ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Sotomayor celebra que su récord mundial esté al cumplir 30 años. Foto: Endrys Correa Vaillant

El hombre que cumplió cinco décadas de edad en este 2017, esculpió hace 29 años su nombre en la historia del atletismo, en el salto de altura, con la primera cota del orbe (2.43) en el Gran Premio de Salamanca de 1988, su ciudad fetiche, la misma que aquel 27 de agosto de 1993 fuera testigo del sensacional 2.45 metros que aún se resiste a ser derribado.

«De no ser saltador quizá me hubiese dedicado a corredor con vallas, lo que también me gustaba», revela el hoy bautizado como «Príncipe de las Alturas». Cuenta que en su natal Limonar, pequeño municipio de Matanzas, comenzó practicando, bajo la égida de Carmelo Benítez, el pentatlón pioneril, un conjunto de cinco disciplinas entre las que se encontraba el salto de altura, la cual, de todas ellas, era la que menos le gustaba.

¿Qué lo llevó entonces a decantarse por esta prueba?   

–Me llevó el deseo de  ganar y ganar. No quería saltar, aunque ganaba todas las competencias. Y en lo que me gustaba entonces terminaba segundo o tercero. Siempre observaba los resultados en la categoría superior. Si saltaban 1.65, me trazaba superar los 1.70; si era 1.75, me preparaba para el 1.80 y así sucesivamente. Mi objetivo lo cumplía, lo que a saltar un centímetro más de lo planificado le cogía miedo.

«En Matanzas llegué a sobrepasar los dos metros y cuando pasé a La Habana, con mejores condiciones, saltaba los mismos dos metros, no quería subir. Me tuvo que ayudar mi entrenador, el sicólogo y los ejercicios de acrobacia para ir perdiéndole el miedo a las alturas. Hasta de un paracaídas me tiré, así que le perdí el temor por completo».

Su ascenso fue meteórico: a los 14 años sobrepasó los dos metros, con 15 abriles «voló» sobre los 2.17 y a los 16 implantó récord iberoamericano superando los 2.33 en La Habana. En 1988 alcanzaba su primera plusmarca del planeta (2.43) y al año siguiente elevaba el listón hasta los 2.44 en Puerto Rico, hasta que en 1993 apuntaló el inalcanzable 2.45.

–Hoy se desempeña como secretario general de la Federación Cubana de Atletismo. ¿Cómo valora el presente de este deporte en la Isla?

–Para analizar el estado actual necesitamos hacerlo desde dos puntos de vista. Por un lado, no estamos en el mejor momento a nivel de mayores, hemos retrocedido en comparación con años anteriores. Esta temporada fue una de las más pobres en cuanto a rendimiento, aspecto que se reflejó en el Campeonato Mundial de Londres, celebrado el pasado mes de agosto, donde alcanzamos únicamente una medalla de bronce por medio de la pertiguista Yarisley Silva, la cota más baja desde Helsinki 1983.

«En Londres tuvimos actuaciones destacadas como el caso de Yorgelis Rodríguez con su cuarto lugar en el heptatlón, pero el resto no lo hizo muy bien, hubo atletas con un gran recorrido durante toda la temporada que no estuvieron a su altura en esa lid. A pesar de ello, tenemos confianza en que vendrán resultados superiores. Contamos con una cantera de atletas en las categorías juveniles y de cadetes, y otros que apenas superan los 20 años como Maykel Massó y Cristian Nápoles, por citar dos ejemplos, quienes ya poseen marcas relevantes. Creo que para el Mundial de Doha 2019 y los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 veremos actuaciones superiores a las de Londres y la cita estival de Río 2016.

Me comentaba sobre algunas figuras que durante la temporada tuvieron buenos resultados, pero no así en el Mundial ¿Este es un problema del atletismo cubano, que los atletas no registran sus mejores marcas en la competencia fundamental?

–Todo el mundo trata de alcanzar su mejor resultado del año en el principal certamen de la temporada, pero yo digo que eso es muy difícil. Fue complicado para mí, para Ana Fidelia Quirot, para Iván Pedroso. Lo que se tiene que buscar es un rango y un objetivo. Por ejemplo, si estoy saltando 2.40 metros en el año, mi marca tiene que oscilar sobre esa altura. Si mi propósito es ganar y lo hago con 2.38, cumplí mi objetivo. También puede suceder lo contrario, alcanzar mi mejor desempeño del año y quedarme sin medalla. Son factores para poner sobre una balanza, no se puede ser absoluto. Lo que no debe suceder es que si en 400 metros planos haces 44 segundos, te aparezcas con un 44.90. Un Mundial no es un Memorial Barrientos ni un meeting internacional, hay mucha presión, y ello no puede perjudicarte. A mi juicio hay dos elementos que conspiran en contra de un buen desempeño en los grandes certámenes: la mala planificación de los entrenamientos y que el deportista no sea de competencia.    

–¿Considera que la actual generación de atletas cubanos está sometida a mayor presión sicológica que las anteriores?

–No quiero decir que el atleta actual no sienta esa presión que emana del compromiso, pero vivimos una época distinta tanto a nivel deportivo como en el contexto social y es lógico que piensen diferente. Hoy constituye un elemento positivo que los deportistas tengan una mayor estimulación en el plano material, sin embargo, el retroceso en comparación con etapas pasadas está en la base, donde no se cuenta con las instalaciones, los implementos y otras facilidades necesarias.
–El deterioro en las instalaciones y las dificultades materiales han mellado la calidad del atletismo.

–Exacto, pero hay que sobreponerse. Un grupo de saltadores retirados nos dimos a la tarea de innovar colchones de saltos de altura. En el Centro Nacional de Biopreparados se producen unos tapones de gomas para algunos de sus productos, que por cuestiones ecológicas no se pueden reciclar para esa industria. Ese material nos sirve para rellenar los colchones y además estamos gestionando con otra empresa la fabricación de los forros. Sería un implemento pensado para las EIDE, donde los muchachos saltan entre 1.70 o 1.80  metros. Si la idea funciona esperemos que se extienda al resto de las provincias.

«En Matanzas, cuando estudié, había dos colchones, uno en el estadio y otro en la cátedra de atletismo que lo empleábamos para hacer salto sin impulso, de tijera. Sin este recurso lo único que se puede realizar en la base es el «salto de tijera», pero cuando subes a otra categoría lo que te toca es saltar de espalda, y sin colchón es imposible».
–Sin embargo,  una de las épocas doradas del atletismo cubano coincidió con el periodo especial.

–En esa época nos quejábamos menos, hoy algunos atletas y entrenadores buscan cualquier excusa para justificar un mal resultado. Yo, siendo campeón olímpico y recordista mundial, iba en bicicleta a entrenar al Estadio Panamericano. Si le dices a un muchacho de ahora que debe hacer eso, te responde que así no se mueve. ¿Comprendes? Por supuesto, quise disponer de mejores condiciones, pero había que avanzar con lo que poseíamos. Hay que buscar soluciones.

Ofrézcame su juicio sobre el desempeño de Luis Enrique Zayas.

–Cuando Luis Enrique Zayas saltó 2.27 y ganó oro en el Mundial juvenil 2016, yo pensé que este año por lo mínimo superaría el 2.30. Primero, por el resultado que tuvo y porque estaba puliendo su técnica sobre todo en la carrera de impulso, pero al parecer no le cogió bien el ritmo. Ahora mismo la cantera de saltadores de altura es pobre, solo se destaca Zayas.

–¿A nivel mundial a quienes pondera en el salto de altura?

–Están Muttaz Barshim (Qatar) y Bohdan Bodarenko (Ucrania), quien tuvo par de temporadas buenas, la diferencia es que en mi tiempo había varios atletas como ellos.

–En un momento creyó que podía caer su récord del orbe, después ya no pensó igual.

–Por los años 2013 y 2014 tanto Barshim como Bodarenko rozaron esa posibilidad. Existía mucha rivalidad entre ellos y estaban a un alto nivel. Pasaron los años y no lo lograron, ahora les va a costar mucho más trabajo. El tiempo no avanza por gusto. El canadiense Derek Druin es un saltador muy competitivo, aunque no es el que me preocupa para romper el récord.

–¿Qué se siente al ser el único cubano dueño de un récord del orbe?

–Para mí es un orgullo. No me gustan los tatuajes, y te digo que si cumplo 30 años siendo recordista del orbe me voy a tatuar el 2.45. Y ya voy por 29…

¿Ese 2.45 lo considera el «salto perfecto»?

–No, para nada, tuve mejores que ese. En el salto de altura y la pértiga, a diferencia de la longitud, los lanzamientos y los eventos de pista, tu mejor desempeño puede que no quede registrado en una marca. Me explico, cuando lanzas la jabalina tu registro es donde caiga el implemento y en el salto de longitud lo que marca es la última huella. En salto de altura y la pértiga no sucede así. Virtualmente tu puedes saltar, no sé… 2,40, pero la varilla estaba sobre 2.30 y ese es el resultado con el que te quedas. Si lo mides por donde pusiste el centro de gravedad puede ser superior, o sea, uno quizá sobrepase la varilla con diez centímetros de diferencia, pero eso no cuenta. En el Mundial de Stuttgart 1993, cuando gané la medalla de oro con 2.40 metros, mi centro de gravedad estaba situado en 2.50. La parte más cercana del cuerpo pasó a 2.46 o 2.47, superior al récord del orbe, pero lo que marqué fue 2.40.

–¿Alguna vez intentó superar su récord?

–Jamás, en entrenamiento ni lo intenté. Si yo hubiese saltado 2.45 en entrenamiento, con seguridad superaba los 2.50 en la competencia. Yo era de los atletas que en competencia lo hacían mejor que en el entrenamiento.

–Pensé que ocurría lo contrario, que los atletas lograban mejores marcas en entrenamiento, sin la presión de la competencia.

–Los hay que son así. Es lo que hablamos anteriormente, ¿Como en entrenamiento o a principio de temporada vas a lograr una marca y después en competencia no te vas ni a acercar? ¿Qué pasó? En la preparación yo saltaba como máximo 2.35, y en dependencia de cómo lo hiciese —con cierta facilidad y que la técnica fluyera muy bien— era suficiente. Una sola vez en la vida salté 2.37 entrenando, el medidor mío eran los 2.35. Cuando lo hacía cómo máximo tres veces era: ¡A recogerse! ¡Aquí no come nadie!

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miguel rodriguez dijo:

6

10 de noviembre de 2017

15:34:51


Pasara bastante tiempo en tener atletas como ustedes(soto,ivan,ana fidelia)nos faltan recursos y entranadores

pABg0nZ dijo:

7

11 de noviembre de 2017

01:42:05


Por supuesto que Soto tiene razón cuando dice que los atletas antes eran diferentes, a pesar del difícil contexto, eran más sacrificados. Pero precisamente el cambio en la mentalidad de la gente es la que mueve el mundo y si en todo el mundo han cambiado muchas cosas y los atletas cubanos son parte del mismo, es normal que ellos cambien. Teniendo en cuenta que según la ley de la evolución sobreviven las especies que se adaptan a las nuevas situaciones, entonces si en el INDER conocieran eso las cosas funcionarían mucho mejor. Y volviendo al tema del sacrificio también se conoce que se predica mejor con el ejemplo, por tanto los que están al frente de determinados grupos de personas se deben comportar como esperan que sus discípulos lo hagan. Para ser un buen dirigente no hay que ir en carro al estadio cuando se va a visitar a los atletas.

j.columbie dijo:

8

11 de noviembre de 2017

12:01:35


Mirian tu le pregunta a Sotomayor porque hay tantos cubanos compitiendo por otros paises.Esa pregunta hacela a la direccion de deportes y al gobierno cubano y a esos deportista que compiten bajo otra banderas.Yo te puedo decir que mi opinion es que Cuba se ha dado cuenta muy tarde de que en el mundo de hoy no exite el deporte amateur y el deporteen jeneral es profecional ,es un centro de trabajo normal y una mercancia se paga y se vende de acuerdo con su calidad .Estos deportistas cubanos se han dado cuenta de su balor y su calidad ,que en cubano se lo dan y por eso decercionan .pero yo estoy ceguro que dentro de poco las cosas cambiaran ,y el deporte cubano bolbera a los lugares de antes ,el potencial esta y ya cuba ha comensado a darle la posibilidades a sus deportistas a firmar en el profecionalismo .Osea nos dimos cuenta que el profecionalismo en el deporte al igual que en la cultura tenemos que axestarlo ,esa es la evolucion y la solucion .muchas grasias desde Alemania

Dr. José Luis Aparicio Suárez dijo:

9

11 de noviembre de 2017

18:04:40


¡Felicidades Soto! Eres, indudablemente, un campeón, por las victorias y plusmarcas, pero también en la promoción de la práctica del deporte y el mejoramiento humano. Seguirá tu “principado en las alturas” (de tu responsabilidad actual y el legado para las nuevas generaciones). Gracias. Un abrazo.