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C L U B   D E  L O S  1 2 0  A Ñ O S   

La Habana, 21 de Abril de 2006

El mareo no es por la cervical

POR JOAQUIN ORAMAS

LA artrosis cervical es un cuadro clínico muy frecuente, cuya característica principal es la compresión de las articulaciones de la columna vertebral. El cartílago interpuesto entre las vértebras sufre un proceso de desgaste a partir del cual surgen las complicaciones que aparecen en este trastorno.

 Las vértebras que se afectan con mayor frecuencia son las del cuello y las de la región lumbar.

 Los síntomas se producen como consecuencia de la compresión que ejerce el cartílago articular alterado sobre las raíces de los nervios que emergen de la columna hacia las distintas partes del cuerpo.

 Es una enfermedad muy común, pudiendo observarse signos de artrosis de la columna vertebral, en radiografías del 20% de las personas entre 20 y 30 años de edad, en el 80% de las personas de más de 60 años y en casi todas las personas de más de 80.

 El cuadro clínico de la artrosis vertebral puede ir desde la no producción de ningún síntoma en la persona que la padece hasta la aparición de dolor localizado en la región donde se presenta la afectación.

 En la cervical los síntomas más comunes son la aparición de un dolor agudo o tortícolis en forma brusca, muy intenso, que obliga a la flexión y lateralización del cuello y la cabeza para aliviar el dolor. Otra forma es la artrosis cervical crónica, predominante en las mujeres, influida, quizás, por factores musculares, laborales y de mala postura.

 La artrosis  lumbar ocasiona también un cuadro de dolor, siendo esta enfermedad una de las causas más frecuentes en esa región.

 Las “cervicales” son con frecuencia el origen de diferentes síntomas, como dolor en el cuello o de cabeza, tensión muscular o molestia irradiada a los hombros y brazos. Igualmente se achaca a problemas cervicales, muchas veces sin un confirmación médica bien establecida, síntomas como sensación de inestabilidad, mareo o vértigo. La cervical, al igual que la región lumbar u otras partes del esqueleto, como las manos, las rodillas o las caderas son localizaciones donde puede desarrollarse la artrosis.

 Las cervicales son las siete vértebras que forman la denominada columna cervical,  parte de la columna vertebral que da la estructura y movilidad al cuello. Se trata de uno de los sistemas articulares más complicados del cuerpo humano y está sometido a movimientos, constantemente, a lo largo de día. Las vértebras cervicales participan en prácticamente todas las actividades de la vida diaria, pues la postura del cuello es fundamental para una correcta posición de la cabeza, lo que permite dirigir la mirada, trabajar, etcétera. Por ello el dolor cervical es muy frecuente, ya que se estima que hasta un 70% de la población lo ha padecido alguna vez. Muchas veces los dolores cervicales son sólo la expresión de una tensión muscular secundaria a otro problema que nada tiene que ver con las articulaciones del cuello, como por ejemplo en los estados de estrés o tensión emocional, en la ansiedad e incluso en la depresión.

 El dolor que origina la artrosis es lo que se denomina de “carácter mecánico”; es decir, que guarda relación con los movimientos. El diagnóstico se basa en la historia clínica que efectúa el médico al paciente, con el interrogatorio sobre los síntomas que padece, y la exploración física del cuello. Esto se complementa con la práctica de una radiografía de la columna cervical, en la que el médico puede apreciar la existencia de los signos típicos del padecimiento.

 La mayor edad es un factor de riesgo que se asocia con la aparición de ese mal en las cervicales. Además, parece ser que hay factores hereditarios que hacen que, en determinadas familias, haya predisposición a padecerlo. Por otra parte, existen otros factores que, aunque no sean responsables directamente de la aparición de la artrosis, tienen una clara relación con ella, empeorando la evolución y los síntomas de la enfermedad. Esto es así en determinados tipos de trabajo, en los que se mantienen posturas fijas mantenidas y posiciones nocivas para la columna cervical. Es excepcional que la artrosis cervical origine síntomas tan frecuentes como el mareo, la sensación de inestabilidad y el vértigo. Normalmente estos síntomas tienen su origen en problemas neurológicos, de visión y en alteraciones en el oído o en el órgano del equilibrio, que se sitúa en la proximidad del órgano de la audición. Además, con mucha mayor frecuencia son los estados de ansiedad, que se acompañan de mala relajación y tensión muscular, o los estados de depresión, los responsables de estos síntomas de mareo, aunque este origen psicológico de los síntomas sea difícil de reconocer y de aceptar por parte de los pacientes. Por lo tanto, no se debe aceptar el hecho de que se atribuyan los problemas de mareo a “tener mal las cervicales”.
 

 

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