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Tenemos fe en la lucha de los pueblos y estamos
seguros de que conquistaremos un nuevo orden mundial
INTERVENCIÓN DEL COMPAÑERO FELIPE PÉREZ ROQUE,
MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES, ANTE EL 59
PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL
DE NACIONES UNIDAS. NUEVA YORK, 24 DE SEPTIEMBRE DE
2004
Señor Presidente:
Cada año cumplimos en Naciones Unidas el mismo
ritual. Asistimos al debate general sabiendo de
antemano que el clamor de justicia y paz de nuestros
países subdesarrollados será otra vez ignorado. Sin
embargo, persistimos. Sabemos que tenemos la razón.
Sabemos que algún día conquistaremos la justicia
social y el desarrollo. Sabemos también que no nos
serán regalados. Sabemos que los pueblos tendremos
que arrancarlos a los que hoy nos niegan la
justicia, porque sostienen su opulencia y arrogancia
en el desprecio a nuestro dolor. Pero no será así
siempre. Lo decimos hoy con más convicción que nunca
antes.
Dicho
esto, y sabiendo —como sabemos— que incomodará a
algunos poderosos —pocos— aquí presentes, y sabiendo
también que son compartidas por muchos, Cuba dirá
ahora algunas verdades:
Primera:
No existe, después de la agresión a Iraq, la
Organización de Naciones Unidas, entendida como foro
útil y diverso, basada en el respeto a los derechos
de todos y con garantías también para los Estados
pequeños.
Vive el peor momento de sus ya próximos 60 años.
Languidece. Jadea, aparenta, pero no funciona.
¿Quién maniató a las Naciones Unidas a las que el
Presidente Roosevelt les puso nombre? El Presidente
Bush.
Segunda:
Las tropas norteamericanas tendrán que ser
retiradas de Iraq.
Después que la vida de más de 1 000 jóvenes
norteamericanos fuese sacrificada inútilmente para
servir a los intereses espurios de una camarilla de
amiguetes y socios, y tras la muerte de más de 12
mil iraquíes, está claro que la única salida para el
ocupante ante un pueblo insurrecto es reconocer la
imposibilidad de dominarlo y retirarse. A pesar del
monopolio imperial de la información, los pueblos
siempre llegan a la verdad. Algún día, los
responsables y sus cómplices enfrentarán ante la
Historia y sus pueblos las consecuencias de sus
actos.
Tercera:
No habrá por el momento reforma válida, real y
útil de las Naciones Unidas.
Requeriría que la superpotencia, que heredó la
prerrogativa inmensa de usufructuar sola un orden
concebido para un mundo bipolar, renunciara a sus
privilegios. Y no lo hará.
Desde ahora sabemos que el anacrónico privilegio del
veto se mantendrá, que el Consejo de Seguridad no
podrá ser democratizado como debiera ni ampliado con
países del Tercer Mundo, que la Asamblea General
continuará siendo ignorada, y que en Naciones Unidas
se seguirá actuando según los intereses impuestos
por la superpotencia y sus aliados. Tendremos los
países No Alineados que atrincherarnos en la defensa
de la Carta de Naciones Unidas, porque de lo
contrario también será reescrita y borrado de ella
todo vestigio de principios tales como la igualdad
soberana de los Estados, la no intervención, y el no
uso ni la amenaza del uso de la fuerza.
Cuarta:
Los poderosos conspiran para dividirnos.
Los más de 130 países subdesarrollados debemos
construir un frente común para la defensa de los
intereses sagrados de nuestros pueblos, de nuestro
derecho al desarrollo y a la paz. Revitalicemos el
Movimiento de Países No Alineados. Fortalezcamos el
Grupo de los 77.
Quinta:
Los modestos objetivos de la Declaración del
Milenio no serán cumplidos. Llegaremos al quinto
aniversario de la Cumbre en peor situación.
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Nos propusimos disminuir a la mitad para el 2015 los
1 276 millones de seres humanos en pobreza extrema
que había en el año 1990. Se requeriría reducir más
de 46 millones de pobres cada año. Sin embargo,
excluyendo a China, entre 1990 y el año 2000 la
pobreza extrema creció en 28 millones de personas.
La pobreza no disminuye, crece.
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Quisimos disminuir a la mitad para el 2015 los 842
millones de hambrientos registrados en el mundo. Se
requería disminuir 28 millones por año. Sin embargo,
apenas se ha estado reduciendo 2,1 millones de
hambrientos por año. A este ritmo la meta se
lograría en el año 2215, doscientos años después de
lo previsto y eso solo si nuestra especie sobrevive
a la destrucción de su medio ambiente.
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Proclamamos la aspiración de lograr en el 2015 la
enseñanza primaria universal. Sin embargo, más de
120 millones de niños, 1 de cada 5 en esa edad
escolar, no van a la escuela primaria. Según UNICEF,
al ritmo actual la meta se alcanzará después del año
2100.
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Nos propusimos reducir en dos terceras partes la
mortalidad en menores de cinco años. La reducción es
simbólica: de 86 niños que morían por 1 000 nacidos
vivos en 1998, ahora mueren 82. Siguen muriendo cada
año 11 millones de niños por enfermedades que pueden
ser prevenidas o curadas, cuyos padres se
preguntarán con razón para qué sirven nuestras
reuniones.
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Dijimos que prestaríamos atención a las necesidades
especiales de África. Sin embargo, se ha hecho muy
poco. Los pueblos africanos no necesitan ni consejos
ni modelos foráneos, sino recursos financieros, y
acceso a los mercados y a las tecnologías. Ayudar a
África no sería un acto de caridad, sino de
justicia; sería saldar la deuda histórica de siglos
de explotación y saqueo.
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Nos comprometimos a detener y comenzar a revertir
para el 2015 la epidemia del SIDA. Sin embargo, en
el 2003 provocó casi 3 millones de muertos. A este
ritmo, en el 2015 habrían muerto, sólo por esta
causa, 36 millones de personas.
Sexta:
Los países acreedores y los organismos
financieros internacionales no buscarán una solución
justa y duradera a la deuda externa. Nos
prefieren deudores, es decir, vulnerables. Por eso,
aunque hemos pagado 4,1 millones de millones de
dólares por servicios de la deuda en los últimos 13
años, nuestra deuda creció de 1,4 millones de
millones a 2,6 millones de millones. Es decir, hemos
pagado tres veces lo que debíamos y ahora nuestra
deuda es el doble.
Séptima:
Somos los países subdesarrollados los que
financiamos el derroche y la opulencia de los países
desarrollados. Mientras en el 2003 ellos nos
dieron como Ayuda Oficial al Desarrollo 68 400
millones de dólares, nosotros les entregamos como
pago por la deuda 436 mil millones. ¿Quién ayuda a
quién?
Octava:
La lucha contra el terrorismo sólo puede ganarse
mediante la cooperación entre todas las naciones y
con respeto al Derecho Internacional, y no mediante
bombardeos masivos ni guerras preventivas contra
"oscuros rincones del mundo". La hipocresía y
los dobles raseros deben cesar. Dar refugio en
Estados Unidos a tres terroristas cubanos es un acto
de complicidad con el terrorismo. Castigar a cinco
jóvenes luchadores antiterroristas cubanos, y a sus
familiares, es un crimen.
Novena:
El desarme general y completo, incluido el
desarme nuclear, es hoy imposible. Es
responsabilidad de un grupo de países desarrollados
que son los que más venden y compran armas. Sin
embargo, debemos seguir luchando por él. Debemos
exigir que los más de 900 mil millones que se
dedican cada año a gastos militares sean empleados
en el desarrollo, y Décima: Existen los
recursos financieros para garantizar el desarrollo
sostenible a todos los pueblos del planeta, pero
falta la voluntad política de los que dominan el
mundo. Veamos:
Un impuesto para el desarrollo de apenas un 0,1 por
ciento a las transacciones financieras
internacionales generaría recursos por casi 400 mil
millones de dólares anuales.
La condonación de la deuda externa a los países
subdesarrollados les permitiría disponer para su
desarrollo de no menos de 436 mil millones de
dólares anuales, que hoy dedican al pago de la deuda
que, sin embargo, no deja de crecer.
Si los países desarrollados cumplieran su compromiso
de dedicar el 0,7 por ciento de su Producto Nacional
Bruto como ayuda oficial al desarrollo y no 0,2 como
dedican hoy, su contribución se elevaría de los 68
400 millones actuales a 160 mil millones de dólares
por año.
Finalmente, Excelencias, quiero expresar claramente
la convicción profunda de Cuba de que los 6 400
millones de seres humanos que habitamos este planeta
y que, según la Carta de Naciones Unidas, tenemos
iguales derechos, necesitamos imperiosamente un
nuevo orden, en el que el mundo no esté en vilo,
como ahora, esperando el resultado de las elecciones
en una nueva Roma en las que participará solo la
mitad de los votantes y se gastarán aproximadamente
1 500 millones de dólares.
No hay desaliento en nuestras palabras, debo dejarlo
claro. Somos optimistas, porque somos
revolucionarios. Tenemos fe en la lucha de los
pueblos y estamos seguros de que conquistaremos un
nuevo orden mundial basado en el respeto al derecho
de todos; un orden basado en la solidaridad, la
justicia y la paz, hijo de lo mejor de la cultura
universal y no de la mediocridad y la fuerza bruta.
De Cuba, a la que ni bloqueos, ni amenazas, ni
huracanes, ni sequías, ni fuerza humana o natural
pueden apartar de su rumbo, no digo nada.
El próximo 28 de octubre esta Asamblea General
discutirá y votará por decimotercera vez una
resolución sobre el bloqueo contra el pueblo cubano.
Otra vez la moral y los principios derrotarán a la
arrogancia y la fuerza.
Termino recordando las palabras que 25 años atrás
pronunciara en este mismo lugar el Presidente Fidel
Castro:
"El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de
la prepotencia en la escena internacional debe
cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas
del mundo se puedan resolver con armas nucleares.
Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los
enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el
hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden
tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos..."
Muchas gracias.
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