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Cuando se estancan los
alimentos
POR
JOAQUIN ORAMAS
HAY personas que afirman no pueden
tragar los alimentos, porque se les
estancan en el esófago, interrumpiendo
su paso hacia el estómago.
Son casos de disfagia, que no es una
enfermedad en sí, sino un síntoma
caracterizado por la sensación
consciente y no dolorosa del dificultoso
paso de los alimentos por el esófago. Se
diferencia de la odinofagia, en la que
sí aparece dolor al deglutir.
Muchas personas que la padecen lo
manifiestan como una dificultad para
ingerir los alimentos o que la comida se
detiene y no avanza a nivel del cuello o
detrás del esternón.
La deglución depende de una perfecta
coordinación de diversas estructuras
musculares voluntarias e involuntarias
de la lengua, faringe y esófago. Pueden
distinguirse tres fases: oral, faríngea
y esofágica. La primaria es voluntaria y
comienza cuando el bolo alimenticio es
empujado hacia atrás por la lengua que
lo presiona contra el paladar. Al llegar
a la parte posterior de la lengua se da
inicio a la fase faríngea, en la cual se
traslada el bolo alimenticio hacia el
esófago a través del esfínter esofágico
superior. En esta fase se produce el
cierre de la laringe para impedir el
pasaje de los alimentos hacia las vías
respiratorias. Al llegar al esófago,
tercera fase, el transporte de los
alimentos se produce en forma
involuntaria mediante contracciones
rítmicas de los músculos esofágicos.
Desde allí alcanza el estómago
atravesando el esfínter esofágico
inferior.
Cualquier factor que altere este
mecanismo podrá desencadenar un cuadro
de disfagia.
Diversas enfermedades generales pueden
repercutir también en el esófago
produciendo una disfagia, como es el
caso de la miastenia gravis,
donde hay un trastorno a nivel de los
músculos estriados del organismo que
afecta principalmente las dos primeras
fases deglutivas.
Pueden distinguirse dos tipos de
disfagia: funcionales o motoras y
orgánicas o mecánicas.
Las funcionales se presentan bruscamente
con dificultad para la ingestión de
alimentos tanto sólidos como líquidos
(no selectiva), no tiene una
localización específica, no afecta el
estado general de la persona y permanece
durante un período determinado de tiempo
para ceder generalmente en forma
espontánea. Se observa en los trastornos
de la contracción de los músculos del
esófago, como en la acalasia y el
espasmo esofágico difuso.
Las orgánicas, en cambio, aparecen en
forma insidiosa y progresiva. Son
selectivas, la dificultad es primero
para los alimentos sólidos, luego los
semisólidos y por último para los
líquidos. Es muy común que las personas
refieran un lugar fijo donde se
"estancan" los alimentos. Este tipo de
disfagia es la que se observa por
ejemplo en el cáncer de esófago.
UNA NUEVA ENFERMEDAD
Vómitos frecuentes, dificultad para
tragar o trastornos en la alimentación.
Si sufre algunos de estos síntomas está
en peligro de padecer una nueva
enfermedad: la esofagitis eosinófila. La
revista The New England Journal of
Medicine publicó un estudio sobre su
incidencia en Estados Unidos. En España
también hay casos registrados.
Detectada a finales del pasado siglo,
este padecimiento afecta a más personas
de lo que se pensaba. Según el estudio
estadounidense, el número de casos
podría ser mayor que el de otros
trastornos inflamatorios
gastrointestinales más conocidos, como
la enfermedad de Crohn o la colitis
ulcerosa.
La esofagitis eosinófila (EE) es una
enfermedad emergente. En Suiza,
Australia, Italia, España y Estados
Unidos se han diagnosticado personas con
este mal. Sin embargo, debido a la
escasez de información sobre este
trastorno son muchos los médicos que no
la detectan ni conocen la magnitud del
problema.
Según la doctora Lourdes Ruiz-Rebollo,
del departamento de Gastroenterología
del Hospital Cormarcal de Medina del
Campo (Valladolid), ésta es una
enfermedad rara. Sin embargo, es
probable que esté infradiagnosticada.
“Uno de sus síntomas es la disfagia
(dificultad para tragar) y éste sí es un
trastorno frecuente que podría estar
originado por esta patología en más
casos de los que se sospecha”, explica.
“Hace poco publicaron un artículo sobre
un caso que se dio en el citado
hospital. Era una mujer de 45 años que
llevaba un tiempo con dolor torácico y
dificultad para tragar. En un principio
no pensé en esta enfermedad, pero luego,
tras realizar la biopsia y buscar
información dimos con el diagnóstico”,
comenta la doctora Ruiz-Rebollo, quien
publicó su caso en la revista
Diseases of the Esophagus.
El equipo de Hospital Infantil de
Cincinnati, en Ohio (Estados Unidos), ha
examinado los pacientes con síntomas de
la EE para determinar la incidencia de
la enfermedad entre 1991 y 2003. Los
resultados, con 315 casos, muestran una
incidencia mayor de lo que se pensaba.
Estas personas respondieron a los
criterios diagnósticos que se
fundamentan en la presencia del nuevo
padecimiento del que se ocupan distintos
médicos en varios países, cuya
preocupación por extender la existencia
a 120 años con calidad de vida es una
realidad.
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