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Discurso
pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la
República de Cuba, en el acto por el aniversario 60
de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula
Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de
noviembre de 2005.
(Versiones Taquigráficas-Consejo de
Estado)
(Revisado
y perfilado por su propio autor, con absoluto
respeto a la integridad de las ideas expresadas en
su discurso)
Queridos estudiantes y profesores de las
universidades de toda Cuba;
Queridos compañeros dirigentes y demás invitados que
han compartido con nosotros tantos años de lucha:
Ahora viene el momento más difícil, que es el de
decir unas palabras en esta Aula Magna, donde se han
pronunciado tantas palabras. Un
mundo de ideas le viene a uno a la mente, y es
lógico, ha pasado algún tiempo.
Ustedes han sido muy amables al recordar hoy un día
muy especial: el 60 aniversario de mi tímido ingreso
a esta universidad.
Por ahí anda una foto, yo la miraba: un
jacketcito; cara así, no sé si de bravo, de malo, o
de bueno, o indignado, porque esa foto no la sacaron
el primer día, yo creo que ya tenía unos cuantos
meses, y yo empezaba a reaccionar contra tantas
cosas como las que estábamos viendo.
No era un pensamiento formado ni mucho menos;
era un pensamiento ávido de ideas, pero también de
deseos de conocer; un espíritu tal vez rebelde,
lleno de ilusiones, de ilusiones no puedo decir
revolucionarias, habría que decir lleno de ilusiones
y de energía, también posiblemente de ansias de
lucha.
Bueno, había sido deportista, había sido escalador
de montañas. Hasta me habían convertido primero —ni
sé bien por qué— en una especie de teniente de
exploradores y después, más tarde, me hicieron
general de exploradores. Así que cuando yo era
estudiante preuniversitario me habían dado más
grados que los que tengo hoy (Risas), porque fui
después Comandante, pero nada más que Comandante, y
eso de Comandante en Jefe no quería decir más que
era Comandante jefe de aquella pequeña tropa de
alrededor de 82 hombres, con los que desembarcamos
del Granma.
Ese nombre nace después del desembarco, el 2 de
diciembre de 1956. Entre los 82
alguno tenía que ser jefe, después le pusieron “en”.
Así, poco a poco, de Comandante jefe pasé a
Comandante en Jefe cuando ya había más Comandantes,
porque era el grado más alto durante mucho tiempo.
Recordaba esas cosas. Uno tiene
que pensar qué era, en qué pensaba, qué sentimientos
albergaba.
Tal vez circunstancias especiales de mi vida me
hicieron reaccionar. Pasé algún
trabajo desde muy temprano y fui desarrollando,
quizás por ello, el oficio de rebelde.
Por ahí se habla de los rebeldes sin causa; pero a
mí me parece, cuando recuerdo, que era un rebelde
por muchas causas, y agradezco a la vida haber
seguido, a lo largo de todo el tiempo, siendo
rebelde, aun hoy, y tal vez con más razón, porque
tenga más ideas, porque tenga más experiencia,
porque haya aprendido mucho de mi propia lucha,
porque comprenda mucho mejor esta tierra en que
nacimos y este mundo en que vivimos, hoy globalizado
y en minutos decisivos de su destino. No
me atrevería a decir en minutos decisivos de su
historia, porque su historia es mucho más breve, es
realmente ínfima comparada con la vida de una
especie que en años muy recientes, tal vez desde
hace 3 000, 4 000 ó 5 000 años, comenzó a dar los
primeros pasos después de su larga y breve
evolución; digo larga y breve, porque evolucionó
hasta convertirse en ser pensante tal vez en algunos
cientos de miles de años, y al cabo de la existencia
de la vida en este planeta, que afirman los
conocedores, si no me equivoco, surgió, me parece
recordar, hace 1 000 ó 1 500 millones de años,
primero surgió la vida y después surgieron millones
de especies, y nosotros no somos más que eso, una de
las muchas especies que surgieron en este planeta, y
por eso digo que, tras una breve y a la vez larga
vida, hemos llegado a este
minuto, en este milenio, que dicen que es el tercer
milenio desde el inicio de la era cristiana.
¿Y por qué tantas vueltas en torno a esta idea?
Porque me atrevo a afirmar que hoy esta
especie está en un real y verdadero peligro de
extinción, y nadie podría asegurar, escuchen bien,
nadie podría asegurar que sobreviva a ese peligro.
Bueno, que la especie no sobreviviría es algo de lo
cual se habló hace 2 000 años, porque recuerdo que
cuando era estudiante oí hablar del Apocalipsis,
profetizado en la Biblia, es como si hace 2 000 años
algunos se dieran cuenta de que esta débil especie
podría un día desaparecer.
Desde luego, también los marxistas.
Recuerdo muy bien un libro de Engels,
Dialéctica de la Naturaleza, donde
hablaba de que algún día el Sol se apagaría, que el
combustible que alimenta el fuego de esa
estrella que nos ilumina se agotaría y
dejaría de existir la luz del Sol.
Y entonces me queda una pregunta, que tal vez
ustedes, o los profesores de ustedes, o miles y
cientos de miles de ustedes se la hayan hecho alguna
vez, y es la pregunta acerca de si existe o no la
posibilidad de que esta especie pueda emigrar a otro
sistema solar.
¿Nunca se lo han preguntado?
Pues en algún momento se lo van a preguntar, porque
uno se pregunta muchas cosas a lo largo de la vida,
pero se las pregunta sobre todo cuando hay una razón
para preguntárselas. Y creo que el hombre nunca tuvo
más razón para hacerse esta pregunta, porque si
aquel que era marxista se planteó el problema de la
desaparición del calor y la luz solar, y como
científico planteó que un día no existiría el
sistema solar, nosotros también, como
revolucionarios, y echando a volar la imaginación,
tenemos que preguntarnos qué pasará y si hay alguna
esperanza de que esta especie escape y se vaya a
otro sistema solar donde haya o pueda haber vida.
Lo único que sabemos hasta ahora es que hay
un sol a cuatro años luz, entre los cientos de miles
de millones de soles que existen en ese enorme
espacio, del que no sabemos todavía bien si es
finito o infinito.
Por lo poco que sabemos de física, de matemática, de
la luz y la velocidad de la luz, y los que viajan a
los planetas más cercanos, donde no encuentran nada,
y los que viajaran a Venus —creo
que Venus fue en tiempo de los romanos la diosa del
amor—, los que allí tengan el privilegio de llegar,
van a encontrar unos ciclones que son no sé cuántos
cientos de veces peores que el Katrina, el Rita, o
el Michelle, o el Mitch, y todos los demás similares
que cada vez con más fuerza nos azotan, porque se
afirma que la temperatura en Venus es de 400 grados,
y son masas de aire o de atmósfera pesada en
constante soplo.
Los que han ido a Marte, que decían que era un
lugarcito donde podría haber existido la vida
—Chávez habla de que posiblemente existió allí la
vida, él bromea con eso—, y se fue, desapareció
todo, andan buscando si hay una partícula de oxígeno
o alguna huella de vida. Bien,
todo puede haber ocurrido, pero lo más probable es
que no hubiese existido vida desarrollada en alguno
de esos planetas. El conjunto de factores que
hicieron posible la vida se dieron al cabo de miles
de millones de años en el planeta Tierra, esa frágil
vida que puede transcurrir entre limitados grados de
temperatura, entre unos pocos grados por debajo de
cero y unos pocos grados por encima de cero, ya que
nadie sobrevive a una temperatura en el agua de 60
grados; bastarían 20 segundos sin protección alguna
y ya ningún ser humano vive, bastarían unas decenas
de grados bajo cero, sin calor artificial y no
podría sobrevivir. En ese
limitado margen de temperatura se dio la vida.
Estamos hablando de la vida, porque cuando hablamos
de universidades hablamos de la vida.
¿Qué son ustedes? Si me hicieran
una pregunta ahora mismo, yo diría que ustedes son
vida, ustedes son símbolos de la vida.
Aquí hemos estado hablando de acontecimientos de
nuestras vidas, de nuestra universidad, de nuestra
Alma Máter, de los que llegamos hace algunas decenas
de años y los que están hoy aquí, que ingresaron en
el primer año o que están a punto de graduarse, o
algunos se han graduado ya y están desempeñando
funciones que otros, con menos experiencia, no
podrían realizar.
Yo trataba de recordar cómo eran aquellas
universidades, a qué nos dedicábamos, de qué nos
preocupábamos. Nos estábamos
preocupando de esta isla, de esta pequeñita isla.
No se hablaba todavía de globalización, no
existía la televisión, no existía Internet, no
existían las comunicaciones instantáneas de un
extremo a otro del planeta, apenas existía el
teléfono, y, si acaso, algunos aviones de hélice. Al
menos en mis tiempos, allá en 1945, nuestros aviones
de pasajeros apenas llegaban a Miami y con mucho
trabajo, aunque cuando era escolar de primaria
escuchaba hablar del viaje de Barberán y Collar,
allá en Birán se afirmaba: “Por
aquí pasaron Barberán y Collar”, dos pilotos
españoles que cruzaron el Atlántico y siguieron
hacia México; pero después no hubo más noticias de
Barberán y Collar, todavía se discute en qué lugar
cayeron, si en el mar entre Pinar del Río y México,
o en Yucatán o en algún otro lugar.
Pero nunca más se supo de Barberán y Collar,
que habían cometido la osadía de cruzar el Atlántico
en un avioncito de hélice que se había casi recién
inventado. Fue a principios del
siglo que acaba de pasar cuando se inició la
aviación.
Sí, acababa de ocurrir una terrible guerra, que
costó alrededor de 50 millones de vidas, y estoy
hablando del momento aquel, en 1945, cuando yo
ingresé en la universidad, el día 4 de septiembre;
bueno, ingresé en esa época, y ustedes, desde luego,
se han tomado la libertad de celebrar aquel
aniversario cualquier día, puede ser el 4, puede ser
el 17, puede ser en noviembre, puede ser hoy, en que
ustedes escogieron esta fecha, porque son tantas
conmemoraciones que ustedes no podían dar tantos
actos ni yo tampoco asistir a tantos actos, y el
dolor más grande de mi vida habría sido no asistir,
especialmente en este momento, a un acto en el Aula
Magna, invitado por ustedes.
Yo todos los días tengo muchos actos, todos los días
converso horas y horas con masas, especialmente de
jóvenes, con masas de estudiantes, o con brigadas
médicas que marchan a cumplir gloriosas misiones que
casi nadie más es capaz de cumplir en este mundo al
que me estoy refiriendo, ahora, porque ningún otro
país podría enviar a un hermano pueblo de
Centroamérica 1 000 médicos, como los que en este
momento se enfrentan allí al dolor y a la muerte,
frente a la más grande tragedia natural ocurrida en
ese país desde que se recuerda.
Una por una, a cada una de esas brigadas, les he
hablado, las he despedido; o a las que marchan hacia
el otro lado de la Tierra, a 18 horas de vuelo,
donde ha ocurrido, casi simultáneamente, una de las
más grandes tragedias humanas que ha conocido
nuestro mundo en mucho tiempo, no recuerdo otra, por
el lugar en que se produce, por el pueblo humilde
que golpea, pueblo de pastores que viven en
altísimas montañas, y vísperas de un invierno, allí
donde el frío es muy elevado, donde la pobreza es
grande y donde el mundo insensible que derrocha un
millón de millones de dólares cada año en publicidad
para tomarle el pelo a la inmensa mayoría de la
humanidad —que, además, paga las mentiras que se
dicen—, convirtiendo al ser humano en persona que,
al parecer, no tuviera ni siquiera capacidad de
pensar, porque las hacen consumir jabón, que es el
mismo jabón con 10 marcas diferentes, y tienen que
engañarla, porque ellos pagan ese millón de
millones, no lo pagan las empresas, lo pagan
aquellos que adquieren los productos en virtud de la
publicidad; este mundo insensible que gasta un
millón de millones de dólares cada año en objetivos
de carácter militar —ya son dos millones de
millones—; este mundo insensible que extrae de las
masas empobrecidas, de la inmensa mayoría de los
habitantes del planeta, varios millones de millones
de dólares cada año, y permanece indiferente cuando
le dicen que allí han muerto alrededor de 100 000
personas, entre ellos, tal vez, 25 000 ó 30 000
niños, o donde hay más de 100 000 heridos, y la gran
mayoría sufriendo fracturas de hueso en los miembros
superiores e inferiores del cuerpo, y de los cuales,
si acaso, se habrán operado un 10%, donde hay niños
con miembros mutilados, jóvenes, mujeres y hombres,
ancianos.
Ese es el mundo en que estamos viviendo, no es un
mundo lleno de bondad, es un mundo lleno de egoísmo;
no es un mundo lleno de justicia, es un mundo lleno
de explotación, de abuso, de saqueo, donde un número
de millones de niños mueren cada año —y podrían
salvarse—, simplemente porque les faltan unos
centavos de medicamentos, un poco de vitaminas y
sales minerales y unos pocos dólares de alimentos,
suficientes para que puedan vivir.
Mueren cada año, a causa de la injusticia,
casi tantos como los que murieron en aquella colosal
guerra que mencioné hace unos minutos.
¿Qué mundo es ese? ¿Qué mundo es
ese donde un imperio bárbaro proclama el derecho de
atacar sorpresiva y preventivamente a 70 o más
países, que es capaz de llevar la muerte a cualquier
rincón del mundo, utilizando las más sofisticadas
armas y técnicas de matar? Un
mundo donde impera el imperio de la brutalidad y de
la fuerza, con cientos de bases militares en todo el
planeta, y entre ellas una en nuestra propia tierra,
en la que intervino arbitrariamente cuando el poder
colonial español no podía sostenerse y cuando
cientos de miles de los mejores hijos de este
pueblo, que apenas tenía un millón de habitantes,
habían perecido en una larga guerra de alrededor de
30 años; una Enmienda Platt repugnante en virtud de
una resolución de igual repugnancia que, de forma
traidora, otorgaba el derecho a intervenir en
nuestra tierra cuando a su criterio no existiese
suficiente orden.
Ha pasado más de un siglo y todavía ocupa por la
fuerza ese pedazo de territorio, hoy vergüenza y
espanto del mundo, cuando se divulga la noticia de
que fue convertida en un antro de torturas, donde
cientos de personas, recogidas en cualquier lugar
del mundo, están allí, no los llevan a su territorio
porque en él puedan existir algunas leyes que les
creen dificultades para tener ilegalmente por la
fuerza secuestrados y durante años, sin ningún
trámite, sin ninguna ley, sin ningún procedimiento a
aquellos hombres, que, además, para asombro del
planeta, han estado siendo sometidos a sádicas y
brutales torturas. Y de eso se
entera el mundo cuando allá en una cárcel en Iraq
estaban torturando a cientos de prisioneros del país
invadido con todo el poder de ese colosal imperio, y
donde cientos de miles de civiles iraquíes han
perdido la vida.
Cada día se descubren cosas nuevas.
Hace poco se divulgaron las noticias de que
el gobierno de Estados Unidos
tenía cárceles secretas en los países satélites del
este de Europa, esos que allí votan en Ginebra
contra Cuba y la acusan de violación de derechos
humanos; al país donde nadie conoció jamás un centro
de tortura a lo largo de 46 años de Revolución,
porque jamás en nuestro país se violó aquella
tradición sin precedentes en la historia de que ni
un solo hombre haya sido torturado, o se haya
conocido —al menos nosotros— la tortura de un solo
hombre; y no seríamos nosotros los únicos en
impedirla, sería nuestro pueblo que adquirió hace
rato un concepto altísimo de la dignidad humana.
¿Quién de nosotros, quién de ustedes, cuál de
nuestros compatriotas admitiría tranquilamente la
historia de un solo ciudadano torturado, a pesar de
los miles de actos de barbarie y de terrorismo
cometido contra nuestro pueblo, a pesar de los miles
de víctimas ocasionadas por la agresión de ese
imperio que durante más de 45 años nos ha bloqueado
y ha tratado de asfixiarnos por todos los medios?
Y ahora dicen los muy descarados —como decía
recientemente uno allí frente a la votación
aplastante de 182 miembros de las Naciones Unidas,
con una abstención— que las dificultades son
resultado de nuestro fracaso, y un gran cómplice de
ese bandido, que es el Estado pro nazi de Israel,
apoya el bloqueo. Hay que decirlo así, porque
aquellos que tales crímenes cometen lo hicieron en
nombre de un pueblo que durante más de 1 500 años
sufrió persecución en el mundo y fue víctima de los
más atroces crímenes en la Segunda Guerra Mundial,
el pueblo de Israel, que no tiene ninguna culpa de
las salvajadas genocidas, al servicio del imperio,
que conducen al holocausto de otro pueblo, el pueblo
palestino, y proclaman también el derecho repugnante
de atacar sorpresiva y preventivamente a otros
países.
Ahora mismo el imperio amenaza con atacar a Irán si
produce combustible nuclear.
Combustible nuclear no son armas nucleares, no son
bombas nucleares; prohibirle a un país producir el
combustible del futuro, es como prohibirle a alguien
que explore en busca de petróleo, que es combustible
del presente y llamado a agotarse físicamente en
poco tiempo. ¿A qué país en el
mundo se le prohíbe buscar combustible, carbón, gas,
petróleo?
A aquel país lo conocemos bien, es un país de 70
millones de habitantes, que se propone el desarrollo
industrial y piensa con toda razón que es un gran
crimen comprometer sus reservas de gas o de petróleo
para alimentar el potencial de miles de millones de
kilowatts/hora que requiere con urgencia de país del
Tercer Mundo su desarrollo industrial. Y ahí está el
imperio queriendo prohibirlo y amenazando con
bombardear. Hoy ya se debate en
la esfera internacional qué día y qué hora, o si
será el imperio, o utilizará —como utilizó en Iraq—
al satélite israelí para el bombardeo preventivo y
sorpresivo sobre centros de investigación que
busquen obtener la tecnología de producción del
combustible nuclear.
En 30 años más, el petróleo, un 80% del cual está
actualmente en manos de países del Tercer Mundo, ya
que los otros agotaron el suyo, entre ellos
Estados Unidos, que tuvo una inmensa reserva de
petróleo y gas, le alcanza apenas para algunos años,
por lo cual trata de garantizar la posesión del
petróleo en cualquier parte del planeta y de
cualquier forma, esa fuente energética, sin embargo,
se agota y a la vuelta de 25 ó 30 años solo quedará
una fundamental, aparte de la solar, la eólica,
etcétera, para la producción masiva de electricidad,
la energía nuclear.
Está lejano todavía el día en que el hidrógeno,
mediante procesos tecnológicos muy incipientes,
pudiera ser fuente más idónea de combustible, sin el
cual no podría vivir la humanidad, una humanidad que
ha adquirido determinado nivel de desarrollo
técnico. Este es un problema
presente.
Nuestro Ministro de Relaciones Exteriores acaba de
cumplimentar la invitación de visitar a Irán, ya que
Cuba será sede de la próxima reunión de Países No
Alineados, dentro de un año, y aquella nación
reclama su derecho a producir combustible nuclear
como cualquier nación entre las industrializadas y
no ser obligada a destruir la reserva de una materia
prima, que sirve no solo como fuente energética,
sino como fuente de numerosos
productos, fuente de fertilizantes, fuente de
textiles, fuente de infinidad de materiales que hoy
tienen un uso universal.
Así anda este mundo. Y veremos
qué ocurriría si se les ocurre bombardear a Irán
para destruir cualquier instalación que le permita
la producción de combustible nuclear.
Irán ha firmado el Tratado de no Proliferación, como
Cuba lo ha firmado. Nosotros
nunca nos hemos planteado la cuestión de la
fabricación de armas nucleares, porque no las
necesitamos, y si fueran accesibles, cuánto costaría
producirlas y qué hacemos con producir un arma
nuclear frente a un enemigo que tiene miles de armas
nucleares. Sería entrar en el
juego de los enfrentamientos nucleares.
Nosotros poseemos otro tipo de armas nucleares, son
nuestras ideas; nosotros poseemos armas del poder de
las nucleares, es la magnitud de la justicia por la
cual luchamos; nosotros poseemos armas nucleares en
virtud del poder invencible de las armas morales.
Por eso nunca se nos ha ocurrido fabricarlas,
ni se nos ha ocurrido buscar armas biológicas, ¿para
qué? Armas para combatir la
muerte, para combatir el SIDA, para combatir las
enfermedades, para combatir el cáncer, a eso
dedicamos nuestros recursos, a pesar de que el
bandido aquel —ya no me acuerdo cómo se llama el
tipejo que han nombrado, no sé si Bolton, Bordon,
qué sé yo—, nada menos que representante de Estados
Unidos en Naciones Unidas, un supermentiroso,
descarado, inventor de que Cuba estaba investigando
en el Centro de Ingeniería Genética para producir
armas biológicas.
También nos acusaron de que estábamos colaborando
con Irán, transfiriendo tecnología con aquel
objetivo, y lo que estamos es construyendo, en
sociedad con Irán, una fábrica de productos
anticancerígenos, eso es lo que estamos haciendo.
Y si también lo quieren prohibir, ¡váyanse
para el demonio o para donde quieran irse, idiotas,
que aquí no van a asustar a nadie! (Aplausos.)
¡Mentirosos, descarados!, todo el mundo sabe que
hasta la propia CIA descubrió que era mentira lo que
estaba diciendo el actual representante del gobierno
de Estados Unidos en la ONU, y habían obligado a
renunciar a un hombre porque dijo que eso era
mentira, y otros en el Departamento de Estado
también se dieron cuenta de que era mentira y el
sujeto estaba furioso, hecho un basilisco contra
todos aquellos que decían la verdad.
Ese es el representante del “Bushecito” ante
la comunidad de naciones, donde acaban de sacar 182
votos en contra de su infame bloqueo.
Ese es el mundo donde pretenden campear por
la fuerza y campear en virtud de las mentiras y en
virtud del monopolio casi total de los medios
masivos. Vean qué batalla se
libra en este momento.
Y nombraron al sujeto por encima del Congreso, y por
un tiempo, cuando el mundo entero sabe que es un
descarado y un mentiroso repugnante.
Todos los días le descubren al caballero que
gobierna Estados Unidos un truco nuevo, un delito
nuevo, una canallada nueva por parte de sus
miembros, y van cayendo, van goteando uno por uno
como penca de coco, como diría un campesino
oriental; sí, así van cayendo, con un poco de ruido.
Ya no les va quedando nada que inventar, pero
siguen haciendo barbaridades.
Les hablaba de las cárceles en varios países,
cárceles secretas donde envían secuestrados con el
pretexto de la lucha contra el terrorismo, y ya no
solo en Abu Ghraib, no solo en Guantánamo, ya en
cualquier parte del mundo se encuentra una cárcel
secreta donde realizan torturas los defensores de
los derechos humanos; son los mismos que allí en
Ginebra ordenan a sus corderitos votar uno tras otro
contra Cuba, el país que no conoce la tortura, ¡para
honor y gloria de esta generación, para honor y
gloria de esta Revolución, para honor y gloria de
una lucha por la justicia, por la independencia, por
el decoro humano que debe mantener incólume su
pureza y su dignidad! (Aplausos.)
Pero la cosa no se acaba ahí, esta mañana llegaban
noticias informando sobre el uso de fósforo vivo en
Fallujah, allí donde el imperio descubrió que un
pueblo, prácticamente desarmado, no podía ser
vencido y se vieron los invasores en tal situación
que no podían irse ni quedarse:
si se iban, volvían los combatientes; si se
quedaban, necesitaban esas tropas en otros puntos.
Ya han muerto más de 2 000 jóvenes soldados
norteamericanos, y algunos se preguntan, ¿hasta
cuándo seguirán muriendo en una guerra injusta,
justificada con groseras mentiras?
Pero no vayan a creer que disponen de abundantes
reservas de soldados norteamericanos, ya cada vez
menos norteamericanos se inscriben, han convertido
el enrolamiento para el ejército en una fuente de
empleo, contratan desempleados, y muchas veces
trataban de contratar el mayor número de negros
norteamericanos para sus guerras injustas, y han
llegado noticias de que cada vez menos
afronorteamericanos están en disposición de
inscribirse en el ejército, a pesar del desempleo y
la marginación a que son sometidos,
porque tienen conciencia de que los están
usando como carne de cañón. En
los guetos de Luisiana, cuando el gobierno gritó
sálvese quien pueda, abandonaron a miles de
ciudadanos que perdieron la vida ahogados o
perdieron la vida en los asilos de ancianos o en los
hospitales y a algunos se les aplicó la eutanasia
por temor del personal facultativo de verlos morir
ahogados. Son historias reales
que se conocen y sobre las cuales debiera meditarse.
Buscan latinos, inmigrantes que, tratando de escapar
del hambre, cruzaron la frontera, esa frontera donde
están muriendo más de 500 inmigrantes cada año,
muchos más en 12 meses que los que murieron durante
los 28 años que duró el muro de Berlín.
Del muro de Berlín el imperio hablaba todos los
días; del que se levanta entre México y Estados
Unidos, donde mueren ya más de 500 personas por año,
pensando escapar de la pobreza y el subdesarrollo,
no hablan una sola palabra. Ese
es el mundo en que estamos viviendo.
¡Fósforo vivo en Fallujah! Eso
significa el imperio, y secretamente.
Cuando se denunció, el gobierno de Estados
Unidos dijo que el fósforo vivo era un arma normal.
Si era normal, ¿por qué no lo publicaron?
¿Por qué nadie sabía que estaban usando esa
arma prohibida por las convenciones internacionales?
Si el napalm está prohibido, el fósforo vivo
está todavía mucho más prohibido.
Todos los días llega una noticia de ese tipo, y
todas esas cosas tienen que ver con la vida, todas
esas cosas tienen que ver con este mundo.
Vean qué enorme diferencia de aquellos
tiempos en que nosotros llegábamos a la universidad
todos llenos de ideales, llenos de sueños, llenos de
buena voluntad aunque no estuviera nutrida de la
experiencia, de la ideología profunda y de las ideas
que se iban adquiriendo a lo largo de los años.
Así entraban los jóvenes en esta universidad,
que no era, por cierto, la universidad de los
humildes; era la universidad de las capas medias de
la población, era la universidad de los ricos del
país, aunque los muchachos jóvenes solían estar por
encima de las ideas de su clase y muchos de ellos
eran capaces de luchar, y así lucharon a lo largo de
la historia de Cuba.
Ocho estudiantes fueron fusilados en 1871 y fueron
cimientos de los más nobles sentimientos y del
espíritu de rebeldía de nuestro pueblo, a quien
tanto indignó aquella colosal injusticia; como los
nueve estudiantes, cuya muerte conmemoramos hoy,
asesinados por los nazis, en Praga, aquel 17 de
noviembre de 1939, en vísperas de la Segunda Guerra
Mundial.
En la historia de nuestra juventud estuvo siempre
presente el recuerdo de aquellos estudiantes de
medicina, y los estudiantes lucharon siempre contra
los gobiernos tiránicos y corrompidos.
Mella era uno de ellos, también procedente de
la capa media; porque los de las capas más pobres,
los hijos de los campesinos, no sabían leer ni
escribir, cómo podían ingresar en una universidad,
cómo podían ingresar en un bachillerato.
Yo, hijo de terrateniente, pude terminar el sexto
grado y después, con séptimo grado aprobado pude
ingresar en un instituto preuniversitario.
¿Quién que no hubiera podido estudiar bachillerato
podía ir a la universidad? Quien
fuera hijo de un campesino, de un obrero, que
viviera en un central azucarero o en cualquiera de
los muchos municipios que no fueran como el de
Santiago de Cuba, o el de Holguín, tal vez
Manzanillo y dos o tres más, no podía ser bachiller,
¡ni siquiera bachiller! Mucho
menos graduado de la universidad, porque, entonces,
después de ser bachiller, tenía que venir a La
Habana.
Yo pude venir a La Habana porque mi padre disponía
de recursos, y así me hice bachiller, y así el azar
me trajo a una universidad. ¿Es
que acaso soy mejor que cualquiera de aquellos
cientos de muchachos, casi ninguno de los cuales
llegó a sexto grado y ninguno de los cuales fue
bachiller, ninguno de los cuales ingresó en una
universidad?
Mi propio caso, como el de muchos otros, mencioné a
Mella, podría mencionar a Guiteras, podría mencionar
a Trejo, que murió en una de esas manifestaciones,
un 30 de septiembre, en la lucha contra Machado;
podría mencionar nombres como los que ustedes aquí
señalaron al iniciarse el acto.
Antes de la Revolución, contra la tiranía batistiana
siempre hubo muchos estudiantes nobles, dispuestos a
sacrificarse, dispuestos a dar la vida.
Y así, cuando volvió con todo el rigor la
tiranía batistiana, muchos estudiantes lucharon y
muchos estudiantes murieron, y aquel jovencito de
Cárdenas, Manzanita, como le llamaban, siempre
risueño, siempre jovial, siempre cariñoso con todos
los demás, se iba distinguiendo por su valentía, su
entereza, cuando bajaba las escalinatas, cuando se
enfrentaba a los carros de bomberos, cuando se
enfrentaba a la policía. Así
fueron surgiendo todos ellos.
Si usted va, incluso, a la casa donde vivió
Echeverría —José Antonio, vamos a llamarlo así—, es
una casa buena, una excelente casa.
Vean cómo los estudiantes muchas veces
pasaban por encima de su origen social y de su
clase, en esa edad de tantas esperanzas, de tantos
sueños.
En aquella universidad, para estudiar medicina había
una sola facultad y un solo hospital docente, y
muchos obtenían premios, primer premio en medicina,
y algunos, incluso, de cirugía sin haber operado
nunca a nadie.
Algunos lo lograban, eran activos y hacían alguna
relación con algún profesor que los ayudaba, los
llevaba a alguna práctica, los llevaba a algún
hospital. Así surgieron buenos
médicos, no una masa de buenos médicos —sí había una
masa de médicos deseosa de viajar a Estados Unidos—,
que estaban sin empleo, y cuando la Revolución
triunfa se marchan precisamente a Estados Unidos, y
quedaron la mitad, 3 000, y el 25% de los
profesores. De ahí partimos
hacia el país de hoy, que se yergue ya casi como
capital de la medicina mundial.
Hoy nuestro pueblo tiene a su disposición, por lo
menos, 15 médicos, y mucho mejor distribuidos, por
cada uno de los que quedaron aquí en el país; tiene
decenas de miles en el exterior prestando servicios
solidarios, y crecen. Hay en
este momento —pedí la cifra exacta— 25 000
estudiantes de medicina; en primer año alrededor de
7 000, e ingresarán no menos de 7 000 cada año, y
tiene ya más de 70 000 médicos.
No hablo de las decenas de miles de estudiantes de
otras ciencias médicas, tenemos la idea de que estén
estudiando en el área de la medicina alrededor de
90 000, si usted incluye las enfermeras, las que
están estudiando licenciatura en enfermería y todos
los que estudian carreras relacionadas con la salud,
dentro del caudal enorme de estudiantes que hoy
tiene nuestra universidad.
Yo quería señalar la diferencia de ese año en que
entré en la universidad, ¿qué era nuestro país?
Hay que preguntarse eso y meditar qué es hoy
nuestro país, en todos los terrenos.
Y podríamos hacernos la misma pregunta con
relación a ocho, diez, quince, veinte cosas.
No hay comparación posible.
Hablaba de que Barberán y Collar perecieron en un
avioncito lleno de tanques de gasolina, porque era
lo único que podían hacer en ese tiempo, despegaron,
salieron casi como nosotros de allá de México, en
1956: “si salimos, llegamos; si
llegamos, entramos; si entramos, triunfamos”.
Parece que antes otros hombres hicieron una
acción tan audaz como esa, la de cruzar el
Atlántico. Salieron y llegaron a
Cuba, volvieron a salir; llegaron a México, pero
llegaron sin vida a México.
Hablaba de una nave que despegaba; esta era una nave
que despegaba en los primeros tiempos, un pequeño
avioncito, que parecía movido por la fuerza de una
liga. ¿Ustedes no han visto
nunca esos avioncitos que les enredan una liga, los
sueltan, despegan y llegan?
Cuando nuestra Revolución triunfó en este
hemisferio, al lado del imperio y rodeado de
satélites del imperio, con alguna excepción,
iniciábamos un camino muy difícil.
Ya es otra época, fueron unos cuantos años
después de nuestra entrada en la universidad.
Nosotros entramos en la universidad a finales del
año 1945, e iniciamos nuestra lucha armada en el
Moncada el 26 de Julio de 1953, realmente, casi ocho
años después, y la Revolución triunfa cinco años,
cinco meses y cinco días después del Moncada, tras
un largo recorrido por las prisiones, el exilio y la
lucha en las montañas. Fue un
tiempo, si se mira históricamente, si se compara con
las luchas anteriores, tan duras y tan difíciles de
nuestro pueblo, un tiempo relativamente breve, y
fueron dos etapas: la entrada en
la universidad, la salida y el golpe de Estado del
10 de marzo de 1952.
Esa etapa cuando iniciábamos la lucha es el punto de
donde hay que partir ahora; despegábamos,
intentábamos despegar, no conocíamos ni siquiera muy
bien las leyes de la gravedad, íbamos cuesta arriba
luchando contra el imperio, que era ya el más
poderoso, pero cuando todavía existía otra
superpotencia, como la llamábamos; fue cuesta
arriba, marchando cuesta arriba fuimos ganando
experiencia, marchando cuesta arriba fue
fortaleciéndose nuestro pueblo y nuestra Revolución,
hasta llegar a hoy.
Ojalá yo tuviera más tiempo para hablar, pero este
ahora de ahora es un ahora sin precedente, es una
hora muy distinta de todas las demás, en nada se
parece a la de 1945, en nada se parece a la de 1950
cuando nos graduamos, pero poseedores ya de todas
aquellas ideas de las que hablé un día, cuando
afirmé con amor, con respeto, con entrañable cariño,
que en esta universidad, donde llegué simplemente
con un espíritu rebelde y
algunas ideas elementales de la justicia, me hice
revolucionario, me hice marxista-leninista y adquirí
los sentimientos que a lo largo de los años he
tenido el privilegio de no haberme sentido nunca
tentado, ni en lo más mínimo, a abandonarlos alguna
vez. Por eso me atrevo a afirmar
que no los abandonaré jamás.
Y si de confesiones se trata, cuando terminé en esta
universidad yo me creía muy revolucionario y,
simplemente, estaba iniciando otro camino mucho más
largo. Si yo me sentía
revolucionario, si me sentía socialista, si había
adquirido todas las ideas que hicieron de mí, y no
podía haber ninguna otra, un revolucionario, les
aseguro con modestia que hoy me siento diez veces,
veinte veces, tal vez, cien veces más revolucionario
de lo que era entonces (Aplausos).
Si entonces estaba dispuesto a dar la vida,
hoy estoy mil veces más dispuesto a entregar la vida
que entonces (Aplausos).
Uno, incluso, entrega la vida por una noble idea,
por un principio ético, por un sentido de la
dignidad y el honor, aun antes de ser
revolucionario, y también decenas de millones de
hombres murieron en los campos de batalla en la
Primera Guerra Mundial y en otras guerras,
enamorados casi de un símbolo, de una bandera que la
encontraron bella, un himno que escucharon
emocionante, como lo fue La Marsellesa en su época
revolucionaria, y después himno del imperio colonial
francés. En nombre de ese
imperio colonial y de los repartos del mundo
murieron en masa en las trincheras, en la Primera
Guerra Mundial, millones de franceses.
Si el hombre es capaz de morir, el único ser
que es consciente de entregar la vida
voluntariamente, no lucha por instintos, como hay
tantos animales que luchan por instinto,
prácticamente las leyes de la naturaleza lo
condujeron hacia esa estirpe; el hombre es una
criatura llena..., el hombre y la mujer..., y cada
vez hay que decir más las mujeres; sí, tengo
razones, no sé si tendré tiempo de decirlas.
Pero el ser humano es el único capaz,
conscientemente, de pasar por encima de todos los
instintos. El hombre es un ser
lleno de instintos, de egoísmos, nace egoísta, la
naturaleza le impone eso; la naturaleza le impone
los instintos, la educación impone las virtudes; la
naturaleza le impone cosas a través de los
instintos, el instinto de supervivencia es uno de
ellos, que lo pueden conducir a la infamia, mientras
por otro lado la conciencia lo puede conducir a los
más grandes actos de heroísmo.
No importa cómo seamos cada uno de nosotros, cuán
diferentes seamos cada uno de nosotros, pero entre
todos nosotros hacemos uno.
Resulta asombroso que, a pesar de la diferencia
entre los seres humanos, puedan ser uno en un
momento o puedan ser millones, y solo pueden ser
millones a través de las ideas.
Nadie siguió la Revolución por culto a nadie o por
simpatías personales de nadie.
Cuando un pueblo llega a la misma disposición de
sacrificio que cualquiera de aquellos que con
lealtad y sinceridad traten de dirigirlos y traten
de conducirlos hacia un destino, eso solo es posible
a través de principios, a través de ideas.
Ustedes constantemente están leyendo hombres de
pensamiento, constantemente leen la historia, y en
la historia de nuestra patria leen a Martí, leen a
otros muchos destacados patriotas, y en la historia
del mundo, en la historia del movimiento
revolucionario leen a los teóricos, a los grandes
teóricos que nunca claudicaron de los principios
revolucionarios. Son las ideas
las que nos unen, son las ideas las que nos hacen
pueblo combatiente, son las ideas las que nos hacen,
ya no solo individualmente, sino colectivamente,
revolucionarios, y es entonces cuando se une la
fuerza de todos, cuando un pueblo no puede ser jamás
vencido y cuando el número de ideas es mucho mayor;
cuando el número de ideas y de valores que se
defienden se multiplican, mucho menos puede un
pueblo ser vencido.
Y así, cuando uno recuerda a los compañeros, y mira
uno a los jóvenes que tienen importantes tareas; los
otros, muchos de ellos fueron dirigentes de esta
universidad y tienen largos años de lucha, unos más;
unos pueden tener más de 50, otros pueden tener más
de 40 y hoy cada uno de ellos en su cargo, muchos de
ellos estudiantes, otros de origen humilde, como los
que observo aquí, desde personas que estuvieron en
el Moncada y personas que vinieron en el
Granma, lucharon en la Sierra Maestra y
participaron en todos los combates; aquí los veo, a
cada uno de ellos, defendiendo una causa, una
bandera.
Veo, por ejemplo, a nuestro querido compañero
Alarcón. Lo recuerdo porque aquí
se ha hablado de la batalla por los cinco héroes
presos, y él ha sido incansable batallador por la
justicia con relación a esos compañeros.
Fue la tarea que recibió de la Revolución, y
la recibió por sus cualidades, por su talento, por
su carácter de Presidente de la Asamblea Nacional.
Veo al compañero Machadito, viejo médico, pero no
médico viejo, que nos acompañó allá por las
montañas. Veo a Lazo, veo a Lage,
veo a Balaguer, veo a muchos por aquí para allá
—todavía veo algo (Risas)—, creo que veo a Sáez,
creo que vemos al Ministro de la enseñanza superior,
creo que veo a Gómez —es Gómez,
un poquito más gordito tal vez—, y un poco más allá
veo a Abel, nombre bíblico, que acaba de destacarse
mucho allá en Mar del Plata, donde se libró una
gloriosísima batalla.
Vean qué mundo, vean cuántos cambios, vean cuáles
objetivos hoy vamos persiguiendo.
Vean qué estrategias se van diseñando, que
nos introducen a nosotros en la estrategia del
mundo, siendo un minúsculo país, aquí a 90 millas
del colosal imperio, del más poderoso que existió
jamás a lo largo de la historia, y han pasado 46
años y ahí está más distante que nunca de lograr
poner de rodillas a la nación cubana, aquella que
humillaron y ofendieron durante algún tiempo
(Aplausos); aquella de la que fueron dueños, dueños
de todo: minas, tierras, cientos de miles de las
mejores hectáreas; de sus puertos, de sus
instalaciones, de su sistema eléctrico, de
transporte, bancario, comercial, etcétera, etcétera,
y creen los muy idiotas que van a volver aquí y los
vamos a llamar de rodillas: “Vengan a salvarnos una
vez más, salvadores del mundo; vengan, que les vamos
a entregar todo otra vez, y esta universidad, para
que pongan en ella 5 000 y no medio millón, porque
medio millón es mucho para la mentalidad de ustedes,
que querían ver desempleados y hambrientos para que
la porquería de capitalismo ese funcione, porque es
solo a base de un ejército de la reserva para que
funcione; vengan y reproduzcan otra vez los
desempleados analfabetos que hacían colas en las
proximidades de los cañaverales, sin que nadie les
llevara una gota de agua, ni desayuno, ni almuerzo,
ni albergue, ni transporte.
Búsquenlos a ver dónde los encuentran, porque aquí
están sus hijos estudiando en las universidades por
cientos de miles” (Aplausos).
Lo vi, no me lo contó nadie; lo vi, hace apenas 48
horas; lo vi allá en el Palacio de las Convenciones,
primero en un grupo de varios cientos, con sus
pulóveres azules; lo vi a través de aquellos jóvenes
que se graduaron como trabajadores sociales y hoy
son todos, ¡todos, sin excepción!, estudiantes
universitarios, de primero a quinto año de la
carrera, después de un año de estudios intensos para
hacerse trabajadores sociales, después de varios
años cursando esa carrera, y eran primero 500 y
ahora son 28 000.
Creo que fue Agramonte, otros dicen que Céspedes,
quien respondiendo a los pesimistas, cuando tenía 12
hombres, exclamó: No importa
aquellos que no tienen confianza, que con 12 hombres
se hace un pueblo. Si con 12
hombres se hace un pueblo, cuántas veces somos hoy
12 hombres. Y 12 hombres,
multiplicado por quién sabe cuántas veces, armados
de ideas, de conocimientos, de cultura, que saben de
este mundo cómo es, saben de historia, saben de
geografía, saben de luchas, porque tienen eso, eso
que se llama una conciencia revolucionaria, que es
la suma de muchas conciencias, es la suma de la
conciencia humanista, la suma de una conciencia del
honor, de la dignidad, de los mejores valores que
puede cosechar un ser humano. Es
hija del amor a la patria y el amor al mundo, que no
olvida aquello de que patria es humanidad,
pronunciado hace más de 100 años.
Patria es humanidad, es lo que hay que
repetir todos los días, cuando viene alguien y se
olvida de aquellos que viven en Haití, o están allá
en Guatemala, golpeada, entre otras causas, por el
desastre natural, sufriendo inenarrables dolores,
inenarrable pobreza, como ocurre habitualmente en la
mayor parte del mundo.
Eso es lo único que puede exhibir el infame imperio
y su repugnante sistema, resultado de la historia en
la larga marcha de la especie por una sociedad de
justicia nunca alcanzada a lo largo de miles de
años, que es la brevísima historia relativamente
conocida de la especie buscando una sociedad justa.
Y siempre estuvieron tan lejos como tan cerca
nos sentimos hoy de esa sociedad justa, y para
demostrar que es posible, se trata precisamente de
la sociedad que queremos construir; pero me atrevo a
añadir, por encima del montón de defectos que
tenemos todavía, de errores, de faltas, es la
sociedad en la historia humana que está más cerca de
poder calificarse como sociedad justa.
¿Dónde está la justicia que no la veo?
No la veo porque aquel gana veinte veces,
treinta veces más que yo como médico, o más que yo
como ingeniero, o más que yo como catedrático de la
universidad, ¿dónde está? Y,
¿por qué? ¿Qué produce aquel? ¿A
cuántos educa? ¿A cuántos cura? ¿A cuántos hace
felices con sus conocimientos, con sus libros, con
su arte? ¿A cuántos hace felices construyéndoles una
vivienda? ¿A cuántos hace felices cultivando algo
para que puedan alimentarse? ¿A
cuántos hace felices trabajando en fábricas, en
industrias, en sistemas eléctricos, en sistemas de
agua potable, en las calles, o en los tendidos
eléctricos, o atendiendo las comunicaciones,
o imprimiendo libros? ¿A
cuántos?
Hay, y debemos decirlo, unas cuantas decenas de
miles de parásitos que no producen nada y reciben
tanto como aquel que lleva en un
cacharro viejo, comprando y robando combustible por
todo el camino de La Habana a Guantánamo, a uno de
esos jóvenes estudiantes que tuvo que viajar cuando
las circunstancias del transporte son muy difíciles,
y le cobra 1 000 pesos, 1 200, a lo largo de esas
carreteras, tan llenas de baches en muchos lugares y
faltas de señales que no pudimos terminar de hacer
por diversas razones, por recursos que no teníamos,
por incapacidades que no habíamos superado, por
descontrol de los que administran o dirigen.
Sí, hay que tomar estas cosas muy en cuenta y no
olvidarlas, porque estamos frente a una gran batalla
que debemos librar, que empezamos a librar, que
vamos a librar y vamos a ganar.
Es lo más importante.
Sí, estamos muy conscientes de eso, y más
conscientes de eso, y en eso pensamos más que en
ninguna otra cosa, de nuestros defectos, de nuestros
errores, de nuestras desigualdades, de nuestras
injusticias.
Y no me atrevería a mencionar el tema aquí si no
tuviera la más absoluta convicción y la más absoluta
seguridad, que salvo catástrofes mundiales,
colosales guerras, estamos acercándonos
aceleradamente a reducirlas y a vencerlas para que
se cumpla algo, escúchese bien, que los ciudadanos
de este país, que en un tiempo estaban desempleados
en un 10%, un 15%, un 20% o más, los ciudadanos de
este país que en un tiempo eran analfabetos en
número de un millón, o eran analfabetos o
semianalfabetos hasta un 90%, en este pueblo de hoy,
y sobre todo de un mañana muy próximo, cada
ciudadano vivirá fundamentalmente de su trabajo y de
sus jubilaciones y pensiones.
No olvidar jamás a aquellos que durante tantos años
fueron nuestra clase obrera y trabajadora, que
vivieron décadas de sacrificio, las bandas
mercenarias en las montañas, las invasiones como la
de Girón, los miles de actos de sabotaje que
costaron tantas vidas a nuestros trabajadores
cañeros, azucareros, industriales, o en el comercio,
o en la marina mercante, o en la pesca, los que de
repente eran atacados a cañonazos y a bazucazos,
nada más porque éramos cubanos, nada más porque
queríamos la independencia, nada más porque
queríamos mejorar la suerte de nuestro pueblo; y
allá los bandidos haciendo de las suyas, allá los
bandidos reclutados y entrenados por la CIA, allá
los criminales, allá los terroristas que volaban los
aviones en pleno vuelo o trataban de hacerlos volar,
no importaba los que murieran, allá los que
organizaban atentados de todo tipo y los actos de
terrorismo contra nuestro país.
¿Cambió acaso el imperio?
¿Y dónde está, “Bushecito”, el señor Posadita
Carriles, qué hizo con él, amable caballero que, a
pesar de cosas conocidas y vergonzosas, cabalga y
trata de llevar la rienda de ese imperio?
¿Cuándo va a responder aquella sana pregunta,
bien sencilla, que le hicimos muchas veces?
¿Por dónde entró Posada Carriles a Estados
Unidos? ¿En qué barco, por qué
puerto? ¿Cuál de los príncipes
herederos de la corona lo autorizó, sería el
hermanito gordito de Florida? —y que me perdone lo
de gordito, no es una crítica, sino la sugerencia de
que haga ejercicios y guarde dieta, ¿no? (Risas), es
algo que hago por la salud del caballero.
¿Quién lo recibió? ¿Quién le dio
permiso? ¿Por qué se pasea por
las calles de la Florida y de Miami quien tan
desvergonzadamente lo llevó? ¿Qué se hizo aquella
academia? ¿De qué era, de
navegación o de cría de peces? ¿Qué era el bárbaro
aquel?, aquel que por un telefonito habló con otro
terrorista que tenía unas latas con dinamita y al
preguntarle, y era su voz, lo reconoció el tipo, lo
reconoció todo el mundo, no se podía negar, cuando
le preguntó qué hacía con esas laticas y le dice:
“Vete a Tropicana, tíralas por una ventana y
acaba con aquello.” Miren qué
gente tan noble, tan respetuosa de las leyes, de las
normas internacionales, de los derechos humanos.
Y el muy desvergonzadito de “Bushecito” no ha
querido responder todavía, está ahí calladito, nadie
más ha respondido.
Las autoridades de nuestro hermano país, México,
tampoco han tenido tiempo —parece que es así, mucho
trabajo— para responder a la pregunta, que no cuesta
nada, señor, decir que Posadita Carriles, ese
ingenuo “niño”, ingenuo e inocente, entró en el
barco aquel, por el puerto aquel y de la forma que
Cuba denunció.
Pero vean si son descarados, dicen todas las
mentiras del mundo, pero les hacen una ingenua
preguntica, una sencilla preguntica, pasan meses y
no responden una palabra. Así
pasaron meses y no sabían dónde estaba Posadita.
Esta muchacha tan inteligente, ¿cómo se llama?, la
que es Secretaria de Estado (Risas), ¿Condoleezza o
Condoliza?, bueno, Condesa Rice (Risas), no sabe
tampoco, ignora, y los voceros lo ignoran; no han
dicho ninguna mentira, no han cometido ni el menor
pecado venial, son puros, merecen el aplauso y la
confianza del mundo.
Es mentira, nunca torturaron a nadie; es mentira,
nunca fueron cómplices del terrorismo; es mentira,
nunca inventaron el terrorismo; es mentira, nunca
torturaron en ninguna parte; es mentira, nunca
utilizaron fósforo vivo en Fallujah.
Bueno, dicen que es verdad, pero que es muy
legal, muy legítimo y muy decente usar el fósforo
vivo. ¿Van a meterle miedo a
quién?
Fuimos testigos, y me acordaba cuando veía a los
compañeros allá y veía a Abel, de la colosal batalla
librada allá en Mar del Plata, en el estadio y en el
recinto donde se reunieron los presidentes; no voy a
comentar este punto, pero nuestro pueblo tuvo
oportunidad de ver, de observar —yo conozco los
estados de opinión— aquella grandiosa batalla, una
en la calle y otra allí, donde estaban reunidos los
jefes de Estado.
Y hablando de historia, nunca en la historia de este
hemisferio se dio algo parecido a una batalla como
aquella, en que aquel caballero de la triste figura,
pero no por sus ideales cervantinos, de la triste
figura porque hace muecas, cosas raras, mira, se
aburre, lo acuestan a dormir a las 12:00 de la
noche, el mundo se acaba; cualquier día, de los
portaaviones despegan los aviones y bombardean aquel
territorio de bandidos por culpa de los cuales, por
estar un poco ocupados, le entorpecieron el sueño al
jinete que lleva las riendas del imperio, porque
mientras él duerme, el caballo puede seguir por
donde le da la gana; al fin y al cabo, es posible
que el caballo conduzca mejor los destinos del
imperio que el propio jinete que debe acostarse
temprano (Aplausos).
Realmente es una lástima que la madrugada no dure
más tiempo, porque por lo menos el mundo podía estar
mejor.
Así es todo. Hemos visto muchas
cosas que no deben olvidarse.
Algunos andan preguntando si Cuba habló o no habló,
si Cuba tomó partido o no tomó partido. Se lo
advierto, porque andan algunos intrigando
ridículamente sobre esas cosas. Cuba habla cuando
tenga que hablar y Cuba tiene muchas cosas que
decir, pero no está ni apurada ni impaciente.
Sabe muy bien cuándo, dónde y cómo debe
golpear al imperio, su sistema y sus lacayos.
Al parecer, algunos creen o fingen creer que no
había un solo cubano allá en Mar del Plata, que no
había toda una fuerza revolucionaria cubana de
primerísima clase en aquella marcha gloriosa de
decenas de miles de ciudadanos del mundo y
fundamentalmente argentinos, a los que el emperador
ofendió parqueando los portaaviones, llevando un
ejército, alquilando todos los hoteles y empleando
miles de agentes de policía.
Nadie se iba a meter físicamente con él, si lo que
deseaba era que le tiraran un huevo podrido; no, él
no merece tan altos honores (Risas), de ninguna
forma.
Y los bien civilizados ciudadanos argentinos y los
cada vez más conscientes y expertos ciudadanos de
este hemisferio, donde el orden implantado es ya
insostenible e insalvable, saben lo que hacen.
Dijeron que una manifestación pacífica, ni un
hollejo lanzarían, y al movilizar bajo aquella fría
llovizna tanta gente, marchar durante horas hacia el
estadio y constituir allí una enorme masa en ese
estadio, le dieron una lección inolvidable al
imperio, porque le demostraron que son personas, son
pueblos que saben lo que hacen y quien sabe lo que
hace marcha hacia la victoria, es absolutamente
seguro. Y los que no saben lo que hacen son
aplastados por los pueblos.
No queremos darle pretextos al imperio de armar un
showcito. En este ajedrez de 50
fichas, veremos al final quién da el jaque mate.
Cuando digo imperio no digo pueblo norteamericano,
entiéndase bien. El pueblo
norteamericano salvará muchos de los valores éticos,
salvará muchos principios que han sido olvidados, se
adaptará al mundo en que vivimos, si este mundo
puede salvarse y este mundo debe salvarse.
Y todos, nosotros entre todos y en primera
fila, debemos luchar para que este mundo pueda
salvarse y nuestras mejores e invencibles armas son
las ideas.
Alguien habla de la batalla de ideas, sí, aquella
batalla de ideas que estuvimos librando durante
algunos años se está convirtiendo en una batalla de
ideas a nivel mundial. Y
triunfarán las ideas, deben triunfar las ideas.
Trasmitamos ese mensaje, abrámosle los ojos a esta
humanidad condenada a la extinción.
Si no va a ser eterna, si es probabilísimo
que un día hasta la luz del Sol se apague, si es
casi seguro que no habrá forma de trasladar la
materia viva y sólida a una distancia que quede a
años luz de este planeta, y las leyes físicas son
mucho más rigurosas, mucho más exactas que las leyes
históricas o sociales.
De todas formas pienso que esta
humanidad y las grandes cosas que es capaz de crear,
deben preservarse mientras puedan preservarse.
Una humanidad que no se preocupe por la
preservación de la especie sería como el joven
estudiante o el cuadro dirigente que sabe que su
vida está muy limitada a un número reducido de años
y, sin embargo, estuviera preocupado solo por su
propia vida.
Mencioné unos cuantos nombres de compañeros aquí
presentes, a unos les quedan más años, a otros les
quedan menos, y ninguno sabe cuántos, yo no pienso
jamás que alguno de ellos esté pensando preservarse
sin importarle cuál sea el destino de este admirable
y maravilloso pueblo, ayer semilla y hoy árbol
crecido y con raíces profundas; ayer lleno de
nobleza en potencia y hoy lleno de nobleza real;
ayer lleno de conocimientos en sus sueños y hoy
lleno de conocimientos reales, cuando apenas está
comenzando en esta gigantesca universidad que es hoy
Cuba.
Y vean cómo van surgiendo nuevos cuadros, y cuadros
jóvenes. Ahí está Enrique, que dirige ese ejército
de los 28 000 trabajadores sociales, más los 7 000
que están estudiando y perfeccionando esa noble
profesión.
Como ustedes saben, estamos envueltos en una batalla
contra vicios, contra desvíos de recursos, contra
robos, y ahí está esa fuerza, con la que no
contábamos antes de la batalla de ideas, diseñada
para librar esa batalla.
Les voy a decir algo, para ver si los trabajadores
de la construcción se llenan de amor propio; cuando
quieren ser heroicos lo son.
Pero no piensen que el robo de materiales y de
recursos es de hoy, o del período especial; el
período especial lo agudizó, porque el período
especial creó mucha desigualdad y el período
especial hizo posible que determinada gente tuviera
mucho dinero. Recuerdo, estábamos construyendo en
Bejucal un centro de biotecnología importantísimo.
Cerca de allí había un pequeño cementerio.
Yo daba vueltas, un día fui por el
cementerio, allí había un colosal mercado donde
aquella fuerza constructiva, sus jefes, y con la
participación de un gran número de constructores,
tenía un mercado de venta de productos: cemento,
cabilla, madera, pintura, todo cuanto se usa para
construir.
Ustedes saben que siempre, y aún hoy, el problema de
la construcción es muy serio.
Tenemos recursos, a veces han faltado materiales, o
vamos teniendo y surge la posibilidad de tener cada
vez más recursos para construir; pero qué tragedia
con los constructores, qué debilidades las de los
jefes de brigadas, de los que deben dirigir.
Pero ello no es nuevo. En el tiempo de que les
hablo, para producir una tonelada de hormigón se
consumían 800 kilogramos de cemento, y una tonelada
de un buen hormigón, de ese con que fundimos pisos,
o columnas, antes de la época en que se fabricara El
Morro y La Cabaña, que duran más que muchas de las
cosas que hoy el mundo moderno construye; pero bien,
el gasto debe ser de alrededor de 200 kilogramos.
Vean cómo se despilfarraba, cómo se desviaban
recursos, cómo se robaba.
En esta batalla contra vicios no habrá tregua con
nadie, cada cosa se llamará por su nombre, y
nosotros apelaremos al honor de cada sector.
De algo estamos seguros:
de que en cada ser humano hay una alta dosis de
vergüenza. Cuando él se queda
consigo mismo, no es un juez severo, a pesar de que,
a mi juicio, el primer deber de un revolucionario es
ser sumamente severo consigo mismo.
Se habla de crítica y autocrítica, sí, pero nuestras
críticas suelen ser casi de un grupito, nunca
acudimos a la crítica más amplia, nunca acudimos a
la crítica en un teatro.
Si un funcionario de Salud Pública, por ejemplo,
falseó un dato acerca de la existencia del mosquito
Aedes Aegypti, lo llaman, lo critican.
Yo conozco algunos que dicen:
“Sí, me autocritico”, y se quedan tan
tranquilos, ¡muertos de risa!
Son felices. ¡Ah!, ¿te
autocriticas? ¿Y todo el daño que hiciste y todos
los millones que se perdieron como consecuencia de
este descuido o de esta forma de actuar?
Crítica y autocrítica, es muy correcto, eso no
existía; pero si vamos a dar la batalla hay que usar
proyectiles de más calibre, hay que ir a la crítica
y autocrítica en el aula, en el núcleo y después
fuera del núcleo, después en el municipio y después
en el país.
Utilicemos esa vergüenza que, sin duda, tienen los
hombres, porque conozco a muchos hombres a los que
llamamos sin vergüenza, y son justamente calificados
de sin vergüenza, que cuando en un periódico local
aparece la noticia de lo que hicieron, se llenan de
vergüenza.
El ladrón engaña, o el que merece una crítica por su
falta, engaña, es también mentiroso.
La Revolución tiene que usar esas armas, ¡y las va a
usar si fuera necesario!; no debiera ser necesario.
La Revolución va a establecer los controles que sean
necesarios.
Había muchos que estaban encantados de la vida, como
dice una canción: “¿Y tú cómo estás?”
Eso se le podía preguntar a muchos de los que
andaban con la manguerita echando gasolina en los
almendrones, o recibiendo un dinerito del nuevo
rico, que ni siquiera quería pagar la gasolina que
consumía.
Vean ustedes si lo que digo es más o menos real y
había un desorden general, no solo en eso, pero en
eso, entre otras cosas, con pérdida de decenas de
millones de dólares, pueden ser 80
—¡oiga, mire que 80 es un montón de montones
de millones!—, pueden ser 160, pueden ser 200
millones. ¿Ustedes acaso saben
lo que son 200 millones? Ustedes
estudiaron aritmética. Pero ustedes han oído hablar
de las universidades en el país, ¿verdad?
¿Sí o no? Ustedes son
dirigentes de las universidades, y ya todos los
estudiantes tienen sus derechos, de una forma o de
otra, todas las categorías:
estudiantes regulares diurnos, estudiantes
nocturnos, estudiantes por esto y lo otro.
¿Y ustedes saben cuánto es el total hoy de
estudiantes universitarios, de nivel superior?
Si no lo saben lo podemos analizar, yo hasta
aquí mismo llegué preguntando datos:
a ver, díganme el exacto, 360 000.
Sí, 360 000 como consecuencia de la
universalización de la enseñanza superior.
Seguro que Vecino sabe. No se
pone bravo Vecino si le pregunto estos números, si
no los conoces bien no tengas pena por eso.
¿Cuántos estudiantes regulares diurnos tienen todos
los centros de enseñanza superior del país,
incluyendo los militares?
Si él no lo sabe alguien lo debe saber.
(Le dicen 230 000)
Enrique, ¿coincide con tus datos?
(Enrique le explica la composición de la cifra de
estudiantes.)
Sí, 500 000, pero hay que seguir sumando.
Los de la universalización son esos, los regulares
diurnos juntos, esas dos cifras, es lo que yo venía
discutiendo, son 500 000.
Pero hay otras categorías ahí, yo lo tengo.
(Enrique aclara que se incluyen los profesores
adjuntos, con lo que suman 75 000, unido a 25 000
profesores universitarios, que se acerca a la cifra
de 100 000.)
Aquí dice que está subdividido:
“141 000 estudiantes en el curso regular diurno”.
¿Estamos de acuerdo en eso?
“Ciento cuarenta y un mil estudiando en el curso
para trabajadores.”
¿Son los mismos o no?, ¿o están incluidos en la de
360 000? Está incluido en los
360 000 del programa de universalización.
¿Es o no correcto?
(Enrique explica que es independiente, que está el
curso regular diurno, el curso para trabajadores y
la universalización).
¿Regular diurno, dices? (Le
aclara que esa es la cifra que se estaba dando.)
Hay cursos para trabajadores que ya están en la
universidad, cuando pasan a la universidad imagino
que estén en el concepto de 360 000; 32 000
estudiando en la educación a distancia, ¿esos en qué
categoría están? ¿En la de
360 000? No están en el regular
diurno, no están en el curso para trabajadores, y
son estudiantes. Viene existiendo esa enseñanza.
Bien, vamos a buscar la cifra más conservadora, que
para los fines que yo necesito alcanza.
En la actualidad hay más de 500 000 estudiantes
universitarios.
Ustedes saben, además, que existen ya 958 sedes
universitarias. Por algo ustedes, la FEU,
están ya en los municipios, donde se estudian
en conjunto 45 carreras universitarias, y crece por
año. Hay 169 sedes
universitarias municipales, del Ministerio de
Educación Superior; 130 sedes universitarias para el
área “Alvaro Reinoso”, de ellas 84 en bateyes
azucareros, muchos de estos están en la cifra
anterior; hay 18 sedes en prisiones, sedes de
estudio superior que tienen 594 matriculados en
licenciatura de estudios socioculturales, no son
muchos todavía; 240 sedes universitarias del INDER,
19 sedes en prisiones donde están estudiando
también, 579 matriculados, 200 que concluyeron el
primer año de la carrera. Eso es
nuevo también: sedes
universitarias en las prisiones.
Existen, por otro lado, 169 sedes universitarias
municipales de salud pública, 1 352 sedes en
policlínicos, unidades de salud y bancos de sangre,
en los que se estudian distintas licenciaturas
asociadas a la salud pública.
Hay casi 100 000 profesores entre titulares y
adjuntos. Muchos que estaban en
el aparato burocrático de los centrales azucareros y
en otros lugares hoy están dando clases, son
profesores adjuntos; ha crecido, por tanto, la masa
de profesores del nivel superior.
Entre los dos —y no hablo de otros
trabajadores de las universidades—, estudiantes y
profesores, suman alrededor de 600 000.
Entre los estudiantes más de 90 000 eran
jóvenes que no poseían matrícula ni empleo, muchos
de ellos de extracción humilde, que hoy están
teniendo excelentes resultados en los estudios
universitarios.
¿Hago preguntas o digo, más o menos, los datos que
tengo?
He estado preguntando hasta última hora cuál es el
gasto, el presupuesto de los centros de enseñanza
superior. Carlitos me dio un
dato, creo que dijo 830. Vecino debe saberlo, porque
él conoce estos datos.
¿Recuerdas ese dato, Vecino?
(Vecino plantea que el curso pasado fueron 230
millones de pesos.)
No, ojalá. Ahí hay un dato que
alguien pudiera conocer.
Vean, este es del Ministerio de Finanzas.
Ese es el año 2004, este del 2005 es el que
yo estoy preguntando, en este ha crecido
enormemente. El del año pasado
no me sirve, Vecino.
Bueno, lo que le pasa a Vecino nos pasa a todos, y
es un tema de vida o muerte.
Hace unos días estaba delante de 200 profesionales
universitarios, bien preparados, y les hice una
pregunta: “¿Cuál de ustedes conoce lo que paga en su
casa por el consumo eléctrico?”
Escuchen bien, compañeras y compañeros. ¿Cuántos
creen ustedes que me respondieron?
Hagan un cálculo, según la lógica.
¿Qué tú piensas, tú que hablaste aquí? Y es listo el
compañero, todos son listos, pero unos tienen más
facilidades de palabra. ¿Cuántos
tú crees que respondieron a la pregunta que les hice
a 200 profesionales universitarios?
(Le dice que 100.)
¿Qué tú piensas? ¿Tú sabes
cuánto gastas tú? (Expresa que
tiene una idea.) ¿Cuánto es la
idea, dime en dinero y en kilowatt? (Risas.)
No, espérate, yo te lo digo, incluso, si tú
me dices cuántos bombillos incandescentes tienes, de
qué marca es el refrigerador, qué televisor blanco y
negro o en colores usas y de qué año, qué ventilador
tienes, cuánta agua hierves al día, en qué la
hierves, si con gas de la calle, si con luz
brillante o gas líquido. No, es
que yo no les quiero hacer la pregunta a ustedes,
cuidándolos a ustedes, lo único que yo les he
preguntado es que me hagan un cálculo de cuántos
respondieron de los 200 a mi pregunta de cuánto
pagaban por el recibo eléctrico.
Tú, que te estás riendo, a ver, un cálculo, un
estimado, 50, 70, 120 (Uno le dice que la tercera
parte). ¿Y tú?
(Le dice que no menos de 100.)
Tú debes estar recordando la que estás
gastando por miedo a que te pregunte, pero no te voy
a hacer la pregunta (Risas).
¿Saben cuántos respondieron la pregunta de 200?
¿Saben cuántos? El 0,0000
hasta el infinito. Alguna
aritmética ustedes estudiaron, pueden comprenderlo:
ninguno; ninguno en absoluto.
Yo pienso que todos los ciudadanos en este país
deben meditar en eso.
¿Les puedo hacer una pregunta a ustedes?
¿Por qué ocurrió eso? A
ver, hay que meditar. Hemos
dicho que hay que cambiar el mundo, que hay que
salvarlo, que estamos en un mundo en su hora crítica
y casi próxima a un trágico final, no estoy
exagerando aquí para impresionarlos a ustedes.
Puede ser que ustedes tengan menos años que
yo y ese fenómeno ocurra. Hablo
por ustedes, y por los hijos de ustedes, y los
hermanos de ustedes, menores o mayores.
Jamás se pudo afirmar eso, a lo largo de la
historia breve del hombre, no de la historia
salvaje, cuando ya era hombre y ya había
desarrollado una capacidad mental, aunque no vivía
en sociedad, ni había desarrollado la lengua
escrita, ni siquiera una rudimentaria tecnología.
¿Por qué? Ustedes están
obligados a pensar. ¿Qué líderes
universitarios son ustedes?
Carlitos, ¿de dónde salió esta tropa que no es capaz
de dar una idea de las razones por las cuales 200
profesionales universitarios no respondieron la
pregunta sobre el gasto de energía?
¿Qué tiempo quieren para meditar?
¿Les basta un minuto? (Un
compañero explica que es porque la familia cubana
tiene la facilidad de pagarla, no es como en otros
lugares que tienen que estar pendientes de esa
situación.)
¿Tú qué piensas? (Plantea que es
porque ningún universitario tiene que ir a la calle
a buscar para poder pagar la corriente eléctrica.)
¿Tú qué piensas? (Dice que esto
ocurre porque es insignificante lo que se paga.)
¿Tú qué piensas? (Considera que
la Revolución subsidia la mayor parte de los gastos
de nuestra población y ahorrar no es una
preocupación.)
Bien, yo les voy a hacer otra pregunta.
Ustedes se están acercando a la razón exacta,
al menos tal como yo la veo, y no la veo solo en
eso. Hay algunas preguntas que
pueden enredarse más, pero hay que hacer a la gente
pensar y hay que llamar a todos nuestros
compatriotas honestos, y hasta a los deshonestos
incluso, puede haber algún deshonesto que diga,
bueno, la verdad: “Por esto.”
Hay muchas. Sencillamente
porque prácticamente la electricidad se regala, está
regalada la electricidad. Bueno,
yo se lo puedo demostrar.
Después pueden venir otras preguntas: ¿Cuánto
ganamos? Y si viene la pregunta de cuánto ganamos,
se comenzaría a comprender el sueño de que cada cual
viva de su salario o de su justísima jubilación.
Añádanle un poquitico: cuando
usted piensa en dos hermanas, una de ellas era
maestra, ahora están juntas, tienen problemas,
dificultades, estaban ganando 80 pesos de
jubilación, porque antes los salarios eran más
bajos, y después vinieron períodos:
“Te pago a ti por horario anormal, te pago a
ti porque es de tarde, te pago más porque es de
noche, te pago más porque tuviste que venir un
domingo a la semana”, nada de eso influía en el
salario básico, influye en el ingreso individual del
maestro, pero no en el salario del maestro, y las
jubilaciones, según las leyes, y muchas eran viejas
y ya teníamos que empezar a barrerlas, y les puedo
asegurar que hemos ido tomando conciencia y que toda
la vida es un aprendizaje, hasta el último segundo,
y muchas cosas las empiezas a ver en un momento, y
entre el millón de temas en que estás pensando andas
distraído, no te das cuenta de un fenómeno, que los
incrementos de ingresos personales cuando vino el
período especial, casi todos se hicieron a través de
esas normas y no de un salario básico, y por eso no
hubo ninguna vacilación, en fecha reciente, cuando
se elevó a 150 la pensión mínima del trabajador, y
la señora ganaba 80 pesos, la mínima 50 en una
categoría, en otra 190 y en otra 230.
Ahora, imagínate el maestro aquel, o la
maestra que se pasó 40 años, antes de que surgiera
el mercado libre campesino y los intermediarios
asaltaran la república. Sí,
porque el campesino allí todo el mundo sabe que no
va a ir a vender tres libras de arroz en ningún
lugar. El campesino no es
comerciante; el campesino es productor.
Uno tiene un camioncito porque se lo robó, o
porque lo compró, o porque es con dinero robado,
porque le puso un motor, muchas cosas.
No, esto no es hablar mal de la Revolución, esto es
hablar muy bien de la Revolución, porque estamos
hablando de una revolución que puede hablar de esto
y puede agarrar al torito por los cuernos, más que
un torero de Madrid. Aquel le
pone un trapo rojo, y después viene, el hombre
cierra los ojos, a veces da un cabezazo y le mete un
puntillazo, una varilla, lo enfurece; pero hay que
agarrar al torito por los cuernos para obtener un
premio.
Yo no he sido aficionado a los toros, aunque he
leído a Hemingway, pero de vez en cuando en México
iba a una corrida de toros, yo no sé cómo se llama.
Y luego, premio: buen
torero, rabo, oreja. Al que lo
hacía perfecto le daban las dos orejas, un rabo, un
nombre glorioso y la fiesta romana del toreo.
No me meto con eso.
Recuerdo que al principio de la Revolución no sé a
quién de nosotros, o a uno cualquiera de nosotros se
nos ocurrió hablar del toreo.
Eramos tan ignorantes que hablábamos del toreo,
porque lo habíamos visto allá por México y porque
podía atraer el turismo. Vean
cuánto sabíamos nosotros, y éramos ya, o creíamos
que éramos, muy revolucionarios.
Ustedes se están riendo, me alegro, porque me anima
a contarles algunas cosas más.
Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años:
entre los muchos errores que hemos cometido todos,
el más importante error era creer que alguien sabía
de socialismo, o que alguien sabía de cómo se
construye el socialismo. Parecía
ciencia sabida, tan sabida como el sistema eléctrico
concebido por algunos que se consideraban expertos
en sistemas eléctricos. Cuando
decían: “Esta es la fórmula”,
este es el que sabe. Como si
alguien es médico. Tú no vas a
discutir con el médico acerca de anemia, de
problemas intestinales, de cualquier especialidad,
al médico nadie lo discute.
Puede creer que es bueno o malo, qué sé yo, puede
hacerle caso o no; pero a nadie se le discute.
¿Quién de nosotros va a discutir con un
médico, o con un matemático, o con un experto en
historia, en literatura o cualquier materia?
Pero somos idiotas si creemos,
por ejemplo, que la economía —y que me perdonen las
decenas de miles de economistas que hay en el país—
es una ciencia exacta y eterna, y que existió desde
la época de Adán y Eva.
Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien
cree que esa misma economía de hoy es igual a la de
hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es
igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos
Marx. A mil leguas de mi pensamiento el
revisionismo, rindo verdadero culto a Marx, a Engels
y a Lenin.
Un día dije: “En esta
universidad me hice revolucionario”; pero fue porque
hice contacto con esos libros, y antes de empatarme,
por mi propia cuenta y sin haber leído ninguno de
esos libros, estaba cuestionando la economía
política capitalista, porque me parecía irracional
ya en aquella época, y estudiaba economía política
en el primer año por Portela, 900 páginas en
mimeógrafo, durísima, casi a todo el mundo lo
suspendía. Era el terror aquel
profesor.
Una economía que explicaba las leyes del
capitalismo, mencionaba las distintas teorías sobre
el origen del valor, y mencionaba también a los
marxistas, los utopistas, los comunistas, en fin,
las más variadas teorías sobre economía.
Pero estudiando la economía política del
capitalismo comencé a sentir grandes dudas, a
cuestionar aquello, porque yo, además, había vivido
en un latifundio y recordaba cosas, tenía ideas
espontáneas, como tantos utopistas hubo en el mundo.
Después, cuando supe lo que era el comunismo
utópico, descubrí que yo era un comunista utópico,
porque todas mis ideas partían de:
“Esto no es bueno, esto es malo, esto es un
disparate. Cómo van a venir las crisis de
superproducción y el hambre cuando hay más carbón,
más frío, más desempleados, porque hay precisamente
más capacidad de crear riquezas.
¿No sería más sencillo producirlas y repartirlas?”
Por ese tiempo parecía, como le parecía también a
Carlos Marx en la época del Programa de
Gotha, que el límite a la abundancia estaba en
el sistema social; parecía que a medida que se
desarrollaban las fuerzas productivas podían
producir, casi sin límites, lo que el ser humano
necesitaba para satisfacer sus necesidades
esenciales de tipo material, cultural, etcétera.
Todos se han leído aquel Programa, y
es, por cierto, muy respetable.
Establecía con claridad cuál era la diferencia en su
concepto entre distribución socialista y
distribución comunista, y a Marx no le gustaba
profetizar o pintar futuro, era sumamente serio,
jamás hizo eso.
Cuando escribió libros políticos, como El
18 Brumario, Las luchas civiles en Francia, era
un genio escribiendo, tenía una interpretación
clarísima. Su
Manifiesto Comunista es una obra clásica.
Usted la puede analizar, puede estar más o
menos satisfecho con unas cosas o con otras.
Yo pasé del comunismo utópico a un comunismo
que se basaba en teorías serias del desarrollo
social como el materialismo histórico.
En el aspecto filosófico, se apoyaba en el
materialismo dialéctico. Había
mucha filosofía, muchas pugnas y disputas.
Siempre, desde luego, hay que prestar la
debida atención a las diversas corrientes
filosóficas.
En este mundo real, que debe ser cambiado, todo
estratega y táctico revolucionario tiene el deber de
concebir una estrategia y una táctica que conduzcan
al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real.
Ninguna táctica o estrategia que desuna sería
buena.
Tuve el privilegio de conocer a los de la Teología
de la Liberación una vez en Chile, cuando visité a
Allende, en el año 1971, y me encontré allí con
muchos sacerdotes, o representantes de distintas
denominaciones religiosas, y planteaban la idea de
unir fuerzas y luchar, con independencia de sus
creencias religiosas.
El mundo está desesperadamente necesitado de una
unidad, y si no conseguimos conciliar el mínimo de
esa unidad, no llegaremos a ninguna parte.
Decía ayer en una reunión con el representante de la
Santa Sede en nuestro país, al conmemorarse el 70
aniversario de las relaciones ininterrumpidas entre
Cuba y el Vaticano, que una de las cosas que aprecié
mucho de Juan Pablo II fue el espíritu ecuménico.
Porque estudié en escuelas de maestros y
profesores religiosos desde el primer grado hasta el
último, en escuelas de Hermanos de La Salle y de
jesuitas, eran religiosas, y tenía que ir a misa
todos los días. No critico al
que quiera ir, pero sí me opongo a que te obliguen a
ir todos los días, que era lo que me ocurría a mí.
Bueno, muchas cosas. Conversé
ayer incluso con los obispos muchos de estos temas
con respeto y en buen espíritu; recordaba lo que
decía sobre el ecumenismo, y recordaba que en mi
época observaba una guerra a muerte, todas las
religiones unas contra otras: la
católica contra la judaica, la protestante, la
musulmana, y así cada una de ellas; hablar de una a
otra, era hablar del diablo.
Años después, con sorpresa iba viendo, creo que fue
después del Concilio que tuvo lugar en Roma, el
Vaticano II. Influyó mucho en la
creación de un espíritu ecuménico, de respeto a las
creencias de cada uno de los demás.
Imagínense numerosas y poderosas iglesias, la
Iglesia Católica, el conjunto de las demás iglesias
cristianas, la Iglesia Musulmana.
Nosotros mismos estamos observando cosas
sumamente interesantes, que no conocíamos, de las
fortísimas culturas, creencias y costumbres
religiosas de los musulmanes, porque están allá los
médicos en un país musulmán salvando vidas.
Nos tratan con gran afecto y respeto.
No voy a entrar en los detalles, pero son
cosas de gran impacto. Hay
varias religiones muy fuertes y algunas tienen miles
de años, 2 500, 3 000, otras un poco menos de 2 000
años, otras cientos de años.
Es un buen ejemplo, porque si el sentimiento
religioso no se une, cualesquiera que sean las ideas
éticas o los valores morales, los objetivos que
cualquier religión persiga no se alcanzarán jamás,
si se trata de la lucha de numerosas iglesias,
siete, ocho, diez, o más —hay muchas más—, luchando
todas unas contra otras y repeliéndose todas entre
sí.
A mí me ha hecho pensar en estos temas la idea, para
mí clara, de que los valores éticos son esenciales,
sin valores éticos no hay valores revolucionarios.
No sé por qué los comunistas fueron imputados de la
filosofía de que el fin justifica los medios, y a
veces, incluso, uno se pregunta por qué no se
defendieron más los comunistas de aquella acusación
de que el fin justificaba los medios; me lo explico,
incluso, por razones históricas, por la enorme
influencia ejercida por el primer Estado socialista,
y por la primera y verdadera revolución socialista,
la primera en la historia, que surge en un país
feudal, con hábitos y costumbres feudales en gran
parte todavía, analfabeta la mayoría de la
población; pero era la primera revolución proletaria
a partir de las ideas de Marx y Engels, desarrollada
por otro gran genio que fue Lenin.
Lenin sobre todo estudió las cuestiones del Estado;
Marx no hablaba de la alianza obrero-campesina,
vivía en un país con gran auge industrial; Lenin vio
el mundo subdesarrollado, vio aquel país donde el
80% o el 90% era campesino, y aunque tenía una
fuerza obrera poderosa en los ferrocarriles y en
algunas industrias, Lenin vio con absoluta claridad
la necesidad de la alianza obrero-campesina, de la
cual no había hablado nadie, todo el mundo había
filosofado, pero no había hablado sobre eso.
Y en un enorme país semifeudal,
semisubdesarrollado, es donde se produce la primera
revolución socialista, el primer intento verdadero
de una sociedad igualitaria y justa; ninguna de las
anteriores que eran esclavistas, feudales,
medievales, o antifeudales, burguesas, capitalistas,
aunque hablaran mucho de libertad, igualdad y
fraternidad, ninguna se propuso jamás una sociedad
justa.
A lo largo de la historia, el primer esfuerzo humano
serio por crear la primera sociedad justa, comenzó
hace menos de 200 años; en 1850 creo que se escribió
el Manifiesto Comunista, y faltan 45
años, sí, faltan 45 años para cumplir 200 años, y
puede apreciarse después la evolución del
pensamiento revolucionario.
Con dogmatismo no se hubiera jamás llegado a una
estrategia. Lenin nos enseñó
mucho, porque Marx nos enseñó a comprender la
sociedad; Lenin nos enseñó a comprender el Estado y
el papel del Estado.
Todos esos factores históricos influyeron
tremendamente en el pensamiento revolucionario, y
hubo desde luego prácticas abusivas y en ocasiones
repugnantes. Eso impulsó la
calumniosa imputación de que para el comunista “el
fin justifica los medios.”
Yo he pensado mucho en el papel de la ética.
¿Cuál es la ética de un revolucionario?
Todo pensamiento revolucionario comienza por
un poco de ética, por un poco de valores que le
inculcaron los padres, le inculcaron los maestros,
él no nació con esas ideas; igual que no nació
hablando, alguien lo enseñó a hablar.
La influencia de la familia es también muy
grande.
Cuando nosotros hemos estudiado los casos de los
jóvenes que están en prisión entre 20 y 30 años,
vemos procedencia, niveles culturales de los padres,
y tienen influencia decisiva, al extremo de que
durante la batalla de ideas, nosotros, haciendo todo
tipo de investigaciones sociales de esa índole,
arribamos a la conclusión de que el delito en Cuba
estaba estrechamente asociado al nivel cultural y al
status social de los padres; era increíble el
bajísimo porcentaje de hijos de profesionales
universitarios e intelectuales que delinquían, como
era igualmente increíble el número de aquellos que
procedían de familias humildes donde no existía esa
base cultural. Otro problema
influía mucho: la disgregación
del núcleo en una familia humilde de bajo nivel
cultural. Algunos hijos no se
quedaban ni con el padre ni con la madre, sino con
una tía, una abuela con dificultades de salud u
otros problemas, esto ejercía notable influencia en
el destino del niño.
Fue cuando utilizábamos aquellas brigadas
universitarias que visitaban los barrios más pobres,
o cuando un día decidimos movilizar 7 000
estudiantes a los que después entregué a cada uno un
diploma, los firmé en el avión, venía de Africa; por
el camino, no se sabe las horas interminables en que
firmé miles de diplomas, por el valor que le daba a
aquel trabajo. Los visitaba en
su tarea, y cómo aprendimos.
Había que ver qué pasaba allí en la sociedad.
Queríamos saber muchas cosas y no las
sabíamos: cómo vivía la gente.
Fue en esa ocasión cuando descubrimos que, por
ejemplo, una madre podía estar trabajando, recibir
un sueldo, tener a la vez un hijo con retraso mental
severo, encamado y necesitado de atención todo el
tiempo, había que hacérselo todo.
Algún familiar se lo cuidaba mientras ella
trabajaba. Un día el familiar se
marchaba, o moría, y aquella mujer tenía que escoger
entre el trabajo, del cual recibía su sustento, o
atender al hijo.
Quiero que sepan que aquella vez decidimos que toda
mujer en esas condiciones debía optar, según su
oficio, según las necesidades e importancia de su
trabajo para la sociedad, por recibir el salario por
cuidar al niño, o el Estado sufragar el salario de
alguien que atendiera a ese niño, mientras ella
trabajaba. Es un ejemplo de
muchos.
También ayudaron las brigadas de estudiantes a
salvar vidas de personas, por ejemplo, que se iban a
suicidar por enfermedad mental o depresión por otra
causa. ¡Cómo descubrimos cosas!
Había no sé si 20 000 ó 30 000 personas de
más de 60 años que vivían solas y no tenían muchos
ni un timbrecito donde avisarle a alguien si sufrían
un fuerte dolor en el pecho o cualquier otro
problema de esa índole. Esa era
la sociedad.
Vimos los ingresos que recibía cualquier ciudadano
por pensión o asistencia social.
Muchos datos no aparecían en ninguna estadística, no
aparecían en ningún censo.
Ibamos descubriendo, descubriendo y descubriendo
cosas, y haciendo cosas, fraguando ideas.
Llegamos a fraguar más de 100 programas
sociales, muchos de ellos se están cumpliendo ya
hace rato. No hemos estado
divulgando lo que se hizo. Qué
días gloriosos aquellos en los que, partiendo
fundamentalmente de los cuadros de la juventud y con
el apoyo del Partido y de todas las instituciones,
se desarrolló aquella batalla de ideas en torno al
regreso del niño secuestrado en Estados Unidos.
Toda la vida tendremos que estar agradecidos de las
circunstancias que aceleraron de tal forma nuestro
conocimiento de la sociedad y nuestro aprendizaje.
Pienso que tal vez hoy no estaríamos haciendo
lo que estamos haciendo si no hubiéramos vivido
aquella experiencia.
Creamos el primer curso de trabajadores sociales.
Hubo que saber cuáles eran los salarios
mínimos. Quiero que sepan que el aumento de este se
hizo después de que se había recorrido todo el país,
y la asistencia social era un tercio de la que se
estableció este año, llevándola a 129 pesos
promedio. Fue más fuerte lo que
se hizo cuando se elevaron las jubilaciones y
pensiones, cuando la mínima se elevó hasta 150, a
190 la siguiente categoría y a 230 la subsiguiente.
También el salario mínimo se elevó
fuertemente.
Hablábamos de la importancia del factor ético.
Habría que investigar las razones de la
confusión. Pienso que ocurrieron
acontecimientos históricos que influyeron en la idea
de que para un comunista el fin justificaba los
medios, acontecimientos internacionales difíciles de
comprender —los he mencionado en más de una
ocasión—, a pesar de todo el antecedente que
constaba del intento franco-británico, las dos
grandes potencias coloniales, las mayores del mundo,
de lanzar a Hitler contra la URSS.
Pienso que los planes imperialistas de lanzar
a Hitler contra la URSS jamás habrían justificado el
pacto de Hitler con Stalin, fue muy duro.
Los partidos comunistas, que se
caracterizaban por la disciplina, se vieron todos
obligados a defender el Pacto Molotov-Ribbentrop y a
desangrarse políticamente.
Antes de ese pacto, la necesidad de unirse en la
lucha antifascista condujo en Cuba a la alianza de
los comunistas cubanos con Batista, y ya Batista
había reprimido la famosa huelga de abril de 1934,
que vino después del golpe de Batista contra el
gobierno provisional de 1933, de incuestionable
carácter revolucionario y fruto, en gran parte, de
la lucha heroica del movimiento obrero y los
comunistas cubanos. Antes de
aquella alianza antifascista, Batista había
asesinado no se sabe a cuánta gente, había robado no
se sabe cuánto dinero, era un peón del imperialismo
yanki; pero vino de Moscú la orden:
organizar los frentes antifascistas.
A pactar con el demonio.
Aquí pactaron con el ABC fascista y con Batista, un
fascista de otro tipo, un criminal y un saqueador
del tesoro público.
Son acontecimientos muy difíciles, pero venían unos
tras otros, y los comunistas más disciplinados del
mundo, lo digo con sincero respeto, eran los
partidos comunistas de América Latina y entre ellos
el de Cuba, del cual tuve siempre y conservo un
altísimo concepto.
Hoy podemos hablar del tema porque hoy vamos
marchando hacia nuevas y nuevas etapas.
Los militantes del Partido Comunista de Cuba eran
los ciudadanos más disciplinados, más honrados y más
sacrificados de este país, contribuían al Partido;
los legisladores del Partido entregaban una
proporción de su ingreso, eran la gente más honrada
de este país, independientemente de la línea
equivocada impuesta por Stalin al movimiento
internacional. Cómo culparlos.
Póngalos en el dilema de aceptar o no algo, a
mi juicio, absolutamente correcto:
la unión de todos los comunistas.
“Proletarios de todos los países, ¡uníos!”, o
romper abiertamente, en aquellas circunstancias, la
disciplina.
Y no soy de los que se ponen a criticar a los
personajes históricos satanizados por la reacción
mundial para hacerles gracia a los burgueses y a los
imperialistas; tampoco voy a cometer la tontería de
no atreverme a decir algo que tengo el deber de
decir un día como hoy. Nosotros
debemos tener el valor de reconocer nuestros propios
errores precisamente por eso, porque únicamente así
se alcanza el objetivo que se pretende alcanzar.
Pues sí, se creó tremendo vicio de abuso de
poder, de crueldad, y en especial el hábito de
imponer la autoridad de un país, de un partido
hegemónico, a los demás países y partidos.
Nosotros hemos estado más de 40 años manteniendo
relaciones con el movimiento revolucionario en
América Latina, y relaciones sumamente estrechas.
Jamás se nos ocurrió decirle a ninguno lo que
debía hacer. Ibamos
descubriendo, además, el celo con que cada
movimiento revolucionario defiende sus derechos y
sus prerrogativas.
Recuerdo momentos cruciales, lo digo aquí y nada más
que una partecita: cuando la
URSS se derrumbó y se quedó sola mucha gente, entre
ellas nosotros, los revolucionarios cubanos.
Pero nosotros sabíamos lo que debíamos hacer
y lo que teníamos que hacer, cuáles eran nuestras
opciones. Estaban los demás
movimientos revolucionarios en muchas partes
librando su lucha. No voy a
decir cuáles, no voy a decir quiénes; pero se
trataba de movimientos revolucionarios muy serios,
nos preguntaron si negociaban o no ante aquella
situación desesperada, si continuaban luchando o no,
o si negociaban con las fuerzas opuestas buscando
una paz, cuando uno sabía a qué conducía aquella
paz.
Yo les decía: “Ustedes no nos
pueden pedir opinión a nosotros, son ustedes los que
irían a luchar, son ustedes los que irían a morir,
no somos nosotros. Nosotros
sabemos qué haremos y qué estamos dispuestos a
hacer; pero eso solo lo pueden decidir ustedes.”
Ahí estaba la más extrema manifestación de
respeto a los demás movimientos y no el intento de
imponer sobre la base de nuestros conocimientos y
experiencias y el enorme respeto que sentían por
nuestra Revolución para saber el peso de nuestros
puntos de vista. En ese momento
no podíamos pensar en las ventajas o desventajas
para Cuba de las decisiones que tomaran:
“Decidan ustedes”, y así cada uno de ellos,
en momentos decisivos, decidió su línea.
Nosotros somos un pequeño país aquí en el Caribe, a
90 millas del imperio y a unas pulgadas de su base
ilegal, mil veces más débil que lo que era la URSS
en la época de su pacto con Hitler, o cuando estaba
dando órdenes a los líderes de los partidos
comunistas. En la época de la
República de Weimar, que surgió en Alemania después
de la Primera Guerra Mundial, la increíble crisis
económica desatada como consecuencia del Pacto de
Versalles impuesto a aquel país por Inglaterra,
Francia y Estados Unidos, por un lado fortalecía al
movimiento revolucionario y por otro a las fuerzas
nacionalistas más reaccionarias.
Hitler triunfa electoralmente frente a los partidos
burgueses liberales y frente a las fuerzas
comunistas combativas y revolucionarias;
pero pudo más en esa situación el
resentimiento terrible del pueblo alemán por las
condiciones leoninas establecidas por los
vencedores. Y así es como llega
Hitler al poder. Este, en un
libro que escribió, había declarado desenfadadamente
su propósito de buscar espacio vital en el
territorio de la URSS para la raza alemana, a costa
de los rusos, a su juicio raza inferior.
Todo eso estaba escrito, y el movimiento
comunista se educó en ideas y conceptos muy claros
contra el nazifascismo.
En nuestro país, después de tantos revolucionarios
caídos, siendo los comunistas los más conscientes,
los mejores militantes, la gente más honrada, el
partido marxista-leninista fue conducido, sin
embargo, a aquella alianza con Batista, que tanto
reprimió a los estudiantes y al pueblo en general.
Los jóvenes eran muy reacios a su poder;
los obreros, que veían sus
intereses defendidos continuamente por los
dirigentes comunistas, eran firmes y leales al
Partido; pero en la juventud y
en amplios sectores populares había mucho rechazo
justificado a Batista.
Pienso que la experiencia del primer Estado
socialista, Estado que debió arreglarse y nunca
destruirse, ha sido muy amarga.
No crean que no hemos pensado muchas veces en ese
fenómeno increíble mediante el cual una de las más
poderosas potencias del mundo, que había logrado
equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un
país que pagó con la vida de más de 20 millones de
ciudadanos la lucha contra el fascismo, un país que
aplastó al fascismo, se derrumbara como se derrumbó.
¿Es que las revoluciones están llamadas a
derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que
las revoluciones se derrumben?
¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir
la sociedad que las revoluciones se derrumben?
Podía añadirles una pregunta de inmediato.
¿Creen ustedes que este proceso
revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse?
(Exclamaciones de:
“¡No!”) ¿Lo han pensado alguna
vez? ¿Lo pensaron en
profundidad?
¿Conocían todas estas desigualdades de las que estoy
hablando? ¿Conocían ciertos
hábitos generalizados? ¿Conocían
que algunos ganaban en el mes cuarenta o cincuenta
veces lo que gana uno de esos médicos que está allá
en las montañas de Guatemala, miembro del
contingente “Henry Reeve”? Puede
estar en otros lugares distantes de Africa, o estar
a miles de metros de altura, en las cordilleras del
Himalaya salvando vidas y gana el 5%, el 10%, de lo
que gana un ladronzuelo de estos que vende gasolina
a los nuevos ricos, que desvía recursos de los
puertos en camiones y por toneladas, que roba en las
tiendas en divisa, que roba en un hotel cinco
estrellas, a lo mejor cambiando la botellita de ron
por una que se buscó, la pone en lugar de la otra y
recauda todas las divisas con las que vendió los
tragos que pueden salir de una botella de un ron,
más o menos bueno.
¿Cuántas formas de robo hay en este país?
¿Por qué en los estados de opinión leo todos
los días que muchos preguntan cuándo van los
muchachos para las tiendas en divisa, cuándo van
para las farmacias, cuándo van para aquí y para
allá? Se han llenado de
admiración y simpatía esos jóvenes trabajadores
sociales de origen muy humilde, y muy bien
preparados.
Miré aquellos rostros, como puedo mirar estos, y los
rostros dicen más que cualquier artículo, dicen más
que cualquier libro, dicen más que cualquier cliché.
Ustedes conocen muy bien que desde que esta
civilización existe, desde que la propiedad privada
existe, surgió también la diferencia de clases y que
el mundo ha conocido solo la sociedad de clases, lo
demás es prehistórico.
¿Y cómo puedo saber que ustedes proceden de sectores
humildes? Ninguno de ustedes
llegó a la universidad porque fuera hijo de un
propietario de importantes extensiones de tierra.
Aquí estamos nosotros, me han hecho el honor de
situarme aquí. ¿Quién de ustedes
tiene por padre a alguien que posea 1 000 hectáreas,
o que domine sobre 10 000 hectáreas?
No le voy a preguntar a cada uno de ustedes,
a mí me basta verlos, si acaso es hijo de algún
profesional, algunos de capas medias.
Ustedes aplaudieron muy bien porque yo sé de
dónde ustedes vienen, y ustedes saben que hoy no hay
quién corte caña. ¿Y quiénes la
cortaban?
También se puede explicar por qué no cortamos caña
hoy, no hay quien la corte y las pesadas máquinas
destruyen los cañaverales. Los abusos del mundo
desarrollado y los subsidios condujeron a precios
del azúcar que eran, en ese mercado mundial, el
precio del basurero del azúcar, mientras que en
Europa pagaban dos o tres veces más a sus
agricultores.
Cuando la URSS nos pagaba nuestro azúcar a 27 ó 28
centavos y la pagaba con petróleo, le costaba menos
el azúcar pagada con petróleo que el azúcar de
remolacha producida casi artesanalmente en los
campos de la URSS, un país en el que la economía
crecía extensivamente, no
intensivamente y, por tanto, nunca alcanzaba la
fuerza de trabajo, la remolacha azucarera ocupaba a
mucha gente.
Pero vamos llegando —yo he llegado, y hace mucho
tiempo— a plantearnos esta pregunta, frente a ese
superpoderoso imperio que nos acecha, nos amenaza,
tiene planes de transición y planes militares de
acción, en determinado momento histórico.
Ellos están esperando un fenómeno natural y
absolutamente lógico, que es el fallecimiento de
alguien. En este caso me han
hecho el considerable honor de pensar en mí.
Será una confesión de lo que no han podido
hacer durante mucho tiempo. Si
yo fuera un vanidoso, podía estar orgulloso de que
aquellos tipejos digan que tienen que esperar a que
yo muera, y ese es el momento.
Esperar que muera, y todos los días inventan algo,
que si Castro tiene esto, que si tiene lo otro, si
tal o más cual enfermedad. Lo
último que inventaron es que tiene Parkinson.
Sí, yo me di una fortísima caída, y todavía estoy
rehabilitándome de este brazo (Señala), y va
mejorando. Agradezco muchísimo
las circunstancias en que me rompí el brazo, porque
me obligó a más disciplina todavía, a más trabajo, a
dedicar más tiempo, a dedicar casi las 24 horas del
día a mi trabajo, si las venía dedicando durante
todo el tiempo del período especial, ahora dedico
cada segundo y lucho más que nunca, además, me
siento, por suerte, mejor que nunca, porque estoy
más disciplinado y hago más ejercicios (Aplausos).
Han dicho Parkinson, y recuerdo que al otro día de
la caída, me habían dicho fisuras, plural, en la
parte superior del húmero, y cuando lo fui a
escribir para informar lo ocurrido, me dicen:
“No, porque fisura en plural es fractura.”
A esa hora no tenía ya más remedio que decir:
“Pongan fisura, que yo le voy a explicar al
pueblo que no había fisura, que había fisuras.”
Incluso lo hubiera dicho, porque así, en
cualquier circunstancia, no temo al enemigo;
creía que estaba en plenas
facultades, que el problema era un accidente, no me
había dado en la cabeza, si me doy en la cabeza
seguramente no estaría aquí; monté en una ambulancia
y vine para acá, donde, primero, me hicieron una
rótula nueva con los ocho fragmentos de la anterior
y todas las demás cosas.
Aquellos que me han matado tantas veces estarían
casi felices; pero han sufrido desilusiones tras
desilusiones, y me han obligado a un trabajo duro en
la cuestión de la rehabilitación, y todos los días,
para que funcione mejor esa rótula.
Y vaya usted a saber: dos
litros de sangre se derramaron en el interior del
hombro y la parte superior del brazo, que no
aparecían en la imagen radiográfica.
He hecho esfuerzos, o sigo haciéndolos.
Lo que he aprendido es que hasta el último
segundo voy a estar haciendo ejercicios, no descuido
nada, y tengo más voluntad que nunca para comer lo
que debo y no comer un gramo más de lo que debo.
Ahora dicen que la CIA descubrió que yo tenía
Parkinson. Eso es como aquel
tipejo que descubrió que yo era el hombre más rico
del mundo. ¡Qué metedura de
pata! Es una cuentecita que
tengo pendiente. A ustedes les
cuento que no he hablado de eso porque en los
últimos tiempos no he tenido un espacio televisivo
libre: Posada Carriles por acá,
el bandidismo por allá, millones de cosas.
Pero esa cuentecita se la tengo guardadita,
tienen perdida la pelea, y el tipejo y todos los que
lo apoyaron van a pasar un mal rato por haber metido
el delicadísimo pie, andan ahora que no hallan qué
hacer, tal vez el único recurso que les queda es
rectificar.
Dijeron que tenía Parkinson.
Cuando usted está haciendo el ejercicio, claro, el
brazo lo tiene que ir fortaleciendo músculo a
músculo. ¿Cuántas personas yo no
he tenido que saludar? Miles, y
algunos llegan y arrancan el brazo, usted no se
puede desquitar. Tiene que hacer
como algunos, que cuando usted los toca por ahí
ponen el hombro duro para que crean que está
fortísimo y que es de hierro.
Cada vez que me dan la mano hago eso.
Ya este tiene más fuerza que este (Señala el
brazo derecho). ¿Qué les parece?
Pero la CIA había descubierto que tenía Parkinson.
Bueno, no importa si me da Parkinson.
El Papa tenía Parkinson y el Papa estuvo un
montón de años recorriendo el mundo, tenía gran
voluntad, le hicieron atentados, y yo hice así:
“Deja ver cómo está el Parkinson mío, déjame
apuntar (Apunta con el dedo índice fijamente)
(Aplausos y exclamaciones), y entonces digo:
Esa es la derecha.
Siempre he tenido buena puntería, fue una suerte, y
la he conservado, sin mirilla telescópica, ¿no?,
desde luego.
Al otro día del accidente, a usted que lo enviaron a
un hospital, lo sacan de allí, lo llevan a otro
punto, usted no protesta, pero sabe todo lo que
están haciendo con usted, porque conmigo hubo que
discutir la operación, y qué hacían en la rodilla y
cómo lo hacían; qué hacían con el brazo, y dije:
“Me ponen anestesia local”, porque si
realmente no me siento en condiciones de hacer algo,
llamo al Partido y digo: “Miren,
no me siento en condiciones de hacer algo.”
Por eso les he hecho críticas a los médicos,
porque la gravedad de algunas cosas la redujeron un
poquito. Este, cirugía, bien;
este, rehabilitación, expresé:
“Bueno, al fin y al cabo no voy a pitchear en el
próximo campeonato de pelota ni voy a participar en
las olimpiadas”, dije: Era mucho
más peligroso someterse a una operación, clavos y
veinte cosas. A una persona de
20 o 25 años tienen que hacerle eso; pero en fin,
había que hacer lo correcto, y si usted piensa que
no está en condiciones de cumplir el deber, decir:
“Me está ocurriendo esto, por favor, alguien
que asuma el mando, yo no puedo en estas
circunstancias.” Si voy a morir
muero, si no muero y recobro las facultades, de
todas formas uno tiene alguna experiencia, uno tiene
cierta autoridad y no ganada con la mentira y el
deshonor. Tenía que preocuparme
de esas cosas en aquel momento.
Una vez dije que el día que
muera de verdad nadie lo iba a creer, podía andar
como el Cid Campeador, que ya muerto lo llevaban a
caballo ganando batallas.
No hay que confiar nunca en el imperialismo, es
traidor y capaz de cualquier cosa:
torturas en Guantánamo, torturas en las
prisiones de Iraq, cárceles de torturas en países
exsocialistas, usa fósforo vivo, y después afirma:
“Es la más inocente y legítima de las armas.”
En cualquier circunstancia es de suponer que
usted en mi caso disponga de un arma y esté en
condiciones de usarla. Cumplo
ese principio. Dispongo de una
Browning, de 15 tiros. He
disparado mucho en mi vida.
Lo primero que quise ver fue si mi brazo tenía
fuerza para manejar esa arma que yo siempre usé.
Esa está al lado de uno, usted la tiene.
Moví el peine, la cargué, le puse el seguro,
se lo quité, le saqué el peine, le saqué la bala, y
dije: Tranquilo.
Eso fue al día siguiente.
Me sentía con fuerza para disparar.
Tenemos medidas tomadas y medidas previstas para que
no haya sorpresa, y nuestro pueblo debe saber con
exactitud qué hacer en cada caso.
Fíjense bien, hay que saber qué hacer en cada
caso.
No vamos a describir, no le vamos a contar a
“Bushecito” qué medidas tenemos previstas.
Si le puedo decir: “Mire,
caballerito, se va a reventar, si es que no le han
lanzado antes una patada y lo sacan de ahí por
violar las leyes de Estados Unidos.”
Se le está rebelando todo el mundo, no
encuentran más que delitos,
delitos, delitos y delitos.
Yo no quiero hoy —y ojalá no tenga que hacerlo—
sugerirle a la CIA, que está investigando mi salud y
el supuesto Parkinson, unas cuantas investigaciones
en torno al emperador. No creo
que haya necesidad de hacerlo.
Mi propósito no son ofensas personales.
Les digo lo que les digo porque reflejan
conceptos, reflejan desprecio, reflejan la idea
clara que tenemos de la mediocridad, de la estupidez
y de muchas cosas más; pero no deseo abordar ciertos
temas, tenemos abundantísimo material, y le podemos
sugerir a la CIA —que está muy
brava, por cierto, porque la han desconocido, la han
humillado— algunas investigaciones sobre la salud
del emperador. Desde luego,
tampoco la CIA ha dicho una
palabra de cómo entró Posada Carriles en Estados
Unidos. ¡Nadie, nadie, nadie!
Les hice una pregunta, compañeros estudiantes, que
no he olvidado, ni mucho menos, y pretendo que
ustedes no la olviden nunca, pero es la pregunta que
dejo ahí ante las experiencias históricas que se han
conocido, y les pido a todos, sin excepción, que
reflexionen: ¿Puede ser o no
irreversible un proceso revolucionario?, ¿cuáles
serían las ideas o el grado de conciencia que harían
imposible la reversión de un proceso revolucionario?
Cuando los que fueron de los primeros, los
veteranos, vayan desapareciendo y dando lugar a
nuevas generaciones de líderes, ¿qué hacer y cómo
hacerlo? Si nosotros, al fin y
al cabo, hemos sido testigos de muchos errores, y ni
cuenta nos dimos.
Es tremendo el poder que tiene un dirigente cuando
goza de la confianza de las masas, cuando confían en
su capacidad. Son terribles las
consecuencias de un error de los que más autoridad
tienen, y eso ha pasado más de una vez en los
procesos revolucionarios.
Son cosas que uno medita.
Estudia la historia, qué pasó aquí, qué pasó allí,
qué pasó allá, medita lo que ocurrió hoy y lo que
ocurrirá mañana, hacia dónde conducen los procesos
de cada país, por dónde marchará el nuestro, cómo
marchará, qué papel jugará Cuba en ese proceso.
El país ha tenido limitaciones de recursos,
muchísimas; pero este país no ha hecho más que
despilfarrar recursos, tranquilamente, y así,
mientras a ustedes les daban un jaboncito que no
tenía olor, y pasta de dientes para que se lavaran
la boca, disciplinadamente, cada mes, no sé cuánto,
aunque descuidaron la atención en algunas escuelas a
determinadas actividades que dieron lugar, por
ejemplo, a la excelentísima dentadura de nuestros
jóvenes, y hasta descuidos de ese tipo existieron.
Hubo quienes creyeron que con métodos
capitalistas iban a construir el socialismo.
Es uno de los grandes errores históricos.
No quiero hablar de eso, no quiero teorizar;
pero tengo infinidad de ejemplos de que no se dio
pie con bola en muchas cosas que se hicieron,
quienes se suponían teóricos, que se habían
empanfletado hasta el tuétano de los huesos en los
libros de Marx, Engels, Lenin y todos los demás.
Fue por eso que dije aquella palabra de que uno de
nuestros mayores errores al principio, y muchas
veces a lo largo de la Revolución, fue creer que
alguien sabía cómo se construía el socialismo.
Hoy tenemos ideas, a mi juicio, bastante claras, de
cómo se debe construir el socialismo, pero
necesitamos muchas ideas bien claras y muchas
preguntas dirigidas a ustedes, que son los
responsables, acerca de cómo se puede preservar o se
preservará en el futuro el socialismo.
¿Qué sociedad sería esta, o qué digna de alegría
cuando nos reunimos en un lugar como este, un día
como este, si no supiéramos un mínimo de lo que debe
saberse, para que en esta isla heroica, este pueblo
heroico, este pueblo que ha escrito páginas no
escritas por ningún otro en la historia de la
humanidad preserve la Revolución?
No piensen ustedes que quien les habla es un
vanidoso, un charlatán, alguien que le gusta el
bluff.
Han pasado 46 años y la historia de este país se
conoce, los habitantes de este país la conocen; la
de aquel imperio vecino también, su tamaño, su
poder, su fuerza, su riqueza, su tecnología, su
dominio sobre el Banco Mundial, su dominio sobre el
Fondo Monetario, su dominio sobre las finanzas
mundiales, ese país que nos ha impuesto el más
férreo e increíble bloqueo, del cual se habló allá
en las Naciones Unidas y Cuba recibió el apoyo de
182 países que pasaron y votaron libremente por
encima de los riesgos de votar abiertamente contra
ese imperio. Eso lo logra la
isla, y no cuando tenía el apoyo del campo
socialista de Europa, cuando ese campo socialista
desapareció, y cuando la URSS también se derrumbó.
No solo hicimos esta Revolución con nuestro propio
riesgo durante un montón de años, en determinado
momento, habíamos llegado a la convicción de que
jamás si éramos atacados directamente por
Estados Unidos lucharían por nosotros, ni podíamos
pedirlo.
Con el desarrollo de las tecnologías modernas era
ingenuo pensar o pedir o esperar que aquella
potencia luchara contra la otra, si intervenía en la
islita que estaba aquí a 90 millas, y llegamos a la
convicción total de que ese apoyo jamás ocurriría.
Algo más: se lo
preguntamos un día directamente varios años antes de
su desaparición: “Dígannoslo
francamente.” “No.”
Respondieron lo que sabíamos que iban a
responder y entonces, más que
nunca, aceleramos el desarrollo de nuestra
concepción y perfeccionamos las ideas tácticas y
estratégicas con las cuales triunfó esta Revolución
y venció, con una fuerza que inicia su lucha con
siete hombres armados, contra un enemigo que
disponía de 80 000 hombres, entre marinos, soldados,
policías, etcétera, tanques, aviones, cuanta arma
moderna para aquella época podía poseerse, era
infinita la diferencia entre nuestras armas y las
armas que tenía aquella fuerza armada, entrenada por
Estados Unidos, apoyada por Estados Unidos y
suministrada por Estados Unidos. Más
que nunca, después de la respuesta, nos arraigamos
en nuestras concepciones, las profundizamos y nos
fortalecimos al nivel tal que nos permite afirmar
hoy que este país militarmente es invulnerable y no
en virtud de armas de destrucción masiva.
Les sobran a ellos todos los tanques, y a nosotros
no nos sobra ninguno, ¡ninguno!
Toda su tecnología se derrumba, es hielo al mediodía
en medio de un parque caluroso.
Y otra vez, como cuando teníamos siete fusilitos y
pocas balas. Hoy tenemos mucho
más que siete fusiles, tenemos todo un pueblo que ha
aprendido a manejar las armas; todo un pueblo que, a
pesar de nuestros errores, posee tal nivel de
cultura, conocimiento y conciencia que jamás
permitiría que este país vuelva a ser una colonia de
ellos.
Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta
Revolución puede destruirse, los que no pueden
destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros
podemos destruirla, y sería culpa nuestra.
He tenido el privilegio de vivir muchos años, eso no
es un mérito, pero es una excepcional oportunidad
para decirles a ustedes lo que les estoy diciendo, a
ustedes, a todos los líderes de la juventud, a todos
los líderes de las organizaciones de masa, a todos
los líderes del movimiento obrero, de los Comités de
Defensa de la Revolución, de las mujeres, de los
campesinos, de los combatientes de la Revolución,
organizados en todas partes, luchadores durante años
que en número de cientos de miles han cumplido
gloriosas misiones internacionalistas, estudiantes
como ustedes, inteligentes, preparados, saludables,
organizados, que están en todas partes, en cada una
de esas novecientas y tantas sedes, y en las mil y
tantas y dos mil y tantas que iremos teniendo
aceleradamente, y seguirá creciendo, hasta más de
500 000, 600 000, y no será mucho mayor porque irán
graduándose cada año. Y los que vayan graduándose,
como nuestros médicos allá en Venezuela, todos
estarán estudiando con las computadoras, los videos
y los casetes, los medios audiovisuales necesarios,
en busca de un título científico, una maestría o un
doctorado en ciencias médicas, todos, el ciento por
ciento.
Hoy se puede hablar de tantas decenas de miles de
especialistas en medicina general integral y mañana
habrá que hablar, aunque no se quiera, de decenas de
miles de títulos o de maestrías y doctorados en
ciencias médicas, por hablar de una rama.
No olvidarse que un día teníamos 3 000 y no
teníamos profesores universitarios, y de esta misma
universidad se fueron unos cuantos, y hoy se habla
de que en pocos años serán 100 000 médicos,
y cuando hagan falta 150 000 los habrá, y los
habrá que serán profesores universitarios, como
tendremos decenas de miles de programadores y
diseñadores de programas e investigadores, en muchos
y variados campos, porque tenemos que saber muchas
cosas a la vez, muchas más que títulos diferentes
obtengamos.
Ahora mismo les hablaba de una batalla, pregunté
cuánto costaba. No crean que
estos muchachos van a estar sudando y empleando el
tiempo en balde, los 28 000 trabajadores sociales,
ya les expresé cómo me percaté de que pertenecían al
sector más humilde de este país, lo veía en sus
caras, involuntariamente se ha ido desarrollando el
hábito de adivinar hasta la provincia de dónde
proceden los compatriotas. He
dicho en broma y se lo digo a los médicos que salen
a cumplir misión, a los trabajadores sociales, que
cada uno de ellos pertenece a una microtribu.
Conozco a los que son de Manzanillo, por
ejemplo, los de La Habana, los de Guantánamo, los de
Santiago; es impresionante ver los más humildes
sectores sociales de este país convertidos en 28 000
trabajadores sociales y cientos de miles de
estudiantes universitarios, ¡universitarios!
¡Vean qué fuerza! Y
pronto veremos también en acción a aquellos que
graduamos hace poco en el coliseo deportivo.
El coliseo nos enseña sobre marxismo-leninismo; el
coliseo nos enseña sobre clases sociales; el coliseo
reunió no hace mucho alrededor de 15 000 médicos y
estudiantes de medicina y algunos de la ELAM, y
otros que vinieron hasta de Timor Oriental para
estudiar medicina, jamás podrá olvidarse.
No creo que se trate de un sentimiento
personal de cualquiera de nosotros.
Jamás esta sociedad olvidará esas imágenes de las
15 000 batas blancas que allí se reunieron el día en
que se graduaron los estudiantes de medicina, el día
en que se creó el contingente “Henry Reeve”, que ya
en una cifra considerable ha enviado sus fuerzas a
lugares donde ocurrieron cosas excepcionales, en un
tiempo mucho más breve de lo que habíamos podido
imaginar.
Poco después graduamos aquellos jóvenes instructores
de arte, más de 3 000, era la segunda vez, después
de aquella primera graduación en Santa Clara.
Ya son 3 000 nuevos, ya están actuando;
también están actuando los otros 3 000 que cursan el
último año. Así se irán
multiplicando y un día reuniremos, por lo menos, la
mitad de los trabajadores sociales que hoy están
desarrollando una de las más trascendentales tareas
que haya realizado nunca un grupo de jóvenes, un
grupo de especialistas en el trabajo social, unido a
una fuerza de jóvenes estudiantes universitarios,
porque son, a la vez, la misma cosa.
¿Y qué podrá derivarse del trabajo de esos jóvenes?
Que vamos a poner fin a muchos vicios de ese
tipo: mucho robo, muchos desvíos y muchas fuentes de
suministro de dinero de los nuevos ricos.
¿Pensará alguien que vamos a confiscar el dinero?
No, el dinero es sagrado; todo el que tiene
su dinero en un banco, es intocable.
Vean algo nuevo, se va a batir una abundante serie
de vicios, robos, desvíos, uno por uno, a todos
ellos, en un orden que nadie sabe.
¿Lo sospechan?, ¡es muy bueno!
Pero qué nivel de arraigo tienen determinados
vicios. Comenzamos por Pinar del
Río para ver qué pasaba con los servicentros que
venden combustible en divisas.
Pronto se descubrió que lo que se robaba era tanto
como lo que se ingresaba.
Robaban casi la mitad y en algunos otros lugares más
de la mitad.
Bien, ¿qué pasa en La Habana?
¿Se enmendarán? Pues no,
tranquilos y felices. A lo mejor
pensaron que esos trabajadores sociales eran unos
bobitos, niñas y niños. Porque
lo curioso es que el 72% de los trabajadores
sociales son mujeres —no sé si ocurrió alguna vez
algo parecido—, como también los médicos que están
llenando de gloria este país, concediéndole un
enorme prestigio y abriendo vías para que el país
despliegue su capital humano, que vale mucho más que
el petróleo. Repito, vale mucho
más que el petróleo o el oro.
Cualquier país que tenga petróleo, dice:
“¡Oiga, qué suerte, poseo este recurso
natural que se agota!” Nosotros
también, y vamos a incrementar la producción de
petróleo, desde luego. Suerte no
haberlo encontrado antes, para no haberlo
malbaratado.
El capital humano no es producto no renovable; es
renovable, pero, además, multiplicable.
Cada año el capital humano crece y crece,
recibe lo que llamaban en mi tiempo interés
compuesto: suma lo que vale y recibe intereses por
lo que valía, y lo que ganó por lo que valía, a los
cinco años es mucho más capital, y a los 100 no
puede siquiera imaginarse.
Permítanme decirles que hoy prácticamente el capital
humano es, o avanza aceleradamente para ser el más
importante recurso del país, muy por encima de casi
todos los demás juntos. No estoy
exagerando.
Yo preguntaba cuánto costaba, cuál era el costo
económico de todas nuestras universidades.
Solamente con los nuevos ingresos que recaudan los
servicentros —y, desde luego, no van a estar ahí
todo el tiempo, no se imaginen— en tres meses, desde
ahora; y si el año que viene ustedes fueran un 50%
más, recaudan lo necesario en cuatro meses.
Esto ya, solo con que obliguen a los nuevos
ricos a que paguen el combustible que consumen,
podrían al año pagar no menos de cuatro veces lo que
cuestan los 600 000 estudiantes universitarios y sus
profesores. Algo es algo,
¿verdad?
¿Ustedes saben lo que es ñapa?, los santiagueros lo
saben. Cuando alguien compraba
algo en la bodega, le daban como premio un
turroncito de coco o algo de eso. Era
la ñapita. Los trabajadores
sociales pagan eso con una ñapita de lo que
recauden.
Llegaron a La Habana, y de repente en La Habana
comienzan a recaudar el doble. ¿Y los que estaban no
recaudaban más? No, tuvieron que llegar los
trabajadores sociales allí. Dije:
“¿Será posible que no escarmienten y se
autocorrijan?”
Al final se van a autocorregir los que no quieran
entender, pero de otra forma; sí, se van a embarrar
con su propia basura. No quieren
comprender.
¿Qué pasaba mientras tanto en Matanzas y en la
provincia de La Habana? Aumentó
solo un poquito, 12%, 15%, 20% la recaudación; pero
estaban igualito que en Pinar del Río y la capital
antes de que fueran controlados.
En provincia La Habana muchos aprendieron a robar
como locos.
Hoy los trabajadores sociales están en las
refinerías, hoy los trabajadores sociales se montan
en un carro-pipa de 20 000 ó 30 000 litros, y ya van
viendo, más o menos, por dónde va el carro-pipa,
cuál se desvía.
Por ahí se han ido descubriendo servicentros
privados, alimentados con el combustible de los
piperos.
Algo que se conoce es que muchos de los camiones del
Estado van por un lado y por otro, y el que más y el
que menos ve a un pariente, un amigo, una familia, o
la novia.
Recuerdo aquella vez, varios años antes del período
especial, que vi, rápido, por la Quinta Avenida, un
flamante cargador frontal Volvo, casi acabado de
comprar, que en aquella época valían 50 000 ó 60 000
dólares. Sentí curiosidad de saber para dónde iba a
aquella velocidad, le pedí al escolta:
“Aguanta, pregúntale qué iba a ver, que te
diga con franqueza.” Y confesó
que iba a visitar a la novia con aquel Volvo, que
corría a toda velocidad por la Quinta Avenida.
Cosas veredes, Mío Cid —dicen que dijo allá alguien,
sería Cervantes—, que harán hablar las piedras.
Pues cosas como esas han estado ocurriendo.
Y, en general, lo sabemos todo, y muchos han
dicho: “La Revolución no puede;
no, esto es imposible; no, esto no hay quien lo
arregle.” Pues sí, esto lo va a
arreglar el pueblo, esto lo va a arreglar la
Revolución, y de qué manera. ¿Es
solo una cuestión ética? Sí, es
primero que todo una cuestión ética; pero, además,
es una cuestión económica vital.
Este es uno de los pueblos más derrochadores de
energía combustible del mundo.
Aquí quedó demostrado, y ustedes con toda honradez
lo dijeron, y es muy importante.
Nadie sabe lo que cuesta la electricidad, nadie sabe
lo que cuesta la gasolina, nadie sabe el valor que
tiene en el mercado. Iba a
decirles que es muy triste cuando una tonelada de
petróleo puede valer 400 y de gasolina 500, 600,
700, en ocasiones llegó a 1 000, y es un producto
que no va a bajar de precio, algunos solo
circunstancialmente, y no mucho tiempo, porque se
agota el producto físico; sencillamente se agota,
como un día se van a agotar muchos minerales.
Nosotros vemos nuestras minas de níquel, que van
dejando el hueco donde hubo mucho níquel.
Eso le está pasando al petróleo, los grandes
yacimientos ya aparecieron, cada vez son menos.
Ese es un tema sobre el cual hemos tenido que
pensar mucho.
Saben, por ejemplo, un Zil-130, ¿cuántos kilómetros
camina por un litro?, 1,6 kilómetros; tira caña o
reparte la merienda de los muchachos de secundaria.
Cuando le dijeron al Ministerio del Azúcar:
A ver, ¿cuántos camiones te sobran para
ayudar al Ministerio de la Industria Alimenticia a
repartir la merienda de la enseñanza secundaria, que
ya alcanza a unos 400 000 niños, gratuita, el yogur
que hay que darle, el pan, lo que reciben?
Claro que de los que sobraban les dieron los
de gasolina, los que más gastaban.
Si usted cambia ese Zil de 1,6 por litro por un
camión que tenga, en primer lugar, el tamaño que
debe tener, a veces está sustituyendo una camioneta
de dos toneladas, y él es de cinco, a veces hasta
una camioneta de 1,2 toneladas.
Esto comenzamos a verlo en una discusión con la
empresa de la industria eléctrica, plantearon el
problema de sus camiones para reparar el tendido
eléctrico y dijeron: “Tenemos
que cambiar 400 equipos soviéticos gastadores de
gasolina, gastamos tanto y más cuanto.”
A ver, a estudiar uno por uno, cuánto
gastaban, con qué debían ser sustituidos.
Hubo que discutir bastante, no vayan a creer
que los directores de nuestras empresas tienen
hábito de disciplina. Y no todos
pueden ser muy felices, les advierto, y los advierto
a ellos también, porque esta va a ser una lucha
dura. Nadie ha protestado hasta
hoy, pero había, si mal no recuerdo, alrededor de
3 000 entidades que manejaban divisas convertibles y
decidían con bastante amplitud gastos en divisas
convertibles de sus ganancias, si compro esto o lo
otro, si pinto, si adquiero un mejor carrito y no el
cacharrito viejo que tenemos.
Nos dimos cuenta de que en las condiciones de este
país aquello había que superarlo, y hubo una reunión
con las principales empresas y aquello comenzó a
cambiarse.
Si usted está en una guerra y tiene muchas balas no
le importa si los fusiles disparan más o menos; si
tiene pocas balas, que era lo que nos pasaba a
nosotros siempre en la guerra, teníamos que conocer
las balas de cada fusil y hasta las marcas de las
balas, aunque fueran del mismo calibre, porque unas
funcionaban mejor con determinados fusiles, otras
los encasquillaban, y a veces
para ahorrar teníamos que prohibir que dispararan,
dispare solo si le vienen a tomar la trinchera.
No hay, por ejemplo, nada más terrible que un
arma automática disparando. Así
estábamos nosotros.
Los bancos, tenemos excelentes instituciones
bancarias. Hoy se asignan los
recursos para todos los gastos del país, los
administran los bancos, lo entregan de acuerdo con
el programa establecido, y ningún director de banco
va a almorzar con el representante de una poderosa
empresa, y nunca lo invitan a un restaurante, ni lo
invitan a ir a Europa para alojarlos en la casa del
dueño o en un hotel de lujo; porque, al fin y al
cabo, algunos funcionarios nuestros eran compradores
de millones, y compradores de millones por un lado,
y el arte de corromper que suelen tener muchos
capitalistas, más sutiles que una serpiente y a
veces peores que los ratones, anestesian a medida
que van mordiendo y son capaces de arrancarle a una
persona un trozo de carne en plena noche, así a la
Revolución la iban adormeciendo y arrancándole
carne. No pocos hacían evidente
su corrupción, y muchos lo sabían o lo sospechaban,
porque veían el nivel de vida y a veces por
tonterías este cambió el carrito, lo pintó, le puso
esto, o le puso unas banditas bonitas porque se
volvió vanidoso; veinte veces lo hemos oído por
aquí, por allá, y hay que tomar medidas por aquí o
por allá; pero eso no se resolvía fácilmente.
Así que desvío de recursos en los servicentros. Aquí
hay determinadas facultades para suministrar
combustible porque aquel caballero, que puede ser
muy amigo mío, está empleando su carro de una forma
muy útil, y, por lo tanto, le entrego una cantidad
de combustible. Esa es una de
las mil formas, hay decenas de formas de malgastar o
desviar recursos, y si los controles establecidos no
se ejercen, o si no hemos descubierto la verdadera
forma de ponerle fin a eso, continúa y se repite.
Ahora, en este país se puede ahorrar más energía,
incluso, que en otros, porque este país tiene
2 400 000 refrigeradores anticuados en el área de
los núcleos familiares, que gastan de cuatro a cinco
veces más electricidad por hora, y ese gasto lo
hacen durante 24 horas.
Un pequeño dato, para que no lo olviden. Pinar del
Río tiene 143 000 refrigeradores, de ellos unos
136 000 son INPUD, Minsk y otras antiguas marcas
soviéticas, Frigidaire y otras marcas capitalistas,
consumen, calculo, por lo menos, alrededor del 20%
—yo uso otra cifra, ante ustedes voy a usar esta más
conservadora todavía— de la electricidad que las
plantas eléctricas generan para Pinar del Río en las
horas pico.
Antes les hablé de un Zil, de esos hay miles, muchos
miles. Hay peores cosas, muchos
organismos tienen sus camiones montados en burro, no
les han dado de baja, y la administración central
por otro lado se acostumbró, de cierta forma, a
negociar con los ministerios. La
administración central del Estado no tiene que
negociar con ningún ministro, tiene que darles
órdenes a los ministros:
“¿Cuántos camiones tienes?”
“Tengo tantos y más cuantos.”
Analizar a fondo los problemas y tomar decisiones.
Cuando la industria azucarera, que antes producía 8
millones de toneladas y hoy apenas llega a uno y
medio, porque hubo que suspender radicalmente la
roturación de tierra y la siembra cuando el
combustible ya estaba a 40 dólares el barril y era
la ruina del país, sobre todo, cuando se unía a
ciclones cada vez más frecuentes, o sequías más
prolongadas, y porque el campo de caña apenas duraba
cuatro o cinco años, antes eran 15 ó más, y cuando
el precio del mercado mundial era de siete centavos,
recuerdo incluso el día que hice una pregunta sobre
el precio del azúcar y otra sobre la producción a
fines de marzo a una empresa comercializadora del
azúcar y no sabían ni siquiera el azúcar que estaban
produciendo por meses, y al preguntar el costo en
divisas de una tonelada de azúcar nadie lo sabía, se
supo solo alrededor de un mes y medio después.
Hubo, sencillamente, que cerrar centrales o íbamos
hacia la fosa de Bartlett. El
país tenía muchos economistas, muchos muchos, y no
intento criticarlos, pero con la misma franqueza que
hablo de los errores de la Revolución les puedo
preguntar por qué no descubrimos que el
mantenimiento de aquella producción, cuando hacía
rato se había hundido la URSS, el petróleo valía 40
dólares el barril y el precio del azúcar estaba por
el suelo, por qué no se racionalizaba aquella
industria y por qué había que sembrar 20 000
caballerías ese año, es decir, casi 270 000
hectáreas, para lo cual hay que roturar la tierra
con tractores y arados pesados, sembrar una caña que
después hay que limpiar con máquinas, fertilizar con
costosos herbicidas, etcétera, etcétera, etcétera.
Ningún economista de los que el país tiene,
al parecer se percató de eso, y hubo sencillamente
que dar una instrucción, casi una orden, de parar
aquellas roturaciones. Es como
si le dicen: “El país está
siendo invadido”, usted no puede decir:
“Espérese, que me voy a reunir treinta veces
con cientos de personas.” Es
como si cuando Girón hubiésemos dicho:
“Vamos a hacer una reunión y discutir tres
días las medidas que vamos a tomar contra los
invasores.” Les aseguro que la
Revolución ha sido a lo largo de su historia una
verdadera guerra y constantemente el enemigo
acechando, el enemigo dispuesto a golpear y
golpeando cuantas veces le demos una oportunidad.
Realmente, yo llamé al ministro y le dije:
“Mira, por favor, ¿cuántas hectáreas tienes
roturadas?” Responde:
“Ochenta mil.” Le digo:
“No rotures una hectárea más.”
No era mi papel, pero no me quedó más
remedio, usted no puede dejar que al país lo hundan,
y en abril el país estaba roturando 20 000
caballerías de tierra.
Hemos hecho cosas de esas, cosas que harían hablar a
las piedras. Ustedes no tienen
ninguna culpa; pero, ¿qué nos pasaba?
¿Por qué no lo veíamos?
¿Qué cosas malas estábamos haciendo?
¿Qué debíamos rectificar?
Hacía rato se había hundido la URSS, nos quedamos
sin combustible de un día para otro, sin materias
primas, sin alimentos, sin aseo, sin nada.
Tal vez fue necesario que ocurriera lo que
ocurrió, tal vez fue necesario que sufriéramos lo
que sufrimos, dispuestos, como estábamos, a dar la
vida cien veces antes que entregar la patria o
entregar la Revolución, la Revolución en la que
creíamos.
Quizás fue necesario porque hemos cometido muchos
errores, y son los errores que estamos tratando de
rectificar, si quieren, que estamos rectificando.
Una de las grandes rectificaciones que hicieron el
Partido y el Gobierno fue esa de poner fin a la
prerrogativa de 3 000 ciudadanos de administrar
divisas del país, si contraían deudas —podían
contraer una deuda de tal y más cual volumen—, nadie
aseguraba si podían pagarla o no; cuando llegaba la
hora de pagarla, porque podía ser una inversión
innecesaria o disparatada, o subjetiva, el Estado
tenía que pagarla, y si el Estado no la pagaba su
crédito se afectaba considerablemente.
Hoy no es así, deseo expresarles que el país está
pagando hasta el último centavo, sin retrasarse un
segundo, y su crédito crece, crece y crece.
El dinero ya no se bota; se bota, pero no en
colosales disparates como el de esa industria
azucarera.
Les llamaría más la atención si les cuento que,
según inventarios, ese ministerio tiene de 2 000 a
3 000 camiones más que los que tenía cuando producía
8 millones de toneladas de azúcar.
Es duro, pero lo digo, lo digo y no se sabe
las veces que tenga que decirlo y las críticas que
haga públicamente, porque no tengo miedo de asumir
las responsabilidades que haya que asumir, no
podemos andar con blandenguerías.
Que me ataquen, que me critiquen, yo sé cómo
son las cosas, sé muy bien.
Tiene que haber muchos un poco doliditos:
reyes, zares, emperadores.
¿Todos son así? ¡No!
¿Son así todos nuestros ministros?
¡No! Algunos ministros
nuestros han sido deficientes y bastante
deficientes. A veces hemos sido
débiles con funcionarios que ocupan importantes
cargos, pero yo tengo un hábito viejo, de mucho
tiempo: suelo trabajar con
aquellos compañeros que hayan cometido errores, lo
he hecho muchas veces a lo largo de mi vida,
mientras vea cualidades; muchas veces hay cualidades
y lo que no hay es orientación correcta, o muchas
veces lo que hay es ceguera, a pesar de todos los
mecanismos e instituciones que tiene el país para
defenderse, para luchar, para combatir honradamente,
sin abusos de poder. Fíjense
bien: ¡sin abuso de poder!, nada
justificaría jamás que alguno de nosotros tratara de
abusar del poder. Sí debemos
atrevernos, debemos tener valor de decir las
verdades, y no todas, porque usted no está obligado
a decirlas todas de una vez, las batallas políticas
tienen su táctica, la información adecuada, siguen
también su camino. Yo no les voy
diciendo todo, yo les voy diciendo lo que es
indispensable. No importa lo que
los bandidos digan y los cables que vengan mañana o
pasado, los que ríen último, ríen mejor.
Por ahí hay unos cablecitos diciendo cosas:
que Castro ha lanzado una ofensiva, que
Castro ha lanzado a los trabajadores sociales, que
los avances progresistas alcanzados los estamos
renunciando. El avance
progresista es que vendan una libra de arroz a
cuatro pesos, que atraquen al ciudadano.
¿Qué jubilado lo compra?
Un jubilado, por un lado, 80 pesos, cinco libritas
de arroz en la libreta. La
Habana no, era privilegiada, tenía seis, La Habana
recibió una adicional, y Santiago también una, el
resto de las provincias cinco libras.
Hay que medirlas onza a onza, 100 gramos,
cómo crece, qué pasa con la libreta, el que tiene
azúcar y la cambia por arroz, y el que le sobra una
cosa u otra.
Hoy todo el país está recibiendo dos libras más de
arroz. Quiero ver el momento en
que alcance. Ya no está tan
lejos, lejos, lejos, excepto que se la echen a los
pollos. Bueno, ya eso es otra
cosa. Nos estamos acercando al
momento en que el arroz alcance.
También vamos creando las condiciones para que la
libreta desaparezca. Vamos
creando las condiciones para que algo que resultó
indispensable en unas condiciones, y que ahora
estorba, se cambie. Y si usted
quiere comprar más arroz, compra más arroz y menos
azúcar, o más de una cosa o de la otra, y no solo
frijoles negros este y frijol colorado el otro.
No, para comprar si quiere colorado, negro,
chícharo, lenteja, haba, alubias blancas y las sepa
cocinar. Les advierto, van a
tener que prestarles mucha atención a la cocina,
seguro, y pronto.
Así también algunos hablaban del chocolatín:
“Yo lo creeré cuando lo vea.”
Así pasó con la olla de presión, pues ahora
hay millones de creyentes. Otros
decían del chocolatín: “¿Cómo
es?” “¿Cuánto vale?”
“Ocho pesos.” “¡Para ser
normado está caro!” Moraleja:
Todo lo normado tiene que ser tan regalado
como la electricidad. “Para ser
normado, ¿cuánto vale?” “¡Ah!,
ocho pesos.” ¿Cuántos centavos
en dólares, al cambio, después que se revalorizó?
Treinta y dos centavos.
¿Y qué tiene? Ah, tiene 200
gramos; cada 11 gramos, siete son de leche entera en
polvo, la tiene, los descreídos que lo averigüen,
que lo lleven a un laboratorio y lo examinen; cuatro
gramos de cocoa, la que es muy fuerte, es tan fuerte
como saludable, y ya Cuba es hoy, posiblemente, el
país del mundo con más alto consumo de cocoa per
cápita, el niño consume el suyo, pero el del papá
también, del mismo modo que el papá consume el café
del niño. Porque como el niño
nació y está inscrito, entonces hay que darle un
sobrecito de café, con café de verdad, a cinco
pesos. “¡Para ser normado, está
caro!” Lo más que puede decirse
es: Está menos regalado.
El camino para alcanzar lo que decía:
que el trabajador reciba más, y que todo el
que trabaja reciba más, y que todo el jubilado
reciba más, no es ese; es que nosotros hablamos de
más ingresos y más productos.
Ahí hay dos, no son malos, y algunos están
descubriendo el chocolatín. Sé
que los médicos allá en la cordillera de Cachemira
todas las noches toman el chocolatín, ese sobrecito,
ese que para ser normado está caro, y le pueden
añadir leche. Al del propio
niño, si quieren, le añaden más, le ponen agua, le
ponen leche, y tiene proteína.
Les aseguro que vamos midiendo todas las proteínas
que tienen cada uno de esos granos de frijol y cada
huevo. Una gran parte del país
estaba recibiendo cinco, La Habana ocho.
Hoy hay más de 100 municipios que están
recibiendo 10, y cada uno de los nuevos recibió un
aumento. Sí, si los suman:
5 por 9 igual a 45. Son
4,50, más 5 por 15 centavos, 75, significa que con
5,25 centavos se compran 10 huevos, y el que menos
recibió, de los que recibieron asistencia social,
recibió 50 pesos; el que menos recibió puede sacar 5
nuevos huevos por 4,50.
Correcto.
Ah, pero después vino el chocolatín y hay que sacar
8, o el cafetín y hay que sacar 5, y 8 más, 13; más
5,25, 18,25.
Bueno, es que hay dos libras más de arroz, y esas
dos cuestan 90 centavos de peso cada una, digamos,
un poco menos de cuatro centavos de dólar.
Sí, es nueva, 40 millones de dólares tiene
que gastarse el país por esas dos libras más de
arroz, y no vaciló en gastarlos.
Y al que le incrementaste 50 pesos, bueno, ya
empieza a quedarle un poquito menos; pero estás
pensando cuánto le vas a incrementar de inmediato al
jubilado para que compre eso y otras cosas, y que el
dinero esté garantizado antes de repartirlo.
No es cuestión de imprimir billetes y
repartirlos sin que tengan una contrapartida en
mercancías o servicios, porque entonces aquellos
ilustres intermediarios van a cobrar cinco pesos por
el arroz u otra cosa en vez de tres.
No se olviden de que tienen patente de corso,
pueden cobrar lo que quieran. Si
les da la gana, bueno: “Págueme
la libra de frijol a ocho pesos.”
Quiero decirles que todos los que en el país —eran 5
millones— recibían 10 onzas, están recibiendo 20 ya,
y todos los que recibían 20, ahora están recibiendo
30, y también aquellos que recibían 10 y luego 20,
ahora van a recibir 30, triplicada la cantidad de
frijoles, o granos, como le llamen, sin incluir
arroz o maíz. Cinco millones,
tres veces más, y el resto, un 50% más.
Eso también costó algunas decenas de millones de
dólares. No les he querido
preguntar a ustedes de dónde salen, o cómo pueden
salir, porque lo discuten los grandes teóricos:
“Esto es poco aumento de salario.”
¡Ah!, claro, lo ideal sería el triple.
¿Y de dónde? Caballerito,
¿usted me quiere decir de dónde se saca, a quién hay
que asaltar, o les vamos a tomar a ustedes el pelo
dándoles mucho más que eso para que resulte
engañado?
Hay pregunticas que hacerles a los tontos, porque no
todo el que opina es tonto, pero hay muchas
tonterías debidas a la ignorancia:
esto es caro, esto es caro, todo es caro.
Las casas terminamos regalándolas, algunos las
compraban, eran dueños, habían pagado 50 pesos
mensuales, 80 pesos, bueno, al cambio, si se lo
mandaban de Miami, eran como tres dólares; algunos
la vendían, 15 000, 20 000 dólares, al final de los
años la habían pagado con menos de 500.
¿Puede el país resolver su problema de vivienda
regalando casas? ¿Y quién las
recibía, el proletario, el humilde?
Había muchos humildes que recibieron la casa
regalada y la vendieron después al nuevo rico.
¿Cuánto podía pagar el nuevo rico por una
casa? ¿Es eso socialismo?
Puede ser una necesidad en un momento dado, también
puede ser un error, ya que el país sufrió un golpe
anonadante, cuando de un día para otro se derrumbó
la gran potencia y nos dejó solos, solitos, y
perdimos todos los mercados para el azúcar y dejamos
de recibir víveres, combustible, hasta la madera con
que darles cristiana sepultura a nuestros muertos.
Y todos creían: “Eso se
derrumba”, y siguen creyendo los muy idiotas que
esto se derrumba y si no se derrumba ahora, se
derrumba después. Y mientras más
ilusiones se hagan ellos y más piensen ellos, más
debemos pensar nosotros, y más debemos sacar las
conclusiones nosotros, para que jamás la derrota
pueda enseñorearse sobre este glorioso pueblo que
tanto ha confiado en todos nosotros (Aplausos).
¡Que no haya URSS jamás aquí, ni campos socialistas
disueltos, dispersos! ¡Que no
venga el imperio aquí a tener cárceles secretas para
torturar a los hombres y mujeres progresistas del
resto de este continente que hoy se levanta decidido
a la segunda y definitiva independencia!
Más vale que no quede ni la sombra del recuerdo de
ninguno de nosotros y de ninguno de nuestros
descendientes antes de que tengamos que volver a
vivir tan repugnante y miserable vida.
Yo decía que éramos cada vez más revolucionarios y
es por algo, porque cada vez conocemos mejor al
imperio, cada vez conocemos mejor de lo que son
capaces y antes éramos escépticos incluso frente a
algunas cosas, nos parecían imposible.
Habían engañado al mundo. Cuando
surgieron los medios masivos se apoderaron de las
mentes y gobernaban no solo a base de mentiras, sino
de reflejos condicionados. No es
lo mismo una mentira que un reflejo condicionado: la
mentira afecta el conocimiento; el reflejo
condicionado afecta la capacidad de pensar.
Y no es lo mismo estar desinformado que haber
perdido la capacidad de pensar, porque ya te crearon
reflejos: “Esto es malo, esto es
malo; el socialismo es malo, el socialismo es malo”,
y todos los ignorantes y todos los pobres y todos
los explotados diciendo: “El
socialismo es malo.” “El
comunismo es malo”, y todos los pobres, todos los
explotados y todos los analfabetos repitiendo:
“El comunismo es malo.”
“Cuba es mala, Cuba es mala”, lo dijo el imperio, lo
dijo en Ginebra, lo dijo en veinte lugares, y vienen
todos los explotados de este mundo, todos los
analfabetos y todos los que no reciben atención
médica, ni educación, ni tienen garantizado empleo,
no tienen garantizado nada: “La
Revolución Cubana es mala, la Revolución Cubana es
mala.” “Oiga, que la Revolución
Cubana hizo esto y esto.” “Oiga,
que no hay un analfabeto.”
“Oiga, que la mortalidad infantil es esta.”
“Oiga, que todo el mundo sabe leer y
escribir.” “Oiga, que no puede
haber libertad si no hay cultura.”
“Oiga, no puede haber elección.”
¿De qué hablan? ¿Qué hace el
analfabeto? ¿Cómo puede saber
que el Fondo Monetario Internacional es bueno o
malo, y que los intereses son más altos, y que el
mundo está siendo sometido y saqueado incesantemente
por mil métodos de ese sistema?
No lo sabe.
No enseñan a leer y escribir a las masas, gastan un
millón en publicidad cada año; pero no es que
gasten, lo gastan en crear reflejos condicionados,
porque aquel compró Palmolive, el otro Colgate, el
otro jabón Candado, sencillamente porque se lo
dijeron cien veces, se lo asociaron a una imagen
bonita y le fueron sembrando, tallando el cerebro.
Ellos que hablan tanto de lavado de cerebro,
ellos lo tallan, le dan una forma, le quitan al ser
humano la capacidad de pensar; y si todavía le
fueran a quitar la capacidad de pensar a alguien que
se gradúa en una universidad y puede leer un libro
sería menos grave.
¿Qué puede leer el analfabeto? ¿Cómo se entera de
que lo están engatusando? ¿Cómo
se entera de que la mentira más grande del mundo es
decir que eso es democracia, el sistema podrido que
impera ahí y en la mayor parte, por no decir casi
todos los países que copiaron ese sistema?
Es terrible el daño que hacen.
Y cada cual va tomando conciencia, y va
tomando conciencia un día tras otro, un día tras
otro; un día tras otro, más desprecio, más
repugnancia, más odio, más condena, más deseos de
combatir. Eso es lo que hace que
cualquiera pueda ser, al cabo del tiempo, muchas
veces más revolucionario de lo que era cuando
ignoraba muchas de esas cosas y solo conocía los
elementos de la injusticia y de la desigualdad.
En el momento en que les digo esto no estoy
teorizando, aunque hay que teorizar; estamos
actuando, estamos marchando hacia un cambio total de
nuestra sociedad. Hay que volver
a cambiar, porque tuvimos tiempos muy difíciles, se
crearon esas desigualdades, injusticias, y lo vamos
a cambiar sin cometer el más mínimo abuso, sin
quitarle un peso a nadie. No, no
le vamos a quitar un peso a nadie; pero para
nosotros, la fe que la población tenga en un banco,
vale más que cualquier otra cosa.
Y porque la Revolución está creando riquezas,
y porque la Revolución va a crear importantes
cantidades de riquezas que no vendrán de la caña ni
de otra cosa, vendrán, fundamentalmente, de ese
capital, de la experiencia también, porque saber lo
que hay que hacer es muy importante.
Si les hacen la historia de todos los servicentros
de la capital, ustedes se asombran; hay más del
doble de lo que debe haber, es un caos.
Cada ministerio le dio la gana de poner y
puso el suyo, y reparte por aquí y por allá.
En los Poderes Populares el desastre es
universal, el caos, y, además, todos los camiones
más viejos, los que más gasolina gastan, etcétera,
se los dieron al Poder Popular.
Cuando parecía que se estaba racionalizando el uso
de los camiones, se estaba hipotecando al país para
todos los tiempos.
¿Podía ser la misma conducta cuando el combustible
valía dos dólares, que cuando valía 10 ó 20, o valía
40, o valía 60? Una de las
peores cosas que nos pasó precisamente fue esa,
creer en los estrategas de los sistemas eléctricos.
Uno se hacía una pregunta, otra y otra, y
realmente descubría que el problema fundamental es
que se estaba aplicando una concepción que se
correspondía con la época en que el combustible
valía dos dólares, y también la política con la caña
se correspondía con la época en que aquel valía dos
dólares.
El precio del petróleo hoy no
obedece a ninguna ley de oferta y demanda; obedece
su precio a otros factores, a la escasez, al
despilfarro colosal de los países ricos, y no es
precio que tenga que ver con ley económica alguna.
Es su escasez frente a una creciente y
extraordinaria demanda.
Hoy mismo por la mañana supe de una noticia: para el
próximo año se demandan 2 millones más de barriles
diarios, el próximo año se necesitan más de ochenta
y cuatro millones de barriles diarios, y
Estados Unidos, el principal territorio del imperio,
gasta todos los días 8,6 millones de barriles de
combustible diarios. Ese es uno
de los puntos clave.
Nosotros estamos invitando a todo el pueblo a que
coopere con una gran batalla, que no es solo la
batalla del combustible, de la electricidad, es la
batalla contra todos los robos, de cualquier tipo,
en cualquier lugar. Repito: contra todos los robos,
de cualquier tipo, en cualquier lugar.
¿Cuánto vale la energía total que el país consume, a
los precios de ese petróleo?
Alrededor de 3 000 millones de dólares.
Claro que el ahorro no va a ser la única fuente de
incremento del ingreso, no será la única, habrá
varias, voy a decir que unas cuantas y de gran peso.
Estoy casi seguro —y el resultado final podrá
estar un poco por encima o por debajo, no me gusta
decir la última palabra, siempre soy conservador en
el cálculo— de que el país, a la luz de todos los
datos que hoy conocemos, puede ahorrar, en breve
tiempo, las dos terceras partes de la energía que
consume, sumándolas todas: electricidad, gasolina,
diesel, fuel oil y otros; con un precio como el de
ahora puede bajar un poco y después subir bastante
más. Eso sería más de 1 500
millones de dólares. Y ustedes pueden preguntar:
¿Y qué hace hoy el país con esos 1 500
millones? Yo les respondería:
una parte se roba, otra parte se despilfarra
y la otra se bota.
Como estamos en plena marcha, en plena ofensiva y en
plena actividad, no puedo dar todos los datos; pero
pienso que la labor de estos jóvenes trabajadores
sociales debe aportarle al país, en 10 años, tal vez
20 000 millones de dólares con el ahorro de energía.
¿Ustedes escucharon?
Ustedes saben lo que es un millón, ¿verdad?, y 100
millones, y 1 000 millones en divisas convertibles.
Carlitos, tú me diste un papel:
“Gasto de educación, total: 4 117 millones de pesos;
gasto de educación superior, 886 millones.
“Información ofrecida por el
Ministerio de Economía y Planificación, conciliada
por ellos con el Ministerio de Finanzas y Precios,
el 17 de noviembre del 2005.”
Bien, 886 millones. Unos 700
millones serían 35,4 millones de
dólares. Y vuelvo a repetir:
una pequeña parte de lo que se roba o desvía
de combustible, menos del 20%.
Es lo que cuestan las universidades, según este
dato.
Si hablo de 1 000 millones de dólares de ahorro
estaría hablando de 25 000 millones de pesos.
Todos los salarios que se pagan en el país,
al cambio internacional, que con relación a Cuba es
sumamente arbitrario, vienen a ser alrededor de
14 000 millones de pesos, que en nuestro país valen
de verdad, tienen poder real de compra muy superior.
Ha sido además revaluado y puede volver a ser
revaluado.
Cada palabra que se pronuncie hay que pensarla.
No es que yo esté improvisando, he meditado
mucho sobre todos estos datos y los tengo en la
cabeza, y mido por aquí, por acá:
esto sí lo digo, esto no, porque hay un
enemigo intentando frustrarlo todo y confundirlo
todo, como esos que dicen que estamos maltratando la
sagrada libertad de comercio. Y
no dicen otras cosas, una de ellas:
¿Qué consiguen con un dolarcito que envíe
aquí alguno de aquellos que a lo mejor se hizo
profesional? No pagó un
centavito, ustedes lo saben. De
aquí no fueron analfabetos para Estados Unidos
después del triunfo de la Revolución.
De aquí ya cada año, los que quedaban de sexto, de
séptimo, los que sabían, que eran aquellos sectores
que estudiaron en la universidad, los primeros que
se fueron, procedían de los sectores más ricos, y a
lo largo de más de 40 años el imperio robó decenas
de miles de profesionales universitarios y cientos
de miles de personas calificadas, a las cuales trata
de impedirles a toda costa que hagan remisiones a
Cuba.
Qué amargura el día aquel en que se crearon las
tiendas en divisas, para recoger un poquitico de
aquel dinero que remitieran y lo fueran a gastar en
esas tiendas, que tenían un precio alto, para
recoger parte de ese dinero y poder redistribuirlo a
los demás que no recibían nada, y cuando el país
estaba en condiciones muy difíciles.
Ahora, ¿qué hacen hoy con un dólar?
Lo envían para acá... No sé si a ti te envían
algún dólar (Se refiere a alguien).
Yo tengo familiares a los que les envían.
No tengo nada que ver con eso.
Un día preguntamos y hay provincias donde el 30% o
el 40% reciben algo, un poquitico; pero es tan buen
negocio enviar un dólar, ¡tan buen negocio!, que
pudieran arruinarnos perfectamente enviando dólares
por el enorme poder de compra que tenían en un país
bloqueado, productos racionados sumamente
subsidiados y servicios gratuitos o
extraordinariamente baratos.
Ejemplo, hablando de la electricidad.
¿Saben cuánto le cuesta hoy al país en
divisas convertibles producir un kilowatt, con ese
sistema que tiene tantos problemas, donde está la
“Guiteras”, la de Felton y otras, causantes de
apagones y muchas otras dificultades?
¿Saben cuánto le cuesta al país en divisas
convertibles? Alrededor de 15
centavos de dólar un kilowatt, pero si tú —este
compañero, que es listo, no hay duda, que habló muy
bien— recibieras, por ejemplo, un dólar, ¿qué puedes
hacer con él? Ya tú reconociste
que es muy barata la electricidad, está regalada; si
se la regalamos al pensionado, al trabajador, está
regalada, pero se la regalamos; pero se la estamos
regalando también al merolico, a aquel que cobró
1 000 pesos de aquí a Guantánamo, o cobró dos veces
el salario mensual de un médico para llevarlo de La
Habana a Las Tunas, con combustible robado
sobornando al pistero.
No tengo nada contra alguien, pero tampoco tengo
algo contra la verdad. No estoy
casado con mentira alguna, el que quiera ponerse
bravo, lo lamento, pero le advierto de antemano que
va a perder la batalla, y no va a ser un acto de
injusticia ni de abuso de poder.
Le estamos regalando la electricidad al que vendió
la libra de frijoles en ocho pesos.
Y, por favor, no dejen de venderla, no vengan
a hacer ahora la basura de no venderla y echarme a
mí la culpa. Véndanla, si no lo
vamos a prohibir, lo que deseo es saber qué van a
hacer cuando haya más frijoles.
Ahora mismo no sé si bajarán el precio o no, pero la
mitad de la población ha visto que se ha triplicado
su cuota, y la otra mitad ha visto que se ha
incrementado un 50%. Imagino que
tendrán que rebajar algo. A lo
mejor, en cualquier momento, de algún dinerito, de
la energía que se comience a ahorrar, le asignemos
otras 10 onzas y llegue el momento, cuando esté
garantizada la honradez de todos los que distribuyen
y ni un grano de frijol se pierda y el que no se
compre se devuelva, ya que no existiría modo de
birlarlo, ni razón para birlarlo, ni condiciones
para birlarlo, en que el especulador terminará no
vendiendo nada o tendrá que comérselo todo.
El campesino productor consume lo suyo y vende el
excedente. El especulador roba y
no produce nada. Un cablecito de
la Reuter pintaba al gobierno golpeando los “avances
progresistas” de los tiempos que vinieron con el
período especial. Lo progresista
es todo esto de lo que hablo.
Ellos no dicen que el bandidito, o aquel, quien sea,
a lo mejor no es un bandido, el afortunado aquel te
envía un dólar a ti y tú gastas muy poco en
electricidad, consumidor de menos de 100, te has
gastado 9 pesos cubanos por 100 kilowatts de
electricidad, ¿verdad? Divide 24
entre 9 (Saca cuentas).
Lo tuyo son 2 400 centavos, y tú por 100 kilowatts
pagaste 900 centavos, no ha llegado ni a la mitad de
un dólar, te sobran 1 500 centavos, pero gastaste
nada más que 100; tú eres un muchacho muy
ahorrativo, tú apagas la luz, tú apagas lo otro, tú
no tienes bombillos incandescentes, tú todos los que
tienes son de luz fría, tu refrigerador gasta menos
de 40 watts por hora, tú no tienes un Frigidaire
viejo heredado de la abuela, tú eres buenísimo
(Risas).
Ahora, tú a lo mejor gastas 150 kilowatts, ya te va
a costar un poquito más caro porque los otros 50
valen 20 centavos en vez de 9, son 10 pesos;
entonces tú, que pagaste un poquito más caro esos
50, te has gastado 19 pesos.
Pero, fíjate bien, tú todavía no has gastado un
dólar, tú no vives en la Florida, tú vives en Cuba.
El de la Florida es un tacaño, sinvergüenza,
paga la electricidad allí a 15 centavos de dólar,
pero te envía un dólar a ti para que tú por menos de
un dólar pagues 150 kilowatts; pero, al fin y al
cabo, tú, a pesar de eso, eres moderado, tienes
muchos cacharros allí, además de los cacharros
viejos, a lo mejor un airecito acondicionado y otras
cosas, y estás gastando 300 kilowatts.
Sacas la cuenta y dices, los primeros 100,
igual a 9 pesos; los segundos 200 serían 40 pesos,
sumo los dos y son 49 pesos. Tú
gastas en total 1,9 dólares por 300 kilowatts
de electricidad; es decir, un precio de 0,63
centavos de dólar por un kilowatt cubano de
electricidad. ¡Qué
maravillosamente bello!
¿Cuánto gasta el pueblo de Cuba, por culpa de ese
dólar que te enviaron de allá?
Porque este no fue un dólar que tú te ganaste, o un
peso, trabajando, o aquel intermediario se lo ganó
vendiendo a ocho pesos la libra de frijoles; te lo
envían de allá, alguien que fue saludable, todo lo
que estudió fue gratuito desde que nació, no está
enfermo, son los ciudadanos más saludables que
llegan a Estados Unidos, tienen una Ley de Ajuste, y
tienen, además, prohibido enviar remesas.
Bien, por menos de dos dólares el país se gastó, en
cambio, 44 dólares para subsidiar ese dólar que
enviaron de Estados Unidos. Este
es un noble país, subsidia los dólares aquellos que
están allá, que en vez de ayudarte a ti noblemente,
te van a decir: “Mira, te voy a
enviar dos dólares para electricidad, pero no gastes
tanta electricidad, por favor, ahorra, apaga luces.
Mira, te voy a enviar además un refrigerador,
o te voy a dar el dinero para que lo compres en la
shopping.” Después
prosigue el generoso remisor de dólares:
“No te ocupes, que yo te voy a enviar lo que
necesitas, yo soy bueno, yo soy noble, yo voy al
cielo, yo te garantizo los 300 kilowatts que tú le
estás gastando a ese idiota Estado socialista que
dice que es revolucionario y que va a luchar hasta
la muerte defendiendo la Revolución.”
Puede haber un ciudadano que sepa que
nosotros somos buenos, pero pueda pensar, con toda
razón, que somos bobos; e, incluso, tiene una parte
de la razón, ¡cuidado!
Ahora, para recoger 45 dólares yo tengo que recoger
4 500 centavos. A ustedes tengo
que recogérselos. ¿Cuántos caben
aquí? (Le dicen que 405.)
¿Cuatrocientos cinco?
Pues antes de irse todos, fíjense, por favor, dejen
11 centavos, que eso lo pagan ustedes, ese dinero
con que el Estado paga es el dinero de ustedes, es
decir, el pueblo de Cuba. Dejen
todos 11 centavos para subsidiar el gasto de
electricidad de él en un mes.
¡No se olviden! Vamos a poner a
alguien ahí a que los vigile a ustedes y los
registre además (Risas). ¿Es o
no verdad?
Pero si a él le dan una cuota de arroz, y ese
arrocito, las primeras cinco libras esas, ¿cuánto le
costaron? Bueno, pues con un
dólar, ¿cuánto puede costarle, cuántas puede comprar
con un dólar, aun con su descuento, aun con la
revaluación que le hicimos al peso?
Compra 100 libras de arroz, no en un día como
creen algunos bobos, si lo guardé para este mes,
para el otro, y demás meses.
Claro que no gastaste ni un centavo de lo que te
enviaron en medicina, la medicina está subsidiada,
si la compraste en una farmacia, la que no se
llevaron y no vendieron por ahí, tú gastaste el 10%
de lo que cuestan en divisas. Si
fuiste al hospital y a lo mejor te operaron hasta
del corazón, el tobillo, tu operación puede costar 1
000, 2 000, 10 000; allá en Estados Unidos si a ti
te da un infarto y te ponen una válvula, puede ser
lo que le costó a un empleado nuestro allá en la
Oficina de Intereses, 80 000 dólares.
A ti nunca te dejaron de atender; puede haber
un maltrato en un hospital, pero, ¿tú has ido alguna
vez a algún hospital donde no te hayan atendido?
Claro, nuestro sistema no tenía la
organización que va comenzando a tener y tendrá, y
los equipos que está comenzando a tener y en su gran
mayoría tiene ya, de gran
calidad y estandarizados, y, por lo tanto, con
posibilidad de ser mantenidos, o un tomógrafo
computarizado multicorte, de 64 cortes, los mejores
del mundo, que ya empiezan a llegar, que ya están
comprados, que ya están pagados.
Vean. ¿Con qué?
Con los ahorros y con los ingresos del país
que comienzan a crecer. No te
cuesta nada.
Tú te gradúas desde que ingresas en prescolar hasta
que recibes el honroso título de doctor en ciencias
agrícolas, ciencias físicas, ciencias médicas, no te
costó un centavo. Recibes un
apartamento, si tienes suerte, aunque lo más
probable es que no tengas ninguna suerte de ese tipo
—bueno, ojalá tu padre lo haya recibido porque fuera
microbrigadista—, pero tú no pagas por la vivienda,
tú no pagas impuestos. A lo
mejor tú eres un poquito más vivo y dices:
“Voy a alquilarla a unos visitantes, y en
divisas convertibles. Bueno, me
cobran 30 centavos de impuesto por dólar de ingreso;
bueno, a mí me regalaron esta casa, me costó 500
dólares, yo cobro 800 en un mes, le doy 240 al
Estado, unos dolarcitos ahí, y gano 500 dólares; 5
por dos 10, 12 500 pesos.” Tú
puedes ir, en virtud de esos sacrosantos derechos de
la libertad de comercio, a pagar a tres pesos la
libra de arroz en el mercado libre, tú puedes ir a
un pistero y decirle: “Mira, yo
tengo un almendrón, porque se lo compré a aquel y al
otro, se lo pagué en divisas o en pesos
convertibles, y yo tengo quien me garantice la
gasolina, yo voy a viajar 300 kilómetros, tengo tres
novias”, y ese cacharrón es atractivo con los
problemas que hay en el transporte.
¿A quién no conquisto yo con el almendrón?
(Risas.)
Si quieren, queridos estudiantes, les puedo añadir
que los que consumen 300 kilowatts, consumen el 40%
de la electricidad residencial que produce el país;
el 40% de esa electricidad puede significar
—cautelosa y conservadoramente— unos 400 millones de
dólares que el Estado generoso y dadivoso les
entrega a todos los que más gastan.
¿Y quiénes son los que más gastan?
Visita a un nuevo rico y averigua cuántos
utensilios eléctricos tiene.
Recuerdo cuando analizando el asunto aquel del gasto
eléctrico y el precio descubrimos que un paladar
consumía 11 000 kilowatts y este Estado idiota
subsidiaba al dueño, al que tanto gustaba a los
burgueses llevar visitantes para que vieran cómo
sabían la langosta y el camarón, como milagro de la
empresa privada, todo eso robado por alguien que se
lo llevó de Batabanó; cuatro o cinco sillitas.
¡No!, y, desde luego, este Estado
totalitario, abusador, es enemigo del progreso,
porque es enemigo del saqueo.
Entonces, el Estado estaba subsidiando al paladar
con más de 1 000 dólares cada mes, y esto lo supe
porque pregunté cuánto gastaba, cuánto valía, y él
pagaba la electricidad a ese precio, 11 000
kilowatts; creo que después de rebasar la cifra de
300, pagaba 30 centavos de peso por el kilowatt.
¿Tú no lo sabes? No,
ninguno de ustedes sabe nada (Le dicen algo).
No, no inventes, que yo he averiguado mucho
eso y me han desinformado muchas veces.
Es 30 centavos, 11 000 kilowatts, pagaba 3
000 pesos. Mira que pagaba, se
hacía rico el Estado, porque él pagaba 3 000 pesos
cubanos, unos 120 dólares; pero al Estado le
costaba, aquella vez hice el cálculo a 10 centavos
de dólar el kilowatt, hoy los 11 000, a un costo
para el Estado de 15 centavos, obliga a una colecta
adicional aquí, no sé cómo andarán ustedes de fondo,
pero a este paladar hay que subsidiarlo, y como son
cada mes 1 250 dólares y ustedes son 400, cuando
salgan no dejen solo los 20 centavos, por favor,
dejen más o menos tres dólares, para el pago de un
mes, así que lleven bien la cuenta, porque alguien
tiene que subsidiar este paladar.
Eso es libertad de comercio, eso es progreso,
eso es desarrollo, eso es avance.
Nosotros les vamos a enseñar lo que es progreso, lo
que es desarrollo, lo que es justicia, lo que es
ponerle fin al robo. Y les
advierto: con el apoyo más
decidido del pueblo. Nosotros
sabemos lo que estamos haciendo, está en las
matemáticas y en los números.
Nosotros sabemos cuánto vale cada una de las cosas
que vamos a ahorrar. No quiero
hablar de lo que estamos comprando ahora ni quiero
decir muchas más cosas, los miles de millones,
independientemente de que se van a acabar los
apagones, créanme que se van a acabar, pueden estar
seguros.
Ya tenemos en el país alrededor de dos millones y
medio de ollas de presión eléctricas que se gradúan,
no solo las ollas arroceras; están ahí, pero vamos a
tener también unos equipitos que ahorran más del 80%
de la energía que ustedes gastan para hervir un
litro de agua.
Yo estoy seguro de que puedo hacer una pregunta y
ustedes la van a responder.
Levanten la mano todos aquellos que no usan agua
tibia en agosto para bañarse.
Sí, pero con toda honradez.
Cuidado, no se confundan.
(Una joven levanta la mano)
Bien, ¿tú nunca has usado agua tibia?
(Le dice que no.) ¿Y en
invierno? (Le dice que no.)
Te felicito. Formas
parte, aproximadamente, del 10% de la población.
¿Tú sí, en invierno? (Un joven dice que sí.)
Mira que tú eres un hombre serio (Risas).
Mira que yo les he preguntado a otras
personas, no así como aquí, a los estudiantes, a
compañeras trabajadoras, y les he pedido que
levanten la mano la que no la usaba.
¿Saben qué día? El día de
mi cumpleaños, 13 de agosto, a 10 de ellas les
pregunté cuál no calentaba el agua para bañarse y de
las 10 ninguna pudo levantar la mano.
Eso es para bañarse, hay también para que el
agua esté limpia, hay también por el niño, en
verano. Un día de frío de esos,
yo quiero ver cuál de ustedes se baña sin agua tibia
(Risas).
¿Y ustedes saben lo que hacen los becados y lo que
hacen con las laticas para calentar agua?
¿Ustedes lo saben? (Exclamaciones.) ¡Ah!, ¿y
por qué no averiguan cuánta electricidad gastan?
Te lo puedo decir, te puedo decir que hay
procedimientos para calentar el agua que significan
un gasto de hasta cuarenta veces más energía,
¡cuarenta veces!
Díganme, honradamente, ¿ninguno de ustedes ha usado
jamás en la casa el fluido eléctrico con una
hornilla artesanal cuando se acabó el gas?
No hablo de los que tienen el gas de la
calle, ese es el más económico, ese no debe tocarse.
De los que cocinan con gas líquido o
queroseno, ¿ninguno de ustedes jamás usó una
hornilla rústica para cocinar algo?
Levanten la mano los que nunca la hayan
usado.
A ver, ¿quién está aquí? Aquel
que la levantó. Miren a ver,
investiguen a aquel, caballero, quizás no veo muy
bien, deja ver.
De verdad, levanten la mano quién no la ha usado.
Una. Levántate,
muchachita. Por favor, ven aquí.
Sí, tú la que levantó la mano, tú misma,
levántate. Ven, por favor.
Fíjate, responde mi pregunta, ¿tú no estás
diciendo nada que no sea verdad?
(Le dice que no.) Tú nunca has
usado eso. ¿Dónde tú vives?
(Plantea que en un campo, en Santa María.)
¿Hay electricidad? (Le
dice que sí.)
Quería ver la ciudadana ideal, la que nunca utilizó
una olla eléctrica rústica.
Dime una cosa, ¿alguna vez sentiste calor allí?
Dime otra cosa: tú tienes
ventilador, porque allí seguramente hay mosquito,
¿verdad? ¿Qué tipo de ventilador
tú tienes? ¿Cuál es el motor de
tu ventilador, Aurika? (Risas.)
(Dice que no, que es un Sanyo de motor eléctrico
eficiente).
Tú eres hija de agricultores, ¿verdad?
(Expresa que sí.)
Pero tú no vendes nada en el mercado ese (Risas).
Es honrada, ella tiene un poquito más de
recursos.
¿Tú no tienes ningún bombillo incandescente?
(Dice que sí.)
¿Cuántos? ¿De qué tamaño?
¿De cuántos watts?
(Manifiesta que tiene dos de 60 watts.)
¿Ves bien con ellos? (Dice que
sí.)
¿Cuántas horas los mantienes encendido al día?
(Expresa que unas cuantas
horas.)
¿Cinco, seis? (Aclara que hay
uno que está toda la noche.)
Uno toda la noche, un total de horas. Claro, ¿para
que no haya oscuridad, 12, 10?
(Dice que 12 horas.)
Doce horas. ¡Qué bien!
¿Y el otro cuántas horas?
(Expresa que está encendido de 6:00 de la tarde a
diez y tanto de la noche.)
A diez y tanto, vamos a calcular seis horas.
Doce y cuatro, 16 horas; por 60 son 960 watts.
En vez de gastar 960 watts, vas a recibir 2
bombillos de luz fría que gastarán 7 watts cada uno
trabajando 12 y 4 horas; 16 por 7 igual a 112 watts
y más luz.
¿Tú quieres hacerle un regalito al país?
¿Tú quieres? Estoy seguro
de que sí. ¿Tú vives allí?
Yo no le he querido preguntar, pero ya,
resuelto el problema. Te voy a
decir cuánto tú vas a darle al país muy pronto,
desde mañana si quieres.
Enrique, envíales dos bombillos de 7 watts, si
quieres de 15 o de 20, van a ver más que lo que ven
con el incandescente y menos ladrones se van a
acercar allí. El gasto de esos
dos bombillitos de 7 watts, ya yo tengo la cuenta
aquí sacada, es de 112 watts, que lo resto de los
960 que gastan hoy los incandescentes:
960 menos 112 igual a 858 watts, multiplicado
por 365 días al año, si no es bisiesto, son 313 170
watts, dividido entre 1 000 son 313,17 kilowatts,
multiplicado por 15 centavos, su costo de producción
en divisas arroja 46 dólares 97 centavos.
Muchas gracias de antemano, tú le vas a regalar al
país —espérate, no te vayas—, del pago que tiene que
hacer ahora, puesto que tú le vas a regalar a Cuba
12,7 centavos cada día, en 100 días tú le vas a
regalar 12,7 dólares, y este próximo año tú nos vas
a regalar a todos nosotros 46,45 dólares, para
comprar un poco más de frijoles o cualquier otra
cosa —exacto, te voy a decir, y
no es un impuesto, y vas a ver con más claridad—,
nos vas a obsequiar a todos, con el simple
cambio de dos bombillos, 46,45 dólares; no te vamos
a cobrar nada ni a ti ni a otros por los dos
bombillos, duran cinco veces más que los
incandescentes y son más frescos, tendrás que usar
menos el ventilador Sanyo que tú tienes.
Es así, vean el ejemplo.
Imagínense que en vez de dos bombillos sean 15
millones, y no solo los que están en las casas de
los ciudadanos, que tienen más que los calculados,
sino los que están en escuelas, bodegas, timbiriches
de toda clase, 15 millones.
Claro, ella tiene dos nada más y los usa bastante
tiempo, hay otros que los usan mucho menos y algunos
los usan muchas veces, no se puede extrapolar así.
Pero debemos ahorrar, posiblemente, durante
unas cuantas horas, de dos a tres plantas de 100 000
kilowatts, como potencia, más los gastos de
combustible y otros para producir la electricidad
que se derrocha, potencia que el
país necesita para que esos bombillos estén
encendidos durante una hora, que lo obligan a ese
gasto.
¿De qué están hablando ustedes?
¿De qué se están riendo? (Le
muestran el techo del Aula Magna con gran número de
pequeños bombillos incandescentes.)
¡Ah! No, yo estoy
dispuesto a pagar algo para que lo mantengan ahí,
están muy bonitos. Eso no es un
derroche, se trata de un decorado tradicional e
histórico y, además, aquí no hay actos todos los
días a todas horas, y, en cualquier caso, el
culpable soy yo, porque ha estado encendida esta
instalación todo el tiempo que he permanecido en
esta tribuna.
Bien, muchísimas gracias.
(Se dirige a otra joven de Ciego de Avila, que está
parada junto a la anterior de La Habana).
Una pregunta: ¿Hay
refrigerador en tu casa? (Le
dice que está roto.)
¿Está roto? ¿No le pusieron la
junta ni el termostato? (Aclara
que sí.)
¿Y por qué se volvió a romper?
(Expresa que la máquina se quemó.)
Se quemó la máquina. ¿Cuándo?
(Aclara que hace un tiempo.)
¿Qué marca es? (Dice que es
ruso.)
Ruso, Minsk, o fabricado con motores rusos, INPUD,
de allá de Santa Clara y rota, el gasto tuyo sí que
era mucho más que el de los bombillos esos.
Vamos a suponer que no estuviera rota, ahora tenemos
que decir qué hacer contigo, porque hay que cambiar
el refrigerador, es demasiado gasto eléctrico.
Estaba despidiendo antes de ayer, decía, a unos
trabajadores sociales que iban a comunicarse con los
camiones y con los tractores, iban a averiguar dónde
estaban, dónde vivían, cómo se llamaban, el número
que los identifica, cuánto combustible gastaban, si
es diesel por hora o cuántos kilómetros por litro;
pero no hay que conocer mucho para saber que el tuyo
roto, Minsk, gasta muchísima electricidad.
¿No te acuerdas? Debe
haber estado gastando alrededor de 300 watts por
hora, tú sí que acababas con la república, porque
ese solo refrigerador defectuoso debía gastar unos
siete kilowatts diarios. Si en
vez de ese tienes uno nuevo, que gasta menos de 40
watts por hora, tú podías estar —te voy a decir lo
que estarías ahorrando, voy a tratar, voy a
calcularle nada más que 200 watts por hora—
gastando 4,8 kilowatts al día.
Aprendan a multiplicar, porque ustedes van a
tener que hacer eso (Saca cuentas).
Ella, a 15 centavos el kilowatt, nos va a
regalar 15 y 15, 30 y 30, unos 72 centavos diarios.
Ella va a tener su refrigerador.
Vamos a anotarla, Enrique.
¿No tienes ninguno ahora?
(Plantea que lo están arreglando.)
¿De dónde vas a sacar la maquinita esa, dime?
(Aclara que lo van a enrollar.)
Espérate, vamos a elevarle como el 30%, porque esos
motores enrollados son un desastre.
Enrique, ¿los enrollados cuánto gastan?
Eso es lo que han hecho muchas personas, se
les rompió el motor, no tenían otra solución, no se
les puede culpar a ellas. El
Estado tiene culpa, te puedo asegurar una cosa:
antes de seis meses vas a tener un
refrigerador que no gastará más de 40 watts por
hora. Te estoy hablando de lo
que se despilfarra, de lo que botan, contigo debemos
ahorrar unos 200 por hora.
Ahórrate eso, lástima que los 150 que teníamos de
reserva acabamos de repartirlos.
Tal vez, Enriquito, nos quedan siete, podemos ir a
hacer una prueba allá. Estamos
haciendo en este momento 150 pruebas en la ciudad,
vamos a tener una reunioncita con los representantes
de Arroyo Naranjo, donde hay unos 30 000 que
consumen gas líquido. Los van a
visitar.
Enrique, ¿cuántos salieron a visitar a los vecinos
de Arroyo Naranjo, unos 50 000 núcleos?
(Enrique expresa que hoy salieron 1 098
trabajadores sociales que visitarán alrededor de
55 000 núcleos. Aclara que el
promedio de visitas de cada uno se acerca a 20 casas
por día, por lo que calcula que hoy hayan visitado
unas 20 000.)
En dos días ya las habrán visitado todas.
Habrán tomado nota de los objetos
electrodomésticos que hay en ese municipio.
Estamos llevando a cabo experimentos sociales
fuertes. Vamos a cambiar el gas,
posiblemente me están oyendo, ellos son los más
pobres de esta ciudad y les han puesto gas líquido.
Precio del gas líquido: más
de 700 dólares la tonelada, 30 000 por 10 (Saca
cuenta) son 300 000 kilogramos, 300 toneladas de gas
líquido, como mínimo, es el gasto mensual de Arroyo
Naranjo. Asciende a 3 millones
de dólares cada año el gasto aproximado de ese
municipio en gas líquido, si realmente son solo
30 000 los que lo consumen; un equipo que tiene que
llevarlo, trasladarlo, la incertidumbre de si se
acaba o no.
Vamos a realizar un importante experimento, pero
vamos a recoger todos los datos, nos vamos a reunir
con todos los representantes directos de las
cuadras, de los consejos populares, de los
sindicatos, de las organizaciones de masa,
alrededor de 1 500 de las personas más
próximas a los vecinos, para discutir
con ellos el experimento que nos proponemos,
y estoy seguro de que va a ser un éxito, si usted
ahorra de inmediato el gasto energético.
Vamos a ver el consumo de invierno, vamos a ver lo
que ahorran los bombillos que distribuiremos de aquí
a fines de diciembre; vamos a
ver los ventiladores que sustituirán a los rústicos,
que ascienden a un millón, a los que se añadirá otra
cifra igual de sencillos, pero muy eficientes
calentadores manuales eléctricos, de agua, que
reducen considerablemente el gasto energético al
hervir agua.
Catorce millones de equipos tendremos en diciembre y
los iremos distribuyendo: ollas
arroceras, ollas de presión eléctrica, calentadores
de agua. No incluyo en esta
cifra los bombillos ahorradores que van a sustituir
los incandescentes.
Ya veremos lo que les pasa a determinados vehículos
después que conversen cada uno de ellos con los
trabajadores sociales y aquellos a los que les vamos
a dar cristiana sepultura. Cuando a cada ministerio
se le dé los camiones que debe tener y cuando se le
exija que la disponibilidad de estos no puede ser
menor del 90% y que todos esos vehículos estén
inscritos, el ahorro de energía por esa vía será
sorprendente.
A decir verdad, tenemos ideas que no quiero
explicar: el tiempo exacto en
que no quedará uno solo de los camiones de gasolina
y otros equipos devoradores de energía.
Hemos hablado de ahorrar dos tercios de la misma.
Pensamos ahorrar en la esfera eléctrica, a
finales del 2006, no menos de un millón de kilowatts/hora,
que hoy se genera para malgastar y tendremos
capacidad de generar, con nuevo equipamiento, por lo
menos, 1,4 millones de kilowatts/hora, sin contar
las plantas emergentes. Esto es
más seguro que las cosas que se anunciaron y se han
cumplido, y aquellas de las cuales ni se ha hablado
y se han llevado a cabo.
No hay que hablar mucho, pero hay ideas
que ya comenzamos a aplicar en masa.
Aprovecharemos que es un 15% menos el gasto
eléctrico ahora en invierno, pues cada equipo que
pongamos tiene que tener asegurada la electricidad,
incluso, que el núcleo pueda cocinar si esta falla;
ahora hay muchos problemas, pero todos todos están
siendo estudiados minuciosamente, y sobre todos
ellos se trabaja concienzudamente, como diría Marx.
No me voy a extender más, en cualquier momento
vuelvo y hablamos.
He abordado unos cuantos temas.
Debemos estar decididos: o
derrotamos todas esas desviaciones y hacemos más
fuerte la Revolución destruyendo las ilusiones que
puedan quedar al imperio, o podríamos decir:
o vencemos radicalmente esos problemas o
moriremos. Habría que reiterar
en este campo la consigna de:
¡Patria o Muerte! Esto es serio,
y se van a emplear todas las fuerzas necesarias, de
ser necesario, los 28 000 trabajadores sociales, y
puesto que los que andan desviando gasolina más vale
que se aconsejen y no tengamos que descubrir, punto
por punto, que cada cual está robando combustible,
porque están listos ya 10 000 trabajadores sociales,
y la Ciudad de La Habana se convirtió en una
espectacular escuela donde se aprende lo que hay que
hacer, y cada vez saben más, estamos dispuestos a
emplear los 28 000 y los 7 000 que están estudiando.
Si no son suficientes 28 000, parte de los cuales ya
están trabajando en la creación de células contra la
corrupción, alrededor de cada punto a observar, una
célula; allí hay miembros de la juventud, miembros
de las organizaciones de masa, combatientes de la
Revolución —lo mismo que planteamos en el Coliseo.
Los problemas señalados están siendo atendidos
seriamente, no se imaginan ustedes el entusiasmo de
los jóvenes trabajadores sociales.
Yo jamás en mi vida había visto tanto
entusiasmo, tanta seriedad, tanta dignidad, tanto
orgullo, tanta conciencia del bien que le van a
hacer al país.
He hablado del combustible, de la energía en
general, va a ser lo más importante, pero no lo
único. Cuánto se han robado aquí
hasta en fábricas, fábricas que, por ejemplo,
producen medicamentos. Conozco
una por La Lisa donde tuvieron que sacar al
administrador y a mucha gente, casi 100 en total;
estaba comprometida en el robo de medicamento la
administración de esa fábrica y un montón de gente.
Cien tuvieron que sacar:
busca a este y al otro para sustituirlos.
No es suficiente ni será únicamente la
solución.
¿Y después? Hay que usar también
todos los medios técnicos a nuestro alcance.
Hay ya adquirido un número importante de
todas las bombas nuevas para la tercera parte,
aproximadamente, de los servicentros que quedarán en
el país, y todo medido, así como un número de pipas
de combustible nuevas, que no estorben por las
calles ni produzcan tranques o accidentes.
Trabajarán de noche, en su mayoría, en horas
de menos tráfico. No hemos
sacado la cuenta de las muertes que tienen lugar por
accidentes.
Y un día —sépase bien— la Revolución, con los
instrumentos desarrollados por la técnica, podrá
saber dónde se encuentra cada camión, en cualquier
lugar, en cualquier calle. Nadie
podrá escapar en el camión e ir
a ver a la tía, al otro, a la novia.
No es que sea malo ver el familiar, el amigo
o la novia, pero no en el camión destinado al
trabajo, y cuando hay una crisis de combustible en
el mundo es peor el crimen de hacer eso; o cuando le
están dando a la gente un jaboncito sin olor, que ya
se elevó, es un pequeño aumento, pero ya estamos
dando pasos para aumentarlo otra vez, el jabón, la
pasta de dientes, cada una de las cosas esenciales
señaladas, no será olvidada ninguna que esté a
nuestro alcance resolver.
Disponemos de 1 000 ómnibus comprados; pero no para
aplicar precios históricos.
Ahora una parte está yendo de un lugar a otro
resolviendo problemas vitales, como los señalados
aquí; otros arribarán en los próximos meses.
El transporte puede recibir algún subsidio, pero no
el 90% de su costo, que sería ruinoso, más bien debe
ser mínimo. Necesitamos aplicar
el máximo de racionalidad en el salario, los
precios, las jubilaciones y pensiones.
Cero derroche. No estamos
obligados. No somos un país
capitalista, en que todo se deja al azar.
Subsidios o gratuidades, solo en cosas esenciales y
vitales. No se cobrarán
servicios médicos, ni educacionales, ni servicios
similares. Habrá que cobrar la
vivienda. Vean cuánto.
Puede haber algún subsidio, puede haberlo,
pero lo que se pague en un número de años tiene que
acercarse a su costo. Ustedes
dirán: ¿Y con qué pagamos los
costos? Una parte importante con
lo que hoy se está desperdiciando y se está robando,
y con los ingresos no desdeñables que el país irá
recibiendo cada vez mayores.
Todo está a nuestro alcance, todo pertenece al
pueblo, lo único no permisible es despilfarrar
riquezas egoísta e irresponsablemente.
Realmente yo no tenía el plan de enfrascarme en una
conferencia sobre tan sensibles temas, pero habría
sido un crimen desaprovechar esta oportunidad para
decir algunas de las cosas que tienen que ver con la
economía, con la vida material del país, con el
destino de la Revolución, con las ideas
revolucionarias, con las razones por las cuales
iniciamos esta lucha, con la colosal fuerza que
tenemos hoy, el país que somos y podemos seguir
siendo, y mucho más de lo que somos.
No volvería yo nunca a este lugar si estuviera
mintiendo, o estuviera exagerando.
Me gusta mucho más hacer que prometer.
En todo caso yo no hago nada, porque un
hombre solo no hace nada. En
todo caso aprovecho la experiencia o la autoridad
que pueda tener entre los compatriotas para que
libremos batallas. Hay millones
de cubanos preparados para la guerra de todo el
pueblo.
Dije que habíamos alcanzado la invulnerabilidad
militar, que ese imperio no puede pagar la cuota de
vidas, no imaginada y tal vez tantas o más que en
Viet Nam, si trata de ocuparnos, y ya la sociedad
norteamericana no está dispuesta a concederles
a sus gobernantes el crédito de decenas de
miles de vidas para aventuras imperiales.
Vamos a ver si llega a las 3 000, en Iraq hay
ya más de 2 000, y todos los días llegan noticias
peores para los que desataron la guerra.
Y vamos a ver lo que pasa con esa porquería de
bloqueo, porque hay muchos norteamericanos dolidos
de que no hubieran aceptado a los médicos cubanos,
la mayoría quería eso, y las autoridades locales
mucho más.
Vamos a ver, porque les vamos a demostrar que es
mejor que acaben de sacar esa basura, que no
destruirá jamás a la Revolución.
Y a Europa le podemos decir:
Guárdense la ayudita humanitaria, hipócritas,
guárdensela toda, que no la necesitamos.
¡Qué gran cosa es poder decir que no se
necesita de Europa y que no se necesita del imperio!
Termínenlo cuando quieran, aunque ni falta
nos hace que lo terminen, porque nos enseñaron, nos
forjaron, aprendimos a ahorrar, aprendimos a pensar,
aprendimos a crecernos, aprendimos a multiplicar
nuestras fuerzas para estar a la altura de la
colosal dimensión del adversario.
A ustedes les he hablado con toda la confianza que
les puedo hablar. Les he hablado
de cada una de las tareas principales de las
brigadas de trabajadores sociales, y su impactante
acción. A veces tuvieron que
actuar por sorpresa, con rapidez, disciplina y
eficiencia. En la
Ciudad de La Habana fueron miles y movilizábamos
otros miles como reserva.
Ya están realizando numerosas tareas.
Si no alcanzan, ¿cuántos estudiantes tiene
esta universidad? Desde ahora
les digo lo que ya les dije a ellos: Si
28 000 no alcanzan, nos reunimos con ustedes, los
estudiantes de la gloriosa Federación Estudiantil
Universitaria, y ustedes buscan otros 28 000
estudiantes (Aplausos), y, en pareja, con los
trabajadores sociales, que ya van adquiriendo
experiencia, si a todos hay que
movilizarlos, los movilizamos, y si 56 000 no
alcanzaran, nos reunimos con ustedes y ustedes
buscan otros 56 000 de refuerzo.
¿Saben quién los va a albergar?
El pueblo, como en todas partes; el pueblo, que
tiene un altísimo concepto de esos muchachos, y ya
no habrá muchos que digan: “Esto
no se puede arreglar”, “esto no se acaba nunca.”
Y junto con ustedes, junto con el pueblo,
estaremos demostrando que sí se puede. Y, óigame,
creo que vamos a tener muchos más recursos y no solo
para satisfacer necesidades, sino para nuestro
desarrollo, porque estamos administrándonos mejor.
Muchas de las cosas que hacemos, las hemos estado
haciendo con los recursos que hemos ahorrado. Ya
estamos ahorrando cientos de millones de dólares, y
el ahorro dependerá del ritmo y la eficiencia con
que vayamos haciendo cada cosa.
Todos los días aparecen ideas nuevas, y lo que
ahorremos de energía se convierte de inmediato en
recursos. Van a sobrar las peores y más gastadoras
termoeléctricas del país. Las
vamos a tener, sin embargo, listas para afrontar
cualquier contingencia imprevista en una etapa de la
marcha.
Solo en producción de electricidad el país gasta
3 800 000 toneladas de combustible cada año.
Nuestro sistema eléctrico tiene hoy un
aprovechamiento de apenas el 60%.
No volverá a construirse una termoeléctrica.
Se construirán plantas que usarán el gas
acompañante del petróleo, plantas de ciclo combinado
que al amortizarse en cuatro o cinco años, cobrando
a 10 centavos la electricidad, que, por ejemplo, los
hoteles pueden pagar, se amortizan entre cuatro y
cinco años y producen después el kilowatt a 2
centavos de dólar.
Jamás se volverá a construir una “Guiteras”.
Esas eran locuras, tenían que estar saturados
de dogmatismos y esquematismos.
En un sistema que necesitaba producir alrededor de 2
millones de kilowatts, comprar una planta de
330 000, es concentrar en una sola planta más del
15% de la capacidad generadora efectiva, y cuando se
apaga, o le cae un rayo, como le cayó hace algunas
semanas a la “Guiteras”, el apagón, el apagón y el
apagón golpea con fuerza a la población y la
economía. ¿Y hasta cuándo iba a
resistir la Revolución el disparate de la concepción
errónea que había sobre el desarrollo del sistema
eléctrico? Concepción que les
aseguro no era exclusivamente de Cuba, y hoy somos
el primer país del mundo en descubrirlo, y tendrán
que venir a ver lo que estamos haciendo.
No quiero añadir más, porque puedo decir cosas de
mucha más trascendencia.
Vamos a pasar de un país idiota a dejar detrás a
todos los demás. Quiero advertirles que están
cojeando de la misma pata y cometiendo el mismo
error.
No, no quiero enumerar. Yo les
prometo un día hacerles la historia a ustedes, a los
dirigentes estudiantiles, quizás a los que estamos
aquí. Hoy no, hoy tengo que
callar, porque hablar puede advertir, hablar puede
orientar al enemigo. Ya, desde
luego, con lo que estoy diciendo hay cosas que no
pueden pararlas, como los dos y medio millones de
ollas de presión eléctricas que están aquí o en
camino, no las para nadie, y lo que está en camino
son cosas adquiridas en China. Y China no es un
cayito, China es uno de los países más grandes del
mundo, convertido actualmente en el principal motor
de la economía mundial, China es un país que produce
muchas cosas, y estamos discutiendo otras compras y
medidas de intercambio, que avanza a creciente
ritmo.
Les decía que nuestro crédito creció.
Este país puede movilizar miles de millones
de dólares, se lo decimos a “Bushecito”, para que se
amargue más la vida si lo desea, y a los que andan
intrigando; que digan lo que les dé la gana mañana,
de los “pobrecitos”, de esa gente “tan noble”, que
robaba “tan poquito”, de esos que les cobran al
pueblo cualquier precio por cualquier cosa, les digo
junto a ustedes: “Paguen el
combustible que están consumiendo.” En la realidad
todo eso que estamos regalándole al merolico, que
estamos regalándole al bandido aquel, o al tacaño
aquel, o al egoísta aquel que quiere que nosotros
demos 15 centavos por cada kilowatt que pague él,
¿por qué? ¿Qué ley de la
economía mundial nos obliga a ello?
Y que se preparen, porque tenemos las cuentas
bien calculadas. Ya una vez le
devaluamos el dólar, pero ese dólar está disfrutando
demasiados privilegios.
Desde luego, ni el dólar, ni los que andan robando,
tienen al Instituto de Meteorología, no tienen a
Rubiera, están soplando huracanes, pero nadie sabe
qué rumbo llevan, si oeste noroeste y tres grados
más para el norte o para el sur, y con vientos tales
y más cuales. Lo único que les digo es que es
huracán fuerza cinco (Risas).
Fuerza cinco es un huracán que no deja nada en pie,
sin cometer un abuso, sin matar a nadie de hambre,
solo con sencillísimos principios:
la libreta tiene que desaparecer; los que
trabajan y producen recibirán más, comprarán más
cosas; los que trabajaron durante décadas recibirán
más y tendrán más cosas. Y el
país tendrá mucho más pero no será jamás una
sociedad de consumo, será una sociedad de
conocimientos, de cultura, del más extraordinario
desarrollo humano que pueda concebirse, desarrollo
de la cultura, del arte, de la ciencia, y no para
armas químicas, con una plenitud de libertad que
nadie puede cortar. Eso lo
sabemos, no hay ni que proclamarlo, aunque sí
recordarlo.
Nos hemos ganado ese derecho a hacer lo que vamos a
hacer hoy, y disponer de casi un millón de
profesionales, intelectuales y artistas, disponer de
500 000 estudiantes en nuestras universidades, de
todas las ramas de la ciencia, y que son
calificables y recalificables, pueden pasar de una a
otra actividad y serán capaces de muchas cosas.
Les advierto que nuestra sociedad va a ser en
realidad una sociedad enteramente nueva.
Y en esta carrera de larga distancia, les
llevamos ya muchas pistas a los que más se acercan.
No es ningún mérito, el mérito está en el
imperio, fue demasiado grande la amenaza que nos
hizo, el desafío que nos impuso.
El mérito está en ellos, lo único que ha hecho
nuestro noble, generoso, valiente e inteligente
pueblo, es responder; y hoy responde, con la gran
fuerza de muchas inteligencias desarrolladas.
Hoy, cuando aquí hablamos de 500 000, eso se ha
producido en muy poco tiempo; hace apenas tres años,
cuántos había aquí y cuántos habrá mañana.
Algo más, tendremos decenas de miles de estudiantes
latinoamericanos en escuelas de medicina, y solo
nuestro país deberá formar en los próximos 10 años
100 000 médicos. Ya estamos
luchando por crear el mejor capital médico del
mundo, y no solo para nosotros, para nosotros los
que hemos formado y seguiremos formando, para los
pueblos de América Latina y otros pueblos del mundo,
que ya están solicitándonos que les formemos
médicos, tenemos con qué formarlos y nadie los puede
formar mejor. Hemos desarrollado métodos pedagógicos
que ni siquiera soñábamos. Ya lo
veremos, y rápido.
No habrá solo 12 000 estudiantes de medicina en la
ELAM, hay ya 2 000 jóvenes bachilleres bolivianos
aquí; además de los de la ELAM, un número de ellos
en Cienfuegos, alojados en casas de familias
cienfuegueras, serias, con preparación profesional y
cultura, cuyo perfil psicológico ha sido estudiado,
así como el perfil del estudiante y de la familia
del estudiante, una experiencia nueva y única.
Hablaba sobre eso ayer con algunos, es la
solidaridad convertida en colosal riqueza.
¿Cómo se podrían albergar 100 000 estudiantes
de nivel superior? Y sabemos lo
que cuesta cada uno de ellos, qué cuesta
alimentarlos, qué cuesta alojarlos.
Sabemos que construimos en la primera etapa de la
Revolución cientos de escuelas secundarias básicas y
preuniversitarias, y hoy tenemos menos de la
mitad de la matrícula de los años setenta; sabemos
lo que cuesta repararlas, en qué tiempo se reparan.
Habrá muchas escuelas de medicina de 400 ó
450 alumnos con excelentes condiciones materiales,
el equipamiento necesario para los estudios, medios
audiovisuales, programas interactivos. Como sabemos,
y el mismo compañero Machadito lo dijo, que si él
hubiera tenido esos recursos en los cinco años que
estudió, habría podido adquirir en un año los
conocimientos que adquirió en cinco.
Eso significa no que vayamos a formar un
médico en un año, sino que un médico en seis años va
a tener los conocimientos que a través de los
métodos tradicionales habría necesitado 20 años para
adquirirlos. Estoy pensando en
calidad, ¡en calidad!, la vamos adquiriendo cada vez
más.
Conocemos lo que están haciendo nuestros
compatriotas en todas partes, estamos en permanente
comunicación con ellos, los del contingente “Henry
Reeve” y otros muchos. Hay toda
una hermosa historia, que en este momento se
desarrolla, como nunca antes en la historia y en la
vida de nuestra Revolución.
Me alegra pensar que un día como
hoy, este Día del Estudiante y este día que ustedes,
como cuantas veces quieran hacerlo, escogieron como
fecha móvil para celebrar el 60 aniversario de mi
ingreso en esta universidad, me sienta realmente
bien espiritual y físicamente al reunirme con
ustedes. Eran muchas cosas las
que venían a mi mente, y tuve que ir ordenando
recuerdos de ayer e ideas nuevas de hoy, y siendo
cuidadoso para no decir lo que no debo decir y decir
todo lo que hay que decir.
Pienso, y esto lo estoy discutiendo con los
compañeros y comunicándome con ellos, que este mismo
mes tenemos que tomar algunas medidas, dije este
mismo mes, no se debe perder un minuto, porque ya
están llegando cosas por aquí o por allá.
Necesitamos con urgencia un cierto desaliento al
despilfarro de la electricidad.
Vean, un cierto desaliento, no es la fórmula
definitiva, que esa es otra; pero ahora, que
comenzamos a distribuir ya en masa un número de
equipos, mientras más ahorremos, más equipos podemos
distribuir; y mientras más equipos podamos
distribuir, más ahorramos energía y más dinero
comenzamos a recoger desde fines de este mes y
principios del próximo año, pero es
imprescindible entrar en diciembre estableciendo
cierto límite al colosal despilfarro de
electricidad.
No, ni un centavo de incremento para los que gasten
100, un poquito más para los que gasten 150,
200 y 300 kilowatts.
Habrá el que gaste 300, sin duda, que tendrá que
pagar un poco más, pero no demasiado.
Quizás estos que despilfarran, en vez de dos
dólares tengan que gastar cuatro por 300; pero no
gasten mucho más de 300, apaguen las luces, quiten
el ventilador, no dejen encendido el televisor.
No lo mencioné, hay un millón de televisores,
40 000 en la mano y los otros viniendo, 50 watts,
para que no quede uno solo blanco y negro.
Otro montón de ahorro, hay un montón, un montón, un
montón y otro montón, probado en laboratorios lo que
consume cada equipo, todo está medido y todos los
cálculos están por debajo de lo que dan los números;
no queda un detalle, o muy poco, y todos los días
hay más experimentos, más experimentos y más
experimentos. Ya vamos a hacer
uno en un municipio completo, el más pobre, y por
eso entraron hoy allí los trabajadores sociales;
también entra en Cienfuegos una fuerza cambiando
bombillos.
Enrique, ¿qué día se ocuparán de los servicentros de
esa provincia? No importa, que
lo sepan ya, deben imaginárselo (Enrique le explica
que se hará a partir del sábado, que se han cambiado
158 000 bombillos en Cienfuegos y lo que queda se
terminará mañana).
(Le entregan al Comandante para la estudiante de la
provincia de La Habana dos bombillos ahorradores)
Oye, Enrique, ven acá, que eso no sirve, lo que
tiene ella en la mano. Estás
gastando electricidad por gusto.
Rápido, ya estamos acercándonos al fin.
¡Ah!, la muchacha está ahí. No,
pero este es de siete (Enrique le aclara que uno es
de siete y otro de 15).
No, pero ella tiene dos de 60, no apagues a la
muchacha, no me le apagues la luz en la casa.
Ella me dijo que tenía dos de
60. Yo decía entregarle dos de
15.
Toma, tú no, ella. Llévaselo,
dile que ya tiene uno (Le entregan los dos bombillos
de 15).
Ya sabemos lo que ahorramos al año.
No es una bobería (Aplausos).
Se lo vamos a descontar de lo que tiene que pagar
para subsidiar a aquel que está allá.
Están cambiando, ¿cuántos bombillos van a cambiar en
Cienfuegos? (Enrique le responde que en Cienfuegos
había 207 000 bombillos para cambiar.)
¿Cuántos más descubrieron? (Le dice que ha aumentado
la demanda y se van a enviar 100 000 más para allá.)
Ciento cincuenta mil de La Habana habíamos quedado
(Aclara que ya están en camino; que han
cambiado 158 000, con los 400 trabajadores sociales
que están en la tarea, más 360 de refuerzo que
enviaron. Ratifica que se
comienza el sábado en los servicentros).
Correcto. Y pasado mañana en los
servicentros. Que vayan
preparándolo todo, de todas formas vamos a descubrir
lo que compra la gente, y después habrá unas
máquinas de distribución perfectas y el país sabrá
dónde está cada máquina.
¿Cuánto combustible se gasta con todos lo que usan
el vehículo, no ya los camiones, sino hasta los
cargadores frontales de la construcción, como
ocurrió aquella vez? ¿Cuánto
gastan todos los tractores del MINAZ?
¿Cuánto gastan todos los tractores del campo,
que son decenas de miles haciendo el papel de yipis,
así tan tranquilamente? ¿Cuánto
gastan los que al no alcanzarles el queroseno, que
es el combustible de la inmensa mayoría, utilizan el
diesel para cocinar? Son cientos
de miles, cientos de miles y cientos de miles.
Al lado de eso —les advierto—, máquinas enteramente
nuevas, con capacidad de perforación, nueva sísmica,
que es muy moderna, perforando en todas las partes
donde hay que perforar y utilizando el gas
acompañante para ir creando plantas de ciclo
combinado que sustituyan para toda la vida la
“Guiteras”, o esas monstruosas plantas de Santiago
de Cuba que consumen el medio millón de tonelada de
diesel que produce la refinería de aquella ciudad,
gastando entre 300 y 350 gramos de fuel oil por
kilowatt de electricidad, o esas máquinas
devoradoras de diesel de San José de las Lajas que
para producir 60 000 kilowatts en las horas pico
gastan 400 gramos de diesel por kilowatt.
No se asombren el día que les digan:
están definitivamente retiradas; ninguna
mientras exista el peligro de un déficit, porque
tenemos que ir asegurando y asegurando.
Incluso, allí donde se va a ir sustituyendo
un combustible por otro, quedará, mientras no tenga
asegurado este, asegurado el anterior.
Van a ser cambios grandes.
Ya les dije que hay mil ómnibus de estos para
distancias largas, y tendrán su costo.
Ahora todavía no, porque preferimos esperar.
A veces hay que esperar para que comprendan
mejor algo; para que se comprenda bien, por ejemplo,
una medida, lo que la Revolución necesita siempre es
comprensión y apoyo del pueblo a los pasos que se
van dando, porque les aseguro —aquí lo repito— que
todo el pueblo trabajador recibirá más, todos los
que trabajaron por el país y por la Revolución
recibirán también más; muchos abusos se acabarán, a
muchas de esas desigualdades se les irá quitando el
caldo de cultivo, las condiciones que permiten eso;
cuando no haya alguien que tenga que ser subsidiado,
habremos avanzado considerablemente en la marcha
hacia una sociedad justa y decorosa, que un
verdadero e irreversible socialismo demanda.
Soñó el imperio que en Cuba se establecieran muchas
más paladares, pues puede ser que no quede ninguna;
o qué creen, ¿que nos hemos vuelto neoliberales?
Ninguno de nosotros se ha vuelto neoliberal;
pero les vamos a demostrar irrefutablemente las
crisis de sus teorías, como les hemos demostrado el
fracaso de su bloqueo, de sus agresiones, de sus
desestabilizaciones.
El año que viene puede ser que todavía haya menos
abstenciones en la votación contra el bloqueo en
Naciones Unidas, aunque ya no queda nada, nada más
que el aliado fascista y genocida que siempre vota
sin escrúpulo alguno con el imperio.
El mundo tendrá que librar una batalla.
Nadie debe tener derecho a fabricar armas nucleares.
Menos aun el derecho privilegiado que ha
impuesto el imperialismo para imponer su dominio
hegemónico y arrebatarles a los países del Tercer
Mundo sus recursos naturales y materias primas.
Lo hemos denunciado mil veces, pero no es la
solución. La primera solución
para un país del Tercer Mundo es no tenerle ningún
miedo, así lo hemos hecho siempre y ya comienzan a
desmoralizarse.
Defenderemos a rajatablas, en todas las tribunas del
mundo, el derecho de los pueblos a producir el
combustible nuclear y no tendremos ningún temor o
miedo, lo vamos advirtiendo
(Aplausos).
Debe acabarse en el mundo la zoquetería, los abusos,
el imperio de la fuerza y del terror.
Este desaparece ante la
ausencia total de miedo y cada vez son más los
pueblos que tienen menos miedo, cada vez serán más
los que se rebelen y el imperio no podrá sostener el
infame sistema que aún sostiene.
Un día Salvador Allende habló de más temprano que
tarde, pues pienso que más temprano que tarde ese
imperio se desintegrará y el pueblo de Estados
Unidos tendrá más libertad que nunca, podrá aspirar
a más justicia que nunca, podrá usar la ciencia y la
técnica en beneficio propio y de la humanidad, podrá
sumarse a los que luchan por la supervivencia de la
especie, podrá sumarse a los que luchan por una
oportunidad para la especie humana a la cual
pertenece.
Es muy justo luchar por eso, y por eso debemos
emplear todas nuestras energías, todos nuestros
esfuerzos, todo nuestro tiempo para poder decir en
la voz de millones o de cientos o de miles de
millones: ¡Vale la pena haber
nacido! ¡Vale la pena haber
vivido!
(Ovación.) |