Para el
amor no hay edad
POR
ASTRID BARNET
LA vida sexual en el
adulto mayor es un proceso que, aunque
en el orden biológico se manifiesta por
una disminución genérica del
metabolismo, es importante tener en
cuenta que aún persisten actitudes
retrógradas que son muy similares a las
que existían en siglos anteriores y que
tienden a rechazar, o en el mejor de los
casos ignorar, la existencia de la
actividad sexual en estas personas.
Estas actitudes pueden
tener dos explicaciones:
Primera, la incorrecta
asociación que se le ha establecido
entre sexualidad y reproducción,
mediante la cual se considera que sólo
es normal la actividad sexual durante la
edad reproductiva y, por tanto, los
adultos mayores no tienen por qué
practicarla. Segunda, la existencia del
prejuicio (viejo=enfermo) es tan fuerte
que, en ocasiones, se traslada al
personal que atiende a ese grupo de
personas.
Existen también
criterios (completamente erróneos) que
plantean que "la actividad sexual debe
desaparecer después de los 60 años por
lo que desear o hacer en materia sexual,
no es natural, fisiológico, moral, ni
socialmente bien visto". De ahí
que esta idea de "muerte sexual" se
convierta para muchas personas (de ambos
sexos) en un factor de ansiedad cuando
arriba a la edad madura o ve aproximarse
esa etapa de la vida, lo que provoca el
comienzo de trastornos en la función
sexual de índole psíquica.
Incluso algunos jóvenes
se sorprenden y avergüenzan cuando
aprecian las ostensibles manifestaciones
de cariño de las personas mayores y
hasta provocan comentarios agresivos e
irónicos como son: "Hay que comportarse
de acuerdo con su edad", "Ustedes ya no
están para eso", "Eso es de viejo
verde..."
Resulta indiscutible que
la complejidad de los problemas que
generalmente afectan la sexualidad, y al
adulto mayor, demandan el concurso de
varias disciplinas —Medicina,
Psicología, Enfermería y Trabajo Social,
entre otras—, a la vez que su solución
no precisa solamente del trabajador de
la Salud, sino también de la
participación de otros sectores de la
sociedad.
Tampoco deben olvidarse
falsas creencias y mitos que
desvalorizan el accionar del adulto
mayor como son, entre otros:
1. Con la menopausia
concluye la vida sexual 2. Las
desviaciones sexuales son más frecuentes
en la vejez, 3. Es indecente y de mal
gusto que los viejos tengan interés por
la sexualidad, 4. Las personas mayores
no son sexualmente deseables, 5. La
actividad sexual es mala para la salud.
Estudios actuales
demuestran que la actividad sexual del
adulto mayor está influenciada por un
grupo de factores sociales cuyo
conocimiento es necesario:
Factor pareja: ésta es
la causa que más provoca abstinencia
sexual, sobre todo en la mujer, pues
muchas personas desaprueban que, tras
enviudar, se proceda a la
búsqueda de una nueva pareja.
Deterioro de la relación matrimonial:
este aspecto es uno de los más
frecuentes debido a problemas de
comunicación y a una cierta monotonía en
la relación sexual. Salud: Algunas
enfermedades mentales y físicas pueden
influir negativamente en la sexualidad
como se consideran afecciones como la
diabetes y artrosis, sin que
necesariamente sea así. Sexo: es muy
común (erróneamente) que la iniciativa
sexual de la pareja sea mayormente
impuesta por el hombre, situación que
minimiza el papel social de la mujer en
muchas ocasiones y en algunas
sociedades. Jubilación: Cuando no se
está preparado para afrontar este status
actúa de forma negativa en las
relaciones sexuales de la pareja, así
como en otros aspectos.
En las instituciones de
Salud de Cuba, en especial, las
relacionadas con la Geriatría, se tiene
muy en cuenta que el "envejecimiento
constituye un proceso biológico, no una
enfermedad". Como en esta etapa de la
vida se agudiza el criterio de la
realidad, se toma mayor conciencia de lo
que puede hacerse sexualmente, por lo
que el erotismo está vigorizado (en
comparación con el acto sexual
propiamente dicho), con una mayor
consolidación de la pareja y tiene como
único fin dar y recibir placer.
Al mismo tiempo, en el
sistema de Salud cubano constituye una
máxima lo siguiente: cuanto más preserve
una persona su salud durante la juventud
—elimine factores nocivos como el
tabaquismo, el consumo de bebidas
alcohólicas y de medicamentos sin
prescripción facultativa—, realice
ejercicios físicos y, a la vez, se
libere de toda una serie de tabúes o
mitos que dificulten su educación en
general, llegará a ser, de seguro, un
adulto mayor sin inconvenientes
funcionales en el aspecto sexual.
El dicho bien conocido
en nuestro país de que "Para el amor no
hay edad", plantea
inobjetablemente que se puede amar y ser
amado cuando se haya aprendido lo
suficiente sobre la materia, gracias a
los conocimientos y experiencias
adquiridos durante el transcurso de la
vida. Por tanto, es posible ingresar y
labrar un camino donde pocas veces se
añore la juventud, y poder así prolongar
la vida hasta 120 años con mayor ternura
y sabiduría.