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Milenarios secretos de la meditación
POR JOAQUIN ORAMAS
HACE dos años, una información
científica interesó al mundo de la salud,
especialmente a quienes dan crédito a las terapias
alternativas y se guían por una visión integradora
del ser humano. Según estudios, la meditación
mejoraría el estado de salud al ejercer una
influencia positiva sobre el sistema inmunológico.
Mucho se había hablado, aunque de manera informal,
sobre los beneficios de la meditación y la calidad
de vida que lograban quienes la aplicaban con una
práctica perseverante. Pero las investigaciones
llevadas a cabo por el profesor Richard Davidson, de
la Universidad de Wisconsin, EE.UU., entre otros
científicos de notoriedad mundial, parecen aportar
datos concretos. El objeto de esos estudios fue el
sistema nervioso de las personas que podríamos
llamar
expertos en meditación:
los monjes tibetanos cuyos cerebros, los científicos
fueron a investigar a sus monasterios.
Probablemente el propósito de poner
a los monjes como objeto de estudio era demostrar
que la meditación tiene un efecto
saludable
en su más amplio sentido, pues
abarca el cuerpo, la mente y el espíritu.
Nuestra capacidad de desear no es
sólo lo que necesitamos hoy, sino lo que añoramos
del ayer y lo que queremos para mañana... El Budismo
propone como la culpable a nuestra capacidad de
discernir, recordar y desear, es nuestra mente. Los
más grandes maestros del Yoga del discernimiento
también lo aseguran, al decir que la
gran mayoría de las personas no disponen de su
mente, sino que su mente dispone de ellas; no
piensan, sino que son pensadas por sus pensamientos.
Meditar es el proceso en el cual la mente percibe
completamente el objeto que tiene en consideración.
“La meditación es una abstracción del pensamiento en
un objeto hasta unirse a él”, afirman analistas.
Quienes agregan que, en
general, nuestra mente se encuentra permanentemente
diversificada por incontables pensamientos en
constante ebullición.
Y afirman que para poder abstraer
nuestro pensamiento en el objeto elegido, primero es
necesario disciplinar la mente. Enseñarle a quedarse
fija en un punto, lo cual consiste en la
concentración, que señalan como
algo muy
difícil para el hombre actual, cuya mente se ve más
que nunca diversificada por tantos estímulos
externos e internos. Según algunos, la incapacidad
de lidiar con todos ellos constituye el inicio de
los procesos de estrés.
Precisamente, entre los resultados de los estudios
sobre los monjes meditantes se observa una mejoría
en los mecanismos cerebrales que detienen los
procesos de estrés a través de un mayor
aprovechamiento de las funciones del lóbulo cerebral
izquierdo. Las emociones negativas se desechan con
mayor facilidad y las positivas surgen con más
naturalidad.
El
objetivo de la meditación no es curar o prevenir
enfermedades. Ni los monjes tibetanos ni los miles
de meditadores que siguen otras escuelas y
tradiciones orientales milenarias se proponen eso al
sentarse a meditar. El propósito es alcanzar la
iluminación, la conciencia del Absoluto, para lo
cual es necesario acallar las convulsionadas voces
de la mente. Esas voces, según las enseñanzas del
Buda, son las vibraciones que provocan los
innumerables deseos que nos acosan.
Pero
resulta que en su proceso estas personas observan en
sí mismas muchos beneficios secundarios. Su ansiedad
disminuye; su estado de ánimo se vuelve menos
turbulento; adquieren otra perspectiva ante los
problemas. Para poder sostener la práctica su
organismo debe ser disciplinado en varios sentidos:
ajustes en la alimentación, técnicas de respiración
adecuadas, ejercicios que preparen el cuerpo para
sostener determinada postura...
“La meditación no se propone, en primera instancia,
aliviar el sufrimiento. Posiblemente esto sea un
efecto de comenzar a ver la Realidad tal cual es.
Los científicos observaron que
dentro de los grupos de pacientes de diversas
enfermedades (cáncer, por ejemplo) los que meditaban
tenían una mejor evolución de su afección. Creen que
éste es el resultado de un cierto
estilo de vida
que la persona que medita va adoptando casi
naturalmente.
La
práctica regular de técnicas de meditación al estilo
oriental mejoraría el estado de salud ya que tiene
una influencia positiva sobre el sistema
inmunológico, según las investigaciones llevadas a
cabo por Richard Davindson. El objeto de estudio fue
el cerebro de los monjes tibetanos.
Ya hace
algunas décadas Herbert Benson, de la Universidad de
Harvard, en sus investigaciones llegó a la
conclusión de que la meditación contrarresta los
mecanismos cerebrales asociados al estrés. Por lo
que contribuye a la calidad de vida. |