La prohibición
de viajar a
Cuba devasta a las familias locales
POR KATHY JOHNSTON
UNA rara visita a San Luis Obispo la
próxima semana de un músico cubano pone en el tapete
la prohibición de Estados Unidos de viajar a nuestro
vecino caribeño.
Es una prohibición que afecta
especialmente a dos prominentes cubanoamericanos, a
los que no se les permite ver a sus familias: Delvis
Fernández, fundador y presidente del Fondo
Educacional de la Alianza Cubanoamericana, a quien
le gustaría llevar a su madre ciega, de 88 años, a
Cuba para visitar a su hermana diabética, de 86
años, cuya pierna fue recientemente amputada, pero
su propuesto viaje es ilegal bajo las restrictivas
regulaciones de la administración americana, y
George "Jorge" Milanés de Los Osos, quien quiere
viajar a La Habana para ver a su tía moribunda, de
94 años, Carmen, la cual —en una típica costumbre
cubana de extensión familiar— lo crió. No obstante,
las leyes norteamericanas le prohiben ir.
"¿Qué somos como sociedad si
violamos los derechos básicos de la parte más
fundamental de la civilización, la familia?",
pregunta Fernández, que se trasladó desde su oficina
en Washington D.C hasta See Canyon para estar más
cerca de sus hijos y nietos.
"Hay tanta pena entre los
cubanoamericanos debido a la separación de la
familia", dice, y añade que "quiero que el pueblo
americano esté al tanto del hecho de que la política
de la administración de Bush ha exacerbado un
problema tremendo".
Aunque a cualquier otro grupo
americano se le prohíbe viajar a Cuba de todas
formas, a los cubanoamericanos ahora se les permite
un viaje cada tres años para visitar a sus
familiares. Pero según las nuevas regulaciones, la
familia ha sido redefinida solamente como la madre,
el padre y los hermanos. Los tíos, primos y sobrinos
no califican —que es la razón por la cual a
Fernández no se le permite acompañar a su achacosa
madre a visitar a su hermana.
"Podríamos ser detenidos,
arrestados, si vamos a ver a nuestra familia, si
unimos a dos ancianos, a dos hermanas que se
quieren, en los umbrales de sus vidas", manifiesta
Fernández con un fuerte suspiro.
Los funcionarios de la
administración advierten que la prohibición tiene el
objetivo de apoyar el embargo de los Estados Unidos
y restringir el flujo de fondos al gobierno de Fidel
Castro, y apresurar un cambio de régimen. Esa es la
razón por la que los cubanos no pueden viajar a los
Estados Unidos, donde podrían ganar dinero.
El único músico que actualmente
puede hacer viajes de ida y vuelta es el guitarrista
y compositor cubano Pablo Menéndez, que se
presentará en el Colegio Cuesta el 17 de abril. Pero
se trata de un caso especial. Nacido en Oakland,
California, Pablo Menéndez fue a Cuba en 1966,
cuando tenía 14 años, a visitar a su padre y
estudiar música. Ha estado viviendo y tocando música
allí desde entonces, parte activa de la escena
musical cubana.
A los miembros de la banda Mezcla,
de Menéndez, nominados al Grammy, no se les permite
acompañarlo, y en vez de un concierto va a dar un
tributo por multimedia a la música cubana. El
espectáculo es coauspiciado por la Alianza
Cubanoamericana de la Costa Central, un grupo local
fundado por Milanés después que volvió a visitar su
lugar de nacimiento en Cuba, en el 2000.
Milanés se reunió con Pablo
Fernández hace 12 años, cuando concurría a un
concierto en el norte de California del grupo
Mezcla, promovido por Carlos Santana. "Mezcla es la
más limpia y fresca agua que yo haya probado",
manifiesta Santana.
Impresionado por la mezcla de ritmos
africanos tradicionales, canciones cubanas, jazz,
blues y rock, Milanés se propuso ver el concierto de
Pablo Menéndez en el primer club de jazz de La
Habana, La Zorra y el Cuervo. Han permanecido en
contacto e invitado al músico cubano a la costa
central para la presentación de la próxima semana en
el Colegio Cuesta. Con la nueva definición de
familia hecha por la familia Bush para los
cubanoamericanos, Milanés no puede viajar a La
Habana legalmente otra vez, pues sólo tiene tíos,
primos y sobrinos allí. A sus hijos nacidos en
California no se les permite una experiencia de
primera mano con sus raíces cubanas. "Que absurdo es
eso, conectar la política exterior con la separación
de la familia, en especial para una persona que ama
los valores familiares como yo," concluye Milanés.
Cuando Milanés tenía tres años,
durante las luchas revolucionarias en Cuba, una bala
perforó la pared encima de su cuna, y su tío lo puso
en un avión para que se uniera a sus padres en
Miami. Para Milanés el regreso a Cuba después de
vivir 40 años en los Estados Unidos fue una
alteración en su vida."
"Al pisar suelo cubano en el 2000,
casi se me doblaron las rodillas con toda una serie
de sentimientos encontrados. Me sentía en mi hogar,"
Ahora dice que para que se le permita visitar Cuba
legalmente, tendría que casarse con una nativa —y
verla solamente una vez cada tres años, aún si
tuvieran hijos.
La versión de Fernández tiene un
tono similar. Llegó a los Estados Unidos desde Cuba
en 1957 cuando tenía 17 años para concurrir al
colegio superior de Salt Lake City. Con limitados
conocimientos de inglés, se matriculó en las clases
de matemáticas, obteniendo su licenciatura y
convirtiéndose en profesor de matemáticas en la zona
de la bahía.
El volver a Cuba para ver a su
hermana más joven 22 años después fue una
experiencia dramática para él. La había visto por
última vez cuando tenía 4 años de edad". Se tiene la
necesidad del vínculo, la experiencia cotidiana, de
todas esas pequeñas cosas de la vida que perdemos,
eso es lo que crea amor", dice Fernández.
Posteriormente, su hermana sufrió un
aneurisma, y su familia en los Estados Unidos no
pudo verla antes de que muriera. La experiencia fue
catalizadora para Fernández y de ahí surge la idea
de formar el Fondo de Educación de la Alianza
Cubanoamericana, que promueve la expansión en el
comercio, en especial alimentos y suministros
médicos, y el año pasado testificaron ante la
Comisión de Estados Unidos sobre Derechos Humanos en
Ginebra.
Pero las disposiciones americanas
con relación a los viajes y el comercio se
intensifican a pesar de sus esfuerzos. Hasta los
intercambios en la educación y el arte, como la que
llevó a cabo en Cuba la Academia de Danza de San
Luis Obispo en el 2000, ya no se permiten.
Algunos americanos rehúsan seguir
las directrices de la administración para los viajes
a Cuba, tentados por la fruta prohibida que los hace
pensar que está más cerca de Estados Unidos que
Santa Barbara a San Luis Obispo. A pesar del riesgo
de las multas de hasta $65 000, según Los Angeles
Times, muchos americanos viajan a La Habana por
la puerta de atrás, desde Canadá, Jamaica o México.
Por lo menos unos 500 americanos fueron multados el
año pasado por viajar a Cuba, según el Times.
Desde el punto de vista de
Fernández, la mayoría de los americanos no están al
tanto de las restricciones a los viajes que realiza
la administración. "Se encontrará que con cada
americano que se hable, rechaza esa política.
Tenemos que sacar a la luz esa crueldad, así la
gente dará un paso al frente y dirá, "Eso no está
bien". Vendrá un tiempo en que se dirá, "Basta", ya
es suficiente.
Rodeado en su oficina de See Canyon,
por libros cubanos, fotos y un busto de José Martí,
Fernández cita al héroe nacional cubano: "Ver un
crimen y no hacer nada es lo mismo que cometer el
crimen."