ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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El socialismo también fue tener la capacidad de leer, escribir y alcanzar grados escolares. Foto: Ariel Cecilio Lemus

El mundo de Villasana, hoy, está solo en su cabeza. La plena lucidez de antes –base de la cátedra magisterial que él mismo fue– tiene ahora una dimensión distinta, como de un sueño constante, retrospectivo, sin orden de sucesos, tal cual ocurre en los ensimismamientos de cierta vejez.

Físicamente es el mismo negro, alto, flaco, de cuando andaba a pasos largos por Bayamo, y la gente de Bayamo, y de todo el país, solo decía Villasana al hablar de él, porque frente a él lo llamaban Maestro, y era, además, de los diputados cubanos con más años en el Parlamento.

Al margen del mundo propio que recrea la mente del ilustre pedagogo Luis Ramírez Villasana, su apariencia es casi la de diez años atrás, cuando en una entrevista personal se confesó hijo adoptivo de la Revolución.

«¿Qué podía esperar un negrito, alto para su edad, hijo de un herrero pobre, allá por 1950, que no fuera crecer en la humilde herrería, y ayudar como pudiera a la supervivencia de la familia?», dijo entonces.
No había acabado de aprender las primeras letras, y a leer, y a formar palabras de la mano de su abuelo zapatero, cuando ya las enseñaba a un amigo adulto, limpiabotas.

«Fue el primero que me llamó maestro, pero empecé a serlo de verdad cuando triunfó la Revolución, que me puso a estudiar con 19 años, y me graduó. De pronto lo tuve todo sin haber hecho nada. ¿Qué había aportado yo? La Revolución me enseñó que la condición humana es suficiente, que bastaba con eso, que era un derecho natural, que así debió ser siempre; pero sobre todo, que en lo delante tenía que ser así… para siempre».


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Peraza cava un hueco en el patio de su hogar, siembra un trozo de tallo de yuca, da algunos pasos cortos, lentos, y entierra el otro. La parcela es de su propiedad, y la casa confortable, de hormigón; una casa que ya había levantado con sus manos antes de irse a Cangamba, en Angola, a donde fue como asesor militar, libró una batalla épica, y regresó con los méritos de un Héroe de la República de Cuba.

Formó una familia en esos metros de tierra suya, a diferencia de aquella en que nació y trabajó de niño con sus padres, a cambio de limosnas.

«El techo de la casa era de guano, y las paredes y la puerta. No sabíamos qué era una colchoneta ni un juego de taburetes buenos. La casa no tenía ventanas. Yo no tenía zapatos».

Fidencio González Peraza nunca menciona la estrellita dorada de Héroe que puso sobre su pecho el propio Fidel, junto a la Orden al Valor Antonio Maceo; sin embargo, hace notar en la sala de la casa dos cuadros grandes, del Comandante en Jefe y de Raúl. «Soy resultado de esta Revolución Socialista. Siempre la defendí, a riesgo de muerte, y será eterna mientras exista un cubano capaz de luchar por ella».

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Hablé con Fernando en la sala de la bayamesa Casa de la Nacionalidad Cubana. «Es que me siento como en el hogar», dijo alegre, en su saludo, antes de ofrecerme la entrevista breve. En pocos días serían 50 años de declarado el carácter socialista de la Revolución Cubana, y esa tarde, Martínez Heredia, premio nacional de Ciencias Sociales –fallecido en el último junio– respondió como a través del tamiz de la gente, en palabras vivas para entonces… y para después.

¿Cómo el pueblo, con la Revolución naciendo, se apropió del socialismo?

«El socialismo lo asumió la gente en Cuba –y me refiero no a pequeños grupos, sino a la mayoría– como la forma más grande, la forma superior de su liberación. Socialismo ya no era meramente derrotar a la tiranía de Batista, apoderarse de las propiedades que los ricos habían usado para explotar a una gran masa y someterla a la miseria, o quitarles a los norteamericanos el mando sobre Cuba.

«Más que eso, fue visto como forma de la dignidad humana, de asumir por fin la condición humana: no ser ya el lobito de los demás para sobrevivir; poder sentirse compañero y compañera de los otros; la mujer, empezar a dejar de ser considerada inferior  al hombre; que ejercer el oficio más simple ya no sería un demérito, y así mil cosas que del modo más humano les fueron apareciendo a la gente.

«También fue tener un fusil en la mano y la posibilidad no solo de defenderse, sino de defender a todos con un arma que ya no era algo exclusivo de los cuerpos represivos. Tener la capacidad de leer, escribir y alcanzar grados escolares. No leer únicamente un periódico, también un libro. Todo eso desde un principio fue el socialismo, y por eso la fuerza inmensa del mismo, hoy, en la Isla.

«El socialismo fue una asunción maravillosa para la mayoría de los cubanos, aun en medio de grandes desgarramientos: las luchas de clases, las luchas contra el imperialismo, las cantidades de personas que sin ser ricos no entendieron a la Revolución y abandonaron el país. Otros que también sin ser ricos llegaron a pelear contra la Revolución, y eran pobres, que es lo más duro.

«O sea... de todo eso salió la fortaleza del socialismo en Cuba».

EVOLUCIÓN

Teobaldo de la Paz nunca habla una mentira. Cuando le preguntaron si tenía noveno grado para optar por aquella plaza, dijo que no, y ya decidido a volver al campo encontró la oferta de un amigo que le advirtió:

«Fíjate, este es un trabajo feo, discriminado, le gritan muchas cosas malas a uno y hay gente inculta que ofende por placer».

Desde entonces, además de los años jubilado, el Héroe del Trabajo pasó 37 sobre el estribo de un camión recolector de basura, y era tan elocuente y propositivo, que durante 15 de ellos ocupó un sillón del Parlamento.

«¿Satisfacción en recoger basura? No es eso, la cuestión es que soy alérgico a las traiciones, y cuando yo andaba buscando trabajo para sostener una familia, fue este oficio el que me abrió las puertas. Dentro de las grandes cosas que la Revolución dignificó fue el trabajo honrado, sin distinción, y yo mismo he sido una muestra. No voy a traicionarlo.

«Por eso me incomodaba de cierta forma cuando decían que yo era un símbolo de la democracia, por ser diputado siendo recogedor de basura. No señor, no era así, como una decoración. El respeto que mostraban cuando hablaba en la Asamblea Nacional, la atención con que escuchaban y la participación real que siempre tuve, demostraron que estaba allí por los méritos, por la clara definición política, la moral y la firmeza ante cualquier tarea del trabajo y de la Revolución».


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Los libros de Eusebio Leal merecen la cola bajo una carpa que abrasaba con un resplandor tan fuerte como el sol del mediodía. Cary Rosales, periodista de Radio Bayamo, reconoce detrás de ella cierto rostro.

-Ay, disculpe, ¿usted es el doctor Berlanga?

-Sí, ¿me conoce?

Cary responde que no personalmente, que de la televisión, de la prensa, que sabe que es bayamés, que estudió aquí, Veterinaria, y luego se fue al Centro de Ingeniería Genética, donde creó el Heberprot-P, que ha salvado de la amputación por úlcera diabética a miles de personas en el mundo.

Jorge Berlanga Acosta, tan grande en su genio como en su humildad, se sonroja y la abraza. Le explica que a cada rato regresa a su ciudad, a ver a su mamá de 95 años, y a inyectarse de energía para volver al trabajo.

A la pregunta del nuevo medicamento en investigación, para reducir la «talla» del infarto, adelanta que va bien, que se probó en ratones y fue efectiva, y ahora está en ensayo clínico: «no puedo decir más, hay que esperar, ojalá todo resulte, para bien de la humanidad».

Y aquel gigante sencillo, a punto de otro gran resultado científico que salvará tal vez miles de vidas, dice a

Cary que lo espere, para seguir conversando, caminar un rato, y que le oriente cierta dirección.

Al despedirla la abraza, y le pide, por favor, que vaya de visita por la casa.

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En la Sierra Maestra amanece. En la selva amazónica venezolana el sol se hunde en las aguas del Río Negro.
En la cordillera oriental, Teresa Espinosa baja de la guagua en Providencia y emprende a pie, como todos los lunes, los ocho kilómetros de lomas hasta Santo Domingo, donde está la escuelita en que da sus clases.

Sobre la vasta selva sudamericana es noche total, y en un pequeño bote con motor va el radiólogo cubano Nicdael Borges, «Niky», rumbo a Maroa, pueblo indígena donde una decena de médicos coterráneos esperan las medicinas que él trae desde la cabecera, y la comida. Nunca les había cogido la noche, pero un fallo de la lancha los demoró como nunca.

Teresa nació en el llano, pero se enamoró cuando vino al servicio social en el lomerío. Después que murió su amado esposo, hace diez años, el amor por su oficio la hizo permanecer. Todos los niños de Santo Domingo quieren que ella sea su maestra, porque es como una mamá. Lo dicen los mismos padres, que fueron alumnos suyos también.

Niky nació en los llanos tuneros. Lleva tres años en la selva. Él y sus compañeros pueden contar un rosario de vidas salvadas, allí, tan lejos.

Ya el sol resplandece fuerte cuando la maestra casi llega a Santo Domingo, en el enésimo viaje de una ruta que ha recorrido durante 36 años seguidos.

Sobre el Río Negro, plagado de rocas salientes y rápidos turbulentos, el indígena Geraldino conduce la lancha con pericia, casi a ciegas, guiado por la línea tenue de las copas de arbustos en la orilla.

Teresa, que llegó con 20 años a la Sierra, espera que los 60 la sorprendan allí. «Varias veces me han propuesto bajarme para el llano, más cerca de la casa», pero al abrazo repentino de una niña, es concluyente: «Yo soy la que no ha querido irse».

A metros de topar el muelle improvisado de Maroa, Geraldino, el indígena conductor, se persigna: «Ya no sé cuántas veces hice esto con los cubanos».

A riesgo de indiscreción, la curiosidad del reportero pudo más:

-¿Y cuánto cobra por esto?

–Solo pido el combustible, pero no cobro nada. A mi hijo, que ahora es militar, le operaron gratis sus piernas en La Habana.

***

¿Considera que la apropiación del socialismo evolucionó?, le preguntamos al destacado intelectual Fernando Martínez Heredia, quien añadió: «Con los años el socialismo sin dudas fue cambiando, en parte de sentido y en parte de contenido. Yo creo que en muchos sentidos el cambio fue muy positivo, y en otros negativo.

«Fue muy positivo cuando convirtió los servicios fundamentales en universales, y los principales de ellos fueran gratuitos.

«Yo no creo que Cuba tenga una Revolución con un Estado paternalista, soy opuesto a esa idea. Cuba es una Revolución de verdad y muy profunda, con la cual el pueblo se apoderó de las riquezas nacionales y después organizó el reparto. Hizo que en vez de ser un reparto efímero y desorganizado, se convirtiera en un poder capaz de dispensar educación y salud gratuitas, y encontrarle a la gente oportunidades de acuerdo con sus méritos y cualidades.

«Yo incluso escuché decir: ahora tenemos la fase primera del socialismo, en la que a cada cual según su trabajo… Eso es mentira. Aquí se le ha dado a cada cual por ser ciudadano cubano, educarlo, ponerle un riñón artificial, un corazón. ¿Cuánto cuesta un tratamiento contra el sida? ¿A alguien le han preguntado cuánto ganaba para eso? A nadie, y eso es resultado de una sociedad superior. De ahí sale la cultura socialista cubana y la capacidad de vencer y de resistir.

«Hace años se acabó el socialismo a escala mundial y en mi opinión lo que había eran regímenes de dominación en nombre del socialismo...

«Cuando desapareció, dijeron que Cuba no podría sobrevivir porque dependía de la URSS. Muy pronto quedó demostrado no solo que eso era falso, sino que el socialismo cubano tenía una fuerza y unas raíces inmensas, y los que primero se asombraron porque Cuba no caía todavía, después, cansados, empezaron a acostumbrarse.

«Hoy han tenido que seguir acostumbrándose a la Isla con un papel importantísimo en el continente, en la oleada de movimientos populares, en los miles de internacionalistas de altísima capacidad profesional que ayudan a varios países, a que revoluciones como las de Venezuela y Bolivia florezcan a partir de beneficios reales al pueblo.

«Cualquier político señala Revolución Bolivariana; sin embargo, no es igual si dice que millones de personas ahora sí tienen salud pública.

«En ese sentido son ganancias del socialismo que se han mantenido. En otros hemos perdido. Por ejemplo, considerar el socialismo fría, secamente, como el resultado de unas cuentas hechas en un papel; decir que el carácter de una revolución consiste en el nivel de las fuerzas productivas, y si estas ya dan lo suficiente, el modo de producción es tal o más cual…

«Recuerdo cuando se intentó sacar una cuenta en el III Congreso del Partido. Afirmaron: queremos sacar una cuenta de si ya en Cuba tenemos suficiente base técnico-material para declarar socialismo, o si todavía no lo tenemos. Eso fue una broma, y de mal gusto. No ha sido por eso que somos socialistas.

El socialismo fue visto como forma de la dignidad humana, de asumir por fin la condición humana. Foto: Raúl Pupo

CONTINUIDAD

Para Ernesto Limia, historiador, abogado y ensayista cubano, una revolución vale lo que es capaz de defenderse, y la nuestra ha generado una cultura política y una sensibilidad popular que le permite preservar sus sueños. Nuestra historia y los últimos 60 años definen el horizonte de la utopía.

Tenemos la responsabilidad de educar a las nuevas generaciones en un espíritu que mantenga como cimientos la igualdad social en un país solidario, y el antimperialismo como visión rectora de su política exterior. Ese es el gran desafío de las actuales generaciones de revolucionarios. Nos toca construir el consenso en torno a esas ideas y contribuir modestamente a edificar ese país próspero y sostenible que necesitamos y nos merecemos.

Kenia Milanés, maestra de 10mo.   grado, en Niquero, Granma, asegura que continuidad de la Revolución significa mantener sus conquistas, sin renunciar, bajo ningún concepto a los principios, cumplir a cabalidad con nuestro deber donde estemos. Es contribuir desde el ejemplo a formar jóvenes comprometidos con su tiempo, sin renunciar a las esencias de un país que fue libre gracias a la rebeldía e inconformidad de los más jóvenes.

Yo estoy todos los días en un aula y prefiero pensar que las nuevas generaciones más que mantenerlo, enriquecerán el proceso revolucionario. Los jóvenes de hoy ven la sociedad con un espíritu más crítico, la «problematizan»; sin embargo, no renuncian a los principios fidelistas. Creo que son diferentes, pero comprometidos.

Para mí, sostiene la doctora cubana de misión en Brasil, Katiana García, la continuidad de la Revolución es la garantía de perdurabilidad que son capaces de dar las generaciones nuevas al asumir, de una manera consciente, el papel protagónico en la transformación económica y social de nuestro país, en la conducción del desarrollo nacional, en la búsqueda incesante de alternativas creadoras para perfeccionarnos como sociedad que construye un socialismo propio, original, fiel a la aspiración de sus fundadores y a la vez creador, enriquecedor, y que enaltezca siempre los valores fundamentales de la unidad, el patriotismo o la propia solidaridad internacionalista que ahora mismo represento aquí, como otros miles de jóvenes colegas por el mundo.

Leidier Oliva, pescador de plataforma en Niquero Granma, dijo: la Revolución es algo que se lleva dentro, y yo creo que en su continuidad pasará lo mismo que me pasó en el barco: aprendí viendo al patrón, al mecánico, al cocinero y al pescador. Cada cual en su pedacito da lo mejor y entre todos hacen que el ferrocemento 231 salga a pescar. Ahora soy buen pescador y cocinero, y aporté mis mañas, mis ideas. Creo que de eso se trata la continuidad. La Revolución es como el barco en que trabajo.

***

¿Qué pasa ahora, en el contexto de actualización nacional? A esta interrogante, Fernando Martínez Heredia respondió: «Estamos en un proceso de recuperación de ese pensamiento marxista y del conjunto de pensamientos revolucionarios cubanos.

«En la actualidad Raúl lo ha dicho con muchísima claridad: estamos enfrentados a una discusión del pueblo, a sus criterios (…) Ejercitamos la capacidad del pueblo cubano de participar de forma auténticamente democrática, algo positivo y fundamental.

«De este debate también debe salir, entre otras cosas, el modo de cerrarle el paso a la creencia de que no podemos ser socialistas y que debemos retroceder.

«Nosotros nunca podremos retroceder para salvarnos. Nosotros solo nos salvamos si salimos adelante, y en ese sentido, al socialismo en Cuba le quedan maravillosas jornadas por llevar a cabo».

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kathy dijo:

1

22 de abril de 2018

08:29:46


Un articulo verdaderamente maravilloso, es el resultado de cada hombre que quiere y ama de verdad nuestra revolución.