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Quieren destruir la mejor obra
social y la más humana
que se ha hecho en este siglo
Si existe la fe en el
hombre, entonces se tiene la
convicción de que no existen sueños ni utopías que
no puedan realizarse
Discurso pronunciado por el Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en la clausura del VIII Congreso de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el día 12 de noviembre de 1999, "Año del 40 aniversario del triunfo de la Revolución".
(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Nota del compañero Fidel
Estimados lectores de Granma:
Como una deuda con los miembros de la Unión de
Periodistas de Cuba y los de la Federación
Latinoamericana de Periodistas, envío a Granma el discurso pronunciado en un plano
familiar y casi confidencial en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el día 12
de noviembre
de 1999, algunas de cuyas partes más delicadas revisé cuidadosamente. Me responsabilizo
con todo cuanto en él se expone.
Fidel
Castro
Queridos
amigos:
Hoy será diferente a otras ocasiones. He tratado de saber qué ha estado pasando en estos días, ustedes mismos no me permitieron que me informara de eso, porque por haber llegado puntual, quizás con medio minuto de adelanto y corriendo más de lo habitual, estaba con la esperanza de que Tubal (Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, UPEC) me explicara cómo habían trabajado, qué programas tenían aquí esta noche eso ni se sabía, yo no sé si él lo sabía (Risas), y me decían que se concluía el Congreso de la FELAP (Federación Latinoamericana de Periodistas) y se inauguraba el encuentro de periodistas españoles y latinoamericanos. Bueno, se inaugura, sí, porque se anuncia. Creo que hay dos portugueses y un español.
Trataba de comprender qué era eso, dos eventos, y pregunto: "¿Hay discurso aquí?" Dice: "No, no hay discurso, hay un coro." De modo que no podía ni siquiera orientarme, ni siquiera tener un poco de información; lo más que supe alrededor de las 7:30 p.m. eran algunos detalles de lo que había aquí, y nada más. Sí sabía que finalizaba el Congreso de la FELAP; eso lo sabía, un poco por la prensa y por algunos minutos en que pude ver la televisión. Digo: "¿Y dónde?" Me responden: "En el Aula Magna de la Universidad de La Habana." Me preguntaba por qué, y me digo: ¿Los habrán desalojado del Palacio de las Convenciones? (Risas) sí, porque a veces desalojan, ¿o será porque el Aula Magna tiene un simbolismo muy grande? Me agradó al escuchar que era por esto último. Y me dije: Quisiera estar allí aunque sea unos minutos, aunque solo sea para saludarlos. ¿Unicamente por aprecio y afecto por esta organización? No, no era solo por eso, era por la importancia que, a mi juicio, tiene hoy más que nunca esta organización.
Aunque sé que algunos de los periodistas han tenido ciertas dudas acerca de su papel, de sus posibilidades, de sus perspectivas; a pesar de que es pequeña y tiene muy pocos recursos, pienso que si se desea, y si se lo proponen ustedes y nos lo proponemos todos, esta organización puede ser el instrumento que estamos necesitando cada vez más.
He tenido el privilegio de participar, hace alrededor de siete meses, en un congreso de periodistas cubanos. Antes habíamos tenido un congreso de escritores y artistas de nuestro país, unas cuantas semanas antes puede decirse, y puedo asegurarles que en los largos años de Revolución no había tenido oportunidad de ver dos reuniones tan fecundas como esas, que llamamos congresos, y que tuvieron lugar en la primera mitad del año: a discutir, y a discutir de verdad problemas y temas de todo tipo.
Yo comprendo bien lo difícil que es ser periodista en un país socialista, digamos, en nuestro propio país, en que los medios, o los órganos de difusión no son propiedad privada de nadie, son propiedad, no voy a decir del Estado sería imprecisa esa definición, el Estado es una institución cada vez más calumniada; nosotros concebimos que la propiedad de estos medios es una propiedad del pueblo. Pudiera parecer una frase, una palabra, una consigna; quizás lo difícil sea usar de una manera eficiente y óptima esos medios, que son del pueblo y que tienen una asociación muy grande con eso que se llama Estado.
El gran sueño de la reacción a lo largo de este siglo, a lo largo del desarrollo del capitalismo, ha sido demostrar que el Estado no sirve absolutamente para nada, aunque ellos sí saben para qué sirve.
El Estado es ineficiente, el Estado es un desastre, de acuerdo con la filosofía de esos sectores reaccionarios; al Estado hay que desprestigiarlo, y yo incluso estaría de acuerdo, depende de cuál Estado.
El Estado, llamado a desempeñar un papel fundamental en una época de tránsito histórico, es una institución imprescindible, absolutamente imprescindible, y, en ese sentido, lo que nosotros quisiéramos hacer desaparecer son las ineficiencias del Estado que los revolucionarios no hemos sido capaces de construir mejor. El viejo Estado de los capitalistas, el de los explotadores, es el Estado que quisiéramos ver desaparecer de una vez y para siempre.
De modo que hay dos tipos de Estado y dos conceptos de Estado diferentes, diametralmente opuestos: aquel perverso Estado tan bien engrasado y este Estado nuestro ineficiente. Al final, cuando cada cual haya cumplido su tarea, según soñaba Marx, que los dos desaparezcan.
Una de las cosas que más me atrajo a mí del marxismo fue la idea de que un día no existiera el Estado; una vez concluida su misión, aquel instrumento que habría de servir para crear una sociedad nueva no tendría razón de existir.
Hay muchos sueños en el marxismo y no estoy dando aquí una conferencia sobre marxismo ni mucho menos, ni siquiera haciendo una defensa, es una simple reflexión sobre un sueño, no una utopía. Hay una diferencia entre los sueños y las utopías, y a la vez mucha similitud entre los sueños y las utopías.
Martí dijo una vez que los sueños de hoy serán las realidades de mañana. Hay que empezar siempre soñando, hay que empezar creando utopías, y les habla un individuo que empezó siendo utópico, y por su propia cuenta, es lo más curioso. Cuando comencé siendo utópico, meditando sobre los problemas de la sociedad aquella que yo conocía, creo que no sabía siquiera nada de los utópicos; pero la verdad es que comencé siendo un soñador, un utópico, y hoy creo que soy un realista, un soñador y un utópico. Parte todo de una fe, la fe en el hombre, y si existe la fe en el hombre, entonces se tiene la convicción de que no existen sueños ni utopías que no puedan realizarse.
¡Qué lejos nos parece el comunismo y qué lejos realmente está! Qué lejos aquella fórmula de distribución: "De cada cual según su trabajo, a cada cual según sus necesidades." ¡Qué lejos estamos de aquella hermosa fórmula! Y qué sabio fue Marx cuando habló de dos etapas: una socialista y otra comunista, la primera presidida por la fórmula "de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo". Bien sencilla, sencillísima. Fue sabio, porque hoy es prácticamente la única por la que se puede luchar, un camino necesario del cual no puede prescindirse, y que a aquellos que nos enamoramos de la fórmula comunista nos parecía una fórmula injusta.
Para mí la fórmula socialista es una fórmula necesariamente injusta, pero está muy por encima de la repugnante sociedad capitalista en que los que realmente aportan según su trabajo apenas reciben nada, mientras los mayores holgazanes de la sociedad lo reciben todo.
Sí, ustedes también son proletarios, nadie se asombre; son proletarios del trabajo intelectual, proletarios del pensamiento, proletarios de las ideas, proletarios en la elaboración de mensajes; son proletarios, incluso, cuando salen corriendo a llevar un reportaje al periódico, y antes, cuando no existían las computadoras, tecleando desesperadamente en una máquina de escribir. Son, además, obreros asalariados.
No sé, ¿hay alguno aquí de la SIP? No, díganme la verdad, ¿hay alguno? Imagino que ustedes, como periodistas, viven de su trabajo, y que, aunque mal, les pagan algo, a unos más y a otros menos; luego son obreros asalariados. De acuerdo con la fórmula socialista, tal vez según su capacidad, como la capacidad no es igual en todos, los de más capacidad recibirán mucho más. Algunos pueden tener mucha menos capacidad, pero muchos más hijos, muchas más necesidades y, al final, no podría hablarse enteramente de una sociedad justa. Bueno, eso es lo que les ocurriría a ustedes en el socialismo; en el capitalismo ya sabemos bien lo que les ocurre.
Estas reflexiones que no quiero extender quizás sirvan para explicar la enorme felicidad que experimenté, en el congreso de que les hablaba en el primer semestre de este año, cuando pude ver con más claridad que nunca y han pasado años de Revolución cuán decisivo puede ser el papel de la prensa en el socialismo, cómo debe funcionar la prensa en el socialismo y qué inmensas, qué infinitas posibilidades tiene la prensa en el socialismo. Es como esas cosas que de repente se ven con una enorme claridad.
Han sido necesarios 40 años de Revolución, han sido necesarias experiencias de todas clases, ha sido necesario un período especial, ha sido necesaria una batalla ideológica descomunal, ha sido necesario caer en este mundo que llaman globalizado, donde, entre otras cosas, las más globalizadas son la desinformación y la mentira.
Quizás nunca en circunstancias como estas se podría comprender cuánto valen los medios de prensa cuando están al servicio del capitalismo y del imperialismo. El imperialismo y el capitalismo han subsistido en gran parte por factores subjetivos, y uno siente la impresión de que eso lo descubrieron primero los capitalistas que los marxistas.
Para mí los factores subjetivos tienen también una importancia enorme, y la propia historia no marcha linealmente, tiene avances, retrocesos, y de nuevo avances que se reanudan siempre intercalados con mayores o menores retrocesos.
Con nuestros periodistas hace unos días estuve conversando extensamente sobre estos temas. Los capitalistas descubrieron el valor de los factores subjetivos y descubrieron en los medios masivos el instrumento perfecto de influir de una manera avasalladora sobre esos factores subjetivos que constituyen ingredientes imprescindibles de la historia, de los avances históricos, o de la prolongación de sistemas inicuos, explotadores, monstruosos, inhumanos, que subsisten hasta que una crisis, que pudiéramos llamar nuclear, los hunde definitivamente.
Y digo nuclear porque solamente cuando en las sociedades se acumula tal cantidad de problemas, cuando se hacen absolutamente insostenibles, estallan, incluso por encima de los factores subjetivos, incluso por encima del dominio avasallador que pueda tener un sistema sobre los medios de divulgación, con los cuales controlan esos factores subjetivos, que podrían contribuir más a acelerar el curso de la historia y a hacer desaparecer un mundo lleno de injusticias, lleno de miserias y lleno de monstruosidades.
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