ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Durante la presentación del libro fueron entregados a la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado un conjunto de pertenencias del héroe. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Desde hoy será suficientemente conocido un hombre que con 33 años fue nombrado Comandante del Ejército Rebelde. La deuda, reclamada en varias oportunidades por Fidel, ha sido saldada por Alberto Alvariño Atiénzar, Milderth Álvarez Pérez y Cecilio Jiménez Marroquí, autores del libro Ramón Paz Borroto, en la forja de una proeza, que la editorial Verde Olivo pone a disposición de los lectores interesados en conocer la talla de los que hicieron posible el triunfo de la Revolución Cubana.

El Memorial José Martí acogió la presentación del texto, a cargo de Rigoberto Santiesteban, director de Verde Olivo; el historiador Elier Ramírez; Alberto Alvariño, e Hildelilsa Díaz, su editora, en presencia del Comandante Delio Gómez Ochoa, entre otras distinguidas personalidades.

Conscientes de que esta publicación es cumplir con Fidel –a quien se dedica primeramente el volumen que honra a los invencibles combatientes de la inédita hazaña contra la Ofensiva de Verano de 1958– sus presentadores coincidieron al destacar en este joven su estatura moral y su audaz desempeño en las más arduas misiones, al mando del Comandante en Jefe.

Considerado por el Che como el mejor capitán del Ejército, Paz, confundido ante un mandato de Fidel, pidió al jefe que le ordenara pelear, «y entonces lo hizo del modo más elocuente». Así lo reseña el General de Ejército Raúl Castro en el prólogo que firma, donde insiste en la confianza extraordinaria que el líder le tributara y al que mencionara muchas veces hasta sus últimos días.

«Allí, en Providencia, en una sencilla tumba en la tierra donde libró su último combate, yacen los restos del héroe caído que, simbólicamente, reclama le manden órdenes para continuar peleando por la Revolución», dice Raúl, y considera este título un monumento a su memoria.

Al cierre de la presentación le fueron entregados a la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado un conjunto de pertenencias que acompañaban al héroe en la hora de su caída, 48 horas después de haber sido ascendido a Comandante, y los presentes palparon la historia viva desde la anécdota de Gómez Ochoa, quien fuera compañero de lucha del insigne revolucionario.

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