ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La rotación de los artículos, los ciclos de reaprovisionamiento de las empresas, así como el conocimiento de la fuerza de trabajo vinculada a la actividad de almacenamiento, son factores que inciden en la gestión de los inventarios. Foto: Alberto Borrego

Con frecuencia, desde la percepción del consumidor, atribuimos la ausencia de un producto en las redes comerciales del país a que la industria nacional no previó tal incremento de la demanda o al desabastecimiento del mercado mayorista. Y es cierto, todo eso puede pasar. No obstante, en ocasiones el producto está ahí, en los almacenes de la empresa, haciendo crecer los inventarios y el número de cuentas por pagar.

La baja rotación de los artículos, las capacidades de transportación y limitaciones en la infraestructura tecnológica, así como el conocimiento de la fuerza de trabajo vinculada a la actividad y el control de las mercancías listas para la venta, pesan tanto en la satisfacción del cliente como la falta de materias primas para cumplir con los planes de producción; todo forma parte de un mismo proceso. Porque gestionar los inventarios es también saber cómo funciona la cadena de suministros.

En tal sentido, la efectividad en la gestión hay que verla desde dos puntos: eficiencia y eficacia, explicó a nuestro diario Nancy Valdés, viceministra del Comercio Interior (Mincin).

«Eficiencia, en el sentido de que al menor costo posible se logre reducir al mínimo la existencia de inventarios; y eficacia, en función de asegurar la disponibilidad de los mismos en el momento justo. Por ejemplo, si vas a desarrollar una producción, contar, oportunamente, con todos los componentes que necesita la industria para elaborar ese producto; y si se trata de un artículo terminado, que este tenga una presencia estable en el mercado».

En ambos casos, las empresas cubanas todavía tienen mucho que aprender y enmendar, sobre todo si queremos salirnos del enfoque en donde los inventarios son el problema y no el síntoma que evidencia las debilidades de los procedimientos y sistemas con que se trabaja.

Así lo demostró un reciente estudio realizado por el Mincin en conjunto con el Laboratorio de Logística y Gestión de la Producción de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (Cujae), y cuyos resultados se presentaron ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, durante la sesión ordinaria del pasado mes de julio.

A partir del instrumento diagnóstico que se aplicó como encuesta a 103 entidades de la economía nacional, salió a relucir que, de junio del 2015 a diciembre del 2016, el 94 % de los inventarios se encuentra en las empresas y el 6 % en unidades presupuestadas; en tanto, 14 organismos de ese sistema empresarial concentran más del 80 %.

Más allá de las cifras, estos resultados nos remiten a las causas que inciden negativamente en la gestión de los inventarios, como la insuficiente determinación de la demanda, teniendo en cuenta que la información se basa en estimados y no en estudios factibles que demuestren los intereses del cliente final, señaló la viceministra.

«Al no existir una coordinación efectiva entre proveedor –empresa– distribuidor, sucede que falla también la entrega de las importaciones en cantidad, tiempo y calidad, lo que genera una incertidumbre que cubrimos con un incremento de inventarios en la mentalidad de asegurar piezas o materiales por si un día faltan; acumulaciones que pueden luego convertirse en inventarios ociosos o de lento movimiento.

«Por ejemplo, si en un mes hay que producir dos millones de litros de aceite, no hay necesidad de fabricar ocho millones de tapas para igual periodo».

A ello se une que los ciclos de reaprovisionamiento de las entidades son largos, de uno y dos años, agregó; lo cual tiene una implicación directa no solo sobre la gestión sino en la necesidad de disponer mayores capacidades logísticas, corriendo el riesgo de que la materia prima se deteriore, además de que encarece el producto porque está ocupando capacidad de almacenamiento.

«Tener inventarios cuesta. Has generado una cuenta por pagar, o sea, el endeudamiento de la empresa con su proveedor, sin mencionar el tiempo y los recursos que debes invertir para mantener los atributos comerciales de esa mercancía».

Por supuesto, esto no quiere decir, precisó Valdés, que no se tomen en cuenta determinados elementos externos como las fluctuaciones en el precio de algún producto en el mercado internacional. Con el mismo ejemplo del aceite, si bajan los precios de la materia prima por la cosecha de las semillas, se justifica la compra de un mayor volumen del producto, pero sin olvidar la infraestructura y medios técnicos de que dispone la entidad.

Asimismo, está el tema de la previsión. Si vas a adquirir un artículo que proviene de un mercado lejano como Asia o Europa, hay que conocer con antelación los plazos de la importadora para que los principales suministros lleguen en tiempo, así como los términos de negociación, de abrir créditos y cerrar contrataciones, refirió la viceministra del Comercio Interior.

Pues aun cuando las empresas importadoras son las responsables de las compras en el exterior, el que las entidades no dominen los plazos de antelación conduce a un mal manejo de sus ciclos operativos e inventarios.

Por otra parte, hay factores de carácter más objetivo como la entrega del financiamiento para las inversiones o las limitaciones propias de nuestra industria y capacidades productivas. «Lo que si no debe pasar es que la mercancía esté inmovilizada en el almacén porque no se reorganizaron adecuadamente los abastecimientos, cuando el producto es demandado en la red comercial. Y ese fue otro de los resultados de la pesquisa, que aun cuando los niveles de inventarios crecen, la disponibilidad de los mismos en el mercado es baja».
 

LENTOS Y OCIOSOS: UNA GESTIÓN EN CONSTANTE MOVIMIENTO

Tras los controles realizados por el Mincin y el proceso de certificación dirigido por la Contraloría General de la República, durante el primer trimestre del año, se evidenció que el Decreto 315/2013, para el tratamiento y gestión de los inventarios ociosos y de lento movimiento, no había sido aplicado correctamente por parte de las empresas y unidades presupuestadas; en muchas ocasiones por falta de conocimiento o de prioridad en su aplicación, afirmó a Granma la viceministra Nancy Valdés. Al cierre de abril del 2017 estos inventarios en particular ascendían a más de mil millones de pesos, creciendo un 10,5 % respecto a diciembre del 2016.

Según Valdés, aun cuando esta política otorga ciertas facilidades a las empresas cubanas para expender sus artículos ociosos y de lento movimiento a personas jurídicas, además de establecer una red minorista para la comercialización de los mismos, en caso de agotarse las gestiones para la venta de forma mayorista; la realidad nos muestra que ninguna de estas opciones se estaba aprovechando al máximo.

«Incluso, había organismos que ni siquiera tenían establecido un contrato para gestionar sus inventarios, que en el caso de La Habana es con Cedipad –empresa Comercializadora de Tecnologías de la Información–, y en el resto de las provincias esa función la asumen las empresas mayoristas universales».

Otro de los inconvenientes es que al no estar codificados los productos por el clasificador CPCU que estableció la Oficina Nacional de Estadística e Información, se torna complejo llevar un registro sobre las existencias y por tipos de mercancía, agregó.

Por ejemplo, indicó la viceministra, a través del portal web Cilmo, uno de los servicios que oferta Cedipad, los clientes pueden exponer on-line sus productos y establecer contactos para su negociación, pero al no estar implementados los clasificadores y haber inexactitudes en la descripción del artículo, falla la información para gestionar los inventarios.

En el caso de que los productos no tengan salida en el mercado y se emita el certificado de No comercializable, este bien ocioso puede tener diferentes destinos como la recuperación de materia prima o el despiece y destrucción del mismo; y todas esas acciones se llevan al plan para que no afecte la economía de la entidad. Sin embargo, muchas veces no lo hacen por desconocimiento, como tampoco incluyen en el proceso de planificación los inventarios de lento movimiento como fuentes del plan del periodo siguiente, explicó.

«Es cierto, por otra parte, que el decreto tiene un conjunto de limitaciones, pues está dirigido en particular a los artículos ociosos y de lento movimiento, y no amplía su alcance al resto de los inventarios. Asimismo, las empresas mixtas no están contempladas en la normativa y, por ende, se ven imposibilitadas de vender sus inventarios a otras entidades, al tiempo de que las nuevas formas de gestión no estatal tampoco pueden acceder a la compra de estas mercancías; aspectos que se tendrán en cuenta para la actualización próxima del reglamento».

El Ministerio, comentó la viceministra, también está desarrollando un grupo de acciones en aras de la formación y capacitación, tanto de los trabajadores directos a la actividad de almacenamiento como los cuadros y especialistas que dirigen el proceso, al ser este uno de los elementos que más influyen en la gestión de los inventarios.

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