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Coloquio Internacional Memoria y Futuro:
Cuba y Fidel
15
cualidades de Fidel
Intervención en la sesión plenaria del
Coloquio Internacional Memoria y Futuro:
Cuba y Fidel, celebrado en el Palacio de
las Convenciones, el 30 de noviembre del
2006, "Año de la Revolución Energética
en Cuba"
Felipe Pérez Roque Ministro de
Relaciones Exteriores
Queridos amigos, desde los demás
diversos confines de la Tierra, han
venido no solo a celebrar el cumpleaños
80 de Fidel, sino también a dar un nuevo
testimonio de solidaridad y de cariño
con la Revolución Cubana, con el pueblo
noble y generoso que ha desafiado
tempestades, bloqueos y agresiones sin
perder el optimismo, sin que le hayan
podido matar la esperanza y la alegría,
y los recibe a ustedes, en este momento
peculiar de nuestra historia en el que
los cubanos, tranquilos, firmes,
esperanzados, acompañamos la
convalecencia de Fidel, hecho inédito en
estas casi cinco décadas de bregar,
porque Fidel ha tenido, además, la
suerte de una salud de hierro, que
probablemente es el resultado de un
cuerpo obligado por la idea a ni
siquiera tener derecho a enfermarse, y
ha podido capear enormes tensiones, con
apenas algún que otro eventual catarro o
padecimiento menor. Por lo tanto, estos
meses han sido para nosotros una
experiencia nueva, y nuestro pueblo los
ha enfrentado con una madurez y una
confianza en sí mismo, que se inscribe
ya también como un resultado de las
enseñanzas y el ejemplo de Fidel, y como
una página de aprendizaje para las
actuales y futuras generaciones de
cubanos; nuestro pueblo, en esta
circunstancia peculiar, le da más valor
a la presencia de ustedes entre
nosotros.
Sabemos el esfuerzo personal que cada
uno ha hecho para estar aquí, y créanme
que hablando no como Ministro del
Gobierno Revolucionario, sino como hijo
de este pueblo, sentimos en la presencia
de ustedes aquí un deseo especial de
alentarnos, de darnos fuerza, además de
venir a celebrar y a desear mejoría y
felicidad al compañero Fidel.
Cuando pensaba qué decir esta tarde
tenía dudas, porque la mayoría de los
que están aquí han visitado
probablemente Cuba otras veces, son
cercanos al tema de las luchas de la
Revolución Cubana, de la acción
solidaria que desde su triunfo ha
ejercitado y que desde antes de su
triunfo había proclamado. Muchos han
dicho aquí las palabras que yo no podría
ni improvisar ni decir aunque lo
intentara. Muchos nos han hecho un nudo
en la garganta a los que estamos aquí y
a los millones de cubanos que por la
televisión han podido seguir los debates
que han tenido lugar en estos paneles.
Por
lo tanto, más que intentar un discurso
hecho y rehecho, y tratar de revisarlo
intentando la perfección, o arreglarle
los mínimos detalles, decidí que mejor
era abrir en torrente los sentimientos y
decir lo que cualquier cubano, en
cualquier esquina de Cuba, podría
decirles a ustedes sobre lo que para
nosotros es Fidel, la Revolución y
nuestra independencia, que, a fin de
cuentas, todo eso es lo mismo y está
profundamente mezclado hoy y para
siempre.
De
ahí que garabateé estas ideas, que no
pretenden, por supuesto, dictar cátedra
ni dar por concluido este tema, y que
tienen la virtud solo de la honestidad,
el respeto y el cariño por ustedes, que
han venido a testimoniar en nuestra
patria sus simpatías con nuestra lucha,
su firme creencia en nuestra capacidad
de defender ahora y en el futuro, y de
hacer trascender más allá de nuestras
vidas, las ideas por las que hemos
luchado.
Por
eso identifiqué 14 ó 15 ideas que
considero que, siendo cualidades
personales de Fidel, han terminado
siendo cualidades de la Revolución
Cubana e incluso del pueblo cubano,
porque un aporte indiscutible del bregar
y el magisterio de Fidel en estos casi
50 años es que algunas de sus
cualidades, de sus concepciones y de sus
ideas han terminado siendo parte de una
nueva nación, que es la Cuba que tomó la
herencia, por supuesto, que tiene de los
siglos anteriores, pero que está marcada
por los últimos 50 años, en que una
profunda, genuina y autóctona revolución
social se llevó a cabo y se defendió
victoriosa en esta pequeña isla.
La primera cualidad que considero que
Fidel aportó a la Revolución y que es
hoy centro y brújula de la acción de
nuestro pueblo es su concepto de la
unidad, el aporte de Fidel a la
unidad; la unidad como condición básica
para la defensa y la sobrevivencia de
una revolución e incluso para el triunfo
de una idea. No puede triunfar una idea,
por justa que fuere, si no se unen los
que creen en ella para sumar y defender
juntos la idea.
La
Revolución Cubana se salvó, se ha
salvado y se ha mantenido victoriosa
porque supo construir y defender la
unidad, y solo podrá permanecer y
salvarse en el futuro si conserva la
unidad.
Otras revoluciones se perdieron
precisamente porque faltó la unidad;
porque en el momento culminante en que
surgen, como es natural en procesos de
tal intensidad y de tanta hondura,
divergencias, puntos de vista distintos,
pueden hacer que se fracture la unidad,
o que no fragüe en el momento y la hora
en que era necesario y pueden dar al
traste con una revolución.
La
unidad en Cuba es especialmente el
aporte del carácter y las ideas de
Fidel. No es una unidad lograda a base
de la imposición de los criterios de un
hombre o de un grupo, sobre otros
hombres y otros grupos.
En
esta sala hay sentados algunos de los
protagonistas que podrían, con más
autoridad que yo, dar fe de cómo surgió
en Cuba la unidad de las fuerzas
revolucionarias, la construcción de un
solo Partido como garantía de la
continuidad de la Revolución, y cómo
este no es el resultado de la
persecución de los que tenían la opinión
distinta, o de la imposición, o del
negociado de las cuotas de poder o
participación, sino el resultado de un
proceso que está íntimamente ligado a la
personalidad y al aporte de Fidel.
Eso
que surgió al calor de la Revolución es
hoy cualidad de los revolucionarios
cubanos y el pueblo cubano, y
dondequiera que haya uno de nosotros
estará propugnando siempre la unidad.
Surgen, como es lógico, entre nosotros,
a veces, disensiones —broncas les llaman
en Cuba—, pero siempre todos bajo la
idea definitiva y clave de que la unidad
es precondición para el triunfo y la
victoria. Ese es un aporte de Fidel. Eso
no fue así en Cuba antes de Fidel.
Anteriores guerras y jornadas de lucha
por los derechos del pueblo cubano a la
independencia, a la soberanía se
frustraron por la falta de unidad. La
primera gran guerra de los cubanos por
su independencia del poder colonial
español, que duró 10 años de cruenta
lucha, entre 1868 y 1878, se frustró por
la falta de unidad, y había en ella
líderes y hombres con no menos
compromisos y no menos cualidades que
Fidel; sin embargo, aquella guerra
heroica no terminó en el triunfo, en
particular, por la falta de unidad, y
muchas otras veces eso ocurrió en la
historia de la Revolución Cubana hasta
el momento en que Fidel convirtió en
tarea esencial —desde su modestia, desde
su capacidad de escuchar a los otros,
desde su capacidad de convencer,
persuadir y no imponer o dictar— la
construcción de la unidad.
Cómo sería para que un hombre como el
Che Guevara decidiera aquella noche en
la casa de María Antonia, en México,
sumar su vida a aquella epopeya después
de conocer a Fidel, solo en la primera
conversación, un hombre de la agudeza
del Che, del nivel, de la capacidad, la
honestidad y la pureza del Che, cómo
pudo aquella noche, en la primera
conversación, decidir seguir a aquellos
hombres que proponían la idea que
parecía imposible: venir en un pequeño
barco a Cuba a desarrollar una lucha
guerrillera y derrotar a un ejército
apoyado por Estados Unidos que tenía
nada más y nada menos que 80 000
hombres, 1 000 por cada uno de aquellos
expedicionarios que se lanzaron al
Granma...
No
sé si a ustedes les ha pasado, si alguna
vez han intentado pararse frente al yate
Granma y contar a ver cómo es posible
que 82 hombres, más las armas y el
parque quepan en aquel pequeño barco
diseñado para 12 ó 15 pasajeros. Dicen
que cuando el barco sale de las
tranquilas aguas del río, en la noche
oscura, a las 2:00 de la mañana, el Che
preguntó: "¿Pero, bueno, cuándo llegamos
al barco en que iremos hacia Cuba?"
(Risas.) Creía que el Granma era el
barquito en el que llegarían al barco
más grande. Eran secretos los
preparativos, lógicamente, era muy
compartimentado todo, y el Che, y seguro
que otros lo pensaron aunque no
preguntaron, creía que habría un barco
más grande para viajar a Cuba.
Hoy
es un día en que se cumplen 50 años de
aquel navegar. Un día como hoy faltaban
todavía dos días para llegar a Cuba.
La
unidad es la primera idea que anoté
entre mis garabatos; la segunda, la
ética.
La ética. Aquí se dijo —creo que fue
Gilberto López y Rivas—, que Fidel y la
Revolución Cubana habían convertido la
ética en razón de Estado. La ética tiene
raíces en el pensamiento de Martí, pero
es la práctica de Fidel a lo largo de 50
años lo que convierte la ética en una
cualidad imprescindible de la Revolución
Cubana. Con la práctica de Fidel y la
concepción de la ética como componente
esencial de la actuación política y
revolucionaria, no se asume la idea de
que el fin justifica los medios. Para
Fidel, el fin no justifica los medios.
No se puede lograr el objetivo o la
victoria a cualquier precio. Es por eso
que no se ha torturado nunca en Cuba a
un prisionero, aun cuando su
conocimiento valioso, la información que
podía dar, hubiera podido evitar otros
crímenes, hubiera podido evitar un nuevo
ataque terrorista.
Los
viejos combatientes cuentan esa prédica
de Fidel a los luchadores cubanos, a los
combatientes de la Seguridad, muchas
veces los fundadores eran campesinos que
recién se alfabetizaban. Nadie recuerda
nunca la idea de que se permitiera, se
estimulara, se tolerara la idea de la
tortura o del asesinato como método de
lucha, y por eso la Revolución Cubana
hizo el centro de su actuación la
derrota del ejército enemigo y de sus
tropas invasoras, y no acudió a otras
tácticas de lucha, ni "al ojo por ojo y
diente por diente".
La
ética hizo a los revolucionarios
cubanos, pese a la propaganda adversa y
tendenciosa, hacerse querer, y
respetaron siempre la idea de que no se
les podía confiscar a los campesinos lo
que tuvieran, y el pequeño ejército
guerrillero, hambriento y descalzo,
pagaba a los campesinos la gallina o el
poco de arroz y frijoles que pedían para
su sustento.
La
idea de que se pierde la autoridad moral
si falta la ética en la actuación, es un
aporte indiscutible de Fidel a la
Revolución, y en momentos de
enfrentamientos muy duros, porque hay
que recordar que más de 3 500 cubanos
cayeron víctimas de actos terroristas y
que en Cuba hay más de 2 000 cubanos con
limitaciones físicas debido a bombas, a
actos terroristas, a bombardeos contra
poblaciones civiles de la aviación o de
buques en las costas, la ética presidió
siempre la actuación de la Revolución.
Eso
es Fidel, y por eso la Revolución se
defendió, pero dentro de unos límites en
los que no cupo nunca la idea de imitar
los métodos del enemigo o de que, como
ya dije, el fin justifique los medios.
Ese es un aporte de Fidel, los cubanos
lo saben bien.
Se
le pueden llevar a Fidel propuestas de
cómo actuar, pero se sabe de antemano
que si se le propone salirse un
milímetro de lo que constituye la ética,
los principios, las ideas en las que la
Revolución cree, se obtendrá, cuando
menos, una negativa, y casi siempre un
huracán de ideas.
La tercera, el desprendimiento. El
desprendimiento de Fidel por las cosas
materiales, por los homenajes, por las
vanidades de los que todos —dicen—
llevamos algo dentro, en Fidel alcanza
categoría de cualidad esencial. No es
solo su conducta personal, casi
espartana; no es solo su total ausencia
de vanidad. Dicen que pudo ser un
excelente abogado, brillante estudiante;
dicen sus primeros compañeros de bufete
—acabados de graduar de la Facultad de
Derecho, fundaron con él un bufete otros
dos compañeros de estudio— que
rápidamente propusieron a Fidel dejar el
bufete y dedicarse a otra cosa, porque
los contrataba un rico dueño de un
terreno para hacer un pleito para
desalojar a unos pobres que estaban en
las tierras, y Fidel terminaba
defendiendo a los pobres y el bufete
perdía el contrato (Risas).
Pero ese desprendimiento de Fidel
terminó siendo cualidad esencial de la
Revolución Cubana. Aquí se han dado hoy
testimonios: la idea de la solidaridad
entregada como deber y no como arma de
influencia política. Por eso uno y otro
testimoniante dijeron aquí: "Cuba ayudó
sin pedir nada a cambio".
Muchas veces en el mundo se ayudó, pero
a cambio se pidieron favores o la toma
de determinadas decisiones. Nadie puede
decir nunca, no hay un solo ejemplo, que
la Revolución Cubana pidió algo a
cambio. Ejerció generosa y puramente la
solidaridad; entregó no lo que le
sobraba, sino compartió lo que tenía sin
pedir nunca nada a cambio, y yo creo que
eso explica la presencia de ustedes y de
muchos como ustedes que quizás no han
podido estar aquí.
Nos
podemos equivocar como todo ser humano,
nuestra obra no es perfecta; podemos
errar y de hecho lo hacemos, pero no nos
hemos equivocado nunca, pienso, en el
ejercicio de la solidaridad como deber,
y nunca como instrumento del interés.
Esa es una cualidad que alcanza hoy al
pueblo cubano, al que se le reconoce por
los visitantes. Fue, quizás, cualidad en
sectores de nuestra población, algunas
de esas cualidades estaban en la
idiosincrasia del cubano; pero en la
Revolución la idea de compartir se hizo
masiva. Por eso, en Cuba se hizo un
festival de estudiantes y de jóvenes, en
un momento de crisis muy dura del
periodo especial, alojando a los
visitantes en las casas. Por eso todo el
mundo reconoce como cualidad del pueblo
y de la Revolución la idea del
compartir.
Tenemos otros defectos, pero no el de la
falta de desprendimiento, y por eso
hemos defendido como pueblo la idea de
que vale más la dignidad y la
independencia que las cosas materiales;
por eso no hemos pactado ni hemos
negociado nuestro derecho a ser libres
rindiéndonos para que nos levanten el
bloqueo, y por eso hemos sabido decir
que no, y yo creo que eso es
esencialmente el resultado de un
magisterio y un aporte de Fidel.
En cuarto lugar, la coherencia. No
es solo que si usted lee lo que Fidel
dijo en el año 1961 sobre un tema
encontrará, con admiración y sorpresa,
que son ideas que volvió a repetir
muchas veces —no todas, porque hay cosas
que cambian, lógicamente—, sino que
cuando hablo de la coherencia, hablo,
por ejemplo, de que nunca un diplomático
cubano ha tenido que defender en una
tribuna una causa en la que no cree, un
principio con el que no esté de acuerdo.
Nunca un diplomático cubano ha tenido
que pasar la dura y amarga experiencia
que nosotros vemos a diario en otros
diplomáticos, de tener que decirle a
alguien: "Perdóname, yo no estoy de
acuerdo con eso que me mandaron a decir;
mi gobierno me mandó a decir eso, pero
yo personalmente no estoy de acuerdo",
nunca hemos sido puestos en esa
situación. Y digo un diplomático, puedo
decir cualquier representante de nuestra
Revolución, de nuestro pueblo.
La
idea de que la Revolución ha tenido una
coherencia en los principios y de que
nunca nos ha puesto en la disyuntiva de
si defender un principio en el que
creemos o responder a una razón de
Estado. La coherencia ha sido también
razón de Estado en Cuba y los principios
por encima de los intereses han sido
también razón de Estado en la Revolución
Cubana. Eso es obra de Fidel.
El ejemplo personal es la quinta de mis
anotaciones.
Fidel entronizó en Cuba la idea de que
no se le puede pedir a la gente lo que
uno no está dispuesto a hacer antes.
Quizás uno no lo hace, pero los que lo
siguen tienen que saber que uno está o
estuvo dispuesto a hacerlo. Por eso
Fidel, desde que recibió al primer
ciclón en Cuba, después del triunfo, en
el lugar probable por donde el ciclón
llegaría —y lo hizo así durante 45 años
y el pueblo lo vio allí, en el medio del
huracán, dirigiendo, arriesgándose con
los que estaban ahí—, desde ese momento
lo convirtió en práctica para los
cubanos.
No
hay un dirigente cubano que no esté
cortado con esa tijera, que no entienda
la idea de que el ejemplo personal es
esencial y es deber, y que los jefes han
de ir delante; que los jefes solo tienen
derecho a más sacrificio, y que el único
privilegio que puede dar un cargo o una
militancia en Cuba, porque militar en
nuestro Partido es resultado de un
proceso que incluye también el que los
compañeros, la masa de los que no son
militantes, consideren que ese aspirante
tiene ejemplaridad y autoridad
suficientes, por eso no es masivo
nuestro Partido; la idea de que militar
en el Partido de la vanguardia o tener
una responsabilidad da solo derecho a
más sacrificios y más restricciones, es
un legado de Fidel. Por eso no hubo en
Cuba combate, huracán, trabajo que
requiriera sacrificio y esfuerzo, en el
que Fidel no estuviera.
Bueno, las misiones internacionalistas;
por razones obvias Fidel no podía salir.
No tuvo el privilegio que tenía el Che,
era un compromiso con él desde aquella
conversación de México de que un día no
se le reclamarían esas razones. La
misión internacionalista de Fidel fue
convertir a Cuba, como se dijo aquí, no
en una isla perdida en el mar, sino en
tierra firme para todos los que lucharon
por la justicia y la dignidad en
cualquier parte del mundo.
El
ejemplo personal, la autoridad que emana
de ir delante, de dar el ejemplo, de
guiar con la actuación propia es un
aporte de Fidel; la idea de que uno no
se puede quedar atrás y lanzar a los
otros porque después no habría cómo
mirarles a los ojos.
Recuerdo cuando Fidel dijo: "Yo veo a
los hombres de mi escolta que se
preparan para si un día hay un nuevo
atentado contra mí; se preparan para
evacuarme a mí, sacarme del lugar, y
ellos quedarse allí combatiendo. Yo los
dejo, no les digo nada, pero ellos no
saben que el día que eso pase, a mí hay
que matarme allí junto con ellos, porque
después, ¿con qué cara yo podría venir a
mirarlos si los dejo combatiendo por mí
en el lugar?" (Aplausos.)
Esa
cualidad llevada a todos los actos de la
vida ha sido una de las razones
esenciales de la autoridad de Fidel en
Cuba y explicación del cariño del pueblo
por él. El pueblo sabe, el pueblo sabe
más de cuatro cosas y no puede ser
engañado; y al cubano, que conoce el
sacrificio, pero conoce también —y es un
elemento de su nacionalidad— el disfrute
del placer, que es alegre, es expansivo,
le gusta la fiesta, le gusta la alegría
y la disfruta, y está dispuesto a
renunciar a ella, y lo ha hecho más de
una vez, pero al cubano no le gusta que
lo engañen, o que lo manden delante y se
queden detrás.
Para guiar a este pueblo hay que
encabezarlo, y encabezarlo quiere decir
ir en la punta de la vanguardia
(Aplausos). Ese es un legado de Fidel,
es el resultado del magisterio de Fidel,
porque no es que cuatro o cinco lo hagan
como él, eso ha alcanzado la masividad,
se ha convertido en fenómeno de masas, y
vale tanto para una fábrica como para
una empresa agrícola o un ministerio del
gobierno. Los jefes tienen que ir
delante, los jefes dan el ejemplo, guían
el camino con su conducta personal.
El
Che, ministro del gobierno del que Fidel
era Primer Ministro, es paradigma.
En sexto lugar, la verdad. La verdad
es el arma; la verdad, condición para
ser respetado.
Recuerdo cuando se le propuso no decir
una parte de la verdad. Él no estuvo de
acuerdo, se le insistió: "Pero, bueno,
no decir toda la verdad no es decir
mentira". Fidel dijo: "Bueno, cuando no
se dice toda la verdad, eso es una media
verdad, y estamos hablando de decir la
verdad", y por eso nunca el enemigo ha
podido hacer con nosotros lo que tantas
veces nosotros hemos hecho, que es
decir: "Mire, miente; aquí está la
prueba de que usted miente". Nunca la
Revolución ha tenido la debilidad de
tener que reconocer una mentira. Esa es
práctica y enseñanza de Fidel.
En séptimo lugar —escribí aquí en
mis desordenados garabatos— la
sensibilidad. Fidel trasladó esa
cualidad personal a las políticas y a la
actuación de la Revolución.
Recuerdo que cuando siendo su joven e
inexperto ayudante o secretario, en el
año 1992 ó 1993, yo, abrumado por el
hecho de que era la media noche, y había
no menos de 30 visitantes que querían
reunirse con Fidel, y yo veía que eso no
era posible, y después de una reunión
larga y agotadora, Fidel no había comido
en todo el día, de una en otras
reuniones; estábamos en pleno periodo
especial, eran muy duros los años: los
apagones, la falta de electricidad, de
alimentos, de medicamentos, el país
puesto ante el reto de enfrentar una
situación inédita y repentina que cortó
el 85% de nuestro comercio exterior, lo
que nos hizo tener que buscar nuevos
mercados, todo eso bajo la presión de un
bloqueo que se hizo más duro en aquellos
años, Fidel no paraba, era el día
entero... Así cumplió sus 70 años en el
año 1996, aquí con Guayasamín, que le
hizo aquel retrato de las manos, y Fidel
le protestó durante el retrato: "¡Pero,
Oswaldo, esas manos que me estás
pintando están muy flacas y muy
pálidas!". Y Guayasamín le decía: "¿Pero
es que no entiendes, Fidel? Estas no son
manos, ¿no te das cuenta?, son palomas,
son puras, nunca han robado ni se han
manchado de sangre" (Aplausos).
En
esos años duros era uno de esos días, y
yo le dije: "Mire, tiene estos
visitantes, le propongo ver a este
mañana, a este otro..., y ahora le
propongo que vaya a descansar. Solo
quedaría sin resolverse este señor,
Trudeau, que se va mañana, a primera
hora" —el ex primer ministro canadiense,
había venido a Cuba, lo unió siempre una
amistad con Fidel—, y dice Fidel: "Pero,
¡cómo! ¿Está aquí Trudeau y tú no me lo
has dicho? Y se va mañana, ¡tengo que
verlo!". Digo: "Pero, bueno, es que son
muchos; además, usted no ha comido hoy
en todo el día". Dice Fidel: "No, hay
que verlo". Digo: "Pero, bueno, mire,
además, él no es ya Primer Ministro",
dije yo. Aprendí ese día para siempre la
lección (Risas); pero ese día dije: "Si
en definitiva él es un ex primer
ministro. Si él fuera el Primer
Ministro... pero él fue, ya no es...". Y
Fidel dio media vuelta y a dos
milímetros de mi cara me dijo: "Nunca
más me propongas eso; no me interesan
los cargos, sino los hombres. Es más, me
interesan más los hombres cuando no
están en los cargos" (Aplausos).
Esa
sensibilidad no es la cualidad de un
hombre o de unos pocos hombres o
mujeres, me refiero a cómo eso caló
profundamente junto con la obra social
de la Revolución.
Esa
sensibilidad fue la que hizo a Fidel
entrar al cuarto donde Ana Fidelia
Quirot, la corredora destacada, la
campeona cubana de atletismo, se debatía
entre la vida y la muerte y llevó a
Fidel a ocuparse con pasión de salvarle
la vida a Ana Fidelia. Esa sensibilidad
personal, esa capacidad de sentir por
los otros, de sentir como propio el
dolor o la angustia de otros es una
cualidad que Fidel convirtió en
patrimonio de millones en Cuba.
En octavo lugar —no sé si demoro y abuso
de ustedes, no están organizadas estas
ideas y me da pena (Aplausos)—, la
modestia y la ausencia total de
vanidades. Por eso Fidel usa en lo
esencial el mismo uniforme, muchas veces
raído. Por eso no hay una condecoración
en el pecho de Fidel, por eso nunca ha
tenido una condecoración, y solo su
autoridad personal hizo que compañeros
con muchos méritos en Cuba aceptaran
recibirla; por ejemplo, Raúl y Almeida
aceptaron solo la estrella de Héroes de
la República de Cuba que llevan hoy en
sus pechos, porque Fidel impuso su
argumento y su persuasión, porque no la
querían recibir, decían: "Si Fidel no la
ha recibido", y Fidel los convenció.
Bueno, se sabe que el que se deje tirar
el brazo de Fidel por el hombro y oiga
sus argumentos, con mucha probabilidad
será convencido (Risas).
Fidel ha hecho de esa modestia, de esa
ausencia total de vanidad una aspiración
para nosotros.
A
Tomás Borge, que está sentado aquí y que
dijo en la mañana palabras que nos
emocionaron a todos, Fidel le recordó la
frase de Martí: "Toda la gloria del
mundo cabe en un grano de maíz". Esa ha
sido su brújula, esa ha sido la frase
siempre lista para ser citada de memoria
por Fidel, no como consigna vacía, sino
como práctica permanente en su vida. Por
eso su grado es el que tenía en la
Sierra, grado de Comandante; por eso el
pueblo le dice Fidel, y es cuando él se
siente más cómodo, cuando le dicen
Fidel, no cuando le citan los cargos.
Por
eso Fidel se ha enfrascado en una
discusión profunda sobre un tema de
medio ambiente con el chofer de un
automóvil, o con el camarero de un hotel
adonde ha ido, tomándolo totalmente en
serio.
Por
eso Fidel nunca ha dicho: "No, esta
persona no está a mi nivel para discutir
conmigo"; Fidel está ausente de todo
eso. Por eso Fidel nunca ha creído en
ningún protocolo y por eso el protocolo
que se usa en Cuba más o menos es el que
acomoda a esta sensibilidad. Hoy está
más organizado, pero, bueno, Fidel nunca
ha aceptado la idea de que no se puede
ir a ver a un visitante, por razones
protocolares, por eso se apareció la
noche antes en que el visitante iba a
ser recibido oficialmente y por eso esa
cualidad de tener una ausencia total de
vanidades. La modestia como conducta
diaria, que millones de cubanos
aspiramos a imitar y tomamos como modelo
hoy, es un aporte de Fidel también a las
cualidades de nuestra Revolución, diría
que de nuestra nación.
En noveno lugar escribí: "El deber de un
político revolucionario es aprender",
por lo tanto, en Fidel la curiosidad
infinita, las cien y mil preguntas de un
tema hasta saber los detalles; el afán
de leer que llevó a que siempre haya un
libro a mano en su auto con una pequeña
lamparita. El afán de leer, de estudiar;
no es solo afición por los libros o por
un tema, sino deber de revolucionario y
de político.
En
Fidel aprender, saber, leer, estudiar,
es deber y no solo afición o hobby, y
por eso dondequiera que él esté hay
libros, pero en la oficina usted puede
abrir los libros que dicen: "Teoría del
pasto y el forraje para el ganado",
porque era el pueblo en el gobierno
intentando mejorar la ganadería,
producir, multiplicar los panes y los
peces. Usted toma cualquiera de esos
libros y tiene las anotaciones de Fidel:
"Ojo, revisar; debo ver esto con Fulano;
preguntar en la universidad el resultado
del estudio". Así ve: Teoría del
pastoreo, André Voisin; Mejoramiento de
suelos; Indicadores principales de la
industria mecánica. Cualquier tema de la
biología, la química está ahí, no como
afición para tiempo libre, sino como
escalón de aprendizaje para un
revolucionario que considera aprender y
saber, un deber y no una afición.
En décimo lugar escribí: "El rigor
personal", la aspiración a la perfección
no como asunto de vanidad personal, sino
de deber con sus responsabilidades.
Por eso en lo que esté involucrado
Fidel, él tratará de que eso sea lo
mejor. Muchas veces lo que él hizo no se
sabe; muchas veces me han felicitado por
un discurso, la mitad del cual o las dos
terceras partes las escribió Fidel;
claro, no lo puedo decir ahí donde lo
digo, porque sería un problema, pero...
(Aplausos).
Muchos de nosotros hemos sido testigos
de esa aspiración de Fidel, muchas veces
anónima, no ligada a la vanidad ni mucho
menos, y que no es ni será reconocida,
porque no se sabe.
Su
aspiración a que las cosas queden bien;
ese rigor, ejemplar para nosotros, de
hacerlo bien, porque es el compromiso
con el pueblo, porque es la manera de
ayudar a la causa que estamos
defendiendo, porque es lo que nos toca
hacer como revolucionarios o como
cuadros en la Revolución.
En onceno lugar: "La derrota no es tal
hasta que no es aceptada", mientras que
no se acepte se está en plena lucha para
revertir la derrota y es solo episodio
temporal que podrá ser convertido en
victoria. Esa es una cualidad —en
Cuba dicen: "A Fidel no le gusta perder
ni a las postalitas"—, la idea de que no
se acepta la derrota, y yo creo que eso
es cualidad hoy, más allá de Fidel, de
los revolucionarios cubanos, de nuestro
pueblo. Por ahí se dice: "Ustedes los
cubanos son como son", y por eso los
atletas y por eso nuestro pueblo, y la
idea de que se puede hacer más, de que
no se acepta la derrota.
García Márquez escribe en su prólogo al
libro de Gianni Miná, al que veo allí en
el público, que la idea de Fidel de no
aceptar la derrota es lo mismo si es
para ensartar una aguja que para librar
una batalla en Angola a 10 000
kilómetros, y lo intentará una y otra
vez hasta que logre hacerlo. Ese no es
el ejemplo que él cita, pero es algo así
como eso. Eso ya es una cualidad de la
Revolución.
Si
no hubiéramos creído en que la victoria
es posible mientras se luche por ella y
se crea en ella, quizás no estaríamos
aquí, no habríamos resistido casi 50
años de bloqueo, agresiones, actos
terroristas; la agresión de la potencia
imperial más poderosa que ha existido en
la historia.
A
la pregunta de cómo pudo resistir el
pequeño país cuando se quedó solo
—porque durante 30 años hubo el apoyo de
la Unión Soviética, pero después, en los
últimos 15 años, solos nosotros aquí;
muchas veces los amigos creían que no
era posible que pudiéramos enfrentar la
adversidad que vino ante nosotros—,
habrá que responder: Porque Fidel
convirtió en patrimonio de millones en
Cuba, la idea de que la derrota no es
tal hasta que no se acepta, de que
siempre existe la posibilidad de
revertir una derrota temporal. Por eso
el Granma no terminó en derrota final,
fue solo derrota temporal, como antes lo
había sido el Moncada. Y siempre fue el
volver a empezar, el empezar de cero
otra vez, y por eso estamos aquí.
Número doce, escribí: "La aspiración a
la justicia para todos". Hay quienes
aspiran a la justicia solo para sí
mismos, luchan quizás por ser ricos o
por alcanzar una determinada meta
personal; hay quienes piensan en la
justicia para su familia o para su
entorno más cercano, digo la justicia
entendida como el logro de las metas.
Hay quienes la han aspirado incluso para
su pueblo, para su nación; pero para
Fidel la idea de luchar por la justicia
no tiene fronteras y por eso ha luchado
por ella no solo para los cubanos, que
ya era bastante: el sentido de dedicar
su vida a la lucha por la justicia de un
pueblo, sino la ha convertido en causa
universal.
Por
eso cuando en Cuba había 6 000 médicos y
3 000 se fueron, estimulados, pagados
por el gobierno de Estados Unidos que
trató de que no quedara ninguno,
quedaron 3 000 médicos en Cuba en el año
1959 —eran 6 millones los cubanos—, ayer
se recordaron aquí las palabras de
Fidel: "Formaremos muchos médicos". Hoy
tenemos 25 médicos por cada uno de
aquellos que se fueron, y Fidel dijo:
"Formaremos, porque los necesitaremos en
Cuba y en el resto del mundo". Si esa
idea de aspiración universal a la
justicia no hubiera estado presente,
Cuba no tendría hoy casi 30 000
colaboradores de la salud, de los cuales
21 000 son médicos, trabajando en 69
países.
Por
eso esa aspiración a la justicia para
todos, más allá de nuestra tierra, de
nuestra nación, de nuestra condición de
Estado, hace que los científicos cubanos
trabajen arduamente, y Fidel ha
estimulado todos esos proyectos
personalmente, por una vacuna contra la
malaria, que es una enfermedad que no
existe en Cuba.
Las
transnacionales no gastan dinero en
investigación para eso, porque dan más
dinero los productos cosméticos o las
pastillas para bajar de peso, que las
vacunas contra la malaria, porque esas
son medicinas de pueblos pobres y, por
lo tanto, no están destinadas a tener un
gran mercado. Los científicos cubanos
han trabajado por vacunas para curar
enfermedades que no existen en Cuba, y
trabajan hoy bajo la idea de que la
aspiración a la justicia es a la
justicia para todos, y creo que eso es
una enseñanza y un aporte también de
Fidel.
Número 13, escribí aquí, "la fuerza de
las ideas". La convicción personal,
que es martiana también, de que una idea
justa, desde el fondo de una cueva,
puede más que un ejército. Por eso
nuestra batalla se llama batalla de
ideas, el terreno clave donde librar la
lucha.
En el número 14 escribí otra cualidad de
Fidel que se ha trasladado, digamos,
como patrimonio de nuestro pueblo, "la
idea de que nunca ha dejado de sentirse
un ser humano". A Fidel, ni el
reconocimiento, ni el apoyo, ni el mito
en que terminó siendo convertido, en
particular, por el acoso enemigo; ni su
autoridad inmensa, emanada de su
ejemplo; ni su experiencia, ni su
conocimiento superior a los que le
rodean, nunca lo hizo, ni lo ha hecho,
dejar de sentirse un ser humano capaz de
ponerse en el lugar del otro, de
imaginar lo que el otro está pensando o
sintiendo, de compartir y comprender el
dolor, la duda, el temor de los otros.
Recuerdo bien también el día en que yo,
abrumado por un error que cometí —yo
había cometido un error, no me había
dado cuenta— al tramitar una indicación
de Fidel, me había equivocado, y Fidel
me vio tan abrumado, y de pronto empezó:
"¿Quieres que te diga una cosa, ahora
que lo veo bien? Al final creo que ha
sido muy positivo esto que ha pasado, y
esto que tú has hecho me parece que va a
terminar ayudándonos". Mi depresión
aumentaba, porque veía que él trataba de
convencerme de una cosa distinta a lo
que era evidente para mí. Ahí no estaba
actuando el Comandante en Jefe de la
Revolución cubana, ahí no estaba
actuando el Presidente del Consejo de
Estado de nuestro país, ahí no estaba
actuando siquiera el luchador curtido,
que sabe que un error en un pequeño
detalle puede dar al traste con un gran
proyecto; ahí estaba actuando el ser
humano que comprendía que yo quería que
me tragara la tierra, pero la tierra no
me acaba de tragar como yo quería, y yo
me moría de la vergüenza y ya no podía
arreglar aquello que había pasado, y
Fidel se empeñó —muchas veces lo he
visto también con otros compañeros— en
demostrarme a mí que mi error, a fin de
cuentas, iba a ser muy positivo para el
resultado final del trabajo. Ese es el
Fidel ser humano, que aun cuando él se
propone la perfección para sí y se
flagela si no la obtiene, sin embargo es
capaz de no exigírsela a un grado de
injusticia a los otros, y es capaz de
comprender que el otro puede equivocarse
y Fidel tiene una frase de aliento para
él. Y eso es su magisterio, porque en
Cuba el que no haga eso, que los cubanos
en millones han visto hacer a Fidel, es
un "pesado", un atorrante, los cubanos
no lo aceptan, porque eso es cualidad ya
hoy, derecho, digamos, que reclama el
pueblo en la conducta de los demás.
Por último, escribí el número 15, "la
ausencia total de odio hacia cualquier
persona". El Che había dicho que una
revolución es una profunda obra de amor.
Fidel solo tiene odio para la
injusticia, odio profundo hacia la
injusticia, hacia la explotación, hacia
la discriminación racial, pero no hacia
las personas, aun si han sido o son sus
enemigos. No ha actuado nunca la
Revolución cubana llevada por
sentimientos de odio, como no sea odio a
la injusticia, pero no hacia los que han
provocado, digamos, o son responsables
de la injusticia. La Revolución cubana,
por eso, no se basa en odios, ni
siquiera para los traidores. Hay que ver
a Fidel respondiéndole a Ramonet —que lo
veo también ahí en el público—, cuando
Ramonet le pregunta por traidores. No
destila odio, no hay una palabra de odio
en más de 700 páginas de respuestas de
Fidel a Ramonet. Y así es en el libro de
Gianni Miná y así es en el de Tomás
Borge. Le pregunta por traidores, le
pregunta por hombres que atentaron
contra su vida, y Fidel apenas dice una
frase. No es en eso donde se concentra,
no hace la gran descripción de ese que
mereció el castigo.
Por
eso viven muchos de los terroristas que
hicieron sufrir y todavía hoy son
responsables del sufrimiento de miles de
familias cubanas. Porque la Revolución
ha sido muy fuerte; y podía ir, guiada
por el odio, a perseguir a hombres que
cometieron asesinatos muy graves y actos
de terrorismo contra nuestro país, y la
Revolución no lo ha hecho, no lo hizo.
Esa es una herencia del pensamiento de
Fidel, la idea de que no hay que
intentar ajusticiar a los instrumentos,
pues al final pueden surgir otros, sino
que hay que derrotar al imperialismo,
que es el que los creó y los apoyó. Y,
por eso, asesinos, torturadores que
escaparon de Cuba en la alborada del
Primero de Enero, la Revolución no los
persiguió, e incluso no los ajustició
cuando regresaron como invasores a
nuestra patria. Algunos están vivos y lo
pueden testimoniar. Hay ausencia total
de odio en Fidel.
Se
le pregunta a Fidel por los presidentes
de Estados Unidos, se le pregunta por
Kennedy, por su hermano Robert. Kennedy
fue el Presidente de la época de la
Operación Mangosta, de los planes —no
fue el único, porque eso duró décadas,
no ha terminado hasta hoy—; usted no ve
odio en Fidel.
Recuerdo el día en que la hermana de
John y de Robert, Eunice, pidió a Fidel
que diera un testimonio, porque se
cumplían 30 años de la Crisis de
Octubre. Fidel tenía mucho trabajo, no
quería, y ella le dijo: "Se lo vengo a
pedir en nombre de nuestra familia,
Presidente, que, sabiendo la manera en
que nuestros hermanos lo adversaron a
usted, y no estando de acuerdo con
algunas cosas de las que ellos hicieron,
respetamos en usted su ausencia total de
odio, y el hecho de que usted nunca ha
tenido hacia nuestros hermanos, que le
dieron motivos para ello, sentimientos
de odio". Fidel terminó accediendo y dio
una entrevista que es uno de los
testimonios más completos sobre la
Crisis de Octubre y sus antecedentes.
Fidel ha sembrado esas cualidades en
nosotros, eso no es patrimonio solo de
la conducta de Fidel. Los
revolucionarios cubanos no actúan
llevados por el odio. Fueron más de 350
000 cubanos a luchar en el sur de África
—aquí se habló de eso—, a enfrentar a
las tropas poderosas del apartheid, que
tenían incluso varias armas nucleares, y
lo hicieron, como quería el Che, guiados
por un profundo sentimiento de amor. Dos
mil cubanos cayeron allí. Nuestros
combatientes enfrentaron allí un
ejército poderoso. Quince años duró
aquella guerra que se selló con la
integridad territorial de Angola
preservada y la independencia de
Namibia. No existiría hoy Angola y
hubiera demorado mucho más la derrota
del apartheid, si las tropas cubanas no
hubieran enfrentado allí al ejército
racista, en el sur de África, a miles de
kilómetros de nuestra patria, que tiene
más mérito todavía cuando eso se hizo en
un momento en que ya se derrumbaba la
Unión Soviética, se desintegraba el
campo socialista, solos.
Piero Gleijeses habló aquí y escribió un
libro revelador sobre esos temas, y
cuando esa guerra terminó y regresaron
nuestros combatientes, y se cumplió lo
que había dicho Amílcar Cabral: que los
cubanos regresarían de África llevándose
solo los huesos de sus muertos, porque
no somos allí dueños de minas, ni de
pozos petroleros, ni de tierras, ni de
bosques, porque no fuimos allí buscando
diamantes, petróleo, fuimos luchando por
una idea de justicia, cualidad y
herencia de Fidel a nuestro pueblo, se
puede decir que no hubo ni un solo
momento de odio, ni nuestras tropas
actuaron, sino con un gran altruismo.
Así había sido en la Sierra Maestra,
donde se curaba primero a los heridos
del ejército enemigo. Así fue en Girón,
así fue siempre, y así fue en Angola.
Esa
ausencia total de odio, como no sea odio
a la injusticia, al imperialismo, a la
exclusión, como fenómenos, es una
cualidad también de Fidel. Por eso, esa
ausencia total de rencor. Usted le
pregunta y él no dice una frase de odio
al que traicionó, al que agredió. Yo
creo que ese es otro legado de Fidel.
No
he querido —ya lo dije— que esto se vea
como un ensayo, ni una pieza académica o
rigurosa. Si tiene una virtud, es su
honestidad total.
Yo
no diría estas palabras aquí si no fuera
por creer, como cualquier otro cubano lo
haría, profundamente en ellas, porque
Fidel también nos ha enseñado el rechazo
total a todo lo que sea vanidades,
adulonerías. No hay nada que moleste más
a Fidel que un adulón. Y si tienen otra
cualidad estas palabras, es un profundo
cariño que es, diría, el sentimiento
mayor que nuestro pueblo siente por
Fidel, en el que ve al padre, hermano
mayor, familia propia, más allá de sus
responsabilidades y de sus méritos.
Los
enemigos de la Revolución cubana, que es
decir los enemigos de la justicia, de la
verdad, de la dignidad, los enemigos
cuentan los minutos esperando y deseando
la muerte de Fidel, sin comprender que
Fidel ya no es solo Fidel, que Fidel es
su pueblo y que Fidel es, a fin de
cuentas, todo hombre y mujer que en el
mundo esté dispuesto a luchar y luche
porque un mundo mejor sea posible.
Los
enemigos sueñan y se equivocan con la
idea de que la ausencia de Fidel puede
significar la ausencia de sus ideas, y
que las convicciones y los principios
que Fidel ha sembrado a nivel masivo en
su pueblo y en el mundo pueden
desaparecer; Fidel, que aspira a que de
él solo queden las ideas y que,
convaleciendo, recuperándose y
regresando al combate propinará a esos
enemigos asentados en el odio y la
mediocridad una nueva derrota.
Gracias a todos por venir (Aplausos
prolongados y exclamaciones de: "¡Viva
Cuba, viva la Revolución!").
Gracias por habernos permitido celebrar
de esta manera el cumpleaños de Fidel. A
los cubanos solos, Fidel no nos lo
hubiera permitido.
Gracias a la Fundación Guayasamín, a
Pablito, al resto de sus familiares, a
Cachito Vera.
Gracias a la Fundación que, como lo
había hecho antes, logró imponerle a
Fidel la celebración de su cumpleaños y
convencerlo de que su cumpleaños no era
solo su cumpleaños, sino una oportunidad
para dar otra vez, en el terreno de las
ideas, una batalla a favor de la
justicia y la solidaridad.
Si
ustedes no estuvieran aquí, nuestra
celebración habría tenido que ser íntima
y modesta, y Fidel no la habría
permitido; pero un deber de
caballerosidad, de simpatía y
agradecimiento con los que vienen, le ha
impedido a él oponerse a esta
celebración nacida del —nosotros lo
sabemos bien— más puro cariño y
solidaridad con nuestro pueblo y con
Fidel.
Les
damos las gracias a ustedes y les
prometemos que nosotros seguiremos
luchando por las ideas y los sueños a
los que Fidel ha dedicado su vida. Que
lo haremos con él otra vez al frente de
nuestro pueblo; pero que cuando él y los
hombres de su generación no estén,
nosotros tenemos la convicción de que
nuestro pueblo habrá hecho para siempre
ya suyas esas ideas y esos principios.
Ese
es nuestro regalo mayor a Fidel:
defender y combatir cada día de nuestra
existencia por esas ideas.
Muchas gracias.
(Ovación.) |