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Palabras de Fidel a los estudiantes graduados del
Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana,
en el teatro Carlos Marx, el día 9 de agosto de 1999

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado) 

En realidad, me han traído aquí obligado (Risas). Yo no hice compromiso con nadie, y de repente escucho aquí que en este día glorioso y las demás cosas, iba a dirigirles la palabra, comprometiéndome irremediablemente. Aceptar la invitación a un acto no significa la necesidad de pronunciar un discurso. Realmente, en estos días he pronunciado más de uno y son unas cuantas horas sumadas; estoy en deuda incluso con la prensa, porque tengo que revisar todos esos materiales, y, por lo tanto, no tenía ese propósito.

Me dijeron que se graduaban hoy los estudiantes de medicina, de estomatología, de licenciatura en enfermería y un grupo de tecnólogos, que tenían un acto y me estaban invitando a asistir. Por eso muchas veces no asisto, porque detrás de la asistencia viene la demanda del discurso; pero esta vez no habrá discurso, simplemente si vengo aquí es a saludarlos, a expresarles que realmente tenía una motivación especial para, en este caso, aceptar la invitación, aun a riesgo de que me trajeran a la fuerza a esta tribuna.

Tengo muy en cuenta que ustedes constituyen una graduación que ha realizado sus estudios en un período sumamente difícil de la vida de nuestro país.

Tengo en cuenta también la nobleza y el objetivo de la carrera que ustedes acaban de terminar, o, si quieren mejor, de la carrera que ustedes acaban de comenzar, porque será ahora realmente cuando ustedes comiencen a aprender medicina; lo demás se puede estudiar hasta en los libros, aunque, desde luego, los servicios que ustedes han prestado en los hospitales es una experiencia digna de consideración.

Tengo en cuenta, además, una tercera cosa, y es que estamos viviendo uno de los tiempos más gloriosos de la medicina cubana, y lo digo con fundamento, lo digo porque estoy absolutamente convencido de eso.

Hay algunos elementos que ponen a meditar a cualquiera. Decía Dotres que este día se graduaban como médicos en todo el país 2 390 alumnos egresados de nuestras escuelas o facultades de medicina y 200 de estomatología. Pero también algo más de 2 100 licenciadas y licenciados en enfermería. Ese es un enorme paso de avance. En las muchas ocasiones que me he reunido con los estudiantes que culminan sus estudios de medicina y estomatología, eso es algo que nunca tuve el privilegio de ver, consecuencia de las ideas que han presidido el desarrollo de nuestras facultades de medicina y de nuestra preparación de los cuadros de la salud. Antes se graduaban nada más que médicos y estomatólogos; ahora se gradúan, además, alumnos de la licenciatura en enfermería, y ya por millares, 2 118. Se puede hablar de miles: dos millares es ya plural y la fracción de 118 adicional es parte de otro millar, podemos decir que por millares, y también los primeros tecnólogos, 18, algo es algo. Un salto de calidad.

Los estudiantes de enfermería comenzaban al principio de la Revolución con noveno grado, algunas de las muchachas eran tan jovencitas que iban con las muñecas a los hospitales; también los estudiantes para maestros comenzaban con seis grados, ya después, años más tarde, tanto unos como otros, ingresaban con 12 grados. Se dio un paso de avance ulterior para que realizaran estudios universitarios.

En un tiempo ingresábamos alrededor de 6 000 alumnos por año en medicina. Al irse reduciendo, lógicamente, el número de estudiantes quedaban capacidades excedentes. Había quienes decían: ¿Qué vamos a hacer con esas capacidades de las 21 facultades de medicina? Las necesitamos para muchas cosas: para la licenciatura en enfermería, para los técnicos de la salud, también para cursos de posgrado que hicieran posible la superación de los médicos y estomatólogos. Esas capacidades no sobrarán nunca, y eran capacidades que estaban a nivel de no menos de 1 500 alumnos cada una —así se concibieron—; además, entre ellas, la facultad de ciencias básicas de la capital, que tenía una capacidad de 2 500 estudiantes. Esas capacidades estaban ahí y se mantuvieron ahí, y las hemos aprovechado muy bien en estos tiempos difíciles.

Teníamos los profesores. No se le dio de baja a un solo profesor de las facultades de medicina, aunque remunerado modestamente debido a las condiciones de orden material que hemos tenido que soportar en estos años y nunca hubo un solo graduado que no tuviera un punto donde trabajar.

En realidad el personal médico y nosotros, los revolucionarios, no trabajamos por dinero. Lo necesitamos, sí, y lo comprendemos; y mucho luchó este país en medio del bloqueo por hacer avanzar la economía, hasta que vino el golpe colosal de la desaparición del campo socialista que puso a prueba toda nuestra entereza y todo nuestro patriotismo, nuestro espíritu revolucionario, para seguir adelante solos, soportar un doble bloqueo y llegar hasta ahora: una economía que se recupera poco a poco, pero se recupera.

Este año la América Latina en conjunto, con su neoliberalismo, posiblemente ni crezca, y si crece será un 1% o habrá recesión. Esa es la realidad. Ellos tienen todos los créditos, todas las ayudas, etcétera; no es nuestro caso.

Decía que los revolucionarios no trabajábamos por dinero, hay otras cosas en la vida mucho más valiosas que el dinero y hay cosas que no se compran con ningún dinero. No tenemos un gran capital financiero, pero sí tenemos un gran capital humano, y ustedes forman parte importante de ese gran capital humano que hoy posee nuestro país.

Hago una síntesis de la suma de muchas ideas, de muchos esfuerzos que hoy, en este año, en vísperas del 2000, se concretan en lo que tenemos, y, sobre todo, en lo que podemos tener. Tenemos un enorme contingente de médicos, muy jóvenes, muy nuevos, que cada vez tendrán más conocimientos.

La calidad, o los avances de la medicina, o el poder médico de un país no se mide solo por el número de médicos, sino por la forma en que se formaron esos médicos, el espíritu con que se formaron, y, además, sus conocimientos.

Yo me atrevo a decir que sería difícil que ese potencial sea tan voluminoso y tan preparado como el nuestro en otros países, que también tienen buenos médicos, pero la inmensa mayoría dedicados a la medicina privada o comparten la medicina pública con la medicina privada.

No es nuestro caso, que desde el principio, y no en virtud de una ley, sino de un compromiso de los estudiantes, se renunció al ejercicio de la medicina privada. Quedan todavía algunos médicos privados por ahí, graduados antes de la Revolución, no sé el número, tal vez 30 ó 40.

Bien, lo dijo el compañero Dotres, ya pasamos de 65 000 médicos. Es muy interesante observar cómo nosotros, a fines del pasado año, cuando se produjeron dos grandes catástrofes naturales, hicimos el ofrecimiento de colaborar con los pueblos de Centroamérica y el Caribe —en ese caso estaba Haití, por ejemplo— con un programa médico, y solamente para Centroamérica ofrecimos hasta 2 000 médicos. Eran independientes de los que ofrecimos para Haití. Ustedes recordarán cómo respondieron los médicos, los técnicos de la salud y las enfermeras; de una forma, pudiéramos decir, masiva se comprometieron, y, bueno, cualquiera diría: Se va a quedar el país sin médicos. No, no se queda el país sin médicos.

Ya a fines de 1999 se cumplirá un año de esta oferta y en este momento hay, como decía Dotres, 1 202 colaboradores de la salud. Decimos colaboradores porque no todos son médicos. Nosotros habíamos ofrecido hasta 2 000 médicos para Centroamérica y una cantidad para Haití, tantos como necesitaran para reducir la mortalidad infantil, que en ese momento era, en este último país, alrededor de 130 de 0 a 5 años por cada 1 000 nacidos vivos, cada año, primero a 50 y después a 30. Sabemos cómo se hace eso, es muy económico, es muy barato, a veces con centavos se salva la vida de un niño.

En un programa de salud lo más costoso es el médico, lo decisivo y lo fundamental es el médico, lo más barato son los medicamentos. Nosotros hemos apelado a la conciencia de los países que tienen más recursos para salvar decenas de miles de vidas, cientos de miles de vidas en este hemisferio, e incluso en otras partes del mundo, digamos Africa, si ellos aportan los recursos para los medicamentos.

Bien, de estos 1 202 colaboradores de salud alrededor de 900 son médicos. También en estas brigadas, además de médicos, está a veces el técnico, que se ocupa de la planta eléctrica u otros equipos auxiliares; no son solo enfermeras y técnicos de salud, sino incluso mecánicos que prestan determinados servicios, hacen de todo y arreglan todo. Es decir, en este programa quizás, porque ahora se está incrementando, antes de fin de año tengamos alrededor de 1 500 médicos, no colaboradores totales.

Muchas veces nosotros sugerimos a los países donde laboran que sitúen al lado del médico uno o dos jóvenes que tengan por lo menos sexto grado, más o menos un texto o manual de enfermería, y allí un médico puede formar, en la práctica, auxiliares de la salud, personal de enfermería. Ellos no pueden esperar, desde luego, a desarrollar en unos pocos años suficientes escuelas de enfermería de alto nivel para disponer de suficiente personal, bien preparado, que hace falta; pero de un modo práctico el médico, o las mismas enfermeras, si hay alguna, pueden ayudar, aunque en muchos de esos lugares apartados están el médico o la médica solos y pueden apoyarse en jóvenes del país, con determinado nivel escolar, que preparen a esos jóvenes. Ellos se vuelven hasta profesores de enfermería y de colaboradores de la salud. Por eso, en general, nos referimos al número de médicos, ya que el país suele apoyar con personal auxiliar.

Suponiendo que a fines de año haya 1 500 médicos en el exterior, en virtud del programa referido, ahora mismo ingresan en los servicios de salud del país 2 390 nuevos médicos, y así será. Por muchos médicos que enviemos a estos programas de colaboración, estoy seguro de que graduaremos más. Si en un momento se despiertan las conciencias, si la colaboración es mayor, puede ser que enviemos en un año más que los que se gradúan; pero el potencial es enorme, lo hemos expresado con un párrafo: si de cada tres médicos que tiene Cuba, sale uno a prestar servicios en el exterior, Cuba continuaría siendo el país con mayor índice de médicos per cápita entre todos los países del mundo.

Hemos incluido ya al Africa en este programa.

En algunos lugares de Latinoamérica surgen ciertas dificultades, algunas protestas de organizaciones del sector médico que se sienten afectadas por la presencia de los médicos cubanos, y realmente nosotros no proponemos médicos cubanos para las capitales u otras ciudades; nosotros proponemos médicos cubanos para aquellos puntos donde no hay absolutamente un médico ni va ningún médico del país, donde no puede afectarse a nadie, y solo por excepción, si se trata de un especialista del que no dispone el país, es que aceptamos que algunos médicos vayan a las ciudades. Esa es la línea que seguimos.

Les doy estas cifras por si alguien pregunta si nos vamos a quedar sin médicos. No nos quedaremos jamás sin médicos, ya que disponemos de un colosal potencial, un enorme capital humano en el campo de la medicina, y lo más importante de todo son sus cualidades y conocimientos.

Y no son palabras. El análisis del comportamiento de estos 1 200 colaboradores de la salud en los lugares más difíciles es realmente admirable. El respeto, la admiración, el afecto, el cariño que sienten por ellos no se puede describir. En muchos lugares han hecho operaciones que nunca habían sido vistas, causando asombro, verdaderamente asombro; y son operaciones sencillas que se hacen en nuestro país. Hay, por ejemplo, algunas personas que tienen el rostro deformado y se lo arreglan.

Algunos importantes problemas de carácter humano han sido resueltos, no voy a repetirlos, la prensa ha publicado algunos, y es enorme el cariño con que las poblaciones de esos países hermanos responden al trabajo de nuestros médicos, pienso que eso los estimula mucho en sus tareas.

He dicho también en algunas ocasiones que si a un médico cubano le dicen que hay dos lugares y uno es más difícil que otro, prefiere el lugar más difícil.

Admirable es, adicionalmente, el hecho de que muchos de esos médicos que están en lugares solitarios, donde no hay electricidad, donde hay mosquitos, insectos, víboras, de todo —afortunadamente no hemos tenido ni un solo accidente—, muchos de esos médicos son mujeres, y eso siembra admiración, asombro, respeto. Y nuestros médicos van a cualquier parte, lo mismo a una isla cercana que a un continente lejano. No, y no ha faltado nunca uno; en cuestión de horas se han organizado brigadas por la necesidad de utilizar un avión que viajaba hacia un país que nos pidió un número de médicos.

Debo decir realmente que nosotros —digo nosotros, todos nosotros— nos sentimos orgullosos, y yo, sinceramente, me siento especialmente orgulloso de lo que están haciendo nuestros médicos, porque esa es una medida de la creación de valores de nuestra Revolución, independientemente de los malos ejemplos que dan algunos ciudadanos y de aquellos que se dejan arrastrar, o sueñan con los cantos de sirena de la sociedad de consumo, sin que lleven nada en el pecho ni en la mente.

Constantemente observo qué cosa hacen nuestros compatriotas, lo mismo cuando se baten allá en unas dificilísimas competencias en un medio hostil, que cuando van en masa a prestar estos servicios de que estamos hablando. Hacía tiempo que no se probaba a nuestros médicos. Había algunos trabajando en el exterior, contratados. De eso nadie se entera, cuando hay médicos contratados en un país del Tercer Mundo; tal vez haya hasta quienes creen que nos hacen un favor cuando nos contratan un médico.

El impacto humano, el impacto solidario, la influencia que en el campo de la salud tiene la presencia de los médicos que van a prestar allí los servicios gratuitamente, a través de programas como los que estamos llevando a cabo en Centroamérica, Haití y algunos países de Africa, es muy grande; uno solo de ellos produce más impacto que 100 médicos contratados, aunque estos lo hacen también con sacrificio, y por razones de solidaridad de nuestro país sus servicios se prestan a un costo muy inferior al de los médicos que proceden de países ricos. Es cierto que los médicos contratados hacen algún aporte económico a nuestros propios servicios de salud; pero eso no es nada comparado con los gastos de salud del país, con los gastos totales en divisas de salud del país, con los gastos en las facultades de medicina, no es nada, solo una cantidad muy pequeña.


II PARTE


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