ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Quizá el aula sea el único ambiente donde Carmen Amador Fariñas dé rienda suelta a su oratoria. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Su voz salía del fondo de un oscuro pasillo de la Escuela Nacional de Arte. Solo ese sonido y mis pasos borraban el silencio. El aula, calmada, la atendía. Ella rompía el mutismo solo para mejorarlo. Yo sin remordimientos lo interrumpí, y fue para solicitarle la entrevista.

Quizá el aula sea el único ambiente donde Carmen Amador Fariñas dé rienda suelta a su oratoria. Fuera de ese ambiente su locuacidad se transforma en introspección, en una especie de taciturnidad que es necesaria para un creador, para un maestro, que necesita mantener ese ejercicio como medio pedagógico.

«Desde pequeña tuve vocación para enseñar, era monitora y mis maestros percibían la facilidad con la que me desenvolvía. Luego fui alumna ayudante en el nivel elemental y más tarde di clases en la escuela García Caturla, donde era jefa de cátedra».

Después de responderme de forma escueta, hace silencio. Me mira, tal vez recordando su juventud o su infancia en una familia humilde, cuando los azares del destino quisieron que su madre la llevara a ella y a su hermana a las pruebas de ingreso de la escuela Alejandro García Caturla, donde mismo después diera clases.

Desde ese momento el violín es su compañero y el ingenuo sueño de ser bailarina quedó desvanecido.

«Me gusta el violín, sin embargo, hay dos instrumentos que identifican mi personalidad: el violonchelo y la viola; por su sonido, ambos transmiten melancolía y dulzura», dice tímidamente.

–¿Qué representa para usted la enseñanza artística?

–No quisiera repetir lo que todos dicen cuando se les hace este tipo de preguntas… pero lo cierto es que si volviera a nacer de seguro estudiaría la misma profesión. Me identifico tanto con la enseñanza artística… que es mi vida. Me sobrepongo a la tristeza en cuanto llego al aula, me alegra ver a mis estudiantes realizando sus sueños. Vivo apasionada por lo que hago.

–¿Cómo evaluaría la enseñanza artística en Cuba?

–Excelente. La formación que se les da por cuatro años a los estudiantes en la Escuela Nacional de Música es magnífica, y no soy la única que lo considera así; tanto los planes de estudio como la preparación de nuestros estudiantes son elogiados internacionalmente por profesores de Alemania, Austria, Holanda y Estados Unidos.

Sus ojos aún denotan cierto brillo, cierta alegría por haber recibido el Premio Nacional de Enseñanza Artística 2018, el más importante de su carrera.

«No me sentía preparada para recibirlo. Había otros nominados con posibilidades de ganarlo porque son excelentes profesores. Me emocioné mucho cuando me dijeron que el premio era mío; cómo no hacerlo, si es el reconocimiento por lo que he hecho toda mi vida. Además, escuchar a tantas personas referirse a mí de manera tan hermosa, me hizo sentirme querida».

Siente que el tiempo avanza, que aunque con más experiencia, sus energías no son las mismas y ve la necesidad del relevo. Necesidad que se convierte en el objetivo de vida de alguien que quiere seguir enseñando. «Mi mayor proyecto en el futuro sería dedicarme a orientar a los profesores jóvenes».

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