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Che, caballero sin tacha y sin miedo
RONALD SUÁREZ RIVAS
Reunidos en La
Paz, altos jefes militares de la dictadura de
Barrientos, en complicidad con la CIA, tomaron
fríamente la decisión de asesinarlo. Se habían
necesitado 3 702 soldados: 1 904 de la Cuarta
División, 1 798 de la Octava, y varias horas de
combate para neutralizar la pequeña guerrilla en la
confluencia de la Quebrada del Yuro con la de San
Antonio. Muy pronto la noticia recorrería el mundo.
Se
ha podido precisar que el Che estuvo combatiendo
herido hasta que el cañón de su fusil M-2 fue
destruido por un disparo, inutilizándolo totalmente.
La pistola que portaba estaba sin magazine. Esas
increíbles circunstancias explican que lo hubiesen
podido capturar vivo, relataría luego Fidel.
Al mediodía del
10 de octubre, en un lugar cercano a La Higuera,
seis guerrilleros que consiguieron romper el cerco
escucharon por radio la noticia de la muerte del
Che.
El dolor los
enmudeció. No había posibilidades de que fuera un
error. Al sobreponerse, coincidieron en continuar su
obra. Inti pronunció el juramento: "Che: tus ideas
no han muerto (...). Tus banderas, que son las
nuestras, no serán arriadas jamás". En efecto, la
eliminación física del hombre, la desaparición de
sus restos, no consiguieron aplacar la fuerza del
símbolo.
Pocos meses
después, en el convulso año 1968, la figura del
Guerrillero Heroico inspiraba a la juventud de todo
el mundo en su lucha contra el capitalismo. En
México, Francia y otras partes de Europa, los
estudiantes construyeron barricadas, bloquearon las
vías y se lanzaron a la calle sin temor a la
policía. Hubo huelgas, manifestaciones, represión.
En todas partes
la imagen del Che acompañaba a una generación en
pugna contra el sistema. Carteles y graffitis
reiteraban su invitación a "ser realistas y soñar lo
imposible".
Desde entonces,
su figura ha identificado a los revolucionarios. Ni
la propaganda imperialista, ni falsos intelectuales
a sueldo, ni desertores han conseguido desvirtuar su
ejemplo.
Con una
realidad distinta al resto del continente, para la
juventud cubana el ejemplo del Che es la invitación
constante a "mantener un espíritu creador", a
"abandonar las iniciativas pequeñas".
"Si no existe
la organización —advirtió una vez—, las ideas,
después del primer momento de impulso, van perdiendo
eficacia, van cayendo en la rutina (...), en el
conformismo, y acaban por ser simplemente un
recuerdo."
"Una juventud
que no crea es una anomalía", dijo, y enfatizó en
que la juventud no debe ser nunca demasiado dócil ni
aparentar una alegría cosmética.
Consciente de
que el ejercicio de las armas solamente no basta
para preservar el país, insistía en que "debemos
defenderlo construyéndolo con nuestro trabajo".
Jean Paul
Sartre dijo una vez que en su despacho no parecía
transcurrir el tiempo. Allí lo encontró una
madrugada, después de una agotadora jornada, para
discutir de filosofía. Cuentan que solía recibir a
sus visitantes después de las 12 de la noche,
concluido el trabajo, y conversar varias horas sobre
política, economía o simplemente compartir una
partida de ajedrez.
El Che fue
siempre inmenso, desde que puso sus conocimientos de
Medicina al servicio de los leprosos de la Amazonia
y se estremeció ante la explotación de los mineros y
la miseria centenaria al pie de las montañas donde
reinaron los incas.
"Muchos me
dirán aventurero —escribió en la carta de despedida
a sus padres— y lo soy, solo que de un tipo
diferente, de los que ponen el pellejo para
demostrar sus verdades."
Esa afirmación
suya se confirma aún ahora. El Che sigue poniendo en
juego su piel, su vida, todos los días en la piel y
en las vidas de todos los que luchan en cualquier
lugar por ese mundo mejor que urge.
¿Acaso no está
presente su modo distinto de ser aventurero en
jóvenes como los Cinco cubanos secuestrados hace
siete años en cárceles de Estados Unidos? Esos
hombres lo arriesgaron todo por sus verdades, que
son las mismas del pueblo al que calladamente
defendieron del terrorismo de sus enemigos.
¿No es el Che
uno de esos médicos de Barrio Adentro, o alguno de
aquellos otros todavía en espera de una respuesta
que parece ya nunca llegará, dispuesto a partir
hacia las calles inundadas de Nueva Orleáns?
-Hoy,
en Santa Clara, acto nacional por el aniversario 38
de la caída del Che |