La huella
alemana
POR ALBERTO POZO
—especial para Granma Internacional—
"EL segundo descubridor de Cuba",
según nuestro máximo pedagogo, José de la Luz y
Caballero, lo fue el sabio alemán, barón Alejandro
de Humboldt, quien nos visitara en 1800 y 1804. Su
hermosísimo libro Ensayo político sobre la isla
de Cuba, lo publicó en 1826 en francés y un año
después en español, dio a conocer las
características físicas y políticas de este país por
primera vez en Europa.
Su lugar de residencia es conocido
hoy por La Casa de Humboldt, en La Habana Vieja, a
disposición de visitantes, así como el palacio donde
se alojó en Trinidad.
La segunda figura alemana en Cuba lo
fue Juan Cristóbal Gundlach, dedicado por 13 años a
las ciencias naturales en Matanzas, provincia
occidental, y después en La Habana, como colaborador
del sabio cubano Felipe Poey, a lo largo del siglo
XIX.
Sin embargo, el primer alemán
relacionado con Cuba lo fue el especialista minero
Juan Tezel, llamado por el Gobierno español, a
mediados del siglo XVI, para que se hiciera cargo de
la explotación de las minas de cobre de Santiago del
Rey, en Santiago de Cuba; pero el acuerdo no llegó a
concretarse por su muerte temprana.
A mediados del siglo XIX comenzó a
penetrar el capital alemán. Un ejemplo descollante
lo fue la famosa firma de tabacos H. Upmann,
respaldada por la banca del mismo nombre. Además, se
constituyeron casas de navegación y comercios,
sucursales de firmas internacionales. Para 1861 la
colonia alemana en La Habana estaba formada por 171
personas.
Desde el punto de vista de las
artes, en 1834 se fundó la sociedad Santa Cecilia,
verdadero centro musical de La Habana en la época.
Algunos de aquellos fundadores:
Carlos Kruger, Fernando Massendor y Schneider, cuyos
sucesores mantuvieron negocios de impresión gráfica
hasta el cese de la república neocolonial.
En La Habana murió el poeta alemán
Georg Weorth, en 1856, amigo de Carlos Marx y
Federico Engels, que trabajaba en negocios
azucareros.
La pujanza de la colonia alemana en
La Habana se comprueba con la fundación de la
Sociedad Alemana de Beneficencia (1819), el Casino
Alemán (1861) el Colegio Alemán (1897). Y como una
muestra imperecedera y popular, el Café Alemán, en
Prado y Neptuno, cuya fachada forma parte hoy del
nuevo hotel Parque Central.
Desde luego, los alemanes, desde
mediados del siglo XIX, invirtieron fuertemente en
Trinidad y Cienfuegos, así como en los cafetales,
uno de los cuales, Susshet, fue famoso por su
suntuosidad, contado por nuestro gran novelista
Cirilo Villaverde: "Allí han presidido el gusto, el
ingenio, la constancia del extranjero, del sesudo
alemán, en fin".
El 19 de septiembre de 1930 nos
visitó el sabio alemán autor de la teoría de la
relatividad, Albert Einstein. En su diario escribió:
"Clubes lujosos al lado de una pobreza atroz, que
afecta principalmente a personas de color".
Por La Habana pasó también el
célebre biógrafo alemán Emil Luwwig.
Dejó este criterio sobre José Martí:
"De ser traducidas (se refiere a las obras completas
de Martí), serían por sí solas suficientes para
convertir a Martí en el guía espiritual del presente
momento del mundo (década del 40).
En el Festival Internacional
Culinaria 2004, del 15 al 19 de septiembre, en el
hotel Nacional, se presentó una muestra de la cocina
alemana, de otras cocinas asentadas en La Habana y
de la cocina cubana. Y en el 485 aniversario de la
fundación de La Habana, noviembre del 2004 se hará
una demostración respaldada por 485 chefs cubanos.