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¡Respétese a los pueblos! ¡Respétese su integridad
territorial! No es esta una época de desintegrar países
cuando muchos pueblos luchan por la integración

Discurso pronunciado por el presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del
Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de
Ministros, en el acto por el 50 aniversario de la fundación de la República Popular China,
efectuado en la Sala Universal de las FAR, el día 29 de septiembre de 1999,
"Año del 40 aniversario del triunfo de la Revolución".

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

Fidel Castro RuzComo ustedes ven, ya estaban cerrando las cortinas (Risas); pero miraba el reloj y dio la casualidad de que nos sobraba un poquitico de tiempo, por eso pensé que valía la pena utilizar esos minutos para añadir algunas breves reflexiones a lo que aquí se ha dicho.

Días atrás, estando nosotros enfrascados en gran número de actividades, con cierta frecuencia me surgía una preocupación, pensando que se iban a cumplir 50 años del triunfo de la revolución en China, no solo de la revolución, sino también de la independencia de China, y que esta era una fecha realmente de gran significación histórica.

Tales frases se usan con cierta frecuencia, pero en este caso estamos ante un hecho real, una fecha de real importancia histórica, y me preguntaba: Cómo lo vamos a conmemorar nosotros, qué relevancia le vamos a dar, por eso preguntaba por el programa que iban a hacer. Le pregunté al Embajador y primero me dijo que había una recepción en la Embajada la noche del 30 y que me invitaba calurosamente. Respondí: Embajador, ¡el 30 por la noche no es el aniversario del triunfo de la Revolución china!, y él me dijo: Sí, porque es que a esa hora del día 30, ya es primero de octubre en China. Y, realmente, estaban organizando la recepción no para el día 2, lo que habría sido el resultado de organizarla, como suele hacerse tradicionalmente, el día primero; haciéndola mañana 30 por la noche, coincide exactamente con la mañana del día de la fundación de la República Popular China. Incluso sé que tiene preparadas unas pantallas de televisión para que los invitados puedan presenciar el desfile y la conmemoración en la plaza de Tiananmen.

A mí me satisfizo mucho ese minuto en que el Embajador recordaba que Cuba fue el primer país de América Latina en reconocer a la República Popular China y en establecer relaciones con ella, porque había un bloqueo muy grande, un esfuerzo de aislamiento total, más la obediencia total a Estados Unidos en nuestro hemisferio, donde incluso muchos países, como nuestros grandes hermanos de las islas caribeñas de origen anglófono, todavía no eran independientes. La independencia de esas islas ha incrementado la capacidad y el espíritu de independencia en este hemisferio; pero nadie aquí en la América Latina tenía relaciones con la República Popular China, y así ocurría en otros muchos lugares del mundo.

Como nosotros también nos hicimos independientes el primero de enero de 1959, no pasó mucho tiempo antes de que estableciéramos relaciones con la República Popular China.

Pero hay algo más que él recordaba, y es que cuando triunfa la Revolución Cubana, China, en el Consejo de Seguridad y en las Naciones Unidas, estaba representada por Taiwán. En ese entonces solo existía un país que no fuese un aliado de Estados Unidos, en el grupo de miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que era la Unión Soviética. Y, como una prueba de las imposiciones del imperialismo, está el hecho de que desacataron, ignoraron por completo que el país más populoso del mundo; el país más antiguo del mundo, podemos decir, entre los países modernos, la civilización más antigua que existía en el mundo, no estaba representado en esa Asamblea General, ni estaba representado en el Consejo de Seguridad, a lo que tenía derecho de acuerdo con todos los convenios que se hicieron en la Segunda Guerra Mundial.

Mantuvieron allí en Taiwán al gobierno títere derrocado, que siguió siendo aliado de Estados Unidos, y tuvimos que luchar duro, muy duro, año por año, muchos países, fundamentalmente del Tercer Mundo, entre ellos Cuba; como luchamos hoy contra el bloqueo, luchábamos entonces para que se reconociera el asiento de la República Popular China en las Naciones Unidas y en el Consejo de Seguridad entre los cinco miembros permanentes.

Aquello se logró en 1971, fue ya imposible resistir aquel movimiento de la opinión pública mundial y el apoyo creciente del creciente número de miembros en las Naciones Unidas; porque en aquel período surgieron a la independencia política muchos países de Africa y de otras áreas del mundo, entre ellos países de gran peso, porque fue después de la Segunda Guerra Mundial que la India, el otro país más populoso del mundo después de China, alcanza la independencia; Indonesia, otro de los países más populosos de Asia, alcanzó también la independencia; Japón estuvo ocupado durante años y al final fueron, poco a poco, cediéndole las prerrogativas de nación soberana; muchos otros se independizaron en el Oriente Medio, en Oceanía, ya mencioné el Caribe. Así se fueron sumando países, y fueron la constancia y la tenacidad en esa lucha las que, al fin y al cabo, lograron hacer prevalecer ese elemental derecho de China.

Hoy, 26 años después, aquel acontecimiento alcanza, yo diría, su pleno valor en las actuales circunstancias del mundo, por la importancia y por el peso que tiene China en la actualidad, incomparablemente mayor que el que tenía cuando por fin se aceptó su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad.

En el Consejo de Seguridad, el país que menos ha hecho uso del veto ha sido China; lo ha utilizado muy excepcionalmente —quizás Alarcón sepa cuántas veces—; en cambio, "el amo del mundo" —entre comillas, porque no es dueño de todo el mundo, sino de casi todo el mundo— ha hecho uso de ese derecho infinidad de veces.

Hoy el Tercer Mundo tiene un país amigo, ese Tercer Mundo que tanto apoyó a China; tiene un amigo en el Consejo de Seguridad y entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

No se mencionaron aquí, y yo lo recordaba, los sufrimientos del pueblo chino, los enormes sacrificios de ese pueblo después del triunfo de la revolución y de la independencia; tengo que decirlo así, porque el país no fue plenamente independiente, igual que en Cuba, sino el mismo día en que triunfó la Revolución. Ellos, por ejemplo, durante bastante tiempo estuvieron bloqueados económicamente, aislados en este campo de una manera casi total; contaban en los primeros años con la colaboración de la Unión Soviética, dentro de cierta medida, porque la Unión Soviética también acababa de surgir de una terrible guerra, donde su industria, su agricultura, su infraestructura quedaron prácticamente destruidas; algún apoyo le ofreció, determinado apoyo que sé que los chinos apreciaban mucho, hasta que surgieron diferencias y dificultades.

No es a esos temas a los que yo quiero referirme. Pero recuerdo los años de bloqueo económico de China y recuerdo también cuando las tropas norteamericanas, bajo el mando de MacArthur, intervinieron en el conflicto coreano, país al que dividieron y todavía mantienen dividido, y llegaron hasta la frontera de China. De modo que muy poco tiempo después de finalizada la guerra de liberación, no menos de un millón de voluntarios chinos tuvieron que empuñar las armas y participar en aquella contienda junto al pueblo coreano, e infligirles una severa y colosal derrota a las tropas intervencionistas de Estados Unidos y sus aliados, hasta volver a restablecer la situación existente antes de esa guerra, que es la actual frontera entre las dos partes de Corea. Ese episodio no puede olvidarse, ni los cientos de miles de vidas que los combatientes chinos perdieron.

He conversado con algunos que participaron en aquel contraataque, era en medio de un frío inclemente, atravesando terrenos montañosos, sin medios mecánicos, con un dominio aéreo total por parte de Estados Unidos y sus aliados, que incluso amenazaban con usar el arma nuclear. Había en Estados Unidos no pocos defensores de la teoría de atacar más allá de la frontera china, en la desesperación de la derrota, porque avanzaban incontenibles los combatientes chinos, a pesar de la enorme diferencia en la técnica militar, hasta que llegaron al punto donde se mantiene todavía esa línea, una batalla tremenda.

Con posterioridad siguió el bloqueo económico; también con posterioridad intervienen los imperialistas yankis en Viet Nam, desatan su guerra genocida, y entonces allí se expresó la solidaridad de China con el pueblo de Viet Nam. En esos tiempos fueron dos países, China y la URSS, los que suministraron armas y dieron apoyo político a los vietnamitas que, luchando heroicamente, obtuvieron la victoria. Esa victoria se obtiene alrededor de los años 70. Cuba hizo sus modestos aportes: un suministro gratuito anual de azúcar a los vietnamitas durante los años de la guerra. No vale la pena ni mencionarlo, sino como expresión de la buena voluntad y del espíritu de solidaridad de nuestro pueblo, que adicionalmente brindó su apoyo político total. En nuestro pueblo se creó también un enorme sentimiento de solidaridad con Viet Nam.

Vean cuántas vicisitudes tuvieron que atravesar los chinos después de la guerra y durante cuánto tiempo; pero el imperialismo fue sufriendo derrota tras derrota. La lección de Corea anotó puntos importantes; la lección de Viet Nam anotó puntos importantes; yo diría que la resistencia de Cuba a los bloqueos, a las invasiones mercenarias, a las amenazas de guerra nuclear y todo aquello, anotó algún puntico, también importante, en esa lucha que le demostraba al mundo que era posible luchar y vencer contra el imperialismo. Ellos sufrieron un duro bloqueo económico durante muchos años, un poco menos tiempo que nosotros, que en eso sí tenemos el récord; ellos estuvieron bloqueados durante 28 años, nosotros llevamos ya 40.

Los hechos mencionados constituyen una prueba irrefutable de que esas locuras, esas políticas criminales no pueden ser eternas.

Los Estados Unidos, después de todos los golpes que iban sufriendo en muchas partes, fueron comprendiendo que ya era insostenible la posición que mantenían con relación a China, no solo insostenible desde el punto de vista del derecho, de los principios políticos, de la Carta de las Naciones Unidas y todo lo demás, sino insostenible también hasta desde el punto de vista de sus intereses económicos; China constituía un enorme mercado potencial y ellos no podían prescindir de ese mercado. En tal sentido los chinos sí tienen una gran ventaja... Bueno, en muchas cosas tienen ventajas, pero en este sentido en particular tenían una enorme ventaja con relación a Cuba, y es el hecho de que su población —ahora suman un poquitico más— era alrededor de ciento veinte veces mayor que la de Cuba; un espacio territorial, como aquí se mencionó, de 9,6 millones de kilómetros cuadrados, casi cien veces la nuestra, y, sin duda, un país de grandes recursos naturales.

Podría añadir otras ventajas: No vivían en medio de Occidente, como vivimos nosotros, que somos portadores, en gran parte, de la cultura heredada de ese Occidente. China tenía una cultura milenaria —gran ventaja del pueblo chino—, un idioma y una escritura muy propia y muy compleja; no es un lenguaje tan fácil, no es precisamente de origen latino, ni de origen, digamos, occidental, poseían en realidad un lenguaje milenario. No estoy en condiciones de saber cuánto evolucionó desde los tiempos aquellos anteriores a nuestra era. Esos factores culturales constituyen fuerza muy importante para defender la identidad, la integridad y la independencia; un gran país, menos susceptible a la penetración de la cultura occidental que nos rodea.

Vean ustedes lo que explicó el Embajador: Ellos, después de más de más de 25 años de conflictos, guerras, bloqueo, habían recuperado ya importantísimos derechos como aquel asiento en el Consejo de Seguridad, un respeto creciente en el mundo, y, a pesar de errores, como señaló el Embajador, dificultades de distintos tipos que ocurrieron en la propia política interna del país, en un momento dado, cuando a Occidente no le quedó más remedio que reconocer todos los derechos de China y cuando cesaron todos los bloqueos, entonces vean ustedes a qué ritmo extraordinario avanzó ese país.

Lo que él leyó aquí —yo hace unos minutos estaba revisando una copia de su discurso, y ya lo había oído mencionar en algunas comparecencias del Embajador— no tiene precedentes en la historia de ninguna sociedad humana: un crecimiento promedio sostenido de 9,8% durante 21 años. Yo sacaba cuentas de cada cuántas veces duplicaron la producción económica en ese período. Ya antes habían obtenido importantes avances. Recuerdo que después del triunfo revolucionario, a mano, los chinos construyeron grandes diques para evitar las inundaciones y promover el regadío, muchas obras de todo tipo fueron realizadas, e iniciaron sus programas sociales desde el mismo triunfo de la Revolución; pero los avances económicos se vieron indiscutiblemente obstaculizados considerablemente por el bloqueo económico, a lo que se añadieron factores subjetivos.

Cuando —repito— todos tuvieron que reconocerle los derechos a China y desaparecieron todos los bloqueos, y ellos rectificaron determinados errores —yo no digo que sean errores, esos son sus puntos de vista, no tendríamos derecho nosotros a convertirnos en jueces de cada uno de los acontecimientos internos de China; pero ellos, tal como lo explicaba el Embajador, habían hecho determinadas correcciones, habían superado determinados errores, y errores comete todo el mundo, eso sí que no se puede negar—, después de eso, lograron ese impresionante récord, porque él señala, sobre todo, lo que crecieron a partir de 1978, en 21 años. No existe precedente, no ha existido nunca nada parecido a esa cifra.

Resulta verdaderamente muy satisfactorio escuchar aquí al Embajador reafirmar que esos éxitos fueron posible a partir de una ideología política, a partir de una ciencia política, a partir del marxismo-leninismo, a los cuales se añadieron los aportes teóricos importantes que hizo Mao Zedong; aportes teóricos a la lucha política, aportes teóricos a la lucha revolucionaria, aportes teóricos al marxismo, y al cual se añadieron más adelante los aportes teóricos y prácticos de Deng Xiaoping. Unase a esto una característica que no puede ignorarse: la laboriosidad del pueblo chino. Es un pueblo, realmente, muy laborioso, muy trabajador; esto es algo reconocido en todas partes del mundo, y en Cuba se conoce, porque, dedicados a la agricultura, especialmente producción de vegetales, contribuían mucho al abastecimiento de la ciudad con productos frescos.

De modo que ese espíritu laborioso es un factor importante que, a mi juicio, contribuyó también a esos avances del pueblo chino, con una teoría y a través de una revolución que conquista, junto a los profundos cambios sociales, la independencia de aquella gran nación; una verdadera y ejemplar revolución, cuando se analiza desde sus raíces, desde que se organizó en los años veinte el primer núcleo del Partido Comunista Chino; su rica historia y, entre los hechos más sobresalientes, la larga marcha, una proeza militar que tampoco tiene paralelo en la historia, y la historia habla de muchas proezas militares.


II PARTE


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