ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La guerra entre las principales marcas de artículos deportivos encarece los productos y fomenta la desigualdad en el universo atlético. 

Zapatillas livianas que pesan menos de cien gramos; trajes de baño diseñados por expertos en hidrodinámica que «cortan» el agua con máxima eficacia; sensores colocados en distintos accesorios que calculan la frecuencia cardíaca y brindan otras informaciones en tiempo real; raquetas que reducen la vibración de impacto de la pelota…

Esas son solo algunas pinceladas de los adelantos de la industria mundial de artículos deportivos, la cual evoluciona tan rápido como las zancadas de Usain Bolt o las brazadas de Michael Phelps, íconos del universo atlético que, precisamente, han disfrutado de las bondades de ese enorme imperio de producción y, además, han contribuido a su desarrollo voraz.

Marcas históricas como Adidas, Puma y Nike, o la emergente Under Armour, cuatro de los grandes consorcios que patrocinan y visten a diversos competidores, controlan por completo el mercado deportivo y tienen una incidencia directa en los principales eventos, desde los Juegos Olímpicos hasta el Mundial de fútbol, los dos certámenes de mayor atención global.    

No puede decirse que siempre haya sido así, pues la producción de artículos deportivos tenía un desarrollo incipiente a finales del siglo XIX y principios del XX, pero el auge industrial, la proliferación de los clubes y la consiguiente profesionalización de la actividad del músculo cambiaron la esencia del negocio, porque, a fin de cuentas, no se puede catalogar de otra manera este gran entramado de empresas.

UN NEGOCIO RENTABLE, PERO…

Según estudios realizados por Plunkett Research, sitio especializado en análisis estadísticos de negocios, el valor de la industria del deporte mundial puede equiparar las exportaciones de Estados Unidos en un año y perfectamente supera el PIB de naciones completas. Además, un club poderoso de fútbol o béisbol ingresa más de 500 millones de dólares y una sola pelea de boxeo mueve más de un billón de dólares.

Las cifras son espeluznantes, máxime en los tiempos que corren, de extrema pobreza y necesidad para un alto por ciento de la población del planeta. No obstante, ellas dejan claro que el deporte es un negocio rentable para las grandes potencias y marcas, que invierten, generan y perciben cuantiosas sumas de dinero por conceptos de contratos televisivos, publicidad, licencias, merchandising o entradas.

Pero más allá del impacto de estas firmas en la representación de atletas y en la transformación de los mismos en verdaderas personalidades de culto de acuerdo con sus resultados, detengámonos un minuto para pensar cuál es su verdadero alcance en el crecimiento equitativo del deporte.

¿Realmente los productos de última generación de Puma pueden llegar a un chico pobre de una favela en Brasil, o las aldeas más intricadas de Centroamérica o África? ¿Realmente la carrera desenfrenada entre Adidas y Nike persigue, al menos como objetivo secundario, el descubrimiento y financiamiento de talentos emergentes en países subdesarrollados?  

La respuesta a esas interrogantes es un rotundo no; más bien las empresas han utilizado al deporte como una fuente ideal para el enriquecimiento, han fomentado la desigualdad y aumentado la brecha económica entre ricos y pobres, estos últimos con muy pocas opciones de adquirir implementos o desarrollar infraestructuras para la práctica de cualquier disciplina.

LA ETERNA GUERRA DE LAS MARCAS

El hecho de que las principales firmas de artículos deportivos persigan el mismo fin y provoquen efectos similares en países subdesarrollados, no quiere decir que exista hermandad o cooperación entre ellas, al contrario, sus relaciones están matizadas por los rencores tras viejas trampas y la competencia en áreas de investigación, desarrollo y adelantos tecnológicos.

Los emporios de Adidas y Puma, por ejemplo, tienen sus orígenes en Alemania, de hecho, surgen tras el quiebre de las relaciones entre los hermanos Dassler (Adolf y Rodolf), quienes habían fundado desde los años 20 del siglo pasado una sociedad conjunta (Gebrüder Dassler Schuhfabrik) que fabricaba calzado deportivo.
Dicha empresa ganó fama mundial en la década de los años 30 al fichar a Jesse Owen, el estelar velocista negro que conquistó cuatro títulos olímpicos en Berlín 1936, frente a la mirada desafiante y frustrada de Adolf Hitler. Sin embargo, los hermanos Dassler desintegraron su proyecto tras la Segunda Guerra
Mundial dando paso a Adidas y Puma. Paradójicamente, desde ese momento nunca más encontraron la paz.

El punto cumbre de sus encontronazos se vivió en el Mundial de fútbol de México 1970, de cara al cual las poderosas marcas habían concertado una alianza de no agresión conocido como el «Pacto Pelé», pues ninguna de las dos podía intentar fichar al astro brasileño para que luciera su marca.

No obstante, un representante de Puma aprovechó que el mítico delantero no conocía tal acuerdo y lo captó a espaldas de la propia empresa, que después dio el visto bueno y desencadenó la lucha con Adidas, de la cual no salieron muy bien parados, pues en los últimos 20 años han visto cómo la marca de las tres barras los destrozaba por completo en el mercado.  

Nike despuntó mucho después, y durante bastante tiempo observó con recelo la lucha entre los dos buques insignias, hasta que Michael Jordan cambió para siempre la suerte de la marca norteamericana con sus zapatillas Air Jordan, demandadas por todo el mundo. Desde entonces, Nike ha sido el rival por excelencia de Adidas, una batalla sin cuartel que simula una constante danza de millones.

La competencia ha llegado a un punto tan denigrante que personajes como LaVar Ball, excéntrico exjugador de fútbol americano y baloncesto, puso en subasta «la piel» de su hijo Lonzo Ball, todo para ver cuál de las dos firmas (Adidas o Nike) ofrecía el contrato más lucrativo a cambio de que el chico usara sus zapatillas en su debut con Los Ángeles Lakers en la NBA.

LA CADENA DE LA MUERTE

El deporte moderno se vende a diario cual fastuoso espectáculo, en el que millones de personas consumen, a la par, las pautas comerciales propuestas por los consorcios que patrocinan los eventos, y el producto atlético en sí. Esta práctica se ha instaurado hasta los tuétanos, sobre todo gracias a los monopolios de comunicación, que bombardean con publicidad las competencias de los más diversos niveles.

Justamente, los compromisos publicitarios (por los que se pagan millones) y las empresas patrocinadoras, determinan en buena medida cómo, cuándo y dónde se concursa. Esto ha cambiado por completo el mapa de los deportistas, quienes cada vez deben prepararse más para afrontar un volumen de competición altísimo.   

Dichas exigencias, a las cuales debemos sumar la perenne y universal presión de los seguidores, han conducido a un sinfín de atletas por caminos oscuros (doping, apuestas, amaños), todo por el precio de conseguir contratos publicitarios de seis o siete ceros, privilegio reservado para un grupo minoritario que alcanza la «gloria» económica y propagandística en consonancia con sus resultados en la arena competitiva.

La mercantilización ha atacado el universo del músculo y los protagonistas son tratados como meros objetos, y empujados, en ocasiones, a sacrificar prestigio y valores por conseguir un resultado, incluso con riesgo de muerte por el consumo de sustancias prohibidas. Es un ciclo sin fin, un bucle en el que muchas veces, ni siquiera los propios deportistas, son capaces de apreciar que están atrapados.

BORRANDO EL ABISMO ENTRE LOS MUNDOS

Las naciones del Tercer Mundo, por lo general, destacan en el deporte gracias a talentos puntuales, pero, con frecuencia,  ese éxito se desvanece como una ilusión, al no tener el respaldo de bases sólidas.
No es extraño que esto ocurra, pues los países subdesarrollados son golpeados por el pobre acceso a todas las facilidades de una industria de artículos deportivos excesivamente clasista, que avista el universo atlético como fuente de ingresos fáciles y seguros.

Sobrevivir a ese enfoque neoliberal no es nada sencillo, pero Cuba lo ha conseguido y se erige a la vanguardia de los más desfavorecidos, incluso ahora que su movimiento deportivo no atraviesa su mejor momento.

¿Cuál ha sido la fórmula? En este pequeño archipiélago caribeño se ha defendido al deporte como derecho del pueblo, como fuente de salud y bienestar, noble camino que nos ha permitido consolidar un sistema organizado y exitoso en múltiples disciplinas, un hito si tenemos en cuenta nuestros escasos recursos económicos y las limitaciones impuestas por el país más poderoso del planeta.

Sin los beneficios de las grandes marcas, sin acceso a las tecnologías de punta desarrolladas en los laboratorios especializados de esas empresas, Cuba no solo ha puesto en alto su nombre, sino que también ha trazado un sendero para naciones con las mismas limitaciones.

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Miguel Angel dijo:

1

4 de mayo de 2018

08:12:20


El lema que empleó el Barón de Coubertain de "más rápido, más alto, más fuerte" cuando inauguró los Juegos Olímpicos modernos en 1896, Atenas feneció hace muchos años. El deporte se ha convertido en un lucrativo negocio, con muy limitado acceso por las naciones de ingresos bajos. Es imprescindible tener en cuenta estos elementos a la hora de analizar e interpretar los resultados deportivos de las mismas, incluyendo nuestra patria. En medio de la compleja y difícil coyuntura económica del mundo actual se insertan las actividades deportivas, lo que dificulta su desarrollo y buenos resultados.

Jesus Lopez Martínez Respondió:


4 de mayo de 2018

10:18:51

!Qué bueno que nuestros periodistas deportivos se dieran cuenta de lo que Ud. planatea y no fuerna tan sádicos con nuestros resultdos deportivos.!

Romny Respondió:


4 de mayo de 2018

12:16:34

Los resutados del deporte cubano tienes que der con la adquisición de implementos deportivos en deportes bien específicos, por ejemplo patinaje, ciclismo, salto con pértiga, entre otros que el implemento es tan protagonista como el atleta; pero en los deportes mas populares de cuba (boxeo, beisbol, baloncesto, futbol, boliboll, etc.) el problema no es con los implementos. Cuba en estos momentos tiene a la marca PUMA (una de las mejores del mundo) como suministradora de implementos deportivos para los atletas de alto rendimiento. Los problemas del deporte cubano son un poco mas subjetivos.

Ricardo dijo:

2

4 de mayo de 2018

10:12:06


Muy buen trabajo, un análisis breve pero ilustrativo de la realidad actual. Ante esas realidades que no son nuevas,( datan de hace décadas) Cuba a partir de un enfoque correcto e integral para el desarrollo deportivo logró superar esos obstáculos para erigirse durante muchos años como una verdadera potencia deportiva: El pensamiento estratégico del co. Fidel proyectó y materializó las bases del sistema, por solo mencionar algunas creó las Escuelas de Formación de Profesores, el Instituto de Medicina DEportiva,la Universidad del Deporte, las EIDE, las ESPA, los Centro de Entrenamiento de Alta Rendimiento, el deporte escolar, la masividad , los planes y programas de Educación Física y una fuerte Industria Deportiva que garantizó durante décadas el vestuario e implementos deportivos de muchas modalidades. A la luz de esas realidades, me cuesta trabajo entender la razón por la cual el INDER en el año 2012 o 2013 entregó ese bastión del deporte cubano a la Industria Ligera y se desentendió de esa importante obra, el resultado de esa mala decisión lo vemos a diario con la tardanza o carencia de vestuarios , artículos e implementos para competencias nacionales o internacionales que se desarrollan en nuestro país. Reitero que nunca se debió entregar esa vital Industria al sistema de la Industria Ligera la cual tiene decenas de renglones que garantizar muchos más prioritarios que los del deporte. Al final según se dice la decisón se debió a no querer enfrentar los problemas, trabajo y obligaciones que genera garantizar un sistema empresarial serio y sostenible, en fin como se dice por los humoristas ......se botó el sofá.... Ojalá algún día se rectifique esa decisión o al menos se asuma un proyecto serio e innovador.

curbelo dijo:

3

4 de mayo de 2018

11:04:26


A todo esto podemos llamarlo "oportunidades de desarrollo", xq nuestro país no ha desarrollado estas "oportunidades". Es verdad que son costosas pero todas van en función de mejorar el rendimiento y la calidad de vida, además de verse muy bien. Saludos cordiales...

Dalilis Respondió:


4 de mayo de 2018

14:06:57

Sr Curbelo, estoy muy de acuerdo con su comentario

Rafael Rodriguez dijo:

4

4 de mayo de 2018

12:57:41


Ya es hora que el estado retome y reactive la industria deportiva cubana, lo primero es retornarla al INDER y sacarla del ministerio de industria donde es el patico feo y con recursos del estado y de capital extranjero logremos producir al menos para la masividad y el deporte nacional tanto en vestuario como en todas las otras lineas que una vez tuvimos

Antonio Reyes Fernández dijo:

5

5 de mayo de 2018

08:07:59


Lo principal en el deporte es el hombre, este se forma desde su niñez en la base, es masivo en los barrios y municipios, selectivo para los equipos provinciales y nacionales, es impresindible que se le dedique tiempo y un minimo de recursos a la base, recordemos que en inicios de la revolucion existian desde los planes de la calle hasta los equipos en los barrios, de ahi salen las figueras deportivas, no podemos seguir seleccionando a quienes no tienen la vacacion ni salieron del barrio, jugando desde niños, compitiendo y demostrando sus capacidades. El deporte cuesta y el estado cubano demostró a lo largo de los años lo que era capaz nuestra nación, tenemos que mantener lo alcanzado y desarrollarnos mas.