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ADIOS A CLAUDE JULIEN
Un periodismo acorralado
POR GABRIEL MOLINA
CLAUDE
Julien, maestro de periodismo moderno que fuera
durante casi 18 años (1973-1990) redactor Jefe y
después director del prestigioso mensuario Le
Monde Diplomatique, falleció el 5 de mayo
último, a punto de cumplir sus 80 años.
Su
sucesor, Ignacio Ramonet, lo retrata plausiblemente:
"Personalidad excepcional por el poder de sus
convicciones, la singularidad de su talento y la
extensión de su cultura, Claude Julien ha marcado
definitivamente la historia del Le Monde
Diplomatique. Ha ejercido una influencia
decisiva sobre varias generaciones de jóvenes
periodistas, que han admirado en él la fuerza de su
carácter, la firmeza de sus ideas, la calidad de sus
escritos, la generosidad de su compromiso y la
pasión de sus combates en favor de un periodismo
irreverente, de un mundo más justo, más pacífico,
menos inigualitario y más solidario... una pérdida
irreemplazable, pues nos enseñó un camino
fundamental indispensable en estos tiempos en que
los medios se doblegan.”
Ramonet
no exagera. Esa firmeza de ideas acompañó dignamente
siempre su paso por la vida. No se doblegó. La beca
que obtuvo en 1949 para estudiar Ciencias Políticas
en EE.UU., en la Universidad Católica de Notre Dame,
Indiana, lejos de deslumbrarlo por el esplendor y
prestigio que la II Guerra Mundial trajo a
Norteamérica, le sirvió para conocer las entrañas
del monstruo, como a nuestro José Martí. Su obra en
este tema, que incluye La Amerique en Revolution
(1956) y Le Nouveau Nouveau Monde (1960), se
vio coronada con El Imperio Americano (1968),
el cual le valió ser reputado como uno de los
mejores conocedores del poderoso país.
Nacido
hace 80 años, el 17 de mayo de 1925, Claude Julien
participó en la resistencia francesa contra la
ocupación nazi. A los 19 años fundó el periódico
De Pie, ligado a las Juventudes Obreras
Católicas. A su regreso de Estados Unidos trabajó
como periodista y a los 26 años es nombrado Redactor
Jefe de La Depêche de Tánger, ciudad entonces
bajo protectorado francés. Pero sus posiciones en
favor de la independencia de Marruecos, hicieron que
fuese rápidamente expulsado, con lo que demostraba,
para la época, una muy inusual madurez política.
De
nuevo en París, Hubert Beuve-Méry, fundador de Le
Monde, le asigna la responsabilidad de las
páginas internacionales del diario que mantuvo
durante 20 años.
Julien
fue uno de los primeros en interesarse seriamente
por la lucha guerrillera en Cuba, país que visitó
poco antes de la caída del tirano Batista, para
describirlo como “acontecimiento mayor que cambiará
la percepción geopolítica de la América Latina”. En
1961 escribió la primera obra en Francia sobre este
proceso, con el título La Révolution cubaine,
Junto
a sus dotes intelectuales descubrrí en él una
sencillez de trato, una amable bondad. Yo me había
aficionado a leer Le Monde en Argelia,
sobre todo las páginas internacionales pues la
información que Julien ofecía resultaba
imprescindible. Recuerdo que en 1964, en presencia
del embajador Jorge Papito Serguera, le
pregunté a Che Guevara cuáles eran a su juicio los
mejores periódicos del mundo. Para mi sorpresa me
contestó sin vacilar que Le Monde y el New
York Times.
A
Julien lo conocí en La Habana, lo encontré en el
hotel Habana Riviera donde sostuvimos una animada
conversación mientras lo acompañaba hasta el
apartamento del pintor Portocarrero. Cuando, en
1966, el diario me envió a Africa y el Medio Oriente
para reportar y pulsar el ambiente hacia una
Conferencia y Organización Tricontinental, debí
comenzar por Siria, donde entonces los cubanos no
teníamos la menor relación. Con algo más de 24 horas
en París y en domingo, busqué su teléfono en la guía
y lo llamé a la casa. De inmediato organizó un
almuerzo para el día siguiente con él y Eric Rouleau,
su especialista en la zona. Me hicieron un resumen
certero de la situación en el país, y Rouleau me dio
las señas de varios personajes clave. Esa ayuda me
facilitó mucho la tarea y así nació una sólida
amistad.
En
enero de 1973, Jacques Fauvet, quien sucedió al
fundador Hubert Beuve-Méry en la direccion de Le
Monde, le nombró Redactor en Jefe de Le Monde
diplomatique. El periódico estaba dirigido sobre
todo al universo de las embajadas dentro de la línea
editorial del diario.
Julien cambió completamente el
mensuario, independizó la redacción del diario, lo
impregnó de su manera de hacer y lo hizo crecer en
influencia y tiraje. Ramonet lo resume: “Nuestro
periódico le debe, por así decirlo, todo lo que
constituye su identidad, su línea editorial a la
cual nos hemos mantenido fieles desde que partió
(del periódico en 1990); su doctrina periodística
hecha de exigencia, de imaginación, de rigor y de
precisión, su ética de austeridad y de modestia; y
sus ideas principales de rehusar todo hegemonismo
político, de todo dogma económico que refuerce el
poder del dinero o la pretensión de una cultura, sea
cual sea, que se pretenda imponer en el
mundo”.
Estos
éxitos en el mensuario hicieron que la Sociedad de
Redactores de Le Monde lo eligiese, en 1980,
como sucesor de Jacques Fauvet en la dirección del
diario. Pero antes de entrar en funciones, fue
víctima de una intriga que se lo impidió. Se produjo
un impasse hasta mayo de 1982 en que Fauvet
lo nombró director completo de Le Monde
diplomatique. En esa misma década, de paso por
París, lo fui a ver y me contó que la intriga la
desarrolló “la prensa anglosajona, la cual no le
perdonaba sus criterios sobre Cuba y otras
posiciones políticas”. A pesar de que su entusiasmo
hacia el socialismo caribeño se había moderado desde
1968.
Ese
espíritu de insumisión se mantiene en Le Monde
diplomatique. Pero desgraciadamente no ocurre
así en el diario Le Monde, ni con
Liberation, donde sus respondsables abrazan las
malandronadas de Robert Ménard como la de las
campañas contra Cuba que financia el National
Endowment for Democracy, de la CIA, mientras
enmascaran los crímenes del Gobierno de Bush en Iraq,
incluso, en casos escandalosos como el asesinato del
camarógrafo José Couso en Bagdad.
El
señor Ménard finge denunciar que en el 2004 han
muerto 53 periodistas. A 19 de ellos los mataron en
Iraq, pero no señala siquiera cómo el ejército de
EE.UU. es responsable de la mayoría de los casos. A
nadie en Europa le llama la atención el hecho de que
RSF hace feroces campañas contra Cuba, donde no ha
muerto ningún periodista. Poderoso caballero don
dinero.
Claude
Julien es paradigma de un periodismo con vergüenza.
Un periodismo hoy acorralado.
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