Prisioneros Políticos del Imperio| MIAMI 5      


     

N A C I O N A L E S

La Habana, 17 de Febrero de 2007

La entrevista de Fidel con...(II)

FAUSTINO LO LLEVÓ A MANZANILLO Y ALMEIDA FUE EL PRIMERO EN RECIBIRLO EN LA SIERRA

La casa del viejo Epifanio se erguía solidaria en el lugar conocido por Los Chorros, al sur del Purial de Jibacoa, en la vertiente norte de la Sierra Maestra. Cubierta de potreros de hierba de Guinea y cañadas boscosas, la finca carecía de grandes elevaciones que posibilitaran el mejor resguardo de la guerrilla, aunque por el lugar en que se encontraba, casi en el llano, facilitaba el mejor acceso de cualquier vehículo automotor o el desplazamiento de una persona no ducha a caminar por los abruptos pasajes montaraces.

Fidel, conocedor de la lealtad colaboradora de Epifanio y la de sus dos hijos, Enrique y Miguel, decidió esperar en ese sitio al periodista norteamericano y efectuar simultáneamente su primera gran reunión con los principales dirigentes del llano oriental.

El primer combatiente en recibir a Matthews en la Sierra fue el hoy Comandante de la Revolución Juan Almeida, con quien el destacado periodista simpatizó desde el primer instante.
El primer combatiente en recibir a Matthews en la Sierra fue el hoy Comandante de la Revolución Juan Almeida, con quien el destacado periodista simpatizó desde el primer instante.

 

Hijo de campesinos, y campesino él también, Guerrita podía identificar las horas con solo mirar los astros. Por eso tan pronto vio la luna encaramada en el centro del firmamento, supo que el domingo 17 de febrero de 1957 estaba a punto de fenecer.

Fue entonces, cuando detuvo la marcha y dictaminó que había que continuar a pie. Matthews se bajó gustoso y emprendió junto al grupo el ascenso por entre los trillos, la oscuridad y el chirrido del grillo insomne. Guerra Matos, mayor conocedor de los vericuetos, marchaba delante mientras el periodista se orientaba por sus pasos sin soltar la cachimba ni la añoranza por llegar.

De pronto apareció ante ellos el arroyo Tío Lucas, que serpenteaba escurridizo por entre los árboles de la Maestra. Para llegar hasta el campamento había que cruzar inevitablemente el riachuelo de aguas frías y correntonas. René se lo hizo saber al reportero de The New York Times y este respondió con un gesto animoso.

Matthews entró brioso, pero en medio del espejo tembloroso del río, perdió el equilibrio y cayó aparatosamente entre las aguas de bajo fondo. "¡Se jodió el americano!", gritó Guerrita. Mas, pese al sorpresivo resbalón, el periodista levantó con ligereza el pequeño bolso que traía en las manos sin soltar la cachimba de la boca. Guerrita le tendió la diestra de auxilio y el norteamericano se incorporó con ciertos bríos juveniles.

El arroyo de la sierra, que a Martí complacía más que el mar, se comporta como un perro hambriento que lame y lame las piedras del fondo hasta dejarlas pulidas y resbaladizas. Los zapatos de Matthews, al parecer, no tuvieron en cuenta este postulado fluvial de la serranía, y el periodista se deslizó sobre el manto frío y resbaloso, como un clásico pelotero en pos de una almohadilla.

Sin embargo, no perdió ni el porte ni la entereza, y con un gesto gallardo instó a continuar el sendero hacia el campamento, que sin él saberlo, quedaba ya a escasos minutos.

El primero en recibirlo fue el expedicionario Juan Almeida Bosque, quien le explicó que el Comandante en Jefe se encontraba en ese momento en su Estado Mayor y que vendría al amanecer. Matthews simpatizó de primera ojeada con este hombre que apoyaba sus palabras en la traducción de Pazos, y le hizo saber, además, al recién llegado que la tropa disponía de varios campamentos.

La conversación se prolongó por varios minutos, a la que se incorporaron el combatiente Ciro Frías y otros guerrilleros. Almeida le pidió a Matthews que descansara un poco bajo una cobija de yagua. El norteamericano accedió a la amabilidad, mientras sacó del bolsillo unos fósforos, salvados del chapuzón madrugador, y le prendió fuego a la picadura, guarecida en el redondel de la pipa inmutable.

Celia Sánchez, recordaba:

Aquella noche salimos a caminar para ver si encontrábamos una casita que se veía por el día. Íbamos Fidel, Armando, Frank, Vilma y yo; y Luis Crespo que siempre andaba perdido, y quiso ir de guía. Nunca hallamos la casita; caminamos tanto de noche que no supimos volver al campamento; nos acostamos en el campo raso. Esa madrugada llegó Matthews. Cuando Universo llegó con la noticia, se le comunicó que dijera que Fidel estaba en otro campamento, que lo esperara allí. Almeida, el Che y Raúl quedaron con el visitante.

Con los primeros rayos del sol llegó al campamento el grupo encabezado por Fidel. Vilma Espín, prestigiosa combatiente de la clandestinidad en Santiago de Cuba y quien había sido llevada horas antes por Guerrita hasta el campamento, y Javier Pazos servirían de traductores, aunque Fidel tenía buen dominio del idioma inglés.

Raúl se adelantó al grupo y le dio la mano al periodista al tiempo que anunciaba la llegada del máximo líder. En su diario de campaña, el entonces capitán Raúl Castro narró el hecho de la siguiente manera:

Llegamos allí y abracé al "Flaco" (René Rodríguez) que en realidad había cumplido lo que ofreciera. Le di la mano al periodista y recordando mi rudimentario inglés escolar le dije: How are you? No entendí lo que me contestó y seguidamente llegó F (Fidel) quien después de saludarlo se sentó con él en la chabola y empezó la entrevista periodística, que seguramente se constituirá en un "palo"(...) Mientras ellos seguían en la entrevista, el oficial de guardia Almeida triplicó la vigilancia, tomando todas las medidas de seguridad que estuvieran a nuestro alcance dentro de aquel cayito de manigua, que más bien era una ratonera. Desgraciadamente esta es una zona completamente desmontada y fue un atrevimiento nuestro separarnos tanto de nuestros queridos bosques. Si aquí nos sorprendieran por efecto de un chivatazo, el 26 de Julio sufriría un colapso, pues por muy bien que saliéramos corríamos el riesgo de perder algunas de nuestras valiosas cabezas.

MATTHEWS SE IMPRESIONÓ CON FIDEL

Guerra Matos, por su parte, lo describió así:

"Vi llegar a Fidel y saludar al periodista y sentí una satisfacción muy grande, mas no la exterioricé. Había aportado un granito de arena en este encuentro muy esperado por nuestro jefe máximo y el cual revestía una gran importancia para dar a conocer al mundo la noticia de que Fidel estaba vivo y la guerrilla en pie de lucha. En todo el trayecto me esmeré en que el norteamericano se sintiera lo más cómodo y seguro, pues un arrepentimiento de este a última hora, marcaría mi vida para siempre.

"Cuando resbaló en medio del arroyo se me pusieron los pelos de punta, aunque me fue imposible evitarlo. Pero el periodista venía tan decidido como nosotros a llegar hasta el campamento y ni un bombardeo nos iba a detener. Observé entusiasmo en Fidel mientras caminaba hacia donde estaba Matthews, y ese regocijo lo trasladé también para mi corazón."

Fidel acompañado de Guerra Matos, por aquellos días en la Sierra Maestra.
Fidel acompañado de
Guerra Matos, por aquellos días en la Sierra Maestra.

 

Fidel saludó a Matthews cortés y sencillo. Con suma naturalidad se sentó frente al reportero de The New York Times y comenzó el diálogo de preguntas y respuestas. Matthews, como periodista experimentado, ya había indagado en su estancia en La Habana sobre la situación existente en Cuba, la represión a que estaba sometido el pueblo, y conocía, además, muchos rasgos personales de Fidel y algunos datos de su historia revolucionaria estudiantil y su participación como líder del asalto al cuartel Moncada, de Santiago de Cuba.

No obstante le impresionó la juventud de Fidel, pero en la medida en que lo iba oyendo, sacó la sabia conclusión de que el jefe guerrillero era un hombre invencible.

Fidel le habló de toda la odisea del desembarco, en el que fueron capturados y asesinados muchos expedicionarios, mas la tropa pudo reagruparse, consolidarse e infligirle en los dos meses que llevaban alzados varias derrotas al Ejército de Batista.

Ya llevamos setenta y nueve días de lucha —expresó Fidel —y somos más fuertes que nunca. Los soldados están peleando mal. Su moral es baja y la nuestra no puede estar más alta. Les hemos causado muchas bajas, pero cuando les hacemos prisioneros nunca los fusilamos. Los interrogamos, los tratamos bien, nos quedamos con sus armas y equipos, y los dejamos en libertad.

Y más adelante agregó:

El pueblo cubano escucha por la radio todo lo relacionado con Argelia, pero no oye ni lee una sola palabra acerca de nosotros, gracias a la censura. Usted será el primero en hablarle de nosotros. Tenemos seguidores en toda la isla. Los mejores elementos, especialmente los jóvenes, están con nosotros. El pueblo cubano es capaz de soportar cualquier cosa menos la opresión.

Fidel señaló al periodista que la dictadura estaba utilizando contra el pueblo armas suministradas por los Estados Unidos y añadió:

Batista tiene tres mil hombres sobre las armas contra nosotros. Yo no te diré cuántos somos, por razones obvias. El ejército opera en columnas de 200 hombres. Nosotros en grupo de diez a cuarenta. Es una batalla contra el tiempo, y el tiempo está a nuestro favor.

Mientras se suscitaba la plática, René Rodríguez con una camarita de cajón que había traído de Manzanillo se graduaba de corresponsal de guerra. Con sumo afán encuadraba en el lente al entrevistado y el entrevistador y apretaba el obturador, mientras Matthews, con trazos ágiles y poco legibles, iba tomando notas en una libreta de color negro.

Frank País, el gran líder clandestino, algo alejado, aprovechaba el tiempo en darle mantenimiento a las armas de los rebeldes, acción que se marcaría para siempre en la pupila escrutadora del Che Guevara, quien escribió posteriormente en su diario:

No presencié la entrevista, pero según los cuentos de Fidel el hombre se mostró amigable y no hizo preguntas capciosas. Hizo a Fidel la pregunta de que si era antimperialista, contestando él que si lo era, en el sentido de ambicionar despojar a su patria de las cadenas económicas, pero no en el odio a los EE.UU., y su pueblo. Fidel se quejó de la ayuda militar prestada a Batista, haciéndole ver lo ridículo (que era) pretender que esas armas eran para la defensa del continente cuando no podían acabar con un grupo de Rebeldes en la Sierra Maestra.

El diálogo FidelMatthews estuvo matizado también por el ingenio del cubano, donde el humor y la originalidad aparecían en los momentos más trascendentales y de mayor tensión. La tropa rebelde trataba por todos los medios de impresionar al periodista, sin caer en alardes ni mentiras que pudieran poner en tela de juicio la veracidad y la real existencia y fuerza de la guerrilla.

Por eso Fidel orientó desde un inicio mantener un aire marcial ante el reportero norteamericano y provocar una imagen de grupo que aparentara más hombres de los que realmente eran. Mientras se efectuaba la conversación los rebeldes entraban y salían constantemente del campamento, lo que hacía denotar una acumulación mayor de personas. Con ello se correspondía la insinuación de Almeida sobre la existencia de varios campamentos en el entorno.

Algunos guerrilleros, como Manuel Fajardo, pasaban frente a Matthews sin darle la espalda, evitando así que el reportero observara su camisa totalmente raída en ese lugar. Otro instante ingenioso lo provocó el entonces capitán Raúl Castro Ruz, cuando tras la llegada del combatiente Luis Crespo, le informó a Fidel:

—¡Comandante, ha llegado el enlace de la columna 2!

Ante la ocurrencia de Raúl, Fidel respondió:

—Dígale que espere a que yo termine con el periodista.

Casi tres horas duró la famosa entrevista. Matthews visiblemente satisfecho le solicitó a Fidel que le firmara la libreta de notas para darle una mayor autenticidad a los datos obtenidos. Fidel accedió a la petición y agregó además la fecha del histórico día.

Desde cierta distancia Guerra Matos observó feliz la despedida del jefe guerrillero y el periodista. Le tocaba ahora una misión aún más compleja: debía regresar con Matthews hasta Manzanillo a pleno día. Javier Pazos lo volverá a acompañar en el retorno, a lo que se sumará el joven campesino Reynerio Márquez, quien los conducirá hasta la casa de una hija de Epifanio, junto al camino del Jíbaro.

- Continúa -
 

 

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