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Este juego fue una competencia entre dos conceptos:
el concepto del deporte como derecho del pueblo
y del deporte como fuente de ingresos y riquezas
Discurso pronunciado por el presidente Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el recibimiento a la delegación deportiva que asistió a Baltimore, efectuado en la Escalinata de la Universidad de La Habana, el día 4 de mayo de 1999, "Año del 40 aniversario del triunfo de la Revolución".
(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Queridos compañeras y compañeros:
Yo sabía que no escapaba
de la posibilidad de tener que pronunciar algunas palabras en este acto, y hay algunas
cosas que podría expresarles.
Desde luego, en primer lugar, que nadie ha cerrado un ojo desde hace no se sabe cuántas horas; así que nadie ha dormido ni un minuto, por las emociones de ese partido de ayer, que fue verdaderamente increíble, con el frío, la lluvia, la interrupción del juego y todos los inconvenientes que significaba para la estrategia y la táctica que llevaba nuestro equipo. Por lo tanto, si ustedes tienen un poquito de paciencia, si algunos por allá se callan, aunque no oigan, entonces creo que debo decir algunas cosas.
En primer lugar, que esta alegría no es algo habitual; que esta victoria deportiva es lo que pudiéramos llamar un acontecimiento verdaderamente histórico. Se puede hablar de acontecimiento histórico por muchas razones, entre otras, porque es la primera vez en la historia de este hemisferio que un equipo amateur, constituido en este caso de modestos y jóvenes compatriotas, participa en un encuentro con un equipo de las Grandes Ligas de Estados Unidos.
Hacía mucho tiempo que nosotros deseábamos la posibilidad de medir el avance que había alcanzado nuestro deporte y qué pasaría si teníamos la oportunidad de efectuar un encuentro de esa naturaleza.
Decir Grandes Ligas es decirlo todo, decir Grandes Ligas es mencionar lo más sagrado, la flor y nata de esta rama del deporte que es la pelota o el béisbol como le llaman allá, la más preferida, tradicional y famosa en Estados Unidos.
Cuando nosotros éramos estudiantes como ustedes, las Grandes Ligas era el nom plus ultra y hasta hoy, incluso, decir amateur es como hablar de aficionados incapaces de enfrentarse a un equipo profesional.
Ya nosotros en muchos deportes, ejemplo el boxeo, nos hemos enfrentado a fuertes equipos norteamericanos no profesionales. Hemos mantenido durante muchos años el campeonato mundial en esa rama, y contamos con una fuerza sólida y creciente.
Topes con los norteamericanos habíamos tenido muchos, allá y aquí, en el voleibol también, en campo y pista y en muchos deportes; pero hay deportes que tienen características especiales, que se convierten en un gran espectáculo, que cuentan con una enorme afición en el mundo, y, por lo tanto, pueden alcanzar grandes ingresos.
Es difícil que un ciclista alcance grandes ingresos, es difícil profesionalizar el ciclismo, o quizás el que practique el arco y flecha, o el que carga pesas, o el que corre en las olimpiadas.
Otros deportes tienen características diferentes por la razón mencionada, el fútbol es uno de ellos. Grandes atletas de fútbol son muy cotizados, grandes atletas del béisbol -yo voy a usar esa palabra- son muy cotizados, y también otros, como los de boxeo; pero en el béisbol, por ser el deporte preferido de la nación más grande en recursos económicos, la nación más rica del mundo, y, además, poseedora de las más importantes cadenas de radio, televisión, prensa, es decir, poseedora del dominio de los medios masivos de divulgación, dispone de todo el dinero que quiera y anda por el mundo comprando deportistas, como anda por el mundo comprando científicos, investigadores, artistas, es muy difícil competir con ellos.
¿Qué podemos ofrecerles nosotros a nuestros atletas y qué les hemos ofrecido a lo largo de los años de la Revolución? Esfuerzo, sacrificio, una vida modesta. Junto a ello, la posibilidad de educarse, desarrollar sus capacidades y optar por su deporte preferido.
Recuerdo que cuando comenzó a desarrollarse el deporte con más fuerza, los que participaban en esas competencias eran trabajadores de las fábricas o empleados, y había que concederles una licencia deportiva y se les pagaba el salario que tenían. Después se fue especializando cada una de estas ramas deportivas, entre ellas el béisbol. Bueno, pasado los primeros años, ya ellos no procedían fundamentalmente de las fábricas, ya procedían de las escuelas, porque el deporte se empieza a practicar masivamente en las escuelas, algunos desde muy temprana edad; ya venían los atletas de las escuelas deportivas de nivel medio dedicadas al deporte o de la facultad superior deportiva.
Nosotros decíamos: ¿Qué podemos ofrecerles a estos jóvenes? La oportunidad de adquirir una carrera universitaria en el terreno de la educación física y del deporte, que les permitiera más tarde vivir decorosamente como profesores de deporte, investigadores de la actividad y formadores de nuevos atletas, y por eso ya la mayor parte de los atletas destacados de las distintas ramas eran a la vez alumnos del Instituto Superior de Educación Física y Deportes "Manuel Fajardo". Nuestra primera preocupación era que cada uno de ellos pudiera adquirir una carrera universitaria.
Se multiplicaron las escuelas deportivas, porque veíamos el deporte no como una profesión, sino -como se dijo muchas veces- un derecho del pueblo, una conquista del pueblo, el derecho a que todos los niños, todos los jóvenes, los adolescentes, los adultos, y hasta los de mayor edad pudieran practicar, si no un deporte, por lo menos la educación física, que toda la juventud tuviera posibilidad de practicar un deporte en aras de la salud y del bienestar de la población.
Nuestro país ha graduado, a lo largo de estos años, más de 30 000 profesores de educación física y deportes; no sé cuántos habremos graduado en el "Fajardo", pero tiene que ser un buen número de miles (Le dicen que 35 000). ¿En el "Fajardo", en el Instituto Superior? (Fernández le dice que en el nivel superior, en el "Fajardo", 25 000.) Sí, de todo el país ya sé, porque se extendió.
¿Ustedes incluyen ahí a los profesores de educación física y deportes? (Fernández le dice que en el "Fajardo", entre entrenadores y profesores de educación física, se han graduado 25 000 porque se graduaron los nuevos, y a los viejos se les dio oportunidad de estudiar.) ¡Ah!, de nivel superior; pero las escuelas medias graduaron decenas de miles (Le dicen que más de 30 000).
Más de 30 000, es correcto. Ese es el esfuerzo que hicimos a partir de una concepción, y nuestro país es, sin duda, el que tiene más profesores de educación física y deportes per cápita entre todos los países del mundo, como lo tenemos entre los maestros, o lo tenemos entre los médicos. Se hizo para el pueblo, no se concibió nunca como una profesión, y en la época en que la Revolución surge e impulsa el deporte, existía realmente el amateurismo en las competencias internacionales y en las olimpiadas solo participaban atletas amateurs, tal como fueron concebidas desde la época de Grecia; pero esas ideas fueron distorsionadas, cambiadas y corrompidas por el mercantilismo, y lejos de protegerse el concepto del atleta amateur, lo que ha ocurrido en los últimos años es que prácticamente se han profesionalizado casi todos los deportes y ya en las competencias olímpicas tienen derecho a participar atletas profesionales, es por ello que aparecen los llamados teams de sueño, como allá en Barcelona, en básquet, una selección de los mejores deportistas profesionales de Estados Unidos, lo cual no sirve muchas veces más que para humillar a los países que tienen muy pocos recursos, a los países que no poseen instructores, ni profesores, ni centros de enseñanza, ni instalaciones deportivas, ni las cosas que posee, por ejemplo, hoy nuestro país, a pesar de ser un país del Tercer Mundo.
Esas competencias sirven muchas veces para tratar de demostrar la superioridad nacional e incluso racial de los países ricos y de las naciones desarrolladas y para humillar a los demás pueblos, aunque muchas veces algunos de sus mejores atletas procedan de países pobres, y así es muy difícil que un pueblo africano pueda reunir un equipo y los recursos para disponer de un buen equipo de fútbol; sin embargo, los atletas africanos solo tienen oportunidad de participar en los equipos de los países industrializados.
Estos tienen recursos, tienen dinero y se llevan los atletas. Así, durante años, nosotros hemos tenido que luchar muy duramente en esa competencia cada vez más desleal y contra esa política de arrebatarles a otros países sus atletas.
Cuba nunca le ha arrebatado un solo atleta a un solo país del mundo, y nuestros profesores e instructores han trabajado, por miles de ellos, en muchos países; aquí se han instruido muchos o se han enviado instructores y nunca le hemos robado un atleta a otro país.
Hemos formado a nuestros deportistas para que sirvan al pueblo, para que aporten alegría al pueblo, glorias al pueblo, honor al pueblo, y podemos decir de nuestros atletas, en primer lugar, que han aportado mucha gloria y mucho honor, infinitas satisfacciones y alegrías a nuestro pueblo (Aplausos).
Quien habló aquí no fue Omar Linares -o el Niño Linares, como ustedes cariñosamente le llaman (Aplausos)-, quien habló aquí es el hijo de este país que rechazó un contrato de 40 millones de dólares para hacerse profesional (Aplausos y exclamaciones). Pudo haber hablado Stevenson, en nombre de antiguos atletas, que rechazó ofertas millonarias (Aplausos), y muchos otros por el estilo.
Ahora bien, ¿qué ocurre con la pelota? Es el mayor entretenimiento que tiene el país. No tenemos ni siquiera la posibilidad, porque estamos bloqueados, de buscar otras fuentes de ingreso para ellos, ahora que lo han profesionalizado todo, como decíamos. En este próximo período tiene que prepararse el equipo para las olimpiadas, más que para las olimpiadas, para Winnipeg, que es el pase intermedio para tener derecho a competir, y sabemos qué están haciendo varios países: reclutando profesionales a diestro y siniestro en la idea de que así podrán desplazar a Cuba de su puesto para competir en las olimpiadas. Espero que esa idea se haya esfumado totalmente anoche. Como si reúnen, qué sé yo, todos los que quieran, y no podrán reunir ninguno todos los que quieran. No hay duda de que el equipo de Estados Unidos puede ser fuerte, fuerte, fuerte. (Le dicen algo).
Bueno, pero otros equipos, de países, incluso, de la Cuenca del Caribe, están afilándose los dientes con planes de emplear profesionales para ocupar un lugar de los dos que corresponden al hemisferio para la próxima olimpiada y dejarnos en el camino.
Nuestros atletas del béisbol -como les decía- constituyen, durante una gran parte del año, el centro de la atención deportiva del país, es la realidad; lo que en otro país ha logrado el fútbol, el papel que desempeña en otros muchos países el fútbol, aquí lo desempeña este deporte. Los necesitamos aquí, en nuestro país.
No sabemos cuál será la evolución del deporte en los años futuros; pero en estos momentos nosotros tenemos que estar luchando contra el intento de arrebatarnos nuestros atletas. La primera competencia es la lucha contra esos bandidos llamados scouts; no quiero decir que todos los scouts sean bandidos, pero sí conocemos un número de bandidos que se dedican a la tarea, mercachiflera y a la vez política, de tratar de comprar atletas cubanos. Esa es la primera batalla. Estados Unidos los apoya por obvias razones de hostigamiento y propaganda contrarrevolucionaria.
¿Por qué, sin embargo, tenemos tantos y tan buenos atletas en este deporte? Porque afortunadamente contamos con muchos jóvenes de extraordinaria dignidad y patriotismo (Aplausos); ellos merecen el reconocimiento del pueblo.
Por eso en esta ocasión, cuando se iba a celebrar este partido histórico, una de las primeras cosas que se hicieron fue recordar a muchos que fueron atletas brillantes de béisbol que dieron gloria, mucha gloria a nuestro país, y por ello más de 100 atletas retirados o antiguos atletas formaron parte de la delegación que animó a nuestro equipo allá en el estadio de Baltimore. No son ustedes capaces de imaginarse cuán felices se sentían cuando vieron que se acordaban de ellos para ser partícipes de un partido que ellos no pudieron ver, de un partido en el que no pudieron participar, porque nunca pudieron medir sus fuerzas con aquellos equipos. Pasaron los años, surgió una nueva generación de atletas y ellos tuvieron el placer de estar allí, en primera fila, junto a los nuevos valores, presenciando aquel acontecimiento histórico. No son poseedores de riquezas materiales, pero son dueños de una patria sin amos que los admira y los recordará siempre.
Hemos dicho: No podemos olvidar jamás a esos antiguos deportistas. No podemos darles los millones que les ofrecían los scouts, pero bien podemos darles todo el reconocimiento del mundo, todos los honores que se merecen y todas las satisfacciones materiales que necesiten. Las que necesiten, que no significa ambición de riquezas, no; pero serán siempre recordados, y en la medida en que el país mejore su situación económica, irá mejorando prioritariamente también la vida de esos atletas que tanto hicieron por su país y a quienes nadie pudo comprar por ningún dinero (Aplausos).
El deporte le ha dado al país mucho prestigio, y el país tiene que compensar a esos atletas, sean o no de aquellas ramas que son altamente cotizadas en el mercado. De modo que todos aquellos atletas que dieron tantas pruebas de lealtad a su patria y tantas pruebas de desinterés ocuparán el lugar digno que les corresponde en la sociedad y serán recordados con cariño por su pueblo aun cuando ya no vivan.
Le damos una extraordinaria importancia a este encuentro histórico, porque demuestra la magnitud de los valores humanos y morales. Es muy grande el ejemplo que ellos han dado. De casos como los que cité aquí, yo me pregunto si hay ejemplos iguales en el mundo, o si de un país que no sea patriótico, verdaderamente digno y revolucionario, pueden salir esos valores; porque ¡la bandera no se vende, la patria no se vende, la lealtad al pueblo no se vende, y la mayor gloria de nuestros más grandes y admirados atletas es que son atletas que no se venden! (Aplausos.) Sea, por ello, el primer reconocimiento.
Hemos podido medir la fuerza de esos hombres, la capacidad de esos hombres, con la fuerza y la capacidad de un gran equipo donde este deporte, como dije, es el favorito y cuenta con infinitos recursos.
La nómina salarial de cada uno de los equipos de las Grandes Ligas asciende a decenas y decenas de millones de dólares al año, y en algunos casos pasa de 40, de 50, de 60 o más millones. Es un concepto. Allí se produjo una competencia, digamos, entre dos concepciones: nuestro concepto del deporte y el concepto del deporte profesional; el concepto del deporte como derecho del pueblo, privilegio y fuente de salud y bienestar de todo el pueblo, o el deporte como objeto de mercado y fuente de ingresos y riquezas personales. En el partido de anoche esas dos ideas estaban compitiendo.
Ya no se podrá despreciar más a los atletas amateurs, ya no se podrá subestimarlos.
Hay que ver cómo evoluciona el deporte mundial; nadie sabe a dónde vamos a parar ya, de modo por ahora irreversible, con esa triste transformación del deporte amateur y de las olimpiadas en una competencia de profesionales. Me pregunto qué posibilidades les quedan a los países pobres; es decir, a la inmensa mayoría de los países.
Cuba, con su concepción revolucionaria en el deporte, tiene el honor de haber sido el único país latinoamericano que logró superar a Estados Unidos en una competencia panamericana que tuvo lugar, precisamente, en nuestra patria, única vez en la historia; es una prueba del esfuerzo realizado, de la calidad de nuestros atletas, del sistema deportivo establecido.
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