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Se han tomado dos decisiones muy importantes
en la batalla que nuestro pueblo tiene que
librar para defender su independencia y su sociedad
Discurso pronunciado por Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la clausura de la Sesión Extraordinaria de la V Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, efectuada en el Palacio de las Convenciones, el día 16 de febrero de 1999, "Año del 40 aniversario del triunfo de la Revolución".
(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Compañeros:
Creo que, como se ha dicho por más de uno de nosotros ayer y hoy, se han tomado dos decisiones muy importantes en la batalla que nuestro pueblo tiene que librar para defender su independencia y defender su sociedad.
Hace unos días la señora Albright -esa que fue mencionada hace un ratico-, en una reunión en la ciudad de Miami, con la gente de un libelo que se hace en aquella ciudad, según dicho libelo, dijo lo siguiente: "Estamos utilizando armas inteligentes apuntadas al blanco que queremos. Deseamos ayudar a crear una economía de mercado independiente y tratar de que continúe expandiéndose y se llegue a separar por completo del Estado." No estaba hablando de lo que piensan hacer en el Departamento de Estado, sino de lo que el gobierno norteamericano piensa hacer en Cuba. Esa es su interpretación de las medidas, de la llamada "flexibilización" que se anunció recientemente.
La relación entre esa estrategia y algunos de los problemas que hemos estado discutiendo no se le escapa a la consideración de nadie.
Justamente, en la raíz del delito y de las indisciplinas que se relacionan con muchas de las cosas que discutíamos ayer, está la desobediencia, el desconocimiento del orden. El tratar de caotizar la sociedad cubana y que el Estado no ejerza la función que tiene que ejercer en todas partes, y que este país se llenase de gente que se alejasen del Estado, de la norma y de la ley, es en el fondo lo que tenemos que enfrentar, y nos muestra cómo no es exagerado decir que la lucha contra el crimen, contra el delito común, contra estas manifestaciones que hemos estado discutiendo, es parte también esencial de la lucha política que libramos hoy los cubanos.
Esta señora dijo algo también, según el libelo: "Es preocupante el incremento de contrabando de drogas en la isla durante el último año, y el hecho de que ya en sí Cuba es un área de tránsito."
Fíjense cómo se trata de utilizar una manifestación delictiva que, por supuesto, en Cuba no existe ni a años luz de distancia de como se manifiesta allí, donde la señora hablaba y en otras partes del mundo, dentro de la estrategia de fundamentar la agresión, de fundamentar la hostilidad contra nuestro país y de utilizar estas manifestaciones como parte de la campaña de calumnias contra Cuba en el exterior.
Hay otras cosas, artículos que se reproducen, que aparecen en la prensa norteamericana en esa dirección, alimentados por algunos de los legisladores que han sido autores de estas medidas que nuestra ley -la segunda que hemos adoptado- refiere.
Pero si la señora Albright realmente está interesada en el tema del narcotráfico, y si está preocupada por eso en Miami, está realmente en uno de los mejores lugares del mundo para estudiar, saber y experimentar lo que es el narcotráfico.
En esa misma ciudad, no hace mucho, exactamente el 26 de enero, se publicó una información muy interesante. Un tal Márquez fue arrestado por llevar una carga de 365 kilos de cocaína y por conspirar para introducir en la Florida unos 2 000 kilos más, él y un grupo más de personas de origen cubano. Este mismo individuo aparece vinculado con un plan que recientemente, según el FBI, había sido descubierto de asesinar al Comandante en Jefe durante la Cumbre de la Isla Margarita en Venezuela; terroristas de origen cubano, asesinos vinculados con los servicios secretos norteamericanos durante mucho tiempo, que a la vez son narcotraficantes en los propios Estados Unidos.
Si la señora Albright se interesa por el tema del narcotráfico, en Estados Unidos es posible que tenga oportunidad muy pronto -ella y otros representantes de su gobierno- de pronunciarse, si se llega a dar finalmente en el Congreso norteamericano una discusión que hace meses está reclamando el grupo de congresistas negros norteamericanos que están exigiendo que se discuta allí y se esclarezcan los vínculos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos con la introducción y distribución de droga, específicamente del crack, entre las comunidades pobres del centro de la ciudad de Los Angeles, introducción de droga bajo responsabilidad de agencias gubernamentales. Yo no conozco ningún otro caso de un gobierno que aparezca en estos momentos siendo acusado de tener responsabilidad de esa naturaleza.
Breves antecedentes: En la década de los ochenta, una comisión senatorial norteamericana denunció algo que se convirtió en uno de los escándalos más sonados de los últimos tiempos, el llamado Irán-contra, el escándalo Irán-contra. Cuando surge ese escándalo, ante el Senado de Estados Unidos se presentan elementos e informaciones que indican que, aparte de los vínculos con otros países, en Centroamérica la CIA y la Casa Blanca -la Casa Blanca de Reagan, valga aclararlo- están violando las leyes, introduciendo armas para la contra nicaragüense, y en el curso de la investigación aparece el hecho de que también estaban aprovechando los vuelos clandestinos que llevaban las armas para traer droga hacia Estados Unidos.
Dicho sea de paso, en aquella investigación aparece el nombre de un personaje, que es Luis Posada Carriles, fugitivo de la justicia venezolana en aquel momento, por terrorista, por autor intelectual en el sabotaje al avión de Cubana que estalló cerca de Barbados en 1976, y que continúa practicando el terrorismo contra Cuba todavía. Salió un día caminando de la cárcel de Venezuela y fue a parar a Ilopango como coordinador de esta operación: introducción de armas hacia Nicaragua y, según aquella investigación del Senado, transporte de drogas hacia Miami y hacia California.
Aquella investigación quedó un poco oculta, tuvo poca trascendencia en la prensa norteamericana, la gran prensa no le dio mucha importancia a aquello.
Pasó el tiempo, en 1996 un periódico local de California abre otro escándalo, al explicar el origen de la distribución intensa en los barrios pobres de Los Angeles, en los barrios de los negros, de la gente humilde, de crack y una epidemia de crack que se desató por la ciudad de Los Angeles en los años ochenta.
En este periódico local se revela que los distribuidores habían sido elementos de la contra nicaragüense pagados por la CIA; agentes y colaboradores de la CIA que, por supuesto, ya se sabía desde la década anterior que lo traían de Centroamérica, lo estaban distribuyendo entre la población de Los Angeles. De ese escándalo no hubo más repercusión, de aquellos artículos de 1996.
Hay que decir que la gran prensa norteamericana, en lugar de seguir la investigación, lo que hizo fue tratar de aplastar a aquel pequeño periódico. Todos dijeron que habían investigado y que habían encontrado que no había prueba alguna de involucramiento de la CIA.
Pero hay que decir, en mérito de los legisladores negros norteamericanos, que ellos insistieron reclamando que hubiese una investigación y que la CIA respondiese por su responsabilidad, que se le alegaba desde el ochenta y tanto y después en 1996. Y he aquí que, a comienzos del pasado año, la CIA finalmente publica un informe, un informe público -como ellos siempre hacen, tienen uno público y otro secreto- que daba algunas explicaciones, básicamente, tratando de denegar su responsabilidad; aunque, incluso, en ese informe público de comienzos del año pasado, se reconoce que efectivamente el aeropuerto de Ilopango y el operativo de introducción clandestino de armas hacia Nicaragua era el mismo que usaban algunos narcotraficantes para introducir droga hacia Estados Unidos.
LOS LEGISLADORES NEGROS NORTEAMERICANOS INSISTIERON
RECLAMANDO QUE HUBIESE UNA INVESTIGACION
Los congresistas negros siguen insistiendo, siguen demandando que se haga público el informe secreto, exigen a la administración -que ya en el año 1998 era del presidente Clinton, no tenía nada que ver con los sucesos del Irán-contra, no había sido la que administraba en los ochenta; es decir, no era su CIA, no era su gobierno-, y voy a citar lo que dice aquí una legisladora norteamericana, la congresista, precisamente, de ese distrito de Los Angeles: "No hay razón concebible para que este informe siga manteniéndose clasificado. Eso equivale a proteger a los traficantes de drogas. La administración debería exigirle a la CIA que inmediatamente divulgue el informe sobre esta red narcotraficante de la contra. La contra fue una creación de la administración Reagan-Bush. Fue dirigida por la CIA de Reagan y Oliver North. Esta administración", la de Clinton, "debe y puede revelar la verdad y poner fin a este terrible asunto".
"No puedo entender por qué el informe de la CIA, con detalles sobre los esfuerzos ilegales de las administraciones de Reagan y de Bush para proteger a dirigentes clandestinos, que a la vez eran dirigentes del narcotráfico, deban seguir siendo protegidos."
Pasó el tiempo y, finalmente, el pasado mes de octubre, la Agencia Central de Inteligencia se vio obligada a hacer público el segundo informe. Voy a citar a un legislador norteamericano, uno de los congresistas negros, cómo resume el tal informe: "simplemente: El inspector general de la CIA ha confirmado que la CIA sabía de la red de narcotráfico de la contra y decidió seguir cooperando, seguir trabajando y seguir apoyando a los narcotraficantes que estaban en su nómina."
Aparece algo muy interesante y muy especial. En este informe de la CIA se señala que en 1982 la Agencia Central de Inteligencia y el Departamento de Justicia de Estados Unidos habían suscrito un acuerdo -un memorando de entendimiento, es como se llama-, por el cual la CIA no tendría que informar al Departamento de Justicia -que es el encargado de perseguir el narcotráfico- de cualquier actividad, duda, o información que existiese sobre cualquiera de sus agentes, colaboradores o personas vinculadas al trabajo de la CIA. Un documento oficial, suscrito entre dos ramas de un gobierno, por el cual se ponen de acuerdo para dejar a un lado a un grupo de personas que pudieran estar siendo objeto de investigación por narcotráfico, sobre ellas no se hablaría, se ocultaría la información. Aparentemente, este es el origen, la base legal de lo que ocurre después de que se desate, se desarrolle esa combinación de actividad clandestina subversiva con actividad de narcotráfico.
Pero este informe, el que publican en octubre, todavía preserva las fuentes, preserva los nombres y los datos de los narcotraficantes, y es por eso que la congresista Maxine Waters le envió exactamente el 30 de noviembre de 1998 al presidente del Comité que tiene que ver con las drogas de la Cámara, una carta en la cual le pide que esto se discuta; que aireen esto, una historia que lleva más de 10 años; que se explique ahí por qué se siguen ocultando los nombres de personas que la CIA sabe que estaban vinculadas a la actividad de narcotráfico.
Dice ella: "Hay muchas fuentes de la CIA que se mantienen anónimas y protegidas en estos dos informes, a pesar de su posible involucración en el tráfico de drogas. Muchas fuentes que no son nombradas y que son identificadas solamente como oficial de la CIA, personal de la CIA, colaborador de la CIA", a lo largo de los dos volúmenes.
Si estas personas contratadas o vinculadas a la CIA en el informe se identifican como traficantes de drogas, ¿por qué todavía no se revela la identidad de estas personas en el informe de la CIA?
Ya no hay guerra sucia contra Nicaragua, ya no hay una actividad clandestina de la CIA en Centroamérica, se supone, ¿por qué todavía, a la altura del mes de noviembre de 1998, se siguen protegiendo aquellos antiguos colaboradores que tuvieron en esas actividades?
Eso está pidiendo un grupo de legisladores norteamericanos que se discuta abiertamente, que se investigue. Vamos a ver si se hace, o vamos a ver si se sigue preservando el secreto y se sigue protegiendo a estos viejos colaboradores de la agencia en Centroamérica. Cuando eso ocurra, la señora Albright y la administración que ella representa tendrán la oportunidad de demostrar al mundo si de verdad están preocupados por el tráfico de drogas, no ya en otras partes, sino dentro de Estados Unidos, suministrado, extendido ese veneno a jóvenes norteamericanos con la connivencia y la responsabilidad de autoridades de Estados Unidos, según este informe de la CIA, que los congresistas aspiran a que se discuta abiertamente.
Se trata evidentemente de algo que ha concitado el malestar, el repudio y la indignación de mucha gente dentro de la población afronorteamericana, entre los negros de Estados Unidos, porque, con razón, ellos han visto en esto un intento de atacar, de golpear en la integridad, en la salud, en el equilibrio de los jóvenes de un área de una ciudad predominantemente negra y predominantemente pobre, en un país, por cierto, donde las políticas represivas, o las políticas penales tienen tanto que ver con el racismo; porque en ese país, según este informe oficial -el Informe mundial sobre drogas que publica las Naciones Unidas; los datos de Estados Unidos, los da Estados Unidos-, mientras la población blanca anglosajona constituye el 75% de la población, los no blancos, o sea, los negros, los mestizos y los latinos, forman las dos terceras partes de la población penal.
Dos tercios de la población penal no son blancos, mientras la mayoría de la población, tres cuartas parte de ella, es precisamente de los blancos. ¿Porque no hay delitos entre los blancos? ¿Porque no hay consumo de drogas, que es lo que trata este informe? No, el informe dice lo contrario. El informe dice que entre los jóvenes estudiantes, el índice más bajo de consumo de drogas pertenece a los negros y el más alto pertenece a los blancos; pero la celda, la prisión, la cárcel relacionada con la droga está desproporcionadamente al revés: blancos 24%, el resto para la población no blanca.
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