separarnos tanto de
nuestros queridos bosques. Si aquí nos
sorprendieran por efecto de un
chivatazo, el 26 de Julio sufriría un
colapso, pues por muy bien que
saliéramos corríamos el riesgo de perder
algunas de nuestras valiosas cabezas.
MATTHEWS SE
IMPRESIONÓ CON FIDEL
Guerra Matos,
por su parte, lo describió así:
"Vi llegar a
Fidel y saludar al periodista y sentí
una satisfacción muy grande, mas no la
exterioricé. Había aportado un granito
de arena en este encuentro muy esperado
por nuestro jefe máximo y el cual
revestía una gran importancia para dar a
conocer al mundo la noticia de que Fidel
estaba vivo y la guerrilla en pie de
lucha. En todo el trayecto me esmeré en
que el norteamericano se sintiera lo más
cómodo y seguro, pues un arrepentimiento
de este a última hora, marcaría mi vida
para siempre.
"Cuando resbaló
en medio del arroyo se me pusieron los
pelos de punta, aunque me fue imposible
evitarlo. Pero el periodista venía tan
decidido como nosotros a llegar hasta el
campamento y ni un bombardeo nos iba a
detener. Observé entusiasmo en Fidel
mientras caminaba hacia donde estaba
Matthews, y ese regocijo lo trasladé
también para mi corazón."
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Fidel acompañado de
Guerra Matos, por aquellos días en
la Sierra Maestra.
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Fidel saludó a
Matthews cortés y sencillo. Con suma
naturalidad se sentó frente al reportero
de The New York Times y comenzó el
diálogo de preguntas y respuestas.
Matthews, como periodista experimentado,
ya había indagado en su estancia en La
Habana sobre la situación existente en
Cuba, la represión a que estaba sometido
el pueblo, y conocía, además, muchos
rasgos personales de Fidel y algunos
datos de su historia revolucionaria
estudiantil y su participación como
líder del asalto al cuartel Moncada, de
Santiago de Cuba.
No obstante le
impresionó la juventud de Fidel, pero en
la medida en que lo iba oyendo, sacó la
sabia conclusión de que el jefe
guerrillero era un hombre invencible.
Fidel le habló
de toda la odisea del desembarco, en el
que fueron capturados y asesinados
muchos expedicionarios, mas la tropa
pudo reagruparse, consolidarse e
infligirle en los dos meses que llevaban
alzados varias derrotas al Ejército de
Batista.
Ya llevamos
setenta y nueve días de lucha —expresó
Fidel —y somos más fuertes que nunca.
Los soldados están peleando mal. Su
moral es baja y la nuestra no puede
estar más alta. Les hemos causado muchas
bajas, pero cuando les hacemos
prisioneros nunca los fusilamos. Los
interrogamos, los tratamos bien, nos
quedamos con sus armas y equipos, y los
dejamos en libertad.
Y más adelante
agregó:
El pueblo cubano escucha por la radio
todo lo relacionado con Argelia, pero no
oye ni lee una sola palabra acerca de
nosotros, gracias a la censura. Usted
será el primero en hablarle de nosotros.
Tenemos seguidores en toda la isla. Los
mejores elementos, especialmente los
jóvenes, están con nosotros. El pueblo
cubano es capaz de soportar cualquier
cosa menos la opresión.
Fidel señaló al
periodista que la dictadura estaba
utilizando contra el pueblo armas
suministradas por los Estados Unidos y
añadió:
Batista tiene tres mil hombres sobre
las armas contra nosotros. Yo no te diré
cuántos somos, por razones obvias. El
ejército opera en columnas de 200
hombres. Nosotros en grupo de diez a
cuarenta. Es una batalla contra el
tiempo, y el tiempo está a nuestro
favor.
Mientras se
suscitaba la plática, René Rodríguez con
una camarita de cajón que había traído
de Manzanillo se graduaba de
corresponsal de guerra. Con sumo afán
encuadraba en el lente al entrevistado y
el entrevistador y apretaba el
obturador, mientras Matthews, con trazos
ágiles y poco legibles, iba tomando
notas en una libreta de color negro.
Frank País, el
gran líder clandestino, algo alejado,
aprovechaba el tiempo en darle
mantenimiento a las armas de los
rebeldes, acción que se marcaría para
siempre en la pupila escrutadora del Che
Guevara, quien escribió posteriormente
en su diario:
No presencié la entrevista, pero
según los cuentos de Fidel el hombre se
mostró amigable y no hizo preguntas
capciosas. Hizo a Fidel la pregunta de
que si era antimperialista, contestando
él que si lo era, en el sentido de
ambicionar despojar a su patria de las
cadenas económicas, pero no en el odio a
los EE.UU., y su pueblo. Fidel se quejó
de la ayuda militar prestada a Batista,
haciéndole ver lo ridículo (que era)
pretender que esas armas eran para la
defensa del continente cuando no podían
acabar con un grupo de Rebeldes en la
Sierra Maestra.
El diálogo
FidelMatthews estuvo matizado también
por el ingenio del cubano, donde el
humor y la originalidad aparecían en los
momentos más trascendentales y de mayor
tensión. La tropa rebelde trataba por
todos los medios de impresionar al
periodista, sin caer en alardes ni
mentiras que pudieran poner en tela de
juicio la veracidad y la real existencia
y fuerza de la guerrilla.
Por eso Fidel
orientó desde un inicio mantener un aire
marcial ante el reportero norteamericano
y provocar una imagen de grupo que
aparentara más hombres de los que
realmente eran. Mientras se efectuaba la
conversación los rebeldes entraban y
salían constantemente del campamento, lo
que hacía denotar una acumulación mayor
de personas. Con ello se correspondía la
insinuación de Almeida sobre la
existencia de varios campamentos en el
entorno.
Algunos
guerrilleros, como Manuel Fajardo,
pasaban frente a Matthews sin darle la
espalda, evitando así que el reportero
observara su camisa totalmente raída en
ese lugar. Otro instante ingenioso lo
provocó el entonces capitán Raúl Castro
Ruz, cuando tras la llegada del
combatiente Luis Crespo, le informó a
Fidel:
—¡Comandante, ha
llegado el enlace de la columna 2!
Ante la
ocurrencia de Raúl, Fidel respondió:
—Dígale que
espere a que yo termine con el
periodista.
Casi tres horas
duró la famosa entrevista. Matthews
visiblemente satisfecho le solicitó a
Fidel que le firmara la libreta de notas
para darle una mayor autenticidad a los
datos obtenidos. Fidel accedió a la
petición y agregó además la fecha del
histórico día.
Desde cierta
distancia Guerra Matos observó feliz la
despedida del jefe guerrillero y el
periodista. Le tocaba ahora una misión
aún más compleja: debía regresar con
Matthews hasta Manzanillo a pleno día.
Javier Pazos lo volverá a acompañar en
el retorno, a lo que se sumará el joven
campesino Reynerio Márquez, quien los
conducirá hasta la casa de una hija de
Epifanio, junto al camino del Jíbaro.
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Continúa
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