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LA BASE NAVAL DE EE.UU.
EN GUANTANAMO
Un puñal en el corazón de
la
tierra cubana
POR MIGUEL ANGEL ALVAREZ —de Granma
Internacional—
EL 7 de febrero de 1901, el presidente
Tomás Estrada Palma firma el acuerdo de
cesión de territorios cubanos al
Gobierno de Estados Unidos para la
construcción de la Base Naval de
Guantánamo.
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Prisioneros sin
asistencia legal, sometidos a
torturas físicas y psicológicas.
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La bahía de Guantánamo llamada “de
bolsa” es una de las más profundas y
mayores de Cuba. Fue descubierta por
Cristóbal Colón en su segundo viaje al
Nuevo Mundo, el 30 de abril de 1494.
Posee características naturales muy
especiales: profundidad, seguridad y
capacidad para recibir grandes navíos.
Durante siglos, estuvo prácticamente
subutilizada, pues los colonizadores
españoles no fueron capaces de apreciar
sus cualidades. Después de un intento de
ocupación de la bahía por parte de los
ingleses, en julio de 1741, los cuales
pretendían establecer allí una base de
operaciones, el gobierno colonial
comprendió la importancia estratégica
del lugar.
EE.UU. VUELVE SUS OJOS HACIA CUBA
A inicios del siglo XIX Estados Unidos
hace público su interés de apoderarse de
Cuba, pues se percata de su posición
geográfica privilegiada, sus recursos
naturales y las características
históricas, económicas y sociales de su
población.
Gestiones para la compra de la Isla a
España se producen en 1805, 1807 y 1808,
pero según recoge el Informe Central del
Primer Congreso del Partido “si alguna
vez la tozudez española prestó un
servicio a la causa de Cuba fue su
negación sistemática en acceder a tal
operación de compra-venta que reiteradas
veces Estados Unidos propuso a España en
el siglo pasado”.
En 1823, el secretario de Estado, John
Quincy Adams, propuso su tesis de la
“fruta madura” con la cual anunciaba que
Cuba caería irremediablemente en manos
norteamericanas a partir del momento en
que dejara de ser colonia española. Y
ese mismo año, el presidente James
Monroe elaboró la doctrina que lleva su
nombre advirtiendo a las potencias
europeas que América estaba reservada
única y exclusivamente “para los
americanos”. Al mismo tiempo, los del
Norte entorpecieron y desestimularon
durante años los intentos de los cubanos
por independizarse.
En 1895, las inversiones norteamericanas
en la Isla llegaban a 50 millones de
pesos, principalmente en la industria
azucarera, el tabaco, yacimientos de
hierro, cromo y manganeso.
Por tanto, en 1898, ellos comprendieron
que existían las condiciones propicias
para intervenir en el conflicto armado,
ante el fin inminente del imperio
colonial español y el avance
incontenible del Ejército Libertador.
Aprovechando los crecientes sentimientos
de simpatía que la causa cubana
despertaba en el pueblo norteamericano,
el Congreso de EE.UU. aprobó en abril de
1898 la Resolución Conjunta que propició
la intervención en el conflicto
hispanocubano.
La Guerra Hispano-CubanoNnorteamericana,
calificada por Lenin como “la primera
guerra imperialista de rapiña”, tuvo
como centro de sus acciones principales
las provincias orientales y la zona de
Guantánamo.
El 16 de julio de 1898 se firmó la
capitulación y el 10 de diciembre de ese
año fue firmado el Tratado de París.
Estados Unidos se apoderó de Puerto
Rico, Filipinas y Guam; Cuba quedó como
un “territorio especial” del cual los
norteamericanos se retirarían después de
la “pacificación”.
El gobierno interventor, con el general
Leonard Wood a la cabeza, convocó a una
Asamblea Constituyente encargada de
redactar la Carta Magna de la futura
república. Pero para dejar bien sentadas
las bases de lo que serían las
ulteriores relaciones entre Cuba y
Estados Unidos, los ocupantes ejercieron
fuertes presiones e impusieron la
tristemente célebre Enmienda Platt, dos
de cuyas cláusulas cercenaban la
soberanía nacional y representaban
graves implicaciones para la
autodeterminación de la naciente
república.
La cláusula 3 de la Enmienda se
reservaba el derecho de Estados Unidos a
intervenir para la preservación de la
independencia de Cuba y el sostén de un
gobierno adecuado a sus intereses,
mientras que la cláusula 7 obligaba a
Cuba a ceder porciones de su territorio
para el establecimiento de estaciones
navales o carboneras.
El historiador Miguel D’Estéfano Pissani,
en su libro Derecho de Tratados,
expresa:
“La Enmienda Platt se convirtió en
la espada de Damocles, cuyo filo lo eran
las concesiones navales y carboneras. La
fuerza del apéndice constitucional
radicaba, precisamente, en la cláusula
de las bases militares”.
El 8 de noviembre de 1902, el Gobierno
norteamericano solicitó, con carácter
perpetuo, el arrendamiento de tierras en
las bahías de Nipe, Bahía Honda,
Cienfuegos y Guantánamo. Pero ante la
violenta reacción popular, sólo se
limitó a Bahía Honda y Guantánamo.
Una de las figuras cimeras de nuestras
luchas independentistas, Juan Gualberto
Gómez, dejó oír su voz, advirtiendo que
los artículos 3 y 7 de la Enmienda Platt
...“equivalían a entregar a los
norteamericanos las llaves de nuestra
casa, para que pudieran entrar en ella a
toda hora..., de día o de noche, con
propósitos buenos o malos”... y que
...“su finalidad no es otra que la
merma del poder de los futuros gobiernos
de Cuba y de la soberanía de nuestra
República”.
Finalmente, luego de varias
negociaciones, el 10 de diciembre de
1903, Estados Unidos tomó posesión del
territorio correspondiente a la Base
Naval de Guantánamo. Mediante un acuerdo
complementario, firmado el 2 de julio de
1903, el Gobierno estadounidense se
comprometió a pagar dos mil pesos
anuales en moneda de oro norteamericana
(aproximadamente 4 085 dólares al cambio
actual), una cifra irrisoria que
continúa depositando y que Cuba se ha
negado a aceptar y a cobrar desde el
triunfo revolucionario de 1959.
Según el análisis del doctor Fernando
Alvarez Tabío, reflejado en el artículo
La Base Naval de Guantánamo y el
Derecho Internacional, el contrato
de arriendo de la Base Naval carece de
existencia legal y de validez jurídica
porque está viciado en sus elementos
esenciales (…), “por la incapacidad
del Gobierno de Cuba para ceder a
perpetuidad un pedazo del territorio
nacional... y porque el consentimiento
fue arrancado mediante violencia moral
irresistible e injusta”...
Desestimando a Bahía Honda, Estados
Unidos se centró en Guantánamo. La
elección de esta bahía encubría un
objetivo estratégico. Por su
extraordinario valor y sus
características geográficas le permitía
asegurar su predominio militar en el
Caribe y fijar los ojos en el canal
interoceánico de Panamá, cuyos derechos
de construcción también habían adquirido
en ese año 1903.
UN SIGLO DE INFAMIA
Durante este siglo de existencia, la
Base Naval norteamericana en Guantánamo
ha sido escenario de capítulos y
acontecimientos bochornosos.
Al establecerse este enclave la
inversión de capitales del Norte se
aceleró, primero, con la construcción
del acueducto necesario y luego en la
industria azucarera, los ferrocarriles y
la electricidad. El vicio, la
prostitución y el contrabando
proliferaron a partir de la llegada de
los marines y se convirtieron en
un negocio lucrativo para la burguesía
local.
La presencia del enclave también tuvo
repercusiones en la vida política de la
zona. En 1917, 1919 y 1922 los
marines salieron de la base para
“proteger” los centrales azucareros y
otros intereses económicos
norteamericanos ante la revuelta del
Partido de los Independientes de Color,
el levantamiento de la Chambelona y la
revuelta de los liberales contra el
Gobierno de Menocal.
Durante la última guerra de liberación,
comandada por Fidel y el Ejército
Rebelde, la base fue utilizada como
puesto de aprovisionamiento de la
aviación del tirano Batista, que
bombardeaba y ametrallaba
indiscriminadamente a los campesinos y a
la población civil en las zonas
liberadas. También de ella partieron
tropas que invadieron a otros países,
como Haití en 1915 y la República
Dominicana en 1918.
Después del triunfo revolucionario, en
1959, la base se convirtió en refugio de
asesinos y torturadores del antiguo
régimen y ha sido usada como plataforma
para agresiones contra el país, a partir
de la infiltración de agentes enemigos,
para el aseguramiento de bandas
contrarrevolucionarias, planes de
autoagresión que justifiquen una
agresión directa a la Isla, centro de
espionaje radioelectrónico y punto de
concentración de barcos y aviones que
permitirían, en un corto espacio de
tiempo, imponer un bloqueo naval a
nuestro país.
A lo largo de estos años, el enclave
militar ha sido centro de provocaciones
y violaciones contra nuestro país y
contra los guardafronteras encargados de
cuidar el perímetro exterior. Según
cómputos oficiales desde el año 1962
hasta agosto de 1992 se habían
registrado más de 13 mil hechos, que
incluyen disparos con fusiles y pistolas
(segando la vida de dos guardafronteras
cubanos), apuntar con ametralladoras,
tanques y cañones, lanzar objetos, hacer
gestos obscenos, romper la cerca
limítrofe y violar el espacio aéreo y
marítimo con navíos, aviones y
helicópteros.
El último capítulo nefasto en la
historia de la base lo es su utilización
como cárcel donde han sido confinados
más de 500 prisioneros acusados de
terroristas o vínculos con el
terrorismo, sometidos a torturas físicas
y psicológicas, sin derecho a asistencia
legal ni a un juicio digno. El mundo
civilizado se estremece ante las
imágenes escalofriantes de hombres
encadenados llevados a niveles de
degradación extrema y alimentados a la
fuerza ante la huelga de hambre que han
iniciado en protesta por las condiciones
imperantes en la prisión de Guantánamo a
la que se ha negado el acceso a los
abogados de los reos y a organizaciones
humanitarias y de las Naciones Unidas.
La Constitución de la República de Cuba,
aprobada por el pueblo el 24 de febrero
de 1976 en el artículo 11 dice que
nuestro país...“repudia y considera
ilegales y nulos los tratados, pactos o
concesiones concertadas en condiciones
de desigualdad o que desconocen o
disminuyen su soberanía y su integridad
territorial”.
Por ello, Cuba exige a EE.UU. la
devolución de ese territorio, pues, como
afirmó Fidel: ...“esa base está en su
poder en contra de la voluntad de
nuestro pueblo... es un puñal clavado en
el corazón de la tierra cubana...” |