ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Quedarse sin enemigos es lo peor que le podría pasar a la izquierda. En un mundo en el que  los de arriba temen a los de abajo y la ley máxima sigue siendo el «sálvese quien pueda», las ideas de izquierda  no pueden hacer otra cosa que escocer a los ejecutivos y aguar la fiesta centenaria de la derecha.

Las fronteras, claro está, son un problema distinto. En la constituyente francesa de 1789 los defensores del rey se hicieron a la diestra del presidente de la Asamblea y los revolucionarios más radicales se fueron al otro bando. Desde entonces hasta hoy no cesan las discusiones sobre dónde se sienta cada cual.

Resulta llamativa la habilidad de la derecha para hacer definiciones frente a una  izquierda con  recurrentes crisis de identidad. Si algo saben los poderosos es distinguir a los suyos de quienes  buscan la repartición más justa de las riquezas, rechazan la naturalización de la desigualdad y creen que los «derechos humanos» son en efecto para  los humanos y no solo para los derechos.

Cuando los revolucionarios están marginados y sus programas se discuten en pequeños círculos, la derecha suele tolerarlos para dar una imagen de pluralidad y apertura. Pero muestran su verdadero rostro cuando explota el descontento social y atisban la mínima posibilidad de perder los privilegios.

Las dictaduras en América Latina durante el siglo pasado, el asesinato de líderes sociales y la demolición de las organizaciones sindicales, fueron la respuesta de las élites a la posibilidad real del ascenso de la izquierda al poder, como había sucedido en Cuba en 1959.

Asesorados por Estados Unidos, se prepararon desde entonces para liquidar la insurrección popular. Si bien tuvieron algunos resultados, la Nicaragua sandinista y la lucha de otros pueblos centroamericanos y sudamericanos demostró que se podían lograr cambios por la vía armada.

Sin embargo, pocos creían posible una victoria en su propio terreno.  Parecía imposible girar a la izquierda sobre las líneas del tren de la democracia liberal, hecha a la medida de los opresores. Salvador Allende demostró lo contrario en Chile y pagó un alto precio. Más de dos décadas después,  Venezuela vivía una experiencia similar con el Comandante Hugo Chávez, quien dejaba abierto un ciclo de victorias progresistas que pronto se extendió por casi toda América
Latina.

La derecha, golpeada por los resultados catastróficos del neoliberalismo y los escándalos de corrupción, no dio un minuto de tregua a los nuevos gobiernos al tiempo que se replegaba para organizar la contraofensiva.

La izquierda, a diferencia de sus antecesores, fue respetuosa de las reglas del juego y no pateó el tablero incluso después de los intentos golpistas en Venezuela en el 2002, en Ecuador en el 2010 o las iniciativas secesionistas en Bolivia durante la primera etapa del gobierno de Evo Morales.

Aunque los procesos políticos fueron y son distintos en cada país, desde los objetivos trazados hasta el alcance de las transformaciones en la práctica, el escenario en el que se han desarrollado es muy similar.

Para llegar al poder político fue necesario pactar con diversas fuerzas, en muchos casos reaccionarias y motivadas exclusivamente por sus beneficios particulares, que terminaron siendo un freno para los cambios demandados por las mayorías.

Un sector de la izquierda latinoamericana, acostumbrado a soñar con la Revolución en  tertulias filosóficas, terminó en el bando contrario al perderse en disquisiciones sobre el tono de rojo de cada cual. A veces por oportunismo y otras por la incapacidad de leer el momento histórico,  cayeron en lo que  Lenin llamó «izquierdismo» y catalogó como «enfermedad infantil».

En la última década también se comprobó el poder de los medios de comunicación para construir realidades,
funcionar como actores políticos e influir en la opinión pública.

También se vio hasta dónde sigue dispuesta a llegar la derecha para lograr sus objetivos. Los mismos que en Venezuela catalogaban a Chávez de dictador populista, cuando tuvieron por algunas horas las riendas del país en el 2002 diluyeron todas las instituciones democráticas. Los que hoy se oponen a la Constituyente convocada por Nicolás Maduro, la exigían hace apenas un año.

No ha habido escrúpulos para el uso de la Guerra No Convencional, los golpes parlamentarios, el boicot económico o cualquier otro método desestabilizador.

Sobre todo, se aprendió que no basta llegar a la silla presidencial para lograr cambios de calado ni mejorar las condiciones de vida para lograr conciencia política. La corrupción y el clientelismo heredados del «modelo democrático» latinoamericano son incluso más rechazados por el pueblo cuando tienen el sello de la izquierda y no son menos injustos los ajustes neoliberales cuando se hacen en nombre del progresismo.

Pero quizá  sea saludable contar con esos enemigos. Una revolución vale lo que sabe defenderse. En cualquier caso, ayudan a tener las cosas claras. A los que hablan del fin del ciclo de la izquierda en América Latina, habría que recordarles aquella frase apócrifa que algunos ponen en boca de El Quijote:  «Si los perros ladran, Sancho, es que cabalgamos».

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emilio Fernández lobeiras dijo:

6

13 de julio de 2017

08:58:37


Antes de los orígenes de la izquierda, existía un mundo unipolar, injusto. Colonial primero, neo colonial después, y capital-Imperial después. El empoderamiento de pocos a punto inicial, de injusticias, trabajos de semi esclavitud, de la masa trabajadora, mayoritaria, dio al traste con el a cúmulo de riquezas en unos pocos y del origen en defensa de esa mayoría explotada, de la filosofía MARXISTA. Karl Marx, Federico Engels, dan por iniciada una época filosofal, que toma o forma cuerpo, con la lucha social de tantos millones de trabajadores, explotados, que rebelados, constituyen bajo la égida y dirección del gran líder ruso VLADIMIR ILICH LENIN del primer estado socialista del mundo, que derroca al zarismo en Europa, Rusia. Es entonces que deja de estar el mundo, o existir el mismo, bajo un régimen injusto. Tomando la lucha de clases, tan importante, en aquellos tiempos como en los actuales, la dialéctica y lucha de contrarios, contribuye a enfrentar por así decirlo, a la derecha, desde finales del siglo XIX y XX. Hablar que se agota el ciclo de la izquierda, es como decir que se acaba la clase trabajadora, y que la producción o régimen de producción será asumida dócilmente por un capitalismo, enmascarado pero tan feroz como el de aquellos tiempos. Se han visto desde finales del Siglo XX la dislocación de industrias, hacia países pobres, como Tailandia, India, dónde niños pueden constituirse, en trabajadores, para saciar la sed de riquezas, de la clase empresarial del capitalismo. NO, no se ha agotado el ciclo de la izquierda, pues las injusticias persisten,los desahucios continúan, la pobreza aumenta, junto a la desigualdad social, aparentemente, quisieran los ricos que hubiera un mundo unipolar, sin sindicatos, sin partidos de izquierdas. Pero,...NO, la izquierda se organiza, y eso, es bueno, para enfrentar tiempos nuevos. Mientras haya clase trabajadora habrá lucha de clases, habrá Justicia Social.

pbruzon dijo:

7

13 de julio de 2017

10:53:00


mientras que la izquierda siga con ese discurso Viejo y anticuado de hacer revoluciones para los pobres y venga con un character mesianico a tartar de protejer imponiendo lo imposible el fracoso ocurre tarde o temprano la izquierda o aprende o desaparece

María Victoria Valdés Rodda dijo:

8

13 de julio de 2017

14:13:34


Estimado Alejandro: Le escribe una colega de Bohemia. Hace rato que no coincidimos en las actividades de Internacionales. Quería decirle que me ha causado una muy buena impresión este texto sobre la izquierda y sus enemigos, empazando por nuestros propios errores. Ha coincidido esta lectura con otra que le recomiendo. La biografía de Carlos Marx, escrita por Isaiah Berlin, en 1939, con tres ediciones, en distintas etapas de la humanidad. Se aprende mucho con este libro- para nada, desde mi punto de vista, marxista aunque en coqueteo con la izquierda-. Desde que las ideas emancipatorias irrumpieran en la mente de las personas, la lucha no ha dejado de generarse en los extremos, en los polos. La socialdemocracia europea es por eso que "inventó" la idea de una Tercera vía a modo de neutralizar las ideas comunistas de Vanguardia. A la Izquierda le queda mucho camino. Al Socialimo más. Sin embargo, es necesario estudiar el marxismo, admitir y sopesar su vigencia pero hacerlo también con todas las valiosas teorías sociales contemporáneas para incorporar lo mejor de ellas, como lo hicieron en su momneto Marx, Engels, Lenin, Mariategui, y tantos otros. Lo real, es que el dinamismo teórico y práctico es la base del triunfo de las Revoluciones. También encontrar los puntos que unen, no los que separan, a no ser que estos sean de Principios- como el anexionismo-. Ejemplos de desunión hay montones en la Historia actual de nuestros pueblos, algunos muy queridos, pero ese no es el tema aquí. Lo felicito Alejandro, a usted y al diario Granma por la originalidad y profundidad de entrega. Recuerdo a Fidel y a Martí: Trincheras de ideas; eso es lo que más necesita la izquierda. GRACIAS.

EDGAR ARTURO OSORIO BETANCOURT dijo:

9

13 de julio de 2017

22:34:58


mientras existan clases sociales se manifestara la lucha de clases en la política, las dictaduras, los asesinatos y la destrucción de sindicatos es la política actual de la "derecha", tácticas de la burguesía organizada internacional mente, la izquierda no puede desaparecer, menguar su fuerza si, pero no desaparecer, es una aspiración del hombre, es su esencia aspirar a la libertad plena, con errores, oportunismo, corrupción se tiene que enfrentar, el motor de la historia tiene su marcha y no se para... "si los perros ladran Sancho, es que ya vamos llegando"...