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Gran
concierto sinfónico en la Plaza
de la Revolución
• Asistió el presidente Fidel Castro
• El privilegio de tener a Leo Brouwer y Silvio
Rodríguez juntos • La Orquesta Sinfónica Nacional
apoyada por músicos de las otras cinco existentes en
Cuba • Siete coros unidos para Carmina Burana •
Vigencia de Un Padrenuestro Latinoamericano
POR MIREYA CASTAÑEDA
-de
Granma Internacional-
FOTOS DE AHMED
VELAZQUEZ
MAGISTRAL. Es el mínimo
adjetivo que se puede emplear para calificar después
de concluir el concierto sinfónico que tuvo como
escenario nada menos que la base del Memorial José
Martí en la Plaza de la Revolución.
Un acontecimiento que
removerá la concepción de elitista para la música
clásica. Un público de decenas de miles, encabezado por el
presidente Fidel Castro, ovacionó largamente cada
interpretación.
El Concierto fue la
conclusión del Primer Encuentro Nacional de
Orquestas Sinfónicas (15-22 de julio), y un regalo
de la cultura cubana al aniversario 51 del Asalto al
Cuartel Moncada (26 de julio de 1953).
Así, la Orquesta que dirigió
el maestro Leo Brouwer en la noche mágica del 22 de
julio estuvo integrada por 200 músicos, los de la
Sinfónica Nacional, a los que se sumaron
instrumentistas de las de Matanzas, Camagüey,
Holguín, Villa Clara y Santiago de Cuba.
¿El programa? Fragmentos de
Carmina Burana, de Carl Orff, considerada una
de las obras corales e instrumentales más
importantes del siglo XX; Un Padrenuestro
Latinoamericano, poema del uruguayo Mario
Benedetti, musicalizado por el argentino Favero y
orquestado por Brouwer, y para cerrar nueve
canciones de Silvio Rodríguez con arreglos
sinfónicos del propio autor y Brouwer.
Todo comenzó cuando el
maestro Brouwer, universalmente reconocido como
guitarrista y compositor, dio paso a los fragmentos
de Carmina Burana (que significa Canciones de
Beuren) y donde los músicos, bajo su batuta,
estuvieron como la obra misma, impresionantes.
Para esa cantata oratorio,
fueron invitados el Coro Nacional, y su Coro
Juvenil; Exaudi; Schola Cantorum Coralina,
Polifónico, del ICRT y el Ensemble Vocal Luna, bajo
la dirección de Digna Guerra y José Antonio Méndez.
En total 156 cantantes.
Luego Un Padrenuestro
Latinoamericano, que en la voz de Héctor
Quintero, reiteró la vigencia de sus versos
rotundos, como “siempre estaré más seguro de la
tierra que piso”, o “no nos dejes perder la
esperanza”, y “ahora que es la hora de saber quienes
somos”.
El final sería la apoteosis
emocional. Las canciones de Silvio, esta vez en
orquestaciones sinfónicas, de él mismo y del maestro
Brouwer, una unión soñada -habían dicho- desde los
días espléndidos del Grupo de Experimentación Sonora
del ICAIC en la década del 70.
En el silencio expectante,
rompió la voz del trovador: “Con optimismo, como a
él le hubiera gustado, quiero dedicar estas
canciones a la memoria de un amigo personal y de
Cuba, Antonio Gades”.
Llegaron las notas de ¡Oh,
melancolía!, luego de la cual “gentilmente” nos
convidó a pasear por otros diez temas
imprescindibles, donde están plasmados algunos de
sus versos más queridos, reflejo de su ética, pasión
y humanismo.
Dígase La vida, “la
que sabe a poco/ me ha hecho soñar”; o “si me
dijeran pide un deseo/ preferiría un Rabo de nube/
un torbellino en el suelo/ una gran ira que sube”;
para asegurar que “El problema vital es el
alma”; o la muy íntima “Quédate, para poder
vivir sin llanto”; aunque “Con un poco de amor/
yo me salvo... soy algo”; mientras, con hermoso
coro, explica que “La prisión termina/
malvada/ pero continúa/ la prisión del alma.../ la
prisión de sueño”; junto a la fuerza de “por eso
Canto arena/ roca que luego es multitud del agua
buena/ y canto espuma/ cresta que cuando logra ser/
ya no es ninguna/...poco me importa donde rompe.../
si está rompiendo lo imposible”, para concluir con “Hace
tiempo ya/ que no le digo a alguien te quiero”.
La Habana ha tenido otro
lujo. Ese de poder escuchar un gran concierto
sinfónico en la Plaza de la Revolución dirigido por
el maestro Leo Brouwer. Y Silvio Rodríguez... |