ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Tomada de Noticias Enfasis.

La derecha brasileña tiene motivos para celebrar. Sacaron a Dilma Rousseff del sillón presidencial por un manejo de cuentas públicas, mientras en el Congreso que la juzgaba caían como moscas los legisladores involucrados en casos de corrupción; aprobaron una reforma laboral que retrocede un siglo los derechos de los trabajadores y aplicaron un programa de ajuste masivo, sin tocar los intereses de las empresas más importantes del país.

Sin embargo, la derecha brasileña no duerme tranquila. El motivo de su preocupación tiene nombre: Luiz Inácio Lula da Silva.

Mientras se mantenga en la arena política el obrero metalúrgico que gobernó ocho años el gigante sudamericano y ayudó a sacar de la pobreza a 20 millones de personas, saben bien que su cabeza pende de un hilo.

Lula sigue siendo el político más popular de Brasil y encabeza todas las encuestas para los comicios del próximo año; a pesar de la revisión en que está inmerso el Partido de los Trabajadores (PT), la arremetida del gobierno golpista y la agresividad de los medios.

La derecha declaró al expresidente como su enemigo número uno y dirige todo el poder de fuego contra su figura, admirada por las clases populares y un referente de la izquierda a nivel internacional.

La última maniobra contra Lula es tratar de inhabilitar en los tribunales su posible candidatura presidencial. El controvertido juez Sergio Moro —quien está acusado de manipulación política por su manejo de la investigación por corrupción en Petrobras— condenó al exmandatario a nueve años de cárcel y casi dos décadas de separación de los cargos públicos.

Se le acusa de haber recibido un apartamento de tres pisos como pago para garantizar un negocio de la constructora OAS con la petrolera estatal.  La sentencia, que no entra en vigor hasta que sea ratificada por un tribunal de apelaciones, se basa en testimonios de personajes juzgados por sus actividades ilícitas y no aporta ninguna evidencia concreta que la respalde.

La estrategia es arriesgada. Por un lado, si finalmente las instancias superiores dan la razón al juez Moro, Lula estaría imposibilitado de participar en las elecciones y el PT tendría poco más de un año para organizar otra candidatura. Pero si, tal como parece, la sentencia fue una bomba de humo sin pruebas sólidas, el respaldo popular hacia Lula no haría más que fortalecerse.

Miles de brasileños salieron a las calles los últimos días como muestra de apoyo al exgobernante. Sus reclamos son «Fuera Temer» y «Elecciones directas ya».

El gobierno surgido del golpe parlamentario se ve cada vez más frágil y crecen las tensiones sociales, producto del desmontaje de los proyectos socioeconómicos del PT. La agenda Temer se basa en cargar el peso del ajuste económico sobre los hombros de los trabajadores y destruir los derechos laborales en nombre de la eficiencia.

La derecha sabe que sus medidas no son populares y que el actual mandatario brasileño es un cadáver político. La cita con las urnas se acerca y no cuentan con un candidato que los aglutine.

Su peor pesadilla es un Lula que hable a las multitudes descontentas por los recortes actuales; que recorra el país en caravana regresando las esperanzas de un Brasil potencia y sin la sombra de la corrupción.

Una victoria de la izquierda cambiaría la correlación de fuerzas en el gigante sudamericano. Si la política de alianzas y las complejas coaliciones frenaron la agenda de cambio más ambiciosa durante los dos mandatos de Lula y la etapa de Dilma, el margen de victoria que pronostican las encuestas le daría al PT una carta blanca para continuar con las transformaciones sociales en beneficio de las mayorías.

Eso es lo que le quita el sueño a la derecha brasileña y el pecado original que jamás le perdonarán a Lula.

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Jaerzinho dijo:

1

25 de julio de 2017

22:12:29


Lula esta fuera del juego político, na estrategia es dirigida desde los centros de poder del imperialismo yankee.

Rogelio dijo:

2

26 de julio de 2017

05:37:50


La história se repite una y otra vez, el entramado oligarquico de los paises latinoamericanos domina la infraestructura politica, social y económica de la cual se sirve para quitar o poner a su antojo a los presidentes . Ahora utilizan al tercer poder ( el legislativo ) para servirse de la fabricación de pruebas falsas para meter en la carcel a sus oponentes. Dilma y Lula en Brasil, Cristina Fernandez en Argentina y Maduro en Venezuela. Esta claro que si no logran el objetivo de esa forma aun tienen a la OEA y a los ejercitos regionales profecionales para la ocupación. De momento el método que más éxito ha tenido es el del caos controlado. Recuerden la situación de caos que vivió Brasil y que motivo el comienzo del fín de Dilma, y que hablar de Venezuela. En Venezuela el caos controlado es de libro de los estartegas del pentágono. Igual quisieron hacer con Cuba, pero conocemos bien al Imperio y tenemos vasta experiencia de todo tipo, por eso con Cuba el experimento del caos controlado no fue viable.

Andrachi dijo:

3

26 de julio de 2017

09:29:46


El gobierno mafioso de Témer, no logrará impedir la victoria de Lula. Viva Lula, abajo las mafias de Témer y sus secuaces.

sonia dijo:

4

26 de julio de 2017

15:20:05


Arriba LULA, en la perseverancia esta el triunfo...Buscaran formas de como sacarlo del camino todas aquellas personas que LULA le hara sombra, pero esta en manos de los Brazileros alcanzar la consquista..

Marcello Santana dijo:

5

26 de julio de 2017

16:49:58


Foi o melhor presidente do Brasil. Meu voto é do Lula....