Practicar deporte tributa a la vida. Y en estos tiempos, cuando hablamos de longevidad saludable, se afianza el criterio de ejercitarse a cualquier edad cual antídoto contra las enfermedades.
Leo en una reseña de Notimex sobre María Walls y sus 82 años en los que ha ganado 2 200 medallas y otros premios en competencias de natación y maratones, así como en pruebas a mar abierto.
Del relato acerca de la «Sirena de Acapulco» o la «Miss», como la llaman sus conocidos, salta el ejemplo de esta mexicana que, a los 58 años de edad, luego de que una caída la pusiera al borde de quedar lisiada en una silla de ruedas, abrazó la natación para recuperarse e hizo evidentes sus dotes de velocista, teniendo en cuenta que ya era una persona mayor.

México hoy venera en vida a María Walls. En Cuba honramos la memoria de Leonel «Bebito» Smith, dedicado también a este deporte prácticamente hasta su fallecimiento a los 90 años de edad, tras una carrera iniciada a principios del siglo pasado, y en la que entre 1925-1931 conquistó 19 preseas doradas en contiendas nacionales e internacionales, como la de los 400 metros libres durante los II Juegos Centroamericanos y del Caribe, efectuados en La Habana 1930.
Un accidente automovilístico lo separó de las competencias en 1931, a sus 22 años. No se alejó de las albercas, desde ese momento se convirtió en entrenador, amoroso en especial con los niños entre seis meses de nacidos y seis años, enseñándolos a nadar durante mucho tiempo en la piscina del centro capitalino Camilo Cienfuegos.
Aseguran que la natación, al poner en función cada uno de los miembros del cuerpo, es uno de los deportes más completos para la salud del ser humano.
Las vidas de María y «Bebito» así lo atestiguan y, más allá de rendirles honores a sus medallas, perdurarán lo mucho que aportan con sus ejemplos.















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