ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Elito nació a mediados de la década de los 40 del siglo pasado. Tenía problemas en las piernas y sus padres, ama de casa y carpintero, nada pudieron hacer para mejorar su calidad de vida.

Mostraba interés por las realidades que llenaban el día a día de sus familiares, siempre cercanos, amén de que era un incansable lector de cuanto texto caía en sus manos.

Ha pasado mucho tiempo y hoy, cuando «pincho» en la computadora la página oficial de las Olimpiadas Especiales concluidas este jueves en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, me viene a la mente Elito. De haber nacido en este siglo, tal vez su derrotero hubiera sido otro y, si no alcanzaba el honor de asistir a un evento similar, le hubiera gustado apreciar cómo el mundo les abre espacio a los jóvenes con discapacidades físicas e intelectuales en una fiesta inclusiva que enaltece las virtudes del ser humano.

Los cubanos compitieron allí y con mucho éxito hasta ganar 11 medallas. Junto a las aplaudidas hazañas de estos valerosos jóvenes, prevaleció en ellos una de las máximas propuestas por el evento: «las limitaciones las pone uno mismo», cual invitación a desafiar los frenos mentales que no pudieron minimizar las actuaciones de los más de 7 000 atletas animadores de la cita.

La alegría invadió a los participantes en las Olimpiadas Especiales y, quienes estuvieron presentes cuando se izó la bandera cubana y se escuchó el himno nacional en tierra lejana, de seguro sintieron ese ímpetu que inspira la Patria. Las fotos y videos expuestos en el sitio web del evento muestran a estos deportistas ciento por ciento disfrutando las emociones de las ceremonias de premiación.

Más allá de la satisfacción que propician los triunfos, es preciso también reconocer la labor de los entrenadores, mujeres y hombres amorosos, dedicados a la faena que realizan, cuya única recompensa es ver a sus pupilos incorporados a la sociedad y reconocidos por su pueblo.

Así guiaron a los cubanos en Abu Dhabi, la tunera Ramona Figueredo, al frente del dúo de nadadores; el habanero Eduardo Ramírez junto al cuarteto de atletismo, y el villaclareño Jorge Francisco Perera, entrenador de los dos pesistas. Más que mentores, son familiares cuya entrega cristaliza el sueño de que tengamos entre nosotros a una delegación como la asistente a las Olimpiadas Especiales.

En una semana no solo transcurrió la competencia, hubo intercambios culturales, afloró la amigable interacción entre los miles de deportistas y, según expresó Miriam Menéndez, jefa de la comitiva, los cubanos «sostuvieron relaciones de solidaridad con los demás competidores». Son así, porque llevan la cordialidad y el respeto al prójimo incorporados a su diario quehacer.

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