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Llegaron los
carnavales
POR RAFAEL LAM —especial para Granma Internacional—
VOLVIERON los carnavales a los
meses de febrero y marzo en La Habana, después de
celebrarse en julio y en noviembre.
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La más alta
expresión del carnaval
es la comparsa.
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Existen noticias de que en La
Habana se festejaron las carnestolendas un poco
antes de 1585, en la recién fundada villa.
Acompañaban las fiestas elementos profanos en el
Corpus Christi. Se empleaban carros, tarascas y
muñecones.
Se estima que en 1760 los
capitalinos asistieron ante el Capitán General de la
Isla para presentar sus felicitaciones.
Posteriormente el gobernador de la Isla, teniente
general Emilio Callejea Isasi, dicta una ley de
Orden Público de 23 de abril de 1870, para todo el
territorio insular. Ya en 1895 se registra el primer
festejo carnavalesco.
Las fiestas de carnavales
abundan en Cuba en casi todas sus provincias y
pueblos, algunos más tradicionales que otros, por
ejemplo en Santiago de Cuba son parecidos a los de
San Salvador de Bahía, la gente es participante, y
arrolla por las calles. En La Habana se realiza un
paseo de carrozas y comparsas, donde el público se
mantiene como espectador.
De cualquier manera,
modificados o no, los carnavales son la fiesta más
animada de Cuba, y el pueblo participa de diversa
manera. En las comparsas intervienen cientos de
integrantes de barrios habaneros y organismos que se
preparan con gran interés durante todo el año.
Muchas de esas comparsas y carrozas participan en
carnavales de pueblos y provincias.
Este es el festejo de la
identidad nacional, que sirve como muro de
contención contra las artes importadas ingratas que
poco tienen que ver con el país. Siempre fue una
forma de resistencia colectiva ante la cultura
elitista.
El carnaval es una fiesta
espontánea, telúrica, con una música restallante de
congas con instrumentos primitivos, vale decir
artesanales acústicos, que no necesitan
altoparlantes. Una música para ser sentida y vivida,
en éxtasis, en frenesí colectivo. Alejo Carpentier
le llamaba Ballet ambulante.
Dentro de los carnavales hay
que reconocer que su más alta expresión está dada en
la comparsa —como afirmara el sabio Fernando Ortiz—.
El origen de esas comparsas es muy debatido, como
casi todas las formas artísticas populares. Lo
cierto es que sus objetivos esenciales siempre
tuvieron mucho que ver con la diversión.
El carnaval es un desfile
alegórico de luces y colores, de sonido estridente y
mágico. La propia música enmudece ante el auge y el
alboroto de los bailarines. Esos días se baila con
delirio y no hay nada en el mundo más importante que
la alegría. En todos los lugares está el ambiente de
clima colectivo, de arte de masas creativo de la
imaginación popular.
Pocas veces se
puede ver mejor a un pueblo que en sus festejos, en
sus danzas y bailes, en su alegría perpetua. Los
cubanos, ya se sabe, son muy divertidos, sin la
música, el baile y la fiesta no se conciben. Quizás
los carnavales hayan sido el arte que más ha
alimentado a la cultura cubana con todo lo que
abarca y recrea.
Muchos pueblos tienen su
carnaval, fiestas fastuosas que denotan los deseos
de los hombres por representar su jolgorio. Los
carnavales cubanos de hoy son más sencillos, de
acuerdo con las restricciones económicas que imponen
los tiempos. Pero las diversiones dependen más del
estado de ánimo que del lujo y el oropel.
Es también un momento para
encontrarnos con nuestros amigos de los años, para
compartir, y disfrutar. |