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Los gallos cubanos son de ley
• Las peleas de gallos son una de las
pocas actividades que algunos pueblos siguen
practicando desde tiempos inmemorables como
bastiones de la cultura tradicional
POR LISANKA GONZALEZ -de Granma Internacional-
FOTOS DE AHMED VELAZQUEZ
EN la mayoría de los países
latinoamericanos las peleas de gallos finos o de
lidia constituyen uno de los deportes más arraigados
en el hombre de campo. Cuba no podía ser la
excepción. Para nuestro pueblo es un verdadero
símbolo, hasta el punto que en el habla popular,
decir que un hombre es un gallo es sinónimo de
bravura.
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En la valla el
espectáculo excita los sentidos y desborda
bullicio y colorido.
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El reglamento
de la valla protege al
animal. Dentro del ruedo, el árbitro observando los detalles;
inmediatamente detrás, los jueces.
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Las ferias
nacionales que se realizan en
la finca Alcona están ligadas a la
cultura tradicional del campesino cubano.
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Los detractores de esta
actividad tradicionalmente la han considerado como
un espectáculo salvaje. Por cuestiones laborales
durante algún tiempo he asistido sistemáticamente a
las Ferias Nacionales que se realizan en el Centro
Nacional de Selección de Aves de Combate, ubicado en
la finca Alcona, en las afueras de La Habana. Sin
llegar a aficionarme por la actividad, me he sentido
verdaderamente atrapada por la exhibición. Si bien
es cierto que las primeras lides me impresionaron
(la atmósfera de la valla, los gritos enardecidos de
los fanáticos, los momentos duros de los combates)
empecé a valorar la belleza de los giros, revuelos,
profusión de colores, y sobre todo, la gallardía y
bravura de un ave que lucha por instinto, cualidad
innata en el gallo de lidia, precisamente lo que la
distingue de los animales que son entrenados para
pelear.
Importado por los españoles
junto a otras muchas de sus costumbres, las peleas
de gallos fueron asimiladas por nuestro pueblo y hoy
forman parte de su tradición cultural.
Entretenimiento por excelencia del guajiro cubano,
incluso han estado ligadas a las luchas por la
independencia. Existen documentos que prueban que en
fecha tan lejana como 1737 ya había actividades de
este tipo en la Isla. Según entendidos, la lidia de
gallos “se entronizó de tal modo que en todos los
lugares poblados urbanos o rurales existía una
valla”, a pesar de que la mayoría de las
autoridades de la metrópoli la persiguieron,
limitándola unos y prohibiéndola otros, pues
estimaban que enardecía a los criollos y los
incitaba a la lucha, además de que era punto de
reunión para conspirar contra España.
Poco tiempo después de
derrotado el colonialismo español, en 1909 el
presidente cubano José Miguel Gómez, para atraerse
la simpatía del pueblo, abrió de par en par las
puertas de las vallas, derogando todas las
prohibiciones oficiales, incluso, el emblema de su
partido, el Partido Liberal, llevaba un gallo fino.
Un grupo de investigadores
del Instituto Superior Pedagógico de la provincia
Pinar del Río aficionado a los gallos, llegó a la
conclusión de que constituyen “...una tradición del
pueblo cubano impuesta durante siglos por la
voluntad colectiva y que no ha variado su movimiento
Interno a pesar de los cambios históricos sociales
habidos a lo largo de varios siglos”.
¿UN TEMA TABU?
De acuerdo con especialistas
en el tema, las primeras razas de gallos fueron
traídas por los españoles. Incluso se dice que luego
de la II Guerra Mundial muchos ibéricos vinieron a
buscar ejemplares de la Isla, pues el conflicto
acabó con sus gallos. Posteriormente continuó el
desarrollo, obteniéndose magníficos pies de crías.
Hasta finales de 1967 y
principios del 68 existían vallas en toda la Isla,
pero al eliminarse los juegos de azar fueron
cerradas y prohibidas las peleas. Las aves de
combate estuvieron a punto de desaparecer, sin
embargo, la clarividencia de un conocedor, Guillermo
García Frías, más el apoyo de Celia Sánchez,
detuvieron la amenaza que se cernía sobre ellos.
Así, luego de recoger las crías de calidad
existentes, en 1972 se creó una institución estatal
para reproducirlas, mantenerlas y desarrollarlas,
además de agrupar a los criadores reconocidos con el
fin de que ayudaran a su incremento. A mediados de
los años 80 las peleas fueron despenalizadas. En
realidad lo que sigue siendo ilícito son las
apuestas, no la tenencia de gallos y crías. Sin
embargo, algunas personas eluden hablar del asunto,
como si fuera un tema tabú.
Según Frank Carro Muñoz,
director nacional de gallos de la Empresa Flora y
Fauna, la actividad, reglamentada, está aprobada por
el Consejo de Estado y de Ministros y por la
resolución 255 del Ministro de la Agricultura.
“Existe la idea generalizada de que el gallo es un
juego, cuando en realidad es un deporte de
caballeros, igual que cualquier otro. Es el deporte
por excelencia del campesino cubano”.
Desde hace algún tiempo
se ha estado trabajando en su organización, pero
puede afirmarse que el punto de partida fue la
agrupación de los galleros particulares que peleaban
sus gallos en vallas clandestinas, de ahí que hubo
un aumento sustancial en la membresía, y en la
actualidad hay más de 1 800 galleros privados
asociados. “Al levantar una valla estatal en cada
provincia, ellos pueden llevar sus aves a los
torneos que se realizan en sus respectivos
territorios con el fin de medir su calidad, sin que
medie ningún interés monetario, además de
intercambiar experiencias para tratar de
mejorarlas”. De acuerdo con sus cálculos, esto ha
hecho que las peleas clandestinas se hayan eliminado
en un 70%.
DE GENERACION A GENERACION
Generalmente, el
gallero llega a la afición por los gallos como parte
de una tradición familiar. Desde niño se le va
metiendo en la sangre el gusto por él. En cualquier
familia campesina que se haya dedicado a la cría de
estas aves, la actividad pasa de una generación a
otra.
Eso le sucedió a Gilberto
Oliver Díaz, cuyo abuelo fue gallero. Desde los 14
años comenzó a trabajarlos, y a pesar de que durante
más de tres lustros se desempeñó como mecánico
diesel en el Puerto de Cárdenas, nunca los dejó.
Gilberto entiende que el gallo fino cubano va
mejorando con el paso de los años. “Vamos haciendo
cruces entre nosotros para buscar un buen
pedigree”.
Luego me explica, desde la a
hasta la z cómo se crían, el esfuerzo que requiere
su cuidado y los detalles del entrenamiento. Al
enumerar los resultados, me percato que se
enorgullece como un maestro de sus alumnos
graduados. “Cuando se cría para pelear, se busca
fortaleza, resistencia, velocidad y puntería. El
gallo de lidia es un ave capaz de combatir hasta la
muerte, y aún agonizando presenta combate.”
Por su parte, Agustín Pupo
Domenech, constructor de obras, desde hace años
funge como vicepresidente de la Comisión Nacional
Consultiva de Gallos, agrupación integrada por
entendidos en la materia para asesorar, controlar, y
ver todo el proceso de los reglamentos, organización
y disciplina en las ferias. Con la autoridad que le
confieren sus más de cuatro décadas de gallero,
destaca que “al mismo tiempo, se cuida la estirpe.
Las espuelas de nuestros gallos son cortas (23mm), y
el reglamento de los duelos regula y protege, lo que
puede apreciarse en las ferias nacionales, que se
realizan tres veces al año, el fórum de mayor nivel
donde participan todos los asociados, cuyo objetivo
va mucho más allá que combatir por combatir o
exhibir a los mejores, sino partiendo de un nivel de
selección, medir si están a la altura que se
requiere, presentar el espectáculo a turistas que
posibilitan la recuperación de divisas, y venderlos,
pues allí acuden galleros de República Dominicana,
Venezuela, México, Martinica, Haití, Venezuela y de
otros países de Latinoamérica y el Caribe para
adquirir algunas de estas crías y refrescar con
ellas la sangre de los suyos”.
En esos países nuestras aves
de combate tienen fama, entre otras cosas, por su
cruzamiento y su estilo de pelea. Como se sabe,
antes de 1959 Cuba llegó a exportar más de 20 mil
ejemplares, y aunque en los últimos años se ha
comercializado muy bien en México, República
Dominicana, Martinica, Guadalupe, Panamá, Venezuela,
Aruba y España, aún estamos muy lejos de esa cifra,
lo que quiere decir que a la Empresa Flora y Fauna y
a los más de 1 800 galleros les queda mucho por
hacer.
Gladiador por instinto
• EN el centro de la
valla dos hermosos gallos separados por rejones
se lanzan miradas y cantos desafiantes. Uno
es indio, canelo el otro, y bajo las luces del
recinto los colores de sus plumas hacen tornasoles.
Son esbeltos, fuertes, anchos, de cuellos finos y
cuerpos bien proporcionados.
El juez, cronómetro en mano,
da la señal. Levantan las jaulas y los gallos salen
al ruedo, quedando inmóviles uno y otro. El público
calla. La atmósfera del ambiente se hace pesada.
Entonces abren sus alas y
saltan casi al unísono, dejando en la arrancada una
nube de aserrín y plumas. De repente se detienen y
se observan como cada uno queriendo adivinar la
táctica que usará el contrario. Luego se acercan
cautelosamente, calculando sus respectivas fuerzas,
mientras son apremiados por los espectadores.
Vuelven a saltar y de nuevo se colocan frente a
frente, como anunciando que muy pronto el reto se
convertirá en combate.
Uno se adelanta. El otro
repele el ataque. Tienen un elegante estilo de
combate. Se comportan con bravura, atacando o
resistiendo el castigo, tal y como exige su estirpe:
sangre y fuego. De súbito, el indio hace un revuelo
y con el pico entreabierto cae sobre el canelo, que
evade el golpe con un movimiento sorpresivo: pica la
cabeza del indio, que gira esquivo y arremete contra
el cuello de su contrincante. Saltan batiendo el
aire con sus alas. Suben. Se agitan. Corren. Se
persiguen. Se buscan y vuelven a enfrascarse en una
lucha donde se confunde y difumina el arco iris de
sus plumas. En una sucesión inusitada de ataques
ambos tratan de agarrarse con el pico, y arremeten
levantando las patas en un intento por buscar un
punto de apoyo para clavar la espuela.
Cuando finalmente uno logra
afincar el pico en la cabeza del otro, le propina un
agudo espuelazo estremeciéndolo, pero éste, a su
vez, abre las alas y levanta las patas hasta quedar
encima del contrario.
...A los 15 minutos de la
fiera batalla ninguno se ha rendido. Por el
contrario, los gritos de los espectadores parecen
alentarlos. El equipo de jueces no pierde de vista a
los peleadores, ni el árbitro deja de observar a los
animales y al recinto, lleno de humo, de gritos y de
espectadores, cuyos rostros se van transformando con
la pelea, y los que aunque saben que no pueden
violar las estrictas reglas de la valla, parecen a
punto de saltar al ruedo.
Es un impresionante
espectáculo que excita los sentidos y desborda
bullicio y colorido. A los 20 minutos, prácticamente
agotados las aves y los sudorosos aficionados, el
juez cuenta los últimos 10 segundos y declara tabla
la pelea. Los gallos están enteros. Ni ganador ni
vencido, pero la valla aún vibra con los últimos
gritos.
Algo más sobre el tema
Según los entendidos, el
gallo habría surgido en Asia, de donde fueron
traídos a Occidente por los arios en tan lejana
época como en el siglo VIII a.C., y luego fue
generalizado por griegos y romanos en todos los
territorios que invadieron, pero serían los
españoles quienes los traerían a la América.
Se dice que se hizo
oficial en Grecia en el año 480 a.C. Y en la
primera olimpiada griega, figuraron los programas
de las peleas de gallos ya como deporte.
Hay muchos colores de
gallos. En Cuba existen todos: indio, pinto,
cenizo, canelo, giro, etc. El indio es zambo en
Venezuela, colorado en México, y así, no se
distinguen de la misma forma.
El color no tiene nada que
ver con la bravura. Prima más el indio, el cenizo
y el pinto, pero la bravura viene en la cría del
gallo.
Para empezar las primeras
peleas, los gallos deben tener 3 libras 2 onzas
(es el mínimo que se acepta en la Feria) y de ahí
para arriba hasta 4,4 ,4,6.
Un buen gallo puede hacer
hasta 11 peleas, no más, aunque puede haber
excepciones. En la mayoría 5,6,7 combates.
Fuentes: -Edufuturo
Pichincha - Ecuador 2004
-El Gallo fino Cubano . SI-Mar,S.A.
1995 |