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La Habana, 12 de Enero de 2006

Cuando se estancan los alimentos

POR JOAQUIN ORAMAS

HAY personas que afirman no pueden tragar los alimentos, porque se les estancan en el esófago, interrumpiendo su paso hacia el estómago.

Son casos de disfagia, que no es una enfermedad en sí, sino un síntoma caracterizado por la sensación consciente y no dolorosa del dificultoso paso de los alimentos por el esófago. Se diferencia de la odinofagia, en la que sí aparece dolor al deglutir.

Muchas personas que la padecen lo manifiestan como una dificultad para ingerir los alimentos o que la comida se detiene y no avanza a nivel del cuello o detrás del esternón.

La deglución depende de una perfecta coordinación de diversas estructuras musculares voluntarias e involuntarias de la lengua, faringe y esófago. Pueden distinguirse tres fases: oral, faríngea y esofágica. La primaria es voluntaria y comienza cuando el bolo alimenticio es empujado hacia atrás por la lengua que lo presiona contra el paladar. Al llegar a la parte posterior de la lengua se da inicio a la fase faríngea, en la cual se traslada el bolo alimenticio hacia el esófago a través del esfínter esofágico superior. En esta fase se produce el cierre de la laringe para impedir el pasaje de los alimentos hacia las vías respiratorias. Al llegar al esófago, tercera fase, el transporte de los alimentos se produce en forma involuntaria mediante contracciones rítmicas de los músculos esofágicos. Desde allí alcanza el estómago atravesando el esfínter esofágico inferior.

Cualquier factor que altere este mecanismo podrá desencadenar un cuadro de disfagia.

Diversas enfermedades generales pueden repercutir también en el esófago produciendo una disfagia, como es el caso de la miastenia gravis, donde hay un trastorno a nivel de los músculos estriados del organismo que afecta principalmente las dos primeras fases deglutivas.

Pueden distinguirse dos tipos de disfagia: funcionales o motoras y orgánicas o mecánicas.

Las funcionales se presentan bruscamente con dificultad para la ingestión de alimentos tanto sólidos como líquidos (no selectiva), no tiene una localización específica, no afecta el estado general de la persona y permanece durante un período determinado de tiempo para ceder generalmente en forma espontánea. Se observa en los trastornos de la contracción de los músculos del esófago, como en la acalasia y el espasmo esofágico difuso.

Las orgánicas, en cambio, aparecen en forma insidiosa y progresiva. Son selectivas, la dificultad es primero para los alimentos sólidos, luego los semisólidos y por último para los líquidos. Es muy común que las personas refieran un lugar fijo donde se "estancan" los alimentos. Este tipo de disfagia es la que se observa por ejemplo en el cáncer de esófago.

UNA NUEVA ENFERMEDAD

Vómitos frecuentes, dificultad para tragar o trastornos en la alimentación. Si sufre algunos de estos síntomas está en peligro de padecer una nueva enfermedad: la esofagitis eosinófila. La revista The New England Journal of Medicine publicó un estudio sobre su incidencia en Estados Unidos. En España también hay casos registrados.

Detectada a finales del pasado siglo, este padecimiento afecta a más personas de lo que se pensaba. Según el estudio estadounidense, el número de casos podría ser mayor que el de otros trastornos inflamatorios gastrointestinales más conocidos, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa.

La esofagitis eosinófila (EE) es una enfermedad emergente. En Suiza, Australia, Italia, España y Estados Unidos se han diagnosticado personas con este mal. Sin embargo, debido a la escasez de información sobre este trastorno son muchos los médicos que no la detectan ni conocen la magnitud del problema.

Según la doctora Lourdes Ruiz-Rebollo, del departamento de Gastroenterología del Hospital Cormarcal de Medina del Campo (Valladolid), ésta es una enfermedad rara. Sin embargo, es probable que esté infradiagnosticada. “Uno de sus síntomas es la disfagia (dificultad para tragar) y éste sí es un trastorno frecuente que podría estar originado por esta patología en más casos de los que se sospecha”, explica.

“Hace poco publicaron un artículo sobre un caso que se dio en el citado hospital. Era una mujer de 45 años que llevaba un tiempo con dolor torácico y dificultad para tragar. En un principio no pensé en esta enfermedad, pero luego, tras realizar la biopsia y buscar información dimos con el diagnóstico”, comenta la doctora Ruiz-Rebollo, quien publicó su caso en la revista Diseases of the Esophagus.

El equipo de Hospital Infantil de Cincinnati, en Ohio (Estados Unidos), ha examinado los pacientes con síntomas de la EE para determinar la incidencia de la enfermedad entre 1991 y 2003. Los resultados, con 315 casos, muestran una incidencia mayor de lo que se pensaba.

Estas personas respondieron a los criterios diagnósticos que se fundamentan en la presencia del nuevo padecimiento del que se ocupan distintos médicos en varios países, cuya preocupación por extender la existencia a 120 años con calidad de vida es una realidad.
 

 

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