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Pierden terreno enemigos
de Cuba
• Nuevos proyectos
bipartidistas en el Congreso de Estados
Unidos rechazan las “brutales
restricciones” en los viajes a la Isla
y van ganando más apoyo tras 46 años de
vigencia
POR GABRIEL MOLINA
LOS
enemigos de Cuba en el Congreso de
Estados Unidos están aislados, según
admiten hasta sus ex aliados.
Nuevos aires en el Congreso de EE.UU.
provocados por los escándalos de
corrupción de Tom DeLay y otros
diputados, junto a la guerra de Iraq y
las consecuencias de ambas situaciones
en las elecciones parciales de
noviembre, han propiciado en este año
2007 la presentación de varios
proyectos bipartidistas en la Cámara
Baja, cuyo objetivo es acabar con las
prohibiciones de viajar a Cuba, vigentes
hace nada menos que 46 años.
El
Grupo de Trabajo Por Cuba de la Cámara
de Representantes evidentemente no puede
olvidar cómo colegas suyos, algunos de
los cuales, como Tom DeLay, han sido
expurgados del Congreso por corrupción,
impidieron con sucias maniobras que se
restituyera a los norteamericanos la
facultad de viajar a Cuba, derecho que,
por iniciativa bipartidista, fue
aprobado tres veces por amplia mayoría.
Durante el trámite de ajuste entre los
proyectos del Senado y la Cámara
aprobados, Tom DeLay, entonces líder de
la mayoría en la Cámara, lo hizo
sencillamente desaparecer, a instancias
de los hermanos Lincoln y Mario Díaz-Balart.
Estos congresistas son miembros del
grupo de seguidores del ex tirano
Fulgencio Batista, tropa que maneja una
fracción del complejo de lobbys para
sobornar y corromper a los funcionarios
de los poderes legislativo y ejecutivo
de Estados Unidos. El caso es como el
iceberg de uno de los más serios
problemas del sistema.
William Delahunt y su colega Jeff Flake
presentaron un informe legislativo hace
algunas semanas que demuestra el alegre
modo en que se dilapida el dinero
asignado por la Administración de Bush
para contribuir al derrocamiento del
Gobierno de Fidel Castro, bajo el manto
de “programas de ayuda a grupos diversos
para facilitar la transición democrática
pacífica en Cuba”.
El
informe fue elaborado por la General
Accountability Office (GAO), una
dependencia del Congreso, a pedido de
Flake, republicano, vicepresidente del
subcomité de Supervisión e
Investigaciones, y de Delahunt, reputado
como el demócrata más importante de ese
panel. Ambos se han destacado por
promover la normalización de relaciones
con Cuba como algo que favorece los
verdaderos intereses de Estados Unidos.
Flake
y Delahunt dijeron entonces que 74
millones de dólares para grupos
disidentes cubanos han fluido, según el
informe, sin control alguno ni
seguimiento, en gastos como comprar un
abrigo de pieles, por ejemplo.
Ahora, con la menguada influencia del
corrupto grupo anticubano que compró
muchos votos contra la Isla en la
Cámara, debilitado a causa de la
cesantía de DeLay primero y después con
la derrota de la extrema derecha
belicista en las recientes elecciones,
los vientos que soplan son más propicios
para enmendar este entuerto, que
perjudica tanto a Cuba como a Estados
Unidos.
Los congresistas Jeff Flake y Charles
Rangel presentaron este 24 de enero en
la 110 legislatura de Estados Unidos
uno de los proyectos (H.R. 654); William
Delahunt y Ray Lahood el H.R. 624,
mientras Barbara Lee y James McGovern
firmaron el tercero (H.R. 177).
Delahunt,
demócrata por Massachussett y
copresidente del Grupo de Trabajo por
Cuba de la Cámara, declaró este
miércoles 31 de enero, al presentar su
proyecto, que éste permitirá a los
ciudadanos americanos dejar de verse
obligados a pedir permiso del Gobierno
de Estados Unidos para viajar a Cuba,
llevar el dinero que deseen y prohíbe
al Presidente cualquier restricción a
estos derechos.
Los norteamericanos han estado
impedidos de visitar Cuba desde que el
presidente Eisenhower cerrando el cerco
para ahogar a Cuba durante las últimas
horas de su mandato, en enero de 1961,
declaró inválidos los pasaportes para
viajar a la isla, con el confesado
propósito de afectar la economía. Hubo
un breve período de anuencia en los
últimos años de la Administración de
Clinton, cuando el presidente trató de
influir en los cubanos autorizando los
contactos “persona a persona”.
Delahunt
destacó que a los cubano-americanos se
les permitía visitar a sus familiares en
la Isla, hasta que Bush lo prohibió
también en el 2004 y redefinió los
grados de parentesco, excluyendo a los
tíos y primos, “brutales restricciones”,
exclamó el diputado.
Agregó que esas restricciones lesionan
los valores familiares. “Este es un
proyecto para cambiar una inmoral
política que ha causado increíble daño y
sufrimiento a nuestros propios
ciudadanos tanto como a los cubanos. Ha
dañado nuestra imagen en el mundo”.
Recordó Delahunt que Dan Fisk, siendo
Subsecretario de Estado adjunto para el
Hemisferio Occidental (ahora trabaja en
la Casa Blanca), puso las cosas de tal
modo que un cubano-americano no podía
asistir al funeral de su padre si había
viajado menos de tres años antes al
funeral de la madre. “Es
sorprendentemente cruel”. Puso de
ejemplo el caso de Carlos Lazo, quien
ganó la Estrella de Bronce en Iraq, pero
se le negó que pudiera visitar a sus
hijos en Cuba, a pesar de que arriesgó
su vida en aquella guerra de Bush. “Eso
es inhumano… Nuestra posición es que uno
debe ser libre de viajar a Cuba cuando
quiera,” aseveró.
El
Secretario de Comercio de Estados
Unidos, el cubano-americano Carlos
Gutiérrez, se apresuró a rechazar
concretamente el proyecto de Delahunt y
el republicano LaHood, dirigido
fundamentalmente a levantar los límites
impuestos en el 2004, mediante las
presiones del grupo conocido en Cuba
como la Mafia de Miami, al que
pertenece Gutiérrez. Los pandilleros
exigieron a Bush nuevas medidas contra
la Isla y al conseguirlas, pusieron al
servicio del candidato a presidente y de
los republicanos toda la maquinaria
mafiosa electorera, aliada del corrupto
líder de la mayoría Tom DeLay, depurado
después del Congreso, hace unos meses,
al descubrirse sus artimañas.
El
brazo financiero de la banda The U.S.-Cuba
Democracy Political Action Committee,
contribuyó con 606 mil 924 dólares en la
campaña de unos 100 candidatos
mayormente republicanos en noviembre
último, más del doble que en el 2004,
pero no pudo impedir el descalabro.
El
proyecto 654 fue firmado por Flake y
Rangel con el título Para permitir
viajes entre Estados Unidos y Cuba.
El primero, republicano por Arizona, es
miembro del Comité de Asuntos
Extranjeros de la Cámara de
Representantes, a donde fue enviada
esta iniciativa legal. Rangel,
demócrata por Nueva York, preside el
Comité de Medios y Arbitrios de ese
cuerpo legislativo. En años anteriores
ha sido autor de proyectos para levantar
el llamado embargo de una vez, sin
embargo, en esta oportunidad ha dicho
que prioriza proyectos que están más
cercanos a conseguir sus objetivos, como
los de los viajes, que ya han sido
aprobados en legislaturas precedentes,
pero fueron escamoteados.
Flake,
quien viajó recientemente a La Habana
con Delahunt y otros ocho miembros de
la Cámara Baja, declaró que "durante
casi 50 años nuestra política corriente
con Cuba ha hecho poco para traer
democracia a Cuba. Un nuevo
acercamiento es largamente necesario".
El congresista justifica sus posiciones
diciendo que facilitar el comercio y
los viajes a Cuba “es el mejor medio de
provocar reformas democráticas”.
“El proyecto se refiere a la política
sobre Cuba que creo es un fallo total.
Una política que ha reducido la
influencia americana en la Isla a casi
nada, mientras ocurren dramáticos
cambios”, agregó Flake.
Lee y McGovern son también defensores
del derecho a viajar a Cuba y la
iniciativa tomada, como las otras,
cuenta con el coauspicio de los seis
congresistas entre sí y de otros
señores diputados como McDermont,
Ramstad, Snyder, Moran y la señora
Emerson.
En
términos generales se establece en los
proyectos que el Presidente no debe
regular o prohibir directa ni
indirectamente viajar a Cuba a los
ciudadanos de Estados Unidos o a sus
residentes legales. Expresamente se
refieren a prescindir de las
regulaciones vigentes para autorizar o
prohibir dichos viajes y las
regulaciones que afectan a las
transacciones para realizarlos.
Asimismo, postulan que deben finalizar
las acciones en curso tomadas por el
Presidente para sancionar a quienes
realizan estos viajes, aunque los hayan
realizado antes de la aprobación del
proyecto, y apuntan a dejar sin efecto
las demás disposiciones legales
concernientes a ellos, como la que
limita el número de viajes a la Isla de
los cubano-americanos y lo que pueden
gastar en el país.
A
pesar de los compromisos de Bush con la
ultraderecha, la actual composición del
Congreso es un factor principal en las
posibilidades de éxito de que sea
aprobado el proyecto sobre los los
viajes a Cuba. Sin embargo, la férrea
oposición de Bush, amenazando con
vetarlo a despecho de la opinión
mayoritaria, podría obligar a alcanzar
dos tercios de los votos en una nueva
confrontación.
Esta voluntad política de cambio está
convoyada por fuerzas importantes que
ven en la normalización de relaciones
con Cuba los verdaderos intereses de
Estados Unidos. Kirby Jones, presidente
de U.S. Cuba Trade Association, que
representa compañías poderosas como
Cargill Inc., y Caterpillar Inc., por
ejemplo, lo asegura.
La
USA Rice Federation basada en Arlington,
Virginia, rechaza las reglas de pagos
adelantados del Departamento del Tesoro,
que entorpece el incremento de sus
ventas a Cuba. La vocera de la
Federación, Carol Guthrie, dijo que el
presidente del Comité de Finanzas del
Senado, Max Baucus, demócrata por
Montana, propondrá la revocación de esas
reglas.
Señal especial del ambiente
predominante es el tono de los artículos
que vienen publicando los diarios de
mayor circulación en las principales
ciudades del país.
Un
insólito artículo del Wall Street
Journal el reciente 13 de enero, por
ejemplo, se hacía eco de cómo 20 grupos
enemigos de la Revolución Cubana basados
en Miami —incluso la Fundación
Cubano-Americana—, llamaban a Bush en
una carta abierta a acabar con las
restricciones a los viajes y remesas a
Cuba.
"Los abogados de la actual política,
sobre todo los tres intransigentes
Representantes en el Congreso (Ileana
Ros-Lehtinen y los Díaz-Balart) están
crecientemente aislados", agregaba el
artículo. En efecto, estos grupos
tomaron distancia hace unos dos años de
la banda de recalcitrantes secuaces del
fenecido tirano Fulgencio Batista,
favorecidos siempre por Washington, pero
ahora son casi únicamente apoyados por
la familia Bush y sus íntimos.
El
artículo añadía que no era difícil
acabar con dichas restricciones de los
viajes, pero que el nuevo Congreso
debía eliminar la Ley Helms-Bacardí
para dar flexibilidad al Presidente, ya
que "ella congela el embargo hasta que
el régimen comunista desmantele su
aparato de seguridad, llame a elecciones
y hasta que se hayan ido Fidel y Raúl
Castro". Desde luego, los grupos
“moderados”, al proponer se descarten
los extremismos de la Ley Helms-Bacardí,
plantean otras condiciones que les
permitan ser contemplados.
Otros órganos muy representativos en
Estados Unidos, como la revista
Foreign Affairs con su artículo
El triunfo final de Fidel, han
mostrado recientemente cómo han
evolucionado en los últimos años los
criterios sobre la política con
respecto a Cuba. En un largo y
pormenorizado análisis de Julia E. Sweig
en diciembre último, se puede leer:
“…Los cubanos no se han alzado y su
identidad nacional permanece atada a la
defensa de su patria contra los ataques
de los Estados Unidos hacia su
soberanía”.
Los primeros días del año, doce
organizaciones nacionales de EE.UU.
urgieron con sendas cartas a los
congresistas Max Baucus y Charles Rangel
a reemplazar la política de aislar a
Cuba que ha mantenido Washington durante
más de 45 años y proponer nuevos
compromisos en el área de los viajes y
el comercio con la Isla.
Las
cartas están firmadas por Sarah
Stephens, directora del Center for
Democracy in the Americas; Antonio
González, presidente del William C.
Velásquez Institute; Steven Clemons,
director de American Strategy Program,
New America Foundation; John McAuliff,
director del Fund for Reconciliation and
Development; Mavis Anderson, Senior
Associate, Latin America Working Group;
Geoff Thale, director del Programa
Washington Office on Latin America;
Kirby Jones, presidente de Alamar
Associates; Silvia Wilhelm, directora
Ejecutiva de Puentes Cubanos; Alvaro
Fernández, presidente de Cuban American
Commission for Family Rights; Ruben
Rumbaut, Ph. D., del Steering Committee
of ENCASA, Emergency Network of Cuban
American Scholars and Artists; Wayne
Smith, director del Programa Cuba del
Center for International Policy; y Lissa
Weismann, directora del National Summit
on Cuba, World Policy Institute, The New
School.
El Latin America
Working Group., por su parte, llamó a
los norteamericanos a ayudar, instando a
sus respectivos congresistas para
conseguir un cambio en la política con
Cuba, adhiriéndose a los que firman el
proyecto 654, el cual prefieren porque
envuelve los viajes familiares y los
educacionales, a fin de llegar al número
de 100 auspiciantes en marzo próximo.
Para ello, deben llamar a Vivian
Catalino en la oficina de Rangel o a
Lance Walter en la de Flake, incluso
para agradecer a sus congresistas si ya
auspician el proyecto que entienden
marcará el inicio del fin de todo el
llamado embargo.
En
La Habana, Ricardo Alarcón, presidente
de la Asamblea Nacional, dijo en una
intervención que la actual política va
a perdurar durante algún tiempo, sin
duda alguna mientras “esté este señor (Bush)
que se robó la presidencia.
Como pintan las cosas, muchos
demócratas fundamentalistas respecto a
Cuba del otro lado del Atlántico,
podrían quedarse "colgados de la brocha"
antes de que termine el 2007.
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