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Si las ideas son claras, justas, existen
las condiciones ideales en el
mundo de hoy para que se propaguen

Discurso pronunciado por el Presidente Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, al recibir la medalla "José Bonifacio", en el grado de Gran Oficial, en la Universidad Estadual de Rio de Janeiro, Brasil, el 30 de junio de 1999, "Año del 40 aniversario del triunfo de la Revolución".

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Autoridades del Estado y de la ciudad;

Rectores;

Profesores;

Alumnos;

Trabajadores;

Amigos de Cuba:

Me han cargado ustedes de tantos honores, tan por encima de los que pueda yo realmente merecer, que no veo en ello otra cosa que un gran espíritu de solidaridad y de generosidad.

Ustedes estaban impacientes —dicen acá— porque yo hablara; el único que no estaba impaciente era yo (Risas y aplausos).

<%-2>Muchas veces he estado en muchas tribunas; pero pocas veces, tal vez nunca, me vi ante una tarea tan difícil. Estaba, incluso, la promesa que por mi propia cuenta hice de no hablar más de dos horas (Risas), y créanme, sinceramente, que voy a tratar de cumplirla (Risas y exclamaciones).

Miren, es que ustedes me han sugerido tantas cosas, me han hecho recordar tantos momentos y episodios de estos años, que si me dejo llevar por los recuerdos, entonces sobrepasaría qué sé yo cuántas horas. Es mejor que me concentre en unos pocos temas, pienso. Tengo, además, el propósito de cumplimentar la invitación que me hicieron los delegados de los estudiantes de todo Brasil de reunirme mañana con ellos.

No les podré decir a ustedes todo lo que debo decirles a los dos, sería largo; es mejor dividir. A mí me tocaba decidir cuál sería el tema, y pensando que estamos aquí en Rio y que acaba de tener lugar la conferencia, mi deber era dar algunas impresiones sobre ella; pero, si se quiere, no más que de una parte de la conferencia. No fue fácil, desde luego, para mí.

Nosotros somos el demonio (Risas), Cuba es un infierno (Risas). Eso lo han dicho tantas veces, tantos millones de veces nuestros vecinos del Norte... Aunque estaría mal decir nuestros vecinos del Norte; sería mejor nuestros adversarios entre los vecinos del Norte, vecinos que durante mucho tiempo han estado engañados. No es el pueblo norteamericano culpable de los muchos crímenes históricos que ese imperio, aun antes de nacer como imperio, ha cometido. Nunca, por una cuestión de principio, culpamos al pueblo norteamericano; lo más que podríamos decir, recordando aquella famosa frase de Lincoln de que era posible engañar a todo el pueblo una parte del tiempo, o engañar a una parte del pueblo todo el tiempo, pero no era posible engañar a todo el pueblo todo el tiempo (Aplausos), es que hoy el mundo se ha globalizado y que con el mundo globalizado se ha globalizado también la mentira (Aplausos). Podríamos decir lo mismo: es posible engañar a una parte del mundo todo el tiempo, o a todo el mundo una parte del tiempo; pero ustedes hoy aquí están demostrando que no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo (Aplausos). Esto significa el comienzo de la verdad global y el comienzo de la victoria global.

Leo cables todos los días, muchos cables, 200, 300, es un viejo hábito, y sé todo lo que se dice en el mundo, incluso una parte de lo que ocurre en el mundo; casi adquiere uno la especialidad de conocer cuántas mentiras se dicen en el mundo y cuántas verdades se ocultan, cuáles son los mecanismos.

Nosotros muchas veces, leyendo cables, vemos un título; después leemos el contenido, y el contenido no tiene nada que ver con el título. Son técnicas para manipular una noticia, de modo que en todos los periódicos del mundo, por ejemplo, se publique aquel título, y después un texto.

Existe también el hecho de que hay muchas personas en el mundo que solo leen el título de la noticia y nada más. Es triste, pero es verdad.

También en nuestro mundo se ha perdido mucho el hábito de leer y hay otros medios importantes de divulgación de ideas valiosos; digamos, primero la radio y después la televisión. Pero la radio y la televisión se han globalizado igualmente. Existen grandes cadenas que son las que trasmiten su mensaje por todos los rincones del mundo, medios audiovisuales de gran influencia, y esos medios audiovisuales están en manos de nuestros vecinos del Norte, en su inmensa mayoría. Son poseedores de la mayor parte de los medios masivos y de las vías de comunicación, de casi todos los satélites que un día van a oscurecer el Sol (Risas); son dueños de la más poderosa industria de producción cinematográfica; dueños de la más poderosa industria de producción de seriales para la televisión y para los videocasetes.

Algunos han estudiado este fenómeno y debemos estar conscientes. ¿Cuál de nuestros países se puede gastar 300 millones de dólares en una película, en una sola; recaudar su costo en el mercado interno de Estados Unidos, y después de haber ganado mucho dinero distribuirla por el mundo a cualquier precio?

Se conocen las estadísticas, qué tanto por ciento de las películas que ven los latinoamericanos son norteamericanas, qué tanto por ciento de los seriales de televisión son norteamericanos, qué tanto por ciento de los videos que circulan por el mundo son norteamericanos. En mayor o menor grado, hay países de este hemisferio donde el 90% de lo que circula en los cines y en la televisión son materiales norteamericanos, y todo eso elaborado y diseñado con espíritu comercial y para divulgar lo que pudiéramos llamar lo peor que ha acumulado la sociedad de ese país: violencia, por ejemplo. Creo que una vez leí que el 65% del contenido de esos materiales está asociado a la violencia. Ningún otro país del mundo produce materiales de cine, televisión, etcétera, con tan alto porcentaje de violencia, de sexo, de extravagancia (Aplausos). Y con eso que producen con espíritu fundamentalmente comercial, envenenan, confunden y engañan a una gran parte del mundo. Quizás ese sea uno de los problemas más serios que tenemos hoy.

Una película de 300 millones no solo logra ingresos por la exhibición, sino que, además, la asocian a programas comerciales, ventas de productos, de manera que algunas de ellas rebasan los 1 000 millones de dólares en recaudaciones. Lo han mezclado todo, y entonces esas grandes empresas de comunicación, de cine y de todo tienden a unirse.

No es que pretendamos afirmar que no haya algunas producciones buenas y muy buenas, pero a nosotros mismos nos cuesta mucho trabajo escoger las películas que exhibimos en los cines y en la televisión; todas las semanas hay que exhibir dos o tres películas.

Europa, que hace unos 30 ó 35 años producía muchas buenas películas, hoy realmente no las produce, salvo excepciones, y está prácticamente aplastada por la agresión cultural de Estados Unidos.

Hay algunos países, como Gran Bretaña, donde casi el 80% de lo que se exhibe es de procedencia norteamericana, y muchos otros cultos países de Europa reciben el 70%, el 65%, quizás un sesenta y tanto por ciento como promedio de material norteamericano; quizás Francia, por excepción, sea la que reciba menos de un 50%, la única. Trata de defender su cultura de esa invasión, al parecer tienen un empeño especial.

En un reciente congreso de escritores y de artistas cubanos, que pudiéramos llamar un congreso de la cultura, hace algunos meses, el punto que reunía el criterio unánime de los cientos de delegados allí presentes era el problema de la agresión cultural que está sufriendo América Latina y el mundo, y todo ese material está al servicio de una ideología y de un modelo de consumo, modelo de consumo que de aplicarse aceleraría lo que constituiría de verdad el fin de la historia. No ese fin de la historia de que han hablado algunos eufóricos cuando se derrumbó el campo socialista; el fin de la historia, quiere decir, en este caso, el punto hacia donde nos conduciría ese camino por el cual transita hoy el mundo, la sociedad de consumo.

Alguien habló de cuántos hambrientos había —me parece que fue el Presidente de la Asamblea—, cuántos pobres. Datos de esos hay realmente muchos; no son cientos de millones, son miles de millones. El 80% de la población mundial hoy es pobre, sin incluir a los chinos, que son pobres, pero tienen alimentos todos los días, visten y calzan, tienen viviendas, atención médica y educación, a pesar de que aprender el chino no es nada fácil (Aplausos). Yo tengo la teoría de que los chinos son muy inteligentes, y se ganan casi todas las olimpiadas de matemáticas y física en cualquier parte, porque su inteligencia se desarrolla aprendiendo el idioma (Risas).

Un país hermano, Venezuela, tuvo una vez la buena idea de crear un ministerio, se llamaba el Ministerio de la Inteligencia. Muchos se reían del ministerio y del ministro. Creo que fui uno de los pocos en el mundo que no se rieron de ninguno de los dos, y hasta tuve oportunidad de conversar con él sobre sus teorías, en las que sostiene que la inteligencia se desarrolla en los primeros años de vida, durante un período. Incluso hay investigadores que desarrollan técnicas para elevar el cociente de inteligencia, porque estos seres, que somos nosotros, poseemos una capacidad mental no desdeñable. Por lo menos el equipo está instalado en nuestras cabezas; pero se dice que el hombre llega a utilizar el 10% o el 12% de su capacidad intelectual. Y, claro, las pruebas que se han hecho demuestran que determinados métodos de enseñanza ayudan a utilizar un 15%, un 16%, y aún más. Ojalá llegue un día, ¡y ay de los farsantes, ay de los mentirosos, ay de los explotadores, si el hombre llegara un día a utilizar el cincuenta por ciento de su capacidad de inteligencia! (Aplausos).

Sabemos —y no es un sacrilegio decirlo— que somos producto de la evolución natural. Eso se descubrió a mediados del siglo pasado, hace aproximadamente 150 años, y la teoría fue muy discutida, hubo muchas críticas. Pero digo que no es sacrílego, porque recientemente leí que el Papa Juan Pablo II había declarado que la teoría de la evolución no era incompatible con la doctrina de la creación, creo que todos, creyentes y no creyentes, aceptan esa realidad. Pero ya el hombre no puede seguir evolucionando de la misma forma que durante cientos de miles de años. El gran caudal hacia el futuro de la mente humana consiste en el enorme potencial de inteligencia genéticamente recibido que no somos capaces de utilizar. Ahí está lo que disponemos, ahí está el porvenir, y si habiendo usado solo una pequeña parte de la inteligencia potencial vemos tantas maravillas, como esos teléfonos que aparecen por todas partes... (Risas y aplausos).

Antes de salir para Rio estaba tratando de hacer un discurso, porque me dijeron: "Hay cinco minutos para hablar" —yo por poco escribo: "Señor Presidente; Excelencias; buenos días, muchas gracias" (Risas y aplausos)—, y estaba reuniendo muchos datos y materiales, ustedes no se imaginan cuántos materiales hay que reunir cada vez que tiene lugar una conferencia de este tipo. No es cuestión de buscar un talentoso compañero que haga un discurso. Si el que lo dice no sabe de qué se trata, entonces no estaría ni siquiera en condiciones de defender una idea.

Pero, además, no ando con un telefonito de esos —nunca he usado esos aparatos—, porque hay que tener el sentido de cuidar los nervios, porque a cualquier hora, en cualquier momento suena. Dicen que hay algunos que vibran. No conozco ninguno, solo aquí, de vez en cuando... Ayer, mientras transitaba por las calles, cuando íbamos por una avenida en dirección al hotel donde se albergó nuestro amigo y destacado dirigente venezolano Hugo Chávez, se comunicó nuestro Ministro con los compañeros en Cuba; tomo el aparatico, y se oía mucho mejor de lo que yo podía escucharlos cuando llamo desde La Habana por teléfono a sus oficinas (Risas).

¡Increíble! Yo estaba allá y, de repente, tuve que hacer un puesto de mando a toda velocidad, porque descubrí que unos cuantos materiales no estaban disponibles, como, por ejemplo, los textos exactos de los documentos aprobados por la OTAN el 24 de abril, algo que nos interesaba mucho. Suerte que los habíamos pedido con anterioridad a nuestro Embajador en Naciones Unidas, donde libró una gran batalla alrededor de las fórmulas que se discutían para alcanzar una solución política al conflicto en Yugoslavia, y él había enviado aquellos documentos, pero entre esos y otros montones de papeles y de datos, asociados a esta cumbre y a otros trabajos, no los tenía a mano. Había que llamar a la oficina en el Consejo de Estado, había que llamar a Relaciones Exteriores, había que llamar a nuestro Ministro y a nuestro Embajador aquí en Rio de Janeiro y a unos cuantos lugares más para reunir variados datos, tal papel y tal cosa, porque ese no era, desde luego, el único material, y disponíamos apenas de 48 horas. Gracias a uno de esos teléfonos, a última hora, el compañero Director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, que está aquí con nosotros, recibió parte de esos papeles a toda velocidad, le pido: Léelos en detalle —a mí no me daba tiempo de leerlos todos—, subraya los temas asociados a esto, esto y esto. Eran 60 páginas.

Había otros materiales asociados con distintos temas de otras 60 páginas aproximadamente. Al mismo tiempo, había que estar traduciendo al inglés y a otros idiomas no se sabe cuántos materiales, discursos anteriores o proyectos de discursos, ver cuántas copias había en cada uno de los idiomas y cuántos faltaban, porque si íbamos a llegar, por ejemplo, a este acto en la universidad, había que entregar algunos de esos materiales, para no tener que repetir temas y facilitar por escrito a los participantes elementos de juicio complementarios.

Nosotros traducimos algunos de estos materiales hasta en ocho idiomas: español, por supuesto; el mayor número en inglés, porque es el idioma que más se usa en todas partes; pero también en alemán, en italiano, en ruso y especialmente esta vez en portugués. Digo: Si vamos para Brasil, ¿cuántas copias llevamos?, es el país donde va a tener lugar la conferencia.


II PARTE


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