ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Gracias al Plan Turquino estos territorios disponen hoy de los más elementales medios y servicios para potenciar el avance integral en sus comunidades. Foto: Endrys Correa Vaillant

Antes del triunfo de la Revolución muchos de quienes habitaban las montañas de Cuba vivían en condiciones de aislamiento y precariedad casi absolutas. El abandono de los gobiernos de turno y las condiciones naturales impedían a muchos pobladores descender de las lomas, atenderse las dolencias en un punto médico que no quedara a decenas de kilómetros, asistir a la escuela o ir al cine.

Los guerrilleros, liderados por el joven Fidel Castro Ruz, convivieron con muchos de esos pobladores durante la lucha insurreccional a finales de la década de los 50 del siglo pasado. En esos años tomaron la firme determinación de cambiar las condiciones de vida en la montaña, la zona del campo más pobre de toda Cuba, como reconoció el líder de la Revolución en un discurso en la Sierra Maestra, el 17 de mayo de 1959, cuando se decretó la Reforma Agraria.

Con la Revolución triunfante se comenzaron a sistematizar esfuerzos para impulsar el desarrollo económico, político y medioambiental de esos territorios. Para fortalecer lo conseguido, el 2 de junio de 1987 surgió el Programa Integral de Atención a las Regiones Montañosas, más conocido como Plan Turquino, en alusión al punto más alto de la geografía cubana.

En sus inicios el Proyecto contempló geográficamente cuatro macizos montañosos: Guaniguanico, en la provincia de Pinar del Río; Guamuhaya, en las de Villa Clara, Cienfuegos y Sancti Spíritus (antigua región Escambray); Sierra Maestra, que incluye territorios de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo; y por último, el Nipe-Sagua-Baracoa, al norte de las provincias de Holguín (Sierra Cristal) y Guantánamo.

Determinar los territorios y los límites del Plan Turquino fue como redescubrir las áreas montañosas de la Isla. La encomienda estuvo a cargo de una comisión multifactorial integrada, entre otros organismos, por el Ministerio de la Agricultura y la Empresa de Proyectos Agropecuarios, Suelos y Planificación Física.

En ese proceso, los equipos trabajaron en largas jornadas para completar los estudios.

Visitaron las provincias involucradas casi siempre a caballo, en mulos, o a pie. Subían y bajaban lomas, averiguando el nombre de tal o más cual finca, ubicando una cerca o un accidente geográfico; trazaron, palmo a palmo, los derroteros del Plan Turquino.

«Fue una tarea dura», reconoció –en una entrevista concedida al periódico Escambray, de Sancti Spíritus– Luis González Borrego, quien recién estrenaba por aquel tiempo sus conocimientos de proyectista de Planificación Física.

«Por las condiciones del terreno, algunos bosques eran tan tupidos que no veías el sol, no existían los adelantos de ahora, trabajamos por la brújula, las hojas cartográficas y lo que se hacía por el día se mapificaba por la noche».

Gracias a esos proyectos socioeconómicos hoy esos territorios disponen de los más elementales medios y servicios para potenciar el avance integral en sus comunidades, incluidas las que se ubican en las áreas más aisladas e intrincadas.

IMPULSAR EL DESARROLLO ECONÓMICO EN LAS MONTAÑAS

Otra de las prioridades del Plan Turquino era atraer fuerza laboral a las montañas, debido a la alta despoblación que sufrían. Por eso, para los especialistas encargados de delimitar los territorios, era también un reto hacer pruebas de suelo en el terreno y definir allí mismo si servían para las plantaciones.

Pudieron comprobar que en esas zonas abundan el agua, la madera, renglones exportables como el cacao y el café y, además, producciones de viandas, granos, carne y leche.

Para vincular cada vez más al hombre con su montaña era imprescindible mejorar las condiciones de vida. Se potenció la construcción de viviendas, las que cada año van en aumento.

Según un informe publicado en la Revista Cubana de Medicina General Integral en el 2009, mientras en el año 1988  en estas zonas existían alrededor de 114 625 viviendas, 15 años después, se había duplicado la cifra. Se ampliaron a su vez las redes hidráulicas y las eléctricas a más de 6 000 kilómetros, y aproximadamente el 90 por ciento de las viviendas, centros e instalaciones estatales existentes se encontraban electrificadas.

Las comunicaciones fueron otros de los indicadores potenciados por la Revolución en esas zonas. Un alto por ciento de los asentamientos poblacionales están conectados telefónicamente. Desde 1987 comenzaron a ser comunes las oficinas de correo, los transmisores de radio y televisión, las salas de video y hasta una productora propia, la Televisión Serrana (TVS), que desde 1993 se ha propuesto el rescate de la cultura local a la vez que reflejar los intereses de la comunidad.

Dentro de esas proyecciones también se incluye el municipio Ciénaga de Zapata, uno de los más olvidados del país antes de 1959 y que, por ejemplo, en el 2017 no tuvo muertes de niños menores de un año.

CONSERVAR LA CULTURA Y TRADICIONES DE NUESTRAS LOMAS

La Revolución no solo centró sus esfuerzos en el desarrollo económico de las zonas del Plan Turquino, también impulsó la cultura, el deporte y la recreación y, además, conservó las tradiciones.

Junto con el impulso a grupos y compañías de teatro, danza, música y de las artes tanto visuales como plásticas, ha tenido en cuenta el rescate y estudio de sus raíces.

Estos parajes son reservas excepcionales de tradiciones culturales, como la que produjo la llegada a Cuba de la inmigración de miles de colonos franceses y francohaitianos con sus esclavos africanos y criollos a inicios del siglo XIX, durante la Revolución en Haití.

Estas migraciones aportaron nuevas manifestaciones culturales, cuya trascendencia llega hasta nuestros días. Las Ruinas de los Cafetales Franceses, localizadas en las estribaciones de la Sierra Maestra al este y oeste de Santiago de Cuba y la región de Guantánamo, son ejemplo de valor histórico, arquitectónico y arqueológico de esa zona perteneciente al Plan Turquino.

Las huellas arquitectónicas, por sí mismas, son monumentos de la ingeniería hidráulica, vial, arquitectónica doméstica, funeral y sistema productivo, entre otros, que revelan la maestría de los ingenieros, alarifes, carpinteros y mano de obra esclava; artífices del aprovechamiento de los espacios y topografía de montañas, de los materiales y técnicas constructivas propias del territorio algunos llegados hasta nuestros días como las redes de caminos de montañas, reconocidas por la Unesco.

También se conservan las tradicionales Tumba Francesa de Santa Catalina de Rissi, en Guantánamo; la de Bejuco, en Sagua de Tánamo, y La Caridad de Oriente, en Santiago de Cuba, algunas de las reliquias más importantes de las manifestaciones y expresiones del patrimonio en la cultura de la Isla.

Sus representaciones se consideran Bailes de Salón heredados de la cultura francesa, acompañados de toques de  tambores africanos. Es un espectáculo organizado y prolongado que puede compararse con la contradanza. Su música es a ritmo de tres tambores de madera y piel de chivo y marugas que acompañan el coro formado por mujeres.

Las montañas han sido el espacio natural donde se ha tejido buena parte de nuestra Historia, porque protegieron a los rebeldes de todas las guerras por la Independencia de Cuba y siguen siendo la exuberante retaguardia de un país que ha decidido preservar la naturaleza en hermandad con el hombre y la mujer que la habitan.

Se dice que la palabra Turquino proviene de las denominaciones aborígenes turey y quino. La primera designa al cielo y la segunda, a una persona o cosa importante o elevada. El Plan Turquino es montaña y cielo, un proyecto especial para lugares sagrados de la geografía, la historia y la cultura de Cuba.

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Misleydis dijo:

1

23 de febrero de 2018

12:36:37


Campechuela es un municipio que forma parte de este proyecto. Hoy educación es ejemplo en mantenimiento de sus escuelas.