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Unión, integración y justicia significa la
posibilidad de preservar todo lo que amamos

Discurso pronunciado por el Presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el encuentro con la Unión Nacional de Estudiantes, Belo Horizonte, Brasil, el día 1º de julio de 1999, "Año del 40 aniversario del triunfo de la Revolución".

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Queridos amigas y amigos:

No tengo ni la menor idea de que el audio funcione. ¿Funciona? (Le dicen algo.) Otra duda que tengo: si mi español ustedes lo entienden (Exclamaciones), porque si no hay audio y si no puedo comunicarme con ustedes, ¿qué hago yo aquí?

Permítanme decirles una cosa: Yo no puedo pronunciar el discurso que tal vez me gustaría pronunciar. Hago mal en hablar de discurso, yo no suelo hacer discursos, yo suelo conversar con las personas a las que me dirijo (Aplausos y exclamaciones). Pero tenía que hacer un esfuerzo muy grande de imaginación para saber cómo sería el lugar, si se prestaba o no a una reflexión.

Los veo a ustedes sentados, diría que muy elegantemente, en el suelo. Me imaginé que aquí iban a poner unas sillas, me olvidé de que la Unión de Estudiantes Brasileños no tiene muchos recursos para contratar sillas. He hablado, no hace mucho, a los estudiantes venezolanos; fue en un Aula Magna, había unos 1 200 estudiantes, afuera había algunos miles —¿aquellos de qué protestan? ¿No oyen? (Risas y aplausos.)—; era un lugar distinto a este. A mí los estadios no me gustan para concentraciones y actos, pero, en fin, dejo a un lado todo lo que yo hubiera podido decirles aquí hoy para tratar de ser breve, ¿oyeron?; tengo fama de hablar extenso.

Hemos llegado tarde, no porque hubiésemos planificado la tardanza, sino por actividades que surgieron y nos impidieron estar aquí a las 3:00 de la tarde. Son ya más de las 5:00, hay un gran partido de fútbol para más desgracia, y por eso estoy obligado a ser breve.

Les envié por adelantado dos lotes de 5 000 folletos: uno que contiene el discurso pronunciado a los estudiantes de Venezuela en la Universidad Nacional, 40 años después de haber estado allí, en aquel mismo sitio, por primera vez; traté de profundizar sobre muchas cosas de nuestro hemisferio y de nuestro mundo, no necesito repetirlo, solo les pido que, cuando no tengan nada que hacer, nos hagan el honor de leerlo. Otro con un discurso pronunciado hace menos de un mes en un congreso cultural, donde participaron alrededor de 1 000 delegados, de ellos cerca de 700 extranjeros. No tengo que repetir cosas que allí dije, porque de la misma forma todos ustedes recibirán una copia de ese discurso, ¿para qué repetir?

Traía aquí algunos papeles, prácticamente no los necesito: algunos documentos, el discurso que pronuncié allí en la cumbre, uno muy breve de tres minutos y medio, y otro que duró alrededor de siete minutos, nada más. Un compañero se refirió al tema.

Ahora lo que quiero saber... (Se escuchan explosiones). ¿Son bombas o qué? ¿O preludio de una intervención de la OTAN? ¿Qué explota aquí? (Risas.) Lo que quiero saber es qué les interesa a ustedes que les diga o que les explique (Exclamaciones). Alguien que me traduzca lo que han dicho. A ver, tú, que tienes buen oído y sabes "brasileño" (Le dicen que están saludando al Comandante, que son saludos de apoyo).

Debo decir, en primer lugar, que es de suponer que ustedes tengan un millón de interrogantes sobre su país, sobre América Latina y el Caribe, y sobre el mundo. Las interrogantes sobre su país yo no puedo ni debo responderlas, porque soy aquí un invitado y un visitante que debo atenerme a la regla estricta de no emitir juicios sobre el país.

Para que puedan comprender mejor lo que digo, debo explicarles que experimenté realmente una gran satisfacción cuando supe que coincidentemente con la famosa cumbre, tendría lugar, 24 horas después, un congreso de estudiantes brasileños, donde asistirían miles de delegados de todas las universidades y que me hacían el inmenso honor de invitarme a participar, aunque fuesen unos minutos. Desde el primer momento sentí deseos, alegría, orgullo, esperanzas, al conocer ese interés de ustedes (Aplausos), y estaba decidido a hacer lo posible por venir.

Pero vean qué dos eventos: uno que reunía a 48 jefes de Estado o de Gobierno, un tercio, más o menos, latinoamericanos; un tercio, más o menos, europeos —no digo más o menos europeos, sino, más o menos, un tercio de los que estaban allí—, y un número similar de jefes de gobiernos caribeños. Por primera vez una gran cosa, que caribeños y latinoamericanos se reunieran, porque los caribeños suelen ser olvidados; fueron los últimos en acceder a la independencia. Cuando la Revolución triunfó en Cuba, casi ninguno de ellos era independiente; en los últimos 30 ó 40 años es que uno por uno fue adquiriendo el carácter de país independiente.

Cuando América Latina había roto sus vínculos con Cuba, y nos quedamos absolutamente solos y nos expulsaron de la OEA, algo que no se sabe cuánto les agradeceremos siempre (Aplausos), los caribeños no pertenecían entonces a la OEA, puesto que no existían como Estados independientes. Después fueron ellos, ya como países libres, los que dieron la batalla, junto a los panameños, dirigidos por Torrijos, para romper el aislamiento de Cuba. Y así, poco a poco, se fueron restableciendo las relaciones entre Cuba y el resto de América Latina, con algunas excepciones; excepciones que, de una forma o de otra, tienen o bien una oficina de intereses o determinados vínculos con Cuba.

Los caribeños son hoy, como Estados independientes, los más cercanos y firmes amigos de Cuba (Aplausos), es por ello que nos alegramos de una cumbre en que estuvieran ellos. Sí, ha habido otras, dos: unas llamadas Cumbre de las Américas, donde nosotros no somos invitados, porque, al parecer, somos habitantes de la Luna; en esta sí lo fuimos.

Anteriormente, México nos había invitado a una cumbre latinoamericana que por primera vez tuvo lugar sin la presencia de Estados Unidos. Se mantuvieron firmes los mexicanos a las presiones y le dieron un asientico a la cenicienta del hemisferio, que es Cuba.  Desde entonces, hemos estado allí.

Estados Unidos desea tragarse enterita a la América Latina y al Caribe

Esta vez significó la oportunidad de estar caribeños, latinoamericanos y Europa —no toda Europa—, los 15 miembros de la Unión Europea. Era, sin duda, una reunión muy importante, porque existen contradicciones incuestionables entre los intereses europeos y los intereses de Estados Unidos.

Estados Unidos desea tragarse enterita a la América Latina y al Caribe, a través del llamado ALCA, Acuerdo de Libre Comercio de las Américas. Cuba, como ya les dije, ¡fuera!, pese a una oposición fuerte de los caribeños y alguna resistencia, más o menos firme, de algunos países latinoamericanos.

Mi opinión es que esta constituía una reunión importante, por el hecho de que aquellos europeos que quieren ser también independientes, se reunían con los que queremos ser independientes en América Latina y en el Caribe.

 Alguien dijo aquí —creo que fue este jovencito inteligente y entusiasta— algunas cosas críticas sobre la reunión, y con cualquier crítica estaría de acuerdo, porque yo hice críticas bastante duras, no contra la reunión, sino contra determinados conceptos y acontecimientos que están teniendo lugar en el mundo.

El punto que él señala sobre la Helms-Burton tiene su historia. Nuestra delegación, en análisis e intercambios con los latinoamericanos, había logrado un párrafo —y un párrafo que, curiosamente, fue aceptado por los europeos— donde decían que se oponían a toda ley o acción extraterritorial, especialmente o, más o menos, como la Ley Helms-Burton. Pero esos documentos de las cumbres son cosas laboriosas, sobre todo cuando hay intereses encontrados, y había muchos. Por ejemplo, los europeos se oponían, de forma cerrada y unánime, a cualquier referencia en defensa de la Carta de las Naciones Unidas, a cualquier referencia condenatoria de la intervención en otros países, a cualquier referencia relativa a la defensa de la soberanía nacional; bueno, soberanía nacional, derecho de no intervención, autodeterminación, en fin, un párrafo que contenía los que fueron y son hoy todavía, y quizás hoy más que nunca, derechos sagrados, vitales y no negociables, para la inmensa mayoría del mundo (Aplausos).

Nos preocupaba, nosotros salimos de Cuba el domingo, la conferencia de cancilleres comenzaba el domingo, el lunes la cumbre. Aquello se discutía en las llamadas reuniones de expertos, y allí se pusieron de acuerdo en algunas cosas: la cuestión de la demanda de varios países latinoamericanos de un párrafo en que —son dos cosas distintas pero muy asociadas— la referencia a la Ley Helms-Burton se mantuviera. Allí nuestro experto, que es el Viceministro de Relaciones Exteriores, luchó duro para que se mantuviera aquella referencia, con nombre y apellidos, a esa ley; pero a la vez estaba pendiente la reclamación justísima de otros países de que la línea y media aquella no se refiriera solo a la Helms-Burton, porque el párrafo decía más o menos textualmente "extraterritorialidad en leyes de aspecto comercial, como la Helms-Burton".

Esa noche no llegaron a ponerse de acuerdo totalmente. Por la mañana del domingo apareció una formulación: los europeos aceptaban una línea y media sobre el tema, un concepto más amplio; es decir, contra toda forma de extraterritorialidad, aunque aprovechaban y quitaban la referencia específica a la Ley Helms-Burton. Bien, quedó pendiente para el domingo. El sábado a las doce menos cuarto de la noche nos informa desde Río, nuestro Canciller, que Europa había aceptado el párrafo donde se planteaba de manera clara lo siguiente:

"Esta asociación estratégica se sustenta en el pleno respeto al derecho internacional y en los propósitos y principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas, los principios de la no intervención, el respeto a la soberanía, la igualdad entre Estados y la autodeterminación."

Quedaba pendiente simplemente si el nombre y el título de la Helms-Burton aparecía. Lo analizamos, porque venía la reunión de cancilleres, y sobre eso no se pusieron de acuerdo; cuando llegamos nosotros les dijimos a nuestros representantes: "Haber alcanzado este párrafo, en este momento, sobre no intervención, soberanía, etcétera, etcétera, es un gran éxito, al lado del cual mencionar o no a los señores Helms y Burton no tiene importancia, sobre todo, cuando en esa línea y media se rechaza toda pretensión de extraterritorialidad." Y les dije: "Olvídense de esos dos señores, que no son dignos de aparecer en un documento como este, están ya suficientemente desprestigiados; no vamos a iniciar la reunión cumbre, donde hay tantas cosas que discutir, por la cuestión del puntico en que solo se discute si aparece o no el nombre de esos señores."

Algunos cables han dicho que Cuba estaba derrotada, amargada, no sé cuántas cosas más, y es todo lo contrario, estábamos felices porque el punto clave, el punto estratégico era el párrafo que los europeos no querían incluir bajo ningún concepto, relacionado con la no intervención, con el respeto a la soberanía, etcétera. Esa es la historia con relación a ese punto.

Las posiciones de Cuba han salido fortalecidas

Las posiciones de Cuba han salido fortalecidas, se lo digo sinceramente. Muchos de los puntos que se incluyeron fueron iniciativas de Cuba y recibieron apoyo de unos cuantos países latinoamericanos, porque no son pocos los países latinoamericanos muy sensibles a la idea del derecho de la OTAN y Estados Unidos a lanzar bombas y misiles en cualquier momento, cualquier día, con cualquier pretexto, sobre las ciudades, las industrias y, lo que es peor, los ciudadanos, la población del país (Aplausos).

Tengan la seguridad de que nuestros ilustrísimos vecinos del Norte no querían esta reunión, ni están muy felices con la reunión y los resultados de la reunión, aunque estos estén muy lejos de satisfacer todas nuestras esperanzas. Y, en este caso, yo diría que las nuestras fueron satisfechas, porque estábamos conscientes de que no se podía esperar más de una reunión con esas características. Pero comprendo que millones y millones de personas, con grandes y justas inquietudes, se puedan sentir satisfechas con un documento de esa naturaleza, que, a mi juicio, debe ser un primer paso.

Por lo pronto, nosotros aprovechamos para discutir con un numeroso grupo de dirigentes europeos, y tuve que atreverme a realizar una intervención, que podríamos calificar de una intervención difícil, dura y, de cierta forma, audaz, porque sencillamente dejé caer una pequeña bombita de profundidad, y abordé dos o tres puntos sensibles. Dicen que allí el aire se podía cortar con un sable; impresión de sangre helada percibí cuando terminé. Y algo más: el Presidente de Brasil, que estaba presidiendo la reunión en ese momento —ya que había tres presidentes, se turnaban—, después de mis palabras —que fueron casi al final de esa sesión, cuando yo, después de meditarlo bien, decidí que era mi deber plantear aquello, para lo cual no tenía más que cuatro minutos—, inmediatamente dijo: "Este punto, importante, delicado, debemos discutirlo en la reunión privada de los jefes de delegación", reuniones que tienen lugar en estas cumbres, donde no participan todas las delegaciones, sino los jefes de Estado y de Gobierno para hablar con más amplitud sobre cualquier tema. Lo dijo tan pronto yo terminé de hablar; lo reiteró en el momento final de la reunión, antes de iniciar la sesión privada. Había allí 15 dirigentes europeos, 11 de ellos miembros de la OTAN.


II PARTE


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