|
CLUB DE LOS 120 AÑOS
¿Aprender nuevas
habilidades motrices?
POR
ASTRID BARNET
LA involución motora en las personas de
la tercera edad se manifiesta en la
reducción, lentitud y calidad de los
movimientos y en la dificultad para
simultanear acciones, lo que conlleva
una actividad monótona y poco fluida que
necesita ser atendida a tiempo por los
profesionales especializados.
Instituciones médicas de diversos
países asocian esta situación,
indebidamente, a problemas psicológicos
y sociales de las personas que arriban a
este período en la vida, pues durante
ella concluye la actividad laboral,
termina la fecundidad en la mujer, a la
vez que familiares y amigos de edades
similares enferman y fallecen. En
resumen, la vida muestra su realidad
desde el punto de vista de una frase tan
manida como “nacemos para morir”, opinan
muchos en un concepto que no sólo
resulta escéptico, sino también
derrotista.
Aislar al anciano de la práctica de
actividad física —abocándolo al
sedentarismo— es excluirlo de nutrir su
vida en el aprendizaje de nuevas
habilidades y de fomentar su autoestima
como ser generacional que, de seguro y
durante décadas, aportó innumerables
beneficios a la sociedad.
Aunque durante la madurez las
capacidades básicas disminuyen, la
experiencia, por el contrario, puede
crecer debido al progresivo aumento del
tiempo y a la oportunidad (aprovechable)
para cultivar nuevas habilidades.
Asimismo, diferentes estudios
demuestran que en las personas adultas
suceden cambios que inciden directamente
en las estrategias de aprendizaje y
acción psicológicas, por lo que la
ejecución motriz se ve afectada cuando
se les impone un tiempo concreto de
realización, teniendo en cuenta la
lentitud de las transmisiones nerviosas.
Por ende y para compensar esta
situación, los especialistas enfrascados
en esta actividad deberán utilizar
estrategias compensatorias como son, en
especial, las de actuar (con
inteligencia) a igual ritmo de acción de
esas personas; anticipar las actividades
y sus consecuencias para responder
adecuada y eficientemente y controlar
las acciones antes de proceder a
ejecutarlas para tratar de corregir
errores o reducir exigencias de las
propias tareas, aunque queden
inconclusas.
En el caso de Cuba las personas de la
tercera edad se involucran en nuevas y
atractivas actividades —algunas
deportivas y otras que requieren de
habilidad manual como son carpintería,
cerámica, pintura y labores, entre
otras—, no obstante las dificultades de
aprendizaje ser mayores como
consecuencia de que los diversos
mecanismos motores y de control se ven
afectados por el paso del tiempo y
resultar algo ineficientes. Por tanto,
el aprendizaje depende del interés,
deseo y, ante todo, voluntad de las
personas adultas interesadas, en
particular; de las condiciones de las
tareas y de la efectividad de las
estrategias que utilicen los
profesionales y técnicos en la esfera de
la salud dedicados a ellas.
Por ende, se brinda tiempo suficiente a
la información —recepción, procesamiento
y respuesta—, que se adecua a la
capacidad de comprensión del anciano. Al
respecto, la utilización de diferentes
materiales audiovisuales instructivos
puede ser efectiva, permitiendo que el
ritmo de acción se asemeje al del adulto
mayor. Inobjetablemente, a algunos de
ellos les será necesaria una guía
constante o vigilancia visual por parte
de un especialista a la hora de realizar
algún ejercicio o actividad específica,
mientras que a otros les bastará el
redescubrimiento personal por sentirse
nuevamente útiles a la sociedad o, como
dicen muchos, realizados ante la vida
para continuar viviendo —¿por qué no?—
hasta 120 años o más.
|