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La Batalla de Ideas ha significado mucho para todas
las familias cubanas
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Discurso
pronunciado por el presidente Fidel Castro Ruz, en
la clausura del VIII Congreso de la Unión de Jóvenes
Comunistas, en el Palacio de las Convenciones, 5 de
diciembre de 2004, "Año del 45 aniversario del
triunfo de la Revolución"
(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)
Fotos de Ahmed Velázquez y Ricardo López Hevia
Queridos
delegados, invitados y participantes en el VIII
Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas:
Una
parte de los conceptos que voy a expresar hoy han
sido dichos y publicados; algunos se han
desarrollado más en medio de la lucha; otros se
refieren a las metas alcanzadas; otros son
reflexiones.
Un día como
hoy, en que ustedes me invitan a dirigirles la
palabra, trataré de explicarles cómo y por qué es un
día muy especial para todos nosotros.
Lamentablemente
la responsabilidad que cayó sobre mí a lo largo de
este intenso y difícil proceso revolucionario, y de
modo particular mi relación con la Batalla de Ideas,
me obligan a referirme a discursos, reflexiones y
conceptos propios, lo cual no me agrada, y pido por
ello de antemano excusas. Siempre he pensado que las
ideas no giran en torno a los hombres públicos, son
estos quienes deben girar en torno a las ideas.
El grado en que
me atreví a pronosticar acontecimientos que hoy
comienzan a confirmarse como irrefutables verdades,
está asociado únicamente a la experiencia acumulada.
Pude morir tempranamente, como otros muchos
revolucionarios cubanos a lo largo de nuestra
historia. Los adversarios de ayer y de hoy hicieron
lo posible y lo imposible por lograrlo, pero tuve el
privilegio de haber luchado durante muchos años,
desde que en los primeros meses de 1953 concebimos
la idea de ocupar las armas del Regimiento de
Santiago de Cuba para iniciar la lucha, y el
privilegio no constituye un mérito; el mérito
verdadero está en aquellos que creyeron y estuvieron
dispuestos a sacrificar hasta la vida por los
objetivos que proclamábamos.
Cuando hace
apenas tres días algunos me felicitaban,
recordándome que se cumplía el 48 Aniversario del
desembarco del Granma, mi primera reacción fue de
sorpresa. ¡Cuánto tiempo transcurrido y cuántos
hechos acontecidos! Absorbidos por los actuales
deberes, algunos de nosotros que participamos en
aquella acción apenas disponemos de un segundo para
recordar los inicios de la larga marcha que
estábamos emprendiendo en los días del Moncada y del
Granma. Yo lo definiría todo como un largo
aprendizaje en el que la propia ignorancia con que
iniciamos aquel inédito camino nos asombra.
Acudo al
recurso de recordar, en apretadísima síntesis,
utilizando muchas veces frases textuales, lo
esencial que expresé en tres momentos que
precedieron la Batalla de Ideas que hoy preside el
espíritu del VIII Congreso de nuestra prestigiosa
Unión de Jóvenes Comunistas.
El 8 de octubre
de 1997, en el Informe Central al V Congreso del
Partido, expresé:
«Es evidente la
necesidad de un trabajo más fuerte, un trabajo más
intenso en nuestras filas juveniles, puesto que
estos tiempos y este Partido exigen seguir
nutriéndose de cuadros y de militantes procedentes
de la juventud.»
«Creo que más
que nunca, más que en ninguna otra época, por ser
esta la más difícil, la más dura, se requiere de un
trabajo especial con la juventud y en la formación
de nuestros jóvenes, porque no puede ser que los que
vengan después de esta generación dejen de ser
mejores.»
«Queremos que
tengan el máximo de conciencia de su papel, de lo
que pueden hacer por su país, de lo que pueden hacer
por la Revolución, de lo que pueden hacer por su
futuro.»
En mis palabras
sobre la juventud en la clausura del V Congreso del
Partido, el 10 de octubre de 1997, señalé:
«Tenemos el
Partido, tenemos nuestra magnífica juventud —sí, así
con esas palabras, ¡magnífica juventud!—, a la cual,
desde luego, le pedimos y siempre le pediremos más,
y le pediremos más trabajo político; trabajo
político que no es lo mismo que usar una consigna.
El Partido también, durante mucho tiempo, a veces
fue esquemático, dogmático, trabajó con consignas,
no siempre con argumentos.»
«Hay que
trabajar con los ciudadanos en concreto, uno a uno;
no es solo el trabajo a través de la prensa y de la
televisión, o de las conferencias, o de los mítines
políticos. El trabajo de convencer y persuadir a los
seres humanos uno por uno es histórico. Las
religiones se crearon de esa forma y han durado
miles de años.»
«Nosotros los
revolucionarios tenemos que hacer lo mismo. Nuestros
cuadros y los de la juventud tienen que trabajar
así, y nunca dar a nadie por perdido.»
«A partir de la
más profunda convicción de que tenemos la razón y
defendemos lo más justo, lo más hermoso, lo más
humano, discutir todo el tiempo que haya que
discutir, explicar todas las veces que haya que
explicar, enseñar, educar. No se puede hacer trabajo
político en abstracto. Profundizar en los
conocimientos, en las ideas, en lo que pasa aquí y
en lo que pasa en el mundo. Ser francos, ser
valientes, ser veraces.»
«En el Partido
hay 780 mil ciudadanos, y luego están todos los
demás revolucionarios que no son miembros del
Partido. Es tarea de todos la de convertir en regla
lo que en muchos casos es excepción y la de
generalizar nuestras mejores experiencias. ¿Cómo
sería posible que no lo lográramos? ¿Qué somos? ¿Qué
valemos si no podemos? Con todo lo que conocemos hoy
día, con todas las posibilidades que tenemos, hay
que hacerlo. Esa sería la verdadera victoria de las
ideas.»
El 10 de
diciembre de 1998, en el VII Congreso de la UJC,
afirmé:
«Hay que
reunirse, en medio de la batalla, con la tropa elite
para debatir, analizar, profundizar, trazar planes,
estrategias, abordar temas y elaborar ideas, como
cuando se reúne el estado mayor de un ejército.»
«Utilizar
sólidos argumentos para hablar con los militantes y
con los que no son militantes; para hablar con los
que pueden estar confundidos, o incluso para
discutir y polemizar con aquellos que tengan
posiciones contrarias a las posiciones de la
Revolución, o porque estén influidos por la
ideología del imperialismo en esta lucha tremenda de
ideas que libramos desde hace años precisamente para
llevar a cabo la proeza de poder resistir al más
poderoso imperio en el terreno político, militar,
económico, tecnológico y cultural que haya existido
jamás. Los cuadros de la juventud tienen que estar
bien preparados para esa tarea.»
«En esta lucha
de tipo ideológico las armas fundamentales son las
ideas, el arsenal de municiones más importante es
también el de las ideas. Tenemos que pertrechar de
ideas a nuestros cuadros, para que ellos, a su vez,
las vayan transmitiendo a toda la juventud y a todo
el pueblo.»
«Este ejército
conoce su plan, conoce su estrategia, y los enemigos
que se vayan enterando sobre la marcha. Vuelvo a
asociar la idea de esta lucha a una gran batalla que
libra un ejército de vanguardia, una tropa elite de
la Revolución. Ubico en primer lugar la Revolución y
el Partido, que son al fin y al cabo la misma cosa.»
«En la breve
reunión con el nuevo Comité Nacional pude hablarles
con un poco más de libertad, por ser un número más
reducido de compañeros, y en una reunión con el Buró
Nacional podríamos hablar con mayor libertad
todavía, más argumentos y elementos de juicio.»
«Este VII
congreso —dije entonces— ha sido un excelente
congreso, uno de los congresos en que se ha
discutido con más amplitud, en que bajo ningún
concepto se trató de rehuir uno solo de los temas;
al contrario, hubo una exhortación constante a que
se abordaran todos los temas por espinosos que
fuesen, por complejos que fuesen, precisamente para
obtener de esta reunión todo el provecho posible, y
me parece que lo hemos logrado.»
«Ha sido
posible, es necesario expresarlo categóricamente,
gracias a un trabajo extraordinario que se ha
realizado a lo largo de un año, bajo la dirección
del Buró Nacional de la UJC. Realmente aquí donde se
han hecho reconocimientos, hay que hacerles un
reconocimiento muy sincero, muy sentido a los
compañeros del Buró y a los numerosos cuadros que,
bajo la dirección de Otto, trabajaron desde la
convocatoria hasta este mismo minuto.»
«Hemos
aprendido todos, no solo ustedes sino también
nosotros.»
«El congreso
—les añadí— refleja un creciente fortalecimiento de
la UJC para llegar a disponer de experiencia y
organización superiores a las que haya tenido nunca,
también de un prestigio y una influencia superiores
a los que haya tenido nunca, y en sectores claves,
verdaderamente estratégicos de la sociedad de hoy y,
aun mayor, de la sociedad futura, del país futuro;
de una organización como la que se requiere en estos
tiempos, ¡en estos tiempos históricos!»
«Una de las
cosas extraordinarias de nuestra Revolución es que
desde que vino al mundo —y pudiera decirse que las
ideas de nuestra Revolución se engendraron en
aquella colina universitaria— hubo estrecha
vinculación de hermanos gemelos, y casi casi podría
decirse de hermanos siameses, entre Revolución y
juventud. Vayan a buscarla en algún otro país del
mundo en un grado tan alto como el que existió,
existe y existirá siempre en este profundo proceso
revolucionario. Nuestra Revolución cada día renace,
porque las ideas que representamos, la justicia que
defendemos, la causa por la que luchamos, es hoy la
causa, y no puede haber otra causa que la causa de
miles de millones de personas en este planeta.»
«Y digo ideas
porque esta lucha de la que estamos hablando va a
ser fundamentalmente una lucha de ideas; no serán
guerras. Los problemas del mundo no se resolverán
con armas nucleares, es imposible, ni se resolverán
mediante guerras; e incluso digo más, no se
resolverán mediante revoluciones aisladas que, en el
orden implantado con la globalización neoliberal,
pueden ser aplastadas sencillamente en cuestión de
días o cuando más de semanas.»
«No por ello,
sin embargo, podemos descuidar la defensa ni un
minuto, porque con las crisis inevitables, un cambio
de administración, un grupo fascistoide o una
extrema derecha en el poder, es suficiente para que
el imperio vuelva a sus viejas andanzas. Los
peligros de agresiones militares no pueden
descartarse. Hoy la batalla real es batalla de
ideas.
«La Revolución
pudo resistir porque sembró ideas.»
«Aceleradamente
se globaliza el mundo, aceleradamente se establece
un orden económico mundial insostenible e
insoportable. Las ideas son la materia prima con la
que se forman conciencias, son la materia prima por
excelencia de la ideología. Prefiero llamarlas
materia prima de la conciencia para expresar que no
se trata de ideología estricta y rígida, sino de una
conciencia avanzada, es decir, una convicción a la
que van a ir arribando inevitablemente cientos de
millones y miles de millones de personas en este
planeta, y que será sin duda la mejor alternativa
para que esas ideas lleguen a triunfar en todo el
mundo.»
«No son las
armas; son las ideas las que van a decidir esta
lucha universal. Y no son las ideas por sus valores
intrínsecos, sino por lo que tan estrechamente se
ajustan a las realidades objetivas del mundo de hoy.
Son ideas a partir de la convicción de que
matemáticamente el mundo no tiene otra salida, de
que el imperialismo no puede sostenerse, de que el
sistema que han impuesto al mundo lo conduce a un
desastre, a una crisis insalvable, y me atrevería a
decir que más temprano que tarde.»
«Es a partir de
esas premisas y de esas convicciones que valoro lo
que hemos analizado y lo que estamos haciendo en
estos días; no es lo único ni mucho menos, pero
tiene el valor de lo esencial.»
«Esta batalla
que ustedes están librando no puede perderse. Sin
las tareas que ustedes tienen que cumplir, sin el
trabajo que ustedes van a realizar —y lo van a
realizar, no tengo la menor duda, de forma
absolutamente exitosa—, no se podría hablar de lo
que soñamos, no solo para nuestros compatriotas sino
para todos los habitantes de este planeta.»
«Nunca, en
ningún sitio, ningún pueblo hizo lo que el pueblo de
Cuba está haciendo hoy. Y lo que está haciendo hoy
con ideas, sembrando ideas, cultivando ideas y
desarrollando ideas, será imposible que pueda
terminar de otra forma sino con la victoria de las
ideas, con la seguridad de que esta Revolución no
desaparecerá ni se derrumbará (Aplausos), porque
está sedimentada sólidamente sobre ideas que se
profundizan y desarrollan.
«Las ideas
justas son invencibles. Y Martí dijo de ellas:
`Trincheras de ideas valen más que trincheras de
piedras'; y `una causa justa desde el fondo de una
cueva puede más que un ejército.'»
«Las ideas no
solo son un instrumento para crear conciencia para
que los pueblos luchen, sino que las ideas se han
convertido en el principal instrumento de lucha en
este momento; no en una inspiración, no en una guía,
no en una orientación, sino en el principal
instrumento de lucha.»
«No somos ni
podemos ser dogmáticos; sin dogmas de ninguna clase,
con una mentalidad verdaderamente dialéctica y
flexible, lo cual no admite, ni en lo más mínimo, el
oportunismo o el pragmatismo.»
«Somos
flexibles y somos dialécticos a partir del más
rígido apego a los principios y a los objetivos de
nuestro proceso revolucionario, y a las nuevas metas
que no le pedimos a nadie, que no ambicionábamos,
que no pretendíamos, sino a las nuevas metas que la
vida y la historia de lo ocurrido en estas décadas
hizo recaer sobre nuestro país y sobre nuestros
revolucionarios. Y si así ha sido, no nos queda otra
alternativa que luchar con todo el entusiasmo,
pensando no solo en nosotros sino también en todo el
bienestar que puedan significar para tantas personas
en el mundo los frutos de nuestras luchas.»
(Continúa) |