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ITALO CALVINO
En los verdes de Cuba
• La antigua Estación
Experimental Agronómica de Santiago de Las Vegas,
ahora Instituto de Investigaciones Fundamentales de
la Agricultura Tropical, Alejandro de Humbolt,
INIFAT, celebra en este 2004 sus cien años de
fundada. Allí llegó al mundo Italo Calvino
POR MARIA
VICTORIA VALDES-RODDA -de Granma Internacional-
“NACI bajo un cielo donde el
sol radiante y el sombrío Saturno eran huéspedes de
la armonía libre”. Del primer elemento no tuve que
buscar referencias, la luminosidad diaria así me lo
confirman, del astro nocturno tampoco, pues cada
cierto tiempo percibo su tenue resplandor. Y de la
libertad, qué decir, esa también me rodea en cada
rincón de mi Isla. Mía, y la de muchos otros. Como
lo sigue siendo de Italo Calvino, el autor de esos
versos.
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El niño Italo
junto a
su madre, profesora
de Botánica.
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En su primera novela El
sendero de los nidos de araña (1947), el Premio
Nobel de Literatura sin hacer una mención explícita
reverenciaba, no obstante, su cuna e infancia: Cuba.
Nacido el 15 de octubre de
1923, este italiano antifascista y de pródiga pluma,
reconocería años más tarde que la Estación
Agronómica de Santiago de Las Vegas formó sus
arterias y músculos. Nutrió su obra y pensamiento. Y
de eso sí me vi precisada a indagar.
HIJO DE UN DESTACADO
AGRONOMO
Su progenitor, Mario Calvino,
fue el precursor en Latinoamérica de numerosos
estudios significativos sobre agricultura tropical,
y en especial sobre la caña de azúcar. Desde La
Habana, y en sus ocho años de estancia acá,
desarrolló una amplia red de intercambios
científicos, para seguir los pasos de otros ilustres
especialistas del patio como lo fue Juan Tomás Roig.
Logró sentirse a gusto a
unos 15 kilómetros al Sur de La Hababa, en una zona
geográfica tan diferente a su San Remo de origen,
por eso del campo, sus gentes y sus bellezas. Entre
nosotros se aficionó a la esencia de vainilla, un
renglón impulsado por él. Fue quien primero se
dedicó en Cuba al cultivo de la morera (Morus
multicaules, L.), la planta preferida por los
gusanos de seda.
La frase favorita de Mario
en la Estación era “Métase dentro”, que quería
decir, según Roig, algo así como “obsesiónese por el
trabajo”. Exigía un compromiso siempre del
lado del deber, pero nunca del despotismo y esa
entrega lo reconocieron sus compañeros de colectivo.
Italo así lo aprendió desde edades tempranas.
EL VIAJE DE RETORNO
Una parte de sus estampas
criollas, las finales, están muy relacionadas con el
Oriente cubano, ya que en 1924, el niño Italo
acompañó hasta allí a la madre, profesora de
botánica, y al padre, quien intentó fundar en la
localidad de San Manuel una institución similar a la
de Las Vegas. Y aunque a la larga las letras ganaron
la batalla, en un principio el reconocido novelista
fue también agrónomo.
Del conjunto de sus
recuerdos nos han quedado, asimismo, frases
elocuentes impregnadas del color verde, el tono
cromático más próximo y familiar para su mirada
infantil. Al volver a Cuba en 1964, tras un
prolongado período de ausencia, se sumerge de nuevo
en las plantas y las enumera una tras otra.
…La Dracena antigua, la
Bixta Aureliana de frutos aterciopelados, la
Holskiolda sanguínea con flores complicadas... De
esta manera, se las regala a Eva, su madre, en más
de una carta, fechadas en La Habana entre enero y
febrero de ese año.
Italo sale de este
reencuentro muy fortalecido, más unido a su pasado,
pero con pasos firmes de presente. Esa convicción
todavía se siente y lee en algunos de los documentos
guardados por el Museo de Santiago de Las Vegas.
Entre los papeles atesorados está el acta de
matrimonio, con fecha del 19 de febrero de 1964, de
Italo y la argentina Esther Judith "Chichita" Singer.
Se guardan, además, varias publicaciones y textos
del musicólogo Helio Orovio, su amigo personal,
dedicadas al genial narrador.
Al referirse al lugar de su
simiente, le cuenta a la madre cómo su alegría se
multiplicó al abrazar al “negro” (mote dado por él a
uno de los trabajadores de Mario). “Muy viejito,
pero el mismo amante y conocedor de plantas. Con los
mismos modales de siempre, ante el portón conocido…”
Le reitera lo bueno que había sido volver a “oler la
tierra roja”, “la lluvia tenaz”, el “verde verde”...
Volver al nido...
Pero su vida ya estaba
ligada irremediablemente a un mundo mejor, al
conocer a Ernesto Che Guevara dijo que era un hombre
excepcional, ejemplo a multiplicar donde quiera. Y
al dialogar en la Casa de las Américas con
intelectuales cubanos ( por ejemplo, con Miguel
Barnet o con Antón Arrufat) encontró muchos puntos
de contacto sobre el arte y la cultura
revolucionarios.
Para quien fuera un joven de
la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial y
luego un hombre de izquierda (militó durante algún
tiempo en el Partido Comunista de Italia y fue
redactor de su órgano de prensa L’ Unita),
volver a Cuba lo encaminó hacia una parte de su raíz
natural. Pero obtuvo más. Y nosotros también. •
A UN AMIGO DE CUBA
EN Cuba se celebra el
Concurso de Literatura Italo Calvino (1923-1985).
Instaurado el premio desde 1999, éste reconoce,
además de a los escritores cubanos, al impulsor de
la llamada “literatura de los juegos combinatorios”.
Bajo su firma salieron, La sangre misma,
Esperando la muerte en un hotel o la trilogía
Nuestros antepasados. |