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La verdad cruda y directa
Contrarréplica de Hassán Pérez ante la 5ta Asamblea de la ONU
Señor Presidente,
Excelencias:
Soy un estudiante de Historia que, al igual que el resto de los compañeros
presentados en la sesión matutina, tiene el privilegio de representar en este 54 Período
de Sesiones al pueblo de Cuba. Tengo, además, el honor de ser uno de los 601 diputados
que, en elecciones abiertas y enteramente libres, fuimos electos con la participación de
nuestro pueblo, y de presidir la Federación Estudiantil Universitaria, organización que
fue fundada en 1922 y que cuenta con setenta mil miembros en 47 centros de educación
superior.
Comprenderán entonces que en mi exposición no utilice juegos de palabras ni me esconda en frases diplomáticas para transmitir mis ideas. Voy a hablar con la verdad, de manera cruda y directa. Tal como la siento.
He escuchado con asombro e indignación cómo la historia de un pueblo puede ser burdamente tergiversada y manipulada. Si me permitieran un consejo desde el ángulo de un joven que, como su pueblo, posee una infinita vocación por la verdad, quisiera sugerirles a los señores que defienden el bloqueo que rematriculen en alguna de las universidades de Estados Unidos para que reciban créditos de la Historia Contemporánea. Después de prestar atención a lo planteado, no tengo dudas de que los necesitan.
Una vez más se ha traído a esta sala la histeria desmedida y caduca que se ha repetido durante nueve administraciones. No hemos oído aquí ni una sola palabra que pueda refutar los contundentes argumentos que, avalados por sólidas verdades y citas de documentos norteamericanos desclasificados, presentó hoy el Canciller de mi país.
Este mundo en que vivimos, lleno de paradojas inconcebibles, ha presenciado cómo el Estado que no paga a las Naciones Unidas las manipula cotidianamente. En la tragedia global que padece la humanidad, los acusadores son aquellos que aplican sanciones unilaterales a setenta y cinco países, bombardean y lanzan misiles contra naciones soberanas cuando se les antoja.
En el caso de Cuba, la ilegitimidad del bloqueo -y quisiera recalcar que no se trata de embargo sino de bloqueo, y además emplazar al representante norteamericano a que pueda explicar a esta sala en qué legislación se autoriza la venta y las operaciones comerciales de alimentos y medicamentos- ha sido reconocida, ya no sólo por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en siete ocasiones consecutivas como un acto totalmente ilegal, como fuera recordado esta mañana, lo que se convierte en un testimonio incuestionable del rechazo de la comunidad internacional a dicha política, sino también se refleja en el creciente reclamo de numerosos sectores de la sociedad norteamericana por levantarlo, y para que se modifique radicalmente la actitud del gobierno de los Estados Unidos hacia Cuba.
A los sectores académicos, religiosos, laborales, de hombres de negocio, a la prensa y a todos aquellos que consideran absurdo el bloqueo, se han unido importantes representantes del Congreso norteamericano, que en muchos casos han presentado iniciativas de peso para modificar de manera radical esa política.
Que el país -mi país- salga adelante con un seis por ciento de crecimiento durante el primer semestre del año, que la mortalidad infantil en Cuba sea de seis niños por cada mil nacidos vivos, que Cuba cuente con niveles de salud y educación similares a los de los países más desarrollados, que aún en los momentos más difíciles no haya quedado desvalido ni un niño, ni una mujer, ni un anciano, ni un discapacitado, es aún más revelador de nuestra verdad. Estas realidades dan el mentís más absoluto a las alegaciones del gobierno de los Estados Unidos. ¿Puede acaso hacer lo mismo el gobierno norteamericano en lo que respecta a la guerra sucia contra Cuba, con sus miles de víctimas en lo que respecta a los centenares de atentados preparados contra nuestros líderes políticos, en lo que respecta a un bloqueo que no sólo es violatorio del derecho internacional y que intenta imponer, extraterritorialmente, las leyes aprobadas en Washington al resto del mundo, sino que es también, probadamente, un intento de genocidio contra el pueblo cubano? ¿Es que acaso con sus intentos de justificarse en la tarde de hoy, con la idea de justificar lo injustificable, nos está revelando la delegación de Estados Unidos cuáles son las intenciones de su gobierno contra cualquier país que no se pliegue a sus designios en este nuevo orden, tan falto de principios, que tratan de diseñar?
Hablan los Estados Unidos de promover los contactos pueblo a pueblo. En el caso de los derechos humanos, es inaudito que hablan de ello los violadores más formidables que el mundo ha visto. En Estados Unidos está la población carcelaria más grande del globo terráqueo y existe un patrón racial diferenciado en la aplicación de la pena de muerte y en el resto de las sanciones penales. Este es el país de la brutalidad policial, de la mercantilización de la política, de la represión de los inmigrantes. En esta ciudad y en el resto del país se le llama a la corrupción institucionalizada "dinero blando" y sus gobernantes aspiran a que creamos en la falacia de que los multimillonarios y los homeless tienen iguales derechos. Es totalmente risible. Donde la mortalidad infantil de la población negra duplica a la de la blanca.
Quienes intentan erigirse como paladines universales de la democracia, olvidan que han escalado a escaños políticos con porcentajes minoritarios de la población, convirtiendo las campañas electorales en uno de los negocios más prósperos y jugosos actuales, al destinar en cada período cientos de millones de dólares. ¿Cuántos medicamentos, computadoras, alimentos para nuestras escuelas, hospitales para la población cubana y del resto del Tercer Mundo podrían adquirirse con ese dinero?
El pueblo cubano puede intervenir en este plenario con la dignidad más alta que las Torres Gemelas, porque ha sabido construir una sociedad donde el ejercicio de la democracia cotidiana y real se ha convertido en nuestra principal divisa. La democracia -entendida como el gobierno del pueblo- que para nosotros quiere decir ejercer el mandato de 11 millones de cubanos.
Creo que el señor Representante de Estados Unidos no podría comprender que en el Parlamento de la mayor de las Antillas estamos presentes estudiantes, artistas, campesinos, deportistas, intelectuales, científicos y médicos, quienes nos esforzamos a diario por representar a nuestro pueblo sin percibir un sólo centavo. Ese panorama resulta inconcebible para muchos que cada año pueden engrosar en sus cuentas personales, diseminadas en los bancos de todo el mundo, miles de millones de dólares.
¿Cómo intentar acusar de violar los derechos humanos y de no ser democrático a un país que ha graduado en sus aulas a miles de profesionales de los países subdesarrollados, que ha enviado a África y América Latina a decenas de miles de sus jóvenes para contribuir a que se erradique el analfabetismo o para salvar incontables vidas humanas, a un país que ha acogido como a sus propios hijos y de manera totalmente gratuita a más de 2 000 jóvenes latinoamericanos que se formarán como médicos para regresar luego a sus comunidades indígenas? Pensamos que si existe todavía un ápice de sentido común -y estamos seguros de que la especie humana no podrá perder jamás la sensatez- debería juzgarse al país donde viven un millón de personas en los túneles de los trenes subterráneos, 43 millones de ciudadanos que no tienen seguros médicos y 17 millones de mujeres que han sufrido un asalto sexual y donde hay miles de enfermos mentales encarcelados, al país responsable del negocio de las armas que cuesta millones de vidas anualmente.
Por último, quisieramos reiterarles que al proclamar nuestro pueblo que el bloqueo norteamericano constituye un acto de genocidio, refrendado en el Derecho Internacional, cuyas Convenciones que así lo atestiguan tengo en mi poder, no sólo lo hacemos para condenar a quienes nos han agredido a lo largo de estos años, sino para en nombre de muchos en este mundo y con el valor que los pueblos libres e independientes tenemos, pedir pueda acusarse a quienes han intervenido con sus marines en más de 40 oportunidades en América y han apoyado a las dictaduras militares que asesinaron a miles de seres humanos, a los que en Vietnam fueron responsables de la muerte de cuatro millones de seres humanos, a los que desde su formación como nación exterminaron a las poblaciones que desde cientos de años atrás se encontraban en aquellas zonas, a los que les robaron más de dos millones de kilómetros cuadrados a México, a quienes durante la Segunda Guerra Mundial detuvieron a 100 000 japoneses que vivían en Estados Unidos sin tener ningún delito, sólo por ser posibles sospechosos.
Si la humanidad fue capaz de condenar en Nuremberg a los criminales fascistas que causaron la pérdida de más de 50 millones de seres humanos, tiene que ser capaz también de condenar a los autores de estas aberraciones.
Muchas Gracias.
Intervención del Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba en el 54
periódo de sesiones de
la Asamblea
General de las Naciones Unidas
Réplica de Peter Burleigh, representante permanente alterno de Estados Unidos ante la ONU
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