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DIGITAL. La Habana. Cuba
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Palabras pronunciadas por el Presidente
Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central
del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de
Ministros, en el acto de
abanderamiento de la delegación que asistirá a los Juegos de Winnipeg, efectuado
en el Coliseo de la
Ciudad Deportiva, el 12 de julio de 1999, "Año del 40 Aniversario del Triunfo
de la Revolución"
(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Queridos niños, adolescentes y jóvenes atletas:
Alguien estaba supuesto a hablar esta tarde aquí, pero se despertó sin voz y era imposible que cumpliera esta tarea. Le dieron la misión a otra persona, vino con su disquete, un discurso que hizo a la carrera, debe haber sido en dos o tres horas, y al llegar aquí la computadora no cuadraba con el disquete y se quedó sin discurso. Entonces, me han asignado la tarea de bateador emergente (Risas y aplausos). Claro, muy bien, pero no esperen un jonrón, si acaso se conforman con una pequeña planchita que haga avanzar al hombre de primera a segunda en el noveno inning y empatado el juego. Eso es lo que me propongo.
Sé que estamos aquí reunidos con un conjunto de atletas que están entre los mejores del mundo, y, junto a los pequeños, los que irán siguiendo la senda de gloria que los mayores han trazado en estos años.
Son ustedes atletas, los que aquí se reúnen, no como resultado de la casualidad. Tampoco es casualidad que el equipo que nos representa en las competencias universitarias (Le dicen algo) --a ustedes les gusta Universiadas, a mí me gusta competencias internacionales universitarias, denme libertad para explicarlo a mi manera-- en este momento esté ocupando el tercer lugar, y lo peor que nos puede pasar es que ocupemos el cuarto, ya que Japón dicen que nos está pisando los talones, entre 136 países del mundo. Es porque hay universidades, es porque han podido estudiar nuestros jóvenes, es porque tienen decenas de miles de entrenadores y especialistas deportivos formados a lo largo de 40 años para ubicarnos en el primer lugar del mundo en entrenadores y técnicos deportivos per cápita.
Hemos luchado muy duro para formar atletas, para desarrollar las cualidades no solo intelectuales y culturales, sino también físicas de nuestro pueblo, su salud, la oportunidad de la práctica del deporte generalizada, de cualquier niño, venga de donde venga, no tiene que ser hijo de un terrateniente, de un señor rico, para ingresar en una escuela de iniciación deportiva, para estudiar en las academias, para alcanzar altos honores.
Eso lo hemos hecho no porque seamos un país rico, sino porque somos un país digno, porque somos un país revolucionario y hemos estado 40 años formando técnicos, formando profesionales universitarios, formando instructores, formando atletas, y aquellos que no han hecho ningún esfuerzo, no han hecho nada parecido para desarrollar el deporte, no han hecho el esfuerzo que ha hecho nuestro pueblo hasta llegar a convertirse en este hemisferio en el único rival con que cuentan los poderosos Estados Unidos del Norte, a este país que con tanto sacrificio y esfuerzo ha logrado formar excelentes atletas, un cuerpo insuperable de especialistas y de entrenadores, le quieren robar sus atletas, le quieren robar sus entrenadores, le quieren robar, incluso, sus árbitros. Ha sido una guerra especial desarrollada contra nuestro país para arrancarnos deportistas, para comprar deportistas, y no han faltado aquellos, incapaces de comprender estos valores de la patria y de la sociedad, que se han dejado llevar por cantos de sirenas y por tentaciones.
Dura será la batalla en el campo deportivo, pero dura será también en el campo del honor, de la dignidad y del patriotismo, porque allá están esperando si hay alguna oveja descarriada, si hay alguien que no tenga suficiente espíritu patriótico y revolucionario, si hay alguien que no tenga suficiente honor para dejarse seducir a la sugerencia de traicionar a la Patria.
No voy a andar aquí con melindres ni palabritas suaves. Allí se va a librar una batalla deportiva, pero también una batalla por el honor de todos, porque cuando uno abandone las filas, está agrediendo el honor, la vergüenza y la dignidad de todos los demás (Aplausos).
El deporte cobra auge, hay más experiencia acumulada y podremos seguir en los años venideros adquiriendo cada vez más y más calidad. Nuestros peloteros lo acaban de demostrar hace unas cuantas semanas, sin tiempo prácticamente para entrenarse, sin suspender la Serie Nacional, con un equipo improvisado prácticamente; con el cambio de bate, el de aluminio por el de madera, al cual no estaban acostumbrados; cambiando de pelota; cambiando, incluso, de técnicas, y en brevísimo tiempo nos adaptamos, en brevísimo tiempo se introdujeron normas y conceptos nuevos; se prepararon y allá escribieron una hazaña que ha dado gloria y prestigio a nuestro deporte. Es nuestro porque lo ha hecho nuestro pueblo, es nuestro porque lo ha costeado nuestro pueblo, y existe porque hubo primero una revolución, existe porque hubo primero una patria verdaderamente independiente.
Lo que esperamos de ustedes es que escriban allí hazañas como las que escribieron nuestros atletas peloteros (Aplausos), que asombraron al mundo cuando fueron capaces de batirse y vencer, a pesar de la lluvia, del frío y de la hostilidad de unos cuantos vendepatrias, y no me refiero, por supuesto, a los aficionados norteamericanos que allí en esa ciudad se comportaron excelentemente bien con nuestros atletas.
Sepan que van, lo repito una vez más, a una batalla difícil; pero más que las medallas, que no serán tantas -y no porque no sean mejores nuestros atletas, sino porque han eliminado una serie de competencias que nos daban muchas medallas; son menos y por ello cada medalla tendrá más valor, tendrá más gloria para nuestro país-, vayan ustedes todos, atletas, dirigentes, entrenadores, responsables, con una mentalidad y un espíritu que esté a la altura de este pequeño país que ha sido capaz de resistir más de 40 años la hostilidad, la permanente agresión y amenaza de la potencia imperialista más poderosa que ha existido jamás en la historia.
Vamos a un país vecino de esa superpotencia, donde tienen todas las facilidades aquellos que quieren agredir y deshonrar a nuestro deporte. Sepan bien adónde van y con qué espíritu hay que ir allí a enfrentarse a las dificultades.
¡Competir con todo el esfuerzo de la mente, de los músculos, del corazón; con todo el sentido del honor y del amor a la Patria!
¡Que nadie se venda por ningún dinero! ¡Que nadie se deje arrastrar por ninguna miserable tentación! Es lo que tengo que decirles (Aplausos).
¡Exitos!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Ovación.)
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