ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
En Cuba la salud pública y la asistencia social son las actividades presupuestadas que mayor cantidad de recursos absorben. foto del archivo

Hostigado por algún dolor de cabeza, fiebres u otro malestar que prefiero no recordar, tuve sin embargo claridad mental para admirar aquella noche las pancartas que mostraban en el policlínico los costos de una consulta, de un tratamiento para hipertensos, de la diabetes y de otras enfermedades crónicas, los de una operación quirúrgica y los de múltiples servicios médicos más. Después me han vuelto a cautivar esos pasquines cada vez que topo con ellos en hospitales, por su excelente diseño, la precisión de cada tasación y la revolución conceptual que implican.

Años antes había fracasado un proyecto que con similar fin emprendió el director de un hospital municipal. Lo intentó para crear conciencia en su comunidad de que los servicios de salud tienen un valor económico, aunque la población no pague un centavo por los mismos. Pero la iniciativa de entregar a cada paciente, solo como información, el costo del servicio tomó por mal camino. Después de décadas de gratuidad se le hizo difícil a la gente ver el experimento sin temer que fuera el primer paso para cobrarles algún día la salud. El innovador tuvo que desistir.

Hoy, sin embargo, son comunes las recetas con cifras propias de factura comercial al dorso y los carteles esperan con igual información a dolientes en hospitales y consultorios del médico de la familia. Ocupan sin traumas espacio en las paredes, junto a otras pancartas con ilustraciones y consejos para inyectar, en lugar de antibióticos, buenos hábitos de nutrición y normas de vida sana. En ambos casos aportan cultura, masa crítica del desarrollo en cualquier dimensión.

Pero los registros contables, ya difíciles en una empresa, se tornan más espinosos en las instituciones de salud, distantes durante décadas de controles y análisis similares. Los expertos en economía o administración de salud coinciden en la enorme dificultad para medir los costos de esta actividad por la complejidad y alta variabilidad de la misma.

La multiplicidad de servicios de un hospital o policlínico se combina con el empleo habitual de equipamientos tecnológicos diversos, en un ámbito que sigue carriles también muy variables en función de enfermedades en evolución permanente y de terapias que se renuevan constantemente.

Los datos de las pancartas corren el riesgo de envejecer más rápido que un medicamento. Los centros de costos creados por el sistema de salud estudian mensualmente cuánto vale una consulta médica, la hospitalización de un paciente en terapia intensiva, cirugías, un trasplante de órganos, el tratamiento de enfermedades crónicas, un parto o la simple sutura de una herida. Las cifras cambian sin cesar.

El calibre humanista de los servicios médicos torna más tensa cualquier medición de costos, por el aura casi pecaminosa que entrañan los conteos monetarios. Pero, por más paradójico que parezca, acentúa la necesidad de esos cálculos.

En Cuba, la salud pública y la asistencia social es la actividad presupuestada que mayor cantidad de recursos absorbe. Este año el Presupuesto del Estado les ha destinado 10 394 millones de pesos, el 27 % de todos los gastos programados. Le sigue la educación, con el 21 %. El dato no expresa la magnitud precisa de los desembolsos. La cifra engloba tanto los gastos internos en pesos cubanos como las divisas invertidas para importar medicamentos, materiales afines y tecnologías, calculadas según la tasa oficial de un dólar igual a un peso cubano. Otro ejemplo de la insuficiente transparencia que implica la dualidad monetaria y cambiaria.

De la eficiencia para contar y administrar cada peso –o dólar- depende el buen funcionamiento de los 151 hospitales, 451 policlínicos, 110 clínicas estomatológicas y más de 10 000 consultorios del médico de la familia con que cuenta el país. Los montos de sus servicios son de cuidado: unas 45 000 camas para ingresos hospitalarios y más de 86 millones de consultas médicas en un año.

La transformación del entorno social complica los gastos. Si en el pasado eran las enfermedades transmisibles la causa principal de muerte y las que más medicinas y recursos exigían, hoy han escalado al temido escaño las enfermedades crónicas no transmisibles. El cáncer, las enfermedades cardíacas, la diabetes, las enfermedades respiratorias crónicas, entre otras, son las que absorben más tiempo, neuronas de especialistas y fármacos. No es la única consecuencia del desarrollo que ha planteado dilemas al sistema cubano de salud.

El incremento de la esperanza de vida en Cuba y otros indicadores de naciones desarrolladas aceleran el envejecimiento de la población. Se prevé que las personas con 60 años o más alcancen el 30,3 % de la sociedad en el año 2030, de 19 % que eran en el 2015.

La reorientación que esa tendencia demográfica impone en el modelo de salud «conllevará a una elevación de los costos de los servicios y la introducción de nuevos procesos tecnológicos, que traerán consigo la necesidad  de reorganizar los sistemas y servicios de salud», aseguró el ministro de Salud Pública, Roberto Morales Ojeda.

Los pasos para dar mayor protagonismo a la prevención de salud frente al modelo asistencialista tradicional impactan igualmente sobre los gastos. La sociedad cubana aguantará el aliento para sacar cuentas, pero respirará mejor.

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Miguel Angel dijo:

1

27 de abril de 2018

08:50:57


No poseemos cultura en este sentido, pero llevar los costos a punta de lápiz de cualquier servicio de salud (cualquier actividad de servicios, se incluye la educación) es indispensable, existen los mecanismos y métodos para realizarlos. Ocurre que hace decenas de años estamos divorciados de los números y costos. Las pancartas que se mencionan en el trabajo son muy útiles y pueden ser mas duraderas si colocamos cifras promedios, explicando la normal oscilación (ocurre a nivel mundial, los precios varían, siempre para subir), pero no renunciar a ellas. Nadie debe tener miedo por los datos que se expresan, la esencia de nuestra Revolución, refrendado en la Constitución establece como derecho del ciudadano cubano la gratuidad en la educación y los servicios de salud. No va a cambiar. Los precios de los procedimientos de salud en Cuba no son tan costosos como en países capitalistas por diferentes motivos: el salario de los trabajadores de la salud es mas bajo que en otras naciones; no pocos de los medicamentos, reactivos, equipamiento y otros medios son de producción nacional; se utilizan métodos de medicina natural y tradicional que atesoran excelentes resultados y bajo costo, etc. En la concepción del sistema de salud cubano se le presta una especial atención a la medicina preventiva, la cual disminuye la morbimortalidad de la población y los costos en la esfera. Según destaca el informe quinquenal Salud en las Américas 2017, presentado por la OPS solo Cuba (mas del 10 %), EEUU (8 %), Canadá, Costa Rica y Uruguay lograron cumplir el mínimo recomendado por la OMS de invertir no menos del 6 % del PIB en salud. Pero además, según informe del Banco Mundial Cuba es el país del mundo que invierte más en educación (mas del 13%). Esta voluntad política del Estado cubano es lo que garantiza los éxitos sociales de nuestro socialismo. La nación que no invierta adecuadamente en estos sectores primordiales está hipotecando seriamente su futuro, lo que infelizmente acontece en muchos países, con énfasis en los de ingresos bajos. Gracias.

luis dijo:

2

27 de abril de 2018

12:10:10


Muy interesante el trabajo sobre todo por el enfoque necesario a los gastos del sistema y el reto de garantiar servicios con calidad y Eficiencia. Gracias.

Jorge luis dijo:

3

27 de abril de 2018

18:16:12


Es muy importante que aunque la salud sea gratis y las unidades asistenciales sean presupuestadas por el estado se tenga una contabilidad exquisita no solo para crear conciencia sino para saber invertir y gastar con eficiencia los recursos que se destinan a la salud. La contabilidad en la salud publica cubana debe de jugar un papel importante para controlar los recursos y los medios básicos.