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Cuba
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A lo largo de cuatro décadas, Cuba nos ha
recordado
que la dignidad de un pueblo no tiene precio
· Más temprano que tarde tendrá que dejar de existir
DISCURSO DE ACEPTACIÓN DE LA ORDEN JOSÉ MARTÍ CONFERIDA POR EL PRESIDENTE FIDEL CASTRO AL DR. KENNY D. ANTHONY, PRIMER MINISTRO DE SANTA LUCÍA
Y los hombres que
Resisten, sin ceder, y triunfan en esta tierra
Garantizan que la Historia y la vida
Tengan sentido, y descubrimos esta mañana
En los rostros que pasan, las caras del ayer y del futuro
Donde el tiempo se consume con la serena confianza
De una vela en la oscuridad.
Estimado Presidente de la República de Cuba y León de las Américas, doctor Fidel Castro Ruz,
Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, compañero Ricardo Alarcón,
Demás distinguidos miembros del Gobierno de Cuba y del Consejo de Estado
Distinguidos amigos y colegas:
Fernández Retamar, tan suyo como lo es nuestro, escribió estas palabras acerca de Fidel y del pueblo de Cuba, que a lo largo de cuatro décadas ha enfrentado firmemente la ira del Norte y se ha mantenido erguido con la misma férrea dignidad de su Comandante en Jefe, de manera vertical e inconmovible. Por cuatro décadas, la tierra de José Martí ha resistido y triunfado, ha garantizado que la Historia y la vida tengan sentido en este Archipiélago color esmeralda. En el transcurso de estas cuatro décadas, el tiempo y la historia se han consumido con la misma serenidad de una vela en la oscuridad a pesar del tumultuoso torrente que bate a su alrededor.
Recibir una condecoración que lleve el nombre de José Martí, gran Apóstol de la independencia de Nuestra América, constituye un honor y distinción singular que sólo puede aceptarse por la confluencia de sangre y sueños que han unido históricamente a los pueblos de Nuestro Caribe y Nuestra América. Con Guillén y Carpentier, Cuba descubrió que era mulata. Con Fidel y el Che, revivió el sueño del destino transcontinental que fue primeramente concebido en los luminosos tiempos de Bolívar y Martí.
Te lo prometió Martí y Fidel te lo cumplió. Nuestro esparcido Archipiélago, un acontecimiento geográfico, fue una metáfora para designios coloniales, pero a pesar de las diferencias de idiomas, Cuba se mantuvo erguida y orgullosa, y a veces sola, señalando al mundo que el tamaño no constituye una medida de la dignidad de un pueblo. Nuestra historia en esta América nuestra, que es la historia de los esclavos, de los de piel mestiza y de pueblos multicolores, ha sido una crónica del dolor. Hemos padecido y sobrevivido un dolor histórico de épica geografía y proporciones humanas, a través de una larga espiral de tiempo. Y en el mismo febril corazón de esta insurgente voluntad yacía Cuba, siempre Cuba insurrecta y firme.
A lo largo de cuatro décadas, Cuba nos ha recordado que la dignidad de un pueblo no tiene precio. Por cuatro décadas, Cuba ha -empleando la metáfora de Yevtuschenko- representado todo el dolor de los desposeídos, ha sido la voz de los que no pueden hablar, ha sufrido por todos los que han puesto su dignidad por delante de la sumisión, garantizando de esta manera que la historia y la vida tengan sentido.
El nombre de Cuba es sinónimo de ser consecuente. Es lo que soñó Martí y Fidel cumplió. Cuba ha sido consecuente con sus principios, ha sido protagonista consecuente con los derechos de las naciones y pueblos pobres, ha sido consecuente al compartir sus limitados recursos, repartiendo con todos nosotros el pan del sacrificio. Cuba ha sido en la conducción de sus relaciones nacionales e internacionales, "tan constante como la Estrella Polar, inigualable en el firmamento por su verdadera cualidad fija y latente".
Por tanto, Presidente Fidel y estimados amigos, somos nosotros quienes debemos honrarle hoy. En 1979, este Gobierno en sus primeros momentos estableció lazos diplomáticos con Cuba y en estos veinte años, a pesar de las fluctuaciones de nuestra marea política, Cuba ha permanecido constante y fiel al pueblo de Santa Lucía. Mientras por un lado mermaron progresivamente las becas ofrecidas por donantes internacionales, Cuba incrementó sus cuotas no obstante al recrudecimiento del bloqueo. Veinte años después, ya es momento para nosotros de elevar esta relación a un nivel superior de amistad y solidaridad. Los Estados miembros de la Comunidad Caribeña han decidido individual y colectivamente que se debe extender a Cuba un abrazo familiar -basta de asumir posturas de hijo pródigo; basta de dictados familiares por parte de aquellos que se empeñan en dividir. Con esta visita, buscamos mover nuestras relaciones al nivel del abrazo recíproco y consolidar la solidaridad familiar entre Santa Lucía y Cuba.
Presidente Fidel, humildemente acepto esta distinción que me ha sido otorgada hoy, en nombre del pueblo de Santa Lucía y en nombre de aquellos cuyo coraje y resistencia desde Eric Williams a Maurice Bishop garantizaron que el frío aislamiento de Cuba proveniente del Norte nunca enfriase la fiebre tropical que Cuba siempre ha sido.
Cuba y el Caribe, unidos hoy más que ayer.
Cuba y el Caribe, por un futuro de unidad y un destino inconmovible.
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