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Otro sirviente contra Cuba en la Corte de Bush
El asesor Caleb
NICANOR LEÓN COTAYO
Bush volvió a entrometerse de manera grosera en los asuntos internos de Cuba al nombrar a uno de sus hombres para coordinar públicamente acciones subversivas contra la Isla.
Se trata del asesor Caleb Mc Carry, quien ha estado 8 años en el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, y ahora lo transforman en gladiador por la democracia de Cuba.
La creación del cargo y el nombramiento del titulado Coordinador fueron adelantados en un documento que dio a conocer Bush el 6 de mayo del año pasado, luego de escrito por el entonces secretario de Estado, Colin Powell y otros funcionarios de su Gobierno.
Ese grupo recibió el cínico nombre de Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre, y en algo más de 450 páginas detalló la forma en que concebían, primero, asesinar a la Revolución cubana, y después imponer aquí una sociedad cocinada en la Casa Blanca.
En Iraq también nombraron un coordinador estadounidense, a manera del capataz de una gran hacienda, pero para ello esperaron invadir esa nación y ocuparla militarmente.
En el caso de Cuba lo nominaron sin haber hecho ni una cosa ni la otra, e incluso muy claros de que si agreden a esta nación tropezarían con una resistencia muy superior a la conocida en Iraq.
Lo presentó el jueves en el Departamento de Estado la titular de esa dependencia, Condoleezza Rice, ante un público integrado por funcionarios norteamericanos y gente de la ultraderecha de origen cubano asentada en Miami.
Según dijo Rice en esa oportunidad, este nombramiento "facilitará y acelerará la transición final a un Gobierno democrático en Cuba".
Caleb, por su lado, afirmó en la actividad que "es responsabilidad del mundo civilizado actuar para ver que la familia cubana esté reunida bajo la libertad política y económica".
El congresista republicano de origen cubano, Lincoln Díaz-Balart, resumió el sentir de los suyos al declarar que Mc Carry "es altamente calificado para ser el implementador principal de la política de Bush hacia Cuba".
Ello tiene lugar cuando The New York Times acaba de informar que hasta relevantes abogados de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos han repudiado por escrito los tormentos sufridos por prisioneros del Pentágono en su base de Guantánamo.
¿Qué sucedería si La Habana nombrase a una figura de su Parlamento con el objetivo de impulsar una transición en Estados Unidos capaz de frenar la masiva venta de cocaína, marihuana y otras drogas ilegales que tiene lugar en muchas calles de ese país?
¿Qué ocurriría si en Cuba se designase a un funcionario para acelerar una transición en Estados Unidos que aplicara a fondo el bisturí hasta llegar a lo acontecido en el fraude electoral del 2000 en la Florida que llevó a Bush a la Presidencia?
¿Qué pasaría si desde La Habana se estimulara una transición allí que llegara a solucionar el caso de los 44 millones de norteamericanos sin seguro médico, o la vergonzosa crisis que golpea a muchas de sus escuelas públicas?
El escándalo de la Casa Blanca estremecería el planeta y alarmaría a sus más íntimos aliados en la sacro santa misión de regar su democracia por el mundo.
Pero exhiben a Caleb Mc Carry como relevante servidor de un comportamiento que eleva la actuación gangsteril a la categoría de política oficial de Washington.
Con esto crucificaron a los "disidentes" paridos aquí por el Gobierno estadounidense, los han dejado completamente al desnudo y sin una ramita donde sostenerse como tales.
¿Cómo verán en el Consejo de Seguridad de la ONU todo lo dicho? ¿Opinará la OEA o seguirá manteniendo respetuoso silencio? ¿Se dará por enterada la Unión Europea? Aguardemos.
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