ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
JR ante su gigantografía en el Barrio Chino. Foto: Cortesía del entrevistado

Desde el balcón de su casa, un niño se asoma para observar la calle. El fotógrafo, alerta ante los signos aparentemente más nimios del acontecer cotidiano, aprieta el obturador. Ese mismo niño, que lleva en su piel el color cubano, agigantado por el artista, ahora se asoma sobre la enorme pared que separa un antiguo cine del Barrio Chino de La Habana de un área recreativa comunal.

Esa es la contribución del reconocido artista francés JR a la XIII Bienal de La Habana, acción patrocinada por la Embajada de su país en Cuba y la sede insular de Gallería Continua y que encaja a plenitud con el espíritu de un evento que se propone, en correspondencia con uno de los principios de la política cultural cubana, democratizar el disfrute de los más altos valores estéticos.

La imagen de JR es visible para todos los transeúntes que recorran durante un mes la calle Rayo, en pleno corazón del Barrio Chino. «No me interesa hacer arte para unos pocos, ni creo en el arte como un coto para especialistas, sino como una posibilidad para que la gente se reconozca y comparta sentimientos», declaró JR a Granma.

En los últimos años ha establecido con Cuba una relación intensa. Estuvo en la XI Bienal, en faena conjunta con el creador cubanoamericano José Parlá. Desplegó en varias zonas de la ciudad –recuerdo particularmente el mural de San Miguel, entre Aramburu y Soledad, en la barriada de Cayo Hueso– fotos también gigantescas, en blanco y negro, de 25 personas de la tercera edad, que Parlá complementó con su peculiar manera de tratar gráficamente fachadas y muros. De ahí salió también el libro Los surcos de la ciudad (Wrinkles of the City: Havana), favorablemente acogido por la crítica.

Luego vino a la capital cubana para presentar en la sala teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, el último diciembre, la segunda proyección en la Isla del documental Rostros y lugares, que ya había estado en la programación del 39 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. En su realización acompañó a la célebre cineasta francesa Agnes Varda, recientemente fallecida, con quien itineró por localidades de la Francia profunda en busca de historias de gente de a pie.

Arte para la calle, si se quiere efímero, pero impactante, es la divisa de JR, que entre nosotros adquiere un significado diferente al que posee en otros sitios donde ha estado: «Aquí el diálogo con el público es directo y no compite con vallas publicitarias que anuncian productos para el consumo. La invitación es precisamente para consumir arte y para que todo el que entre en contacto con la foto del niño, sobre todo los residentes en el Barrio Chino, se asomen, como él, a contemplar con otros ojos esta parte de la ciudad donde se respira un marcado ambiente popular».

JR va de un lado a otro del mundo con esa concepción del arte que privilegia el entendimiento humano. Cuando quiso visibilizar la dignidad que se merecen las mujeres, las retrató con una carga poética evidente que se concretó en la serie Woman are Heroes. Uno de sus proyectos de alcance global fue InsideOut, puesto en marcha en 2011, en el que invitó a que todo el que lo deseara enviara una foto suya con una frase acerca de lo que representa la imagen. Se involucraron a lo largo del tiempo más de 260 000 mujeres y hombres de 129 países.

La agenda de JR no ha sido ajena a los graves conflictos de este mundo. Tan importante como la orquesta israelo-palestina del famoso pianista y director argentino Daniel Barenboim fue la acción Face2face desarrollada en 2007 en la Cisjordania ocupada por los sionistas. Pasiones encontradas se desataron por las imágenes que trasegó a uno y otro lados del muro levantado por las autoridades israelíes: en una torre de vigilancia del ejército de Tel Aviv pegó fotos de palestinos; en la fachada de un edificio habitado por palestinos colocó una gigantografía con la foto de un judío.

A Trump y sus acólitos xenófobos y antinmigrantes seguro no gustó la foto monumental de Kikito, un niño de un año que vive en Tecate, justo frente a la frontera con Estados Unidos. Desde el lado norteamericano pareciera que el niño está  a punto de saltar.

Antes de viajar a Cuba para la XIII Bienal de La Habana, JR focalizó la atención de los parisinos y los turistas que constantemente arriban a la capital francesa atraídos por el patrimonio artístico que atesora. Camufló con imágenes en blanco y negro la icónica pirámide del Museo del Louvre.

En una oportunidad, JR proclamó: «Los artistas enfrentamos el desafío de tener los ojos bien abiertos ante el mundo y de ver las cosas más allá de lo que muestran los medios. Creo que los grandes muros son internos, y me gusta derribarlos haciendo cosas que la gente cree imposibles».

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