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El mareo no es por la
cervical
POR
JOAQUIN ORAMAS
LA
artrosis cervical es un cuadro clínico
muy frecuente, cuya característica
principal es la compresión de las
articulaciones de la columna vertebral.
El cartílago interpuesto entre las
vértebras sufre un proceso de desgaste a
partir del cual surgen las
complicaciones que aparecen en este
trastorno.
Las
vértebras que se afectan con mayor
frecuencia son las del cuello y las de
la región lumbar.
Los
síntomas se producen como consecuencia
de la compresión que ejerce el cartílago
articular alterado sobre las raíces de
los nervios que emergen de la columna
hacia las distintas partes del cuerpo.
Es
una enfermedad muy común, pudiendo
observarse signos de artrosis de la
columna vertebral, en radiografías del
20% de las personas entre 20 y 30 años
de edad, en el 80% de las personas de
más de 60 años y en casi todas las
personas de más de 80.
El
cuadro clínico de la artrosis vertebral
puede ir desde la no producción de
ningún síntoma en la persona que la
padece hasta la aparición de dolor
localizado en la región donde se
presenta la afectación.
En
la cervical los síntomas más comunes son
la aparición de un dolor agudo o
tortícolis en forma brusca, muy intenso,
que obliga a la flexión y lateralización
del cuello y la cabeza para aliviar el
dolor. Otra forma es la artrosis
cervical crónica, predominante en las
mujeres, influida, quizás, por factores
musculares, laborales y de mala postura.
La
artrosis lumbar ocasiona también un
cuadro de dolor, siendo esta enfermedad
una de las causas más frecuentes en esa
región.
Las
“cervicales” son con frecuencia el
origen de diferentes síntomas, como
dolor en el cuello o de cabeza, tensión
muscular o molestia irradiada a los
hombros y brazos. Igualmente se achaca a
problemas cervicales, muchas veces sin
un confirmación médica bien establecida,
síntomas como sensación de
inestabilidad, mareo o vértigo. La
cervical, al igual que la región lumbar
u otras partes del esqueleto, como las
manos, las rodillas o las caderas son
localizaciones donde puede desarrollarse
la artrosis.
Las
cervicales son las siete vértebras que
forman la denominada columna cervical,
parte de la columna vertebral que da la
estructura y movilidad al cuello. Se
trata de uno de los sistemas articulares
más complicados del cuerpo humano y está
sometido a movimientos, constantemente,
a lo largo de día. Las vértebras
cervicales participan en prácticamente
todas las actividades de la vida diaria,
pues la postura del cuello es
fundamental para una correcta posición
de la cabeza, lo que permite dirigir la
mirada, trabajar, etcétera. Por ello el
dolor cervical es muy frecuente, ya que
se estima que hasta un 70% de la
población lo ha padecido alguna vez.
Muchas veces los dolores cervicales son
sólo la expresión de una tensión
muscular secundaria a otro problema que
nada tiene que ver con las
articulaciones del cuello, como por
ejemplo en los estados de estrés o
tensión emocional, en la ansiedad e
incluso en la depresión.
El
dolor que origina la artrosis es lo que
se denomina de “carácter mecánico”; es
decir, que guarda relación con los
movimientos. El diagnóstico se basa en
la historia clínica que efectúa el
médico al paciente, con el
interrogatorio sobre los síntomas que
padece, y la exploración física del
cuello. Esto se complementa con la
práctica de una radiografía de la
columna cervical, en la que el médico
puede apreciar la existencia de los
signos típicos del padecimiento.
La mayor edad es un factor de riesgo
que se asocia con la aparición de ese
mal en las cervicales. Además, parece
ser que hay factores hereditarios que
hacen que, en determinadas familias,
haya predisposición a padecerlo. Por
otra parte, existen otros factores que,
aunque no sean responsables directamente
de la aparición de la artrosis, tienen
una clara relación con ella, empeorando
la evolución y los síntomas de la
enfermedad. Esto es así en determinados
tipos de trabajo, en los que se
mantienen posturas fijas mantenidas y
posiciones nocivas para la columna
cervical. Es excepcional que la artrosis
cervical origine síntomas tan frecuentes
como el mareo, la sensación de
inestabilidad y el vértigo. Normalmente
estos síntomas tienen su origen en
problemas neurológicos, de visión y en
alteraciones en el oído o en el órgano
del equilibrio, que se sitúa en la
proximidad del órgano de la audición.
Además, con mucha mayor frecuencia son
los estados de ansiedad, que se
acompañan de mala relajación y tensión
muscular, o los estados de depresión,
los responsables de estos síntomas de
mareo, aunque este origen psicológico de
los síntomas sea difícil de reconocer y
de aceptar por parte de los pacientes.
Por lo tanto, no se debe aceptar el
hecho de que se atribuyan los problemas
de mareo a “tener mal las cervicales”.
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