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Ya estamos contemplando un imperialismo ejerciendo todo su poder y su fuerza
para barrer cuanto le estorbe el camino 

Discurso pronunciado por el presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del I Congreso Internacional de Cultura y Desarrollo, efectuada en el Palacio de las Convenciones, el día 11 de junio de 1999, "Año del 40 aniversario del triunfo de la Revolución".

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Estimados ministros y dirigentes de la cultura en los países de América Latina, o iberoamericanos;

Distinguidos invitados;

Queridos delegados al I Congreso Internacional de Cultura y Desarrollo:

FidelUstedes han trabajado, los que participaron en el congreso, durante cuatro días, y, felizmente, el esfuerzo de ustedes coincidió con la reunión de dos días, el 10 y el 11, de los ministros y responsables de cultura, que preceden a la reunión Cumbre Iberoamericana que tendrá lugar en el mes de noviembre. Nosotros hemos procurado tener una idea de lo que han discutido y cómo han sido los debates.

Me ha parecido percibir satisfacción en los organizadores acerca de la forma en que se han desarrollado ambos eventos.

Entre los temas discutidos, sin duda, muchos y de gran valor, algunos me llamaron especialmente la atención, y podríamos decir que personalmente tengo que incluirlos entre los temas relacionados con la cultura y con la política, que aprecio mucho. Por ejemplo: los Estados deben propiciar una política correcta de educación ambiental; la importancia de la historia para la trasmisión de valores y defensa de la identidad de los pueblos; necesidad de rechazar los modelos colonialistas o hegemónicos; el turismo no debe dañar la identidad nacional; necesidad de repensar el mundo actual, crear estados de opinión y trasmitir ideas —lo de trasmitir ideas es algo que considero cuestión fundamental—; urgente necesidad de propiciar, mediante la educación y la implementación de correctas políticas culturales, una verdadera revolución ética en el hombre. Es la primera vez, realmente, que veo planteado este tema con esa precisión.

Por último, hay un punto 12, que no sé si todos absolutamente estaremos de acuerdo, yo por lo menos lo estoy, que dice: La economía capitalista no garantizará el desarrollo perspectivo de la humanidad, pues no tiene en cuenta las pérdidas, en términos culturales y humanos, de su propia expansión. Yo pienso un poco más lejos: no solo no garantiza el desarrollo perspectivo de la humanidad, sino que, como sistema, pone en riesgo la propia existencia de la humanidad.

Ustedes me presionaron para que pronunciara unas palabras el día en que se inició el congreso, y abordé un punto esencial, el relacionado con la trasmisión de las ideas.

No sé cuánto habrán discutido sobre las formas de llevar a cabo ese principio, sí sé que han planteado como elemento fundamental, como política fundamental de la integración de que se habla, la necesidad de que la cultura ocupe un lugar prioritario entre los objetivos de esa integración.

Unidos equivaldríamos a la suma de muchas y muy ricas culturas; en este sentido, cuando pensamos en Nuestra América, como le llamaba Martí, esa América que comienza en el río Bravo, aunque debiera haber comenzado en la frontera de Canadá, porque esa parte pertenecía también a nuestra América, hasta que unos vecinos, expansionistas insaciables, se apoderaron de todo el territorio del oeste de lo que hoy es Estados Unidos, a esa integración es a la que me refiero, incluido el Caribe. Todavía no están en estas reuniones cumbres iberoamericanas los caribeños. Por fortuna, y por primera vez, se reunirán en Río de Janeiro con la Unión Europea, el 28 y el 29 de este mes, todos los países latinoamericanos y caribeños. Ya empezamos a ampliar la familia. En general, los caribeños eran olvidados entre los olvidados, porque también los latinoamericanos lo éramos y lo somos.

La suma de todas nuestras culturas sería una enorme cultura y una multiplicación de nuestras culturas. La integración no debe afectar, sino enriquecer la cultura de cada uno de nuestros países.

Cuando hablamos de unión, en este sentido, lo hacemos todavía dentro de un marco estrecho. Yo creo un poco más: yo creo en la unión de todos los países del mundo, en la unión de todos los pueblos del mundo y en la unión libre, verdaderamente libre; no la fusión, sino la unión libre de todas las culturas, en un mundo verdaderamente justo, en un mundo verdaderamente democrático, en un mundo donde pueda aplicarse aquel tipo de globalización de que habló en su tiempo Carlos Marx y de la que hoy habla Juan Pablo II cuando expresa la idea de la globalización de la solidaridad.

Nos queda la tarea de definir bien qué significa la globalización de la solidaridad, y, si llevamos este pensamiento hasta sus últimas consecuencias, descubriremos que el punto 12 es una realidad, porque me pregunto si el sistema capitalista puede garantizar la globalización de la solidaridad. No se dice la globalización de la caridad, que estaría muy bien mientras tanto, pero ojalá llegue el día en que no haga falta la caridad, y ese día será el momento en que el sentido de la solidaridad sea universal y el espíritu de la solidaridad se haya globalizado.

Dije esto para aclarar que no tengo absolutamente nada de nacionalista estrecho, ni de chovinista, y que tengo un concepto más alto del hombre y albergo sueños más ambiciosos para el futuro de la especie humana, que tanto trabajo ha pasado para llegar a ser lo que es hoy, para alcanzar los conocimientos que posee hoy, para no ser todavía siquiera merecedora del calificativo de una especie verdaderamente humana. Lo que vemos ahora está todavía muy distante; pero tal vez, mientras más distante parezca, más cerca esté, ya que esta humanidad atraviesa una colosal crisis, y solo de las crisis colosales pueden venir las grandes soluciones.

Hemos visto cambiar el mundo en unas décadas

Eso nos ha enseñado la historia hasta ahora, hasta este momento en que la globalización real, que hace pocos años ni siquiera se mencionaba, los enormes avances de la ciencia, de la técnica, de las comunicaciones, la hacen posible e inevitable. Las personas se comunican unas a otras en cuestión de segundos, estén donde estén.

Bastaría decir que a mí me cuesta más trabajo comunicarme con nuestro Ministro de Relaciones Exteriores que con nuestro Embajador en Naciones Unidas. Este está allí con un telefonito celular, y si se encuentra dentro de la sala al lado de su colega, el Embajador norteamericano, con una silla de por medio que estaba vacía, puede hablar; o como hoy, cuando me comuniqué con él, que al preguntarle dónde estaba, si en la Misión, o en la casa, o en las Naciones Unidas, me respondió: "Estoy en el carro." Digo: "¡Cómo en el carro y se escucha bien!" Dice: "Sí, ahora estamos parados en un semáforo", y seguimos hablando unos cuantos minutos más. Es increíble realmente.

Los avances tecnológicos explican la precisión con que los famosos satélites dirigen los misiles y las armas inteligentes, que no son tan tan inteligentes que no se equivoquen con preocupante frecuencia, si es que realmente, en vez de errores, no hay intenciones.

Lo de la Embajada china parecía tan raro, tan raro, tan raro, que, cuando trataron de explicarlo, dijeron que el problema era que estaban realizando los bombardeos utilizando unos viejos mapas no actualizados. Y podía haber caído una también aquí, en esta sala de reuniones, por culpa de mapas no actualizados.

Con la misma velocidad circula el dinero y con la misma velocidad se realizan operaciones especulativas con las monedas por un millón de millones de dólares cada día, y no son las únicas operaciones especulativas que tienen lugar, ni eso es solo con las monedas.

En la época de Magallanes, tardaban no sé cuántos meses en dar la vuelta al mundo, y hoy, en apenas 24 horas, eso se puede hacer.

Yo le di también la vuelta al mundo no hace mucho, haciendo escala en Dinamarca, China, Viet Nam, Japón, Canadá, regresando a La Habana. Me dio por jugar con los números y hacer cálculos. Volando hacia el este, en un avión más veloz, se puede salir de China la madrugada del lunes y llegar a La Habana la tarde del domingo.

Hemos visto cambiar el mundo en unas décadas.

Si ustedes estuvieran de acuerdo, yo introduciría un tema, igual que ustedes han introducido muchos temas, y ese tema se podría denominar: Cultura y soberanía.

Me voy a basar en hechos concretos; no son elucubraciones teóricas, sino cuestiones que podemos ver y las puede ver hasta un miope: Sin soberanía no puede haber cultura. Abel planteaba cómo un puñado de brillantes personalidades lograron salvar, frente al neocolonialismo y el hegemonismo de Estados Unidos en Cuba, la cultura nacional.

Hay otro país que tiene, todavía, más mérito que nosotros: Puerto Rico; lleva 100 años ya como colonia yanki y no han podido destruir ni el idioma ni la cultura puertorriqueña, ¡es admirable! (Aplausos.)

Hoy, desde luego, el imperialismo posee medios mucho más poderosos para destruir culturas y para implantar culturas y homogeneizar culturas; mucho más. Tal vez hoy en 10 años pueda ejercer más influencia que en los últimos 100 años; este ejemplo que mencioné da una idea de la capacidad de los pueblos de resistir y del valor de la cultura. A ellos les privaron de toda soberanía y, a pesar de todo, han resistido.

Si bien es posible citar ejemplos de que puede haber cultura o preservarse un cierto nivel de cultura sin soberanía, lo que no podría concebirse ni imaginarse en este mundo de hoy y hacia el futuro es soberanía sin cultura.

Mientras ustedes, los delegados del congreso, los ministros y dirigentes gubernamentales de la cultura en Iberoamérica, discutían ayer aquí, allá en las Naciones Unidas se libraba una colosal batalla por la soberanía, y diríamos que, al mismo tiempo, una colosal batalla por la cultura. Sí, porque digo que hoy los medios con que cuentan los que dominan económicamente y casi políticamente el mundo son mucho más poderosos de lo que lo fueron nunca.

Esta colosal batalla se libraba alrededor de la reunión del Consejo de Seguridad para discutir un proyecto de resolución relacionado con la guerra desatada contra Yugoslavia, fundamentalmente contra Serbia. A mi juicio, una batalla histórica, porque, realmente, el imperialismo y sus aliados —y se podría decir mejor todavía el imperialismo y los que lo apoyan, aun en contra de sus propios intereses— están librando una lucha colosal contra el principio de la soberanía, una ofensiva impresionante contra ella.

Se veía venir. Cuando se produce el derrumbe del campo socialista, se desintegra la URSS y queda en el mundo una sola superpotencia, ya se veía que esa superpotencia, cuyos orígenes son bien conocidos, y cuyos principios y métodos diabólicos son harto conocidos, no podía dejar de intentar utilizar todo su gigantesco poder para imponer sus normas y sus intereses al mundo, primero por medios cuidadosos y después con medios cada vez más descarnados.

Ya estamos contemplando un imperialismo ejerciendo todo su poder y su fuerza para barrer cuanto le estorbe el camino. La cultura es una de las cosas que les estorba tremendamente el camino; mas ellos son dueños de la inmensa mayoría de las redes de comunicación, tanto como poseer un 60% de la red mundial de comunicaciones; las cadenas más poderosas de televisión que no tienen rival; el monopolio prácticamente de las películas que se exhiben en el mundo.

Podemos decir que Francia, que libra una batalla casi heroica por preservar su cultura lo más posible frente a la invasión cultural norteamericana, es el único país de Europa, que yo conozca, donde no alcanza el 50% del total las películas norteamericanas que se exhiben; en los demás países del Viejo Continente pasa del 50%, llega al 60%, 65%, 70% y hasta el 80% en algunos de ellos. De los seriales de televisión, el 60%, 70%, 80%, 90%, de modo que alrededor de un 70% de los seriales de televisión que se exhiben, y el 75% de los casetes que se circulan son norteamericanos, cifras que ustedes deben haber leído. Ramonet habla de ellas. Es un monopolio casi absoluto.

Hay países latinoamericanos importantes donde el 90% de las películas y seriales que se exhiben son norteamericanos, y ustedes saben todo lo que viene por ahí. De Europa es muy poco el material que llega. Una colonización cultural norteamericana total en ese campo.

Baste decirles que en nuestro caso nos cuesta un enorme trabajo encontrar películas que tengan algún valor, que tengan calidad moral y cultural. ¿Cómo escapar de las películas casi exclusivamente de violencia, de mafia, de sexo? ¿Cómo escapar de tantas películas enajenantes y del veneno que distribuyen por el mundo? Y nos cuesta trabajo; para nuestra televisión, que no tiene anuncios, como les decía, salvo excepciones, encontrar una película para los viernes y para los sábados, es harto difícil. Y las críticas que la población hace de lo que se exhibe son frecuentes. Aunque se copien, porque debemos decir con toda sinceridad que, en la misma medida en que nos bloquearon, nos impidieron toda importación, nos vimos obligados a copiar.


PARTE II


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