ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Driulis González. Foto: Ricardo López Hevia

Está claro que la obra humana no es perfecta, pero si algo se acerca a ella son las manos de una mujer, su sensibilidad, su capacidad de organizar, de regentear.
Cuba ha obtenido 220 medallas en los Juegos Olímpicos, los de más abolengo del deporte mundial. De ellas, 77 son de oro, 69 de plata y 74 de bronce. Ellas, las nuestras, son dueñas de 49. Doce áureas, 17 plateadas y 20 de bronceadas. Si ellas hubieran competido como una nación, serían el cuarto país de América mejor ranqueado en esa lista de más de un siglo, solo superadas por Brasil (30-36-61-127) y México (13-24-32-69).
Solo 40 pabellones nacionales han conseguido más de diez medallas de oro en los Juegos Olímpicos, las mujeres cubanas han logrado 12.
Cuba le dio a Latinoamérica y el Caribe a la primera mujer campeona olímpica y también a la primera judoca con ese rango en  la región.
No alcanzaría un periódico para tanta hidalguía vestida de mujer, por eso en estas tres doncellas les va el homenaje a todas, desde las primeras: Miguelina Cobián, Marlene Elejalde, Fulgencia Romay y Violeta Quesada, con su plata en el relevo 4x100 de México-1968, hasta Idalys Ortiz, en Río de Janeiro-2016.
 

Ana Fidelia Quirot. Foto: Archivo de Granma


Nada iguala su entereza
Su paso elegante sobre las pistas, su endemoniado remate en busca de la meta, la hicieron nacer con el sobrenombre de la Tormenta del Caribe. Se llama Ana y Fidelia, por Fidel, a quien le unirían lazos de una hermosa complicidad.
«Si se hubiera organizado una competencia para atender a un lesionado, los médicos, las enfermeras, los sicólogos y el resto del personal que me atendió seguro hubieran alcanzado la medalla de oro. Por eso la victoria lograda en el pasado Campeonato Mundial es también la victoria de la medicina cubana, la victoria de un pueblo que no se deja vencer frente a las dificultades, la victoria de las ideas y los principios.  ¿Qué puedo decirles un día como hoy? Que recibo este homenaje con la mayor humildad y el más profundo agradecimiento. Gracias a la Revolución pude hacerme deportista, gracias a la Revolución y su generosidad pude sobreponerme al accidente, gracias a Fidel y sus atenciones pude competir y ganar, gracias a la solidaridad y el apoyo del pueblo recibí el suficiente estímulo y aliento para luchar y vencer».
Así dijo el 15 de septiembre de 1995, al reconocérsele su lauro dorado en el Campeonato Mundial de Gotemburgo, Suecia. Fue una proeza colosal, el 22 de enero de 1993, un accidente doméstico puso en peligro su vida. El 40 % de su cuerpo estaba quemado, perdió entonces su embarazo. Más de 20 veces estuvo junto a su cama el campeón olímpico de la Revolución, el Comandante en Jefe siguió paso a paso esa carrera, por momentos agónica, por la vida de la que nació en Palma Soriano, justamente un 26 de julio, pero diez años después del histórico asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
En la ciudad sueca, porque la historia recompensa a quienes la escriben, ella ganó su medalla de oro, justo el 13 de agosto de aquel año, cuando Fidel cumplía sus 69. Tras aquella hazaña, a la que le sucedió otra corona del planeta en Atenas-1997, Fidel expresó: «Para salvar a Ana Fidelia se juntaron dos cosas: un milagro de la ciencia y la técnica con un milagro de la voluntad humana. Hemos obtenido muchas victorias deportivas, pero no creo que haya ocurrido nunca algo tan emocionante, que estremeciera, que sacudiera todas las fibras del alma y del cuerpo como la noticia de esa victoria».
 

María Caridad Colón. Foto: Internet


Estás entre lo humano y lo divino
El 20 de julio del 2013, el colega Joel García le arrancó a esta mujer baracoense una confesión. «Mi abuela materna me contó que su padre Félix Ruenes recibió a Martí en Playitas, cuando desembarcó para la Guerra de 1895. En el Diario de Campaña, Martí habla sobre él y eso es algo sagrado para toda la familia, en especial para los que hemos podido representar humildemente a este país por el mundo».
María Caridad Colón, el 25 de julio de 1980, en la ciudad de Moscú, le dio a América Latina y el Caribe la primera medalla de oro de una mujer de esa región.
Cuatro mujeres tenían mucho mejores marcas que ella, la cubana no aparecía entre las favoritas. Solo ella se consideraba con posibilidades, pese a que se sabía limitada. Un dolor en la espalda solo le permitió un lanzamiento de su jabalina para clasificarse. El día de la final, minutos antes, el doctor Rodrigo Álvarez Cambra tuvo que infiltrarle en la zona lumbar, ni siquiera podía hacer los ejercicios de calentamiento como sus avezadas rivales, porque ahí mismo no solo se quebraría la aspiración, sino también su participación en la lid.
Miraba a la alemana Ruth Fush, ganadora de las ediciones de Munich-1972 y Montreal-1976, por demás su paradigma de jabalinista, y a la soviética Tatiana Biryulina, recordista mundial hacía solo dos semanas antes. Llegó el momento y el puntiagudo aluminio salido de la joven de 22 años surcaba el cielo del estadio Luzhniki y no cayó hasta los 68,40 metros, que marcaba récord olímpico. No pudo lanzar más, pero hizo que Latinoamérica y el Caribe entraran en la historia con su primera presea dorada.

Su más preciado tesoro
Un entrenamiento conjunto con el equipo de Holanda en La Habana, justo a tres meses de los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996, la dejó en el suelo, el dolor era inmenso, apenas podía moverse. La trasladaron rápido al hospital y el diagnóstico parecía el final de su carrera deportiva. Una seria lesión cervical puso en riesgo hasta su locomoción. El anhelo más grande de un deportista se le escapaba. Pero se llama Driulis González, es guantanamera, cubana, batalladora incansable. Cuando nadie creía en un milagro, ella y su entrenador, otro invencible, Ronaldo Veitía, estaban seguros. Una minerva la acompañó por tres meses y solo la abandonó 15 días antes de la justa atlantina.
«Solo pensaba en ganar, el “gordo” me dijo que estaba preparada y que yo lo conseguiría». Sun-Yong Jung, la sudcoreana a quien ya había derrotado un año antes en el Mundial de Chiba, Japón, volvía a ser el reto por el cetro, una vez más, la judoca más laureada de Cuba se convirtió en la diosa del judo.
Campeona olímpica, del mundo, panamericana, centroamericana, nada se le escapó. Sin embargo, ni esa hazaña la guarda como su más preciado tesoro. Ese lugar lo tiene reservado para el 30 de junio, el día que como abanderada de la delegación a los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro-2007, recibió la enseña nacional de manos del General de Ejército Raúl Castro Ruz, en el memorial José Martí.

Feminas Medallistas Mundiales

Incluyendo a  Dianelys Montejo, medallaista de bronce en el teakwondo de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008

 

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Jose Achocalla dijo:

1

23 de agosto de 2018

07:35:26


HONOR A LA MUJER CUBANA, POR DAR TANTAS ALEGRIAS A NUESTRAS SUFRIDAS TIERRAS DE AMERICA, GRACIAS A LA REVOLUCION Y A FIDEL.

Brigada Médica Cubana en Angola dijo:

2

23 de agosto de 2018

12:21:04


Felicidades, gladiadoras del deporte y la condición de Mujer. Continúen inspirando a las nuevas generaciones. Salud y Gloria.

guisver dijo:

3

29 de agosto de 2018

11:57:12


UN GRAN RECONOCIMIENTO A TODAS ESTA ATLETAS Y MUJERES QUE TANTAS ALEGRÍAS NOS DIERON... NUNCA LA OLVIDAREMOS