ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Palacio Presidencial. Foto: Juvenal Balán

Refugio no.1 De Palacio Presidencial a Museo de la Revolución, del periodista y escritor Julio A. Martí, es de esos libros que se devoran y dejan con deseos de seguir leyendo.

De reciente publicación por la Editorial Capitán San Luis, el que fuera Palacio Presidencial se convierte en testimonio de cuanto allí sucediera desde mucho antes de su inauguración (31 de enero de 1920), hasta los días actuales.

Acucioso en la investigación –como lo ha demostrado en libros anteriores– Julio A. Martí va en busca de los hombres y mujeres que por allí pasaron a lo largo de los años y los define en medio de los hechos que fueron noticias, o simplemente murmuración, antes de engrosar los anales históricos.

En total son 260 páginas con abundantes ilustraciones que incluyen los primeros trabajos de edificación y las trapisondas para obtener beneficios económicos de la obra, manía incurable entre políticos y militares apegados al Tesoro público.

El libro se abre con una detallada reconstrucción del asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957. 

Luego da un paso atrás y ofrece una visión política social, de rico estilo costumbrista, de aquellos primeros años de la proclamada república, en que los presidentes despachaban desde el Palacio de los Capitanes Generales.

La edificación de lo que sería el nuevo Palacio Presidencial había nacido en proyecto como residencia del gobierno provincial, pero se especula que luego de una visita de la primera dama Mariana Seva, esposa de Mario García Menocal, y quedar deslumbrada ella, llegó la mano presidencial alargando un decreto mediante el cual se promulgaba una «intervención» de la magna obra.

Para que el Ayuntamiento no protestara fue indemnizado con poco más de medio millón de pesos y un documento en el que se puntualizaba «la necesidad de un edificio que sirva de residencia al Presidente de la República y de asiento a las dependencia inmediatas…».

García Menocal fue el primero en sentarse en la silla presidencial. Era dueño de varios centrales y de otras propiedades valoradas en un millón de pesos.

De 1913 a 1921, en que concluyó su mandato, el Mayoral de Chaparra encontró la fórmula, según fuentes responsables, para amasar más de 40 millones de pesos.

La inauguración del Palacio habanero, con ciertos influjos del Versalles de Luis XIV, resultó un acontecimiento nacional: «Corrió el champán y fueron profusos los caros vinos y manjares servidos  en cristalería de Bohemia y vajillas de lujo. El fausto no tuvo en cuenta el hambre de las vacas flacas. Los invitados llegaban vestidos de etiquetas. El frac y la levita combinados con el sombrero de copa. Y en la mano el bastón elegante, con empuñadura de oro y marfil».

También de las primeras damas que pasaron por Palacio se ocupa el autor del libro. De la ya mencionada Mariana Seva asegura que «jugaba con las bancas de la Lotería Nacional, negocios que le permitían devengar alrededor de 4 200 pesos al mes, cifra muy respetable para la época».

Entre todas ellas, empero –cifras demostrativas de por medio– la más codiciosa fue Marta Fernández, esposa del dictador Batista, personaje al que se le dedican no pocas páginas a partir de su irrupción oportunista en la historia de Cuba tras el derrocamiento de otro tirano, Gerardo Machado.

Un Palacio Presidencial cuyos mandatarios abrirán las puertas una y otra vez al embajador estadounidense de turno, y a las delegaciones de ese país que constantemente visitarán la Isla. Ejemplos al respecto sobran, como cuando «el embajador Boaz Walton se abrogaba el Derecho de Mampara en el Palacio Presidencial, lo que equivalía a disfrutar el privilegio de programarle el tiempo al presidente (García Menocal) siempre que le fuera en gana».

Uno tras otro, contando los presidentes que solo estuvieron en la silla durante escasas horas, Julio A. Martí hace desfilar ante nosotros a todos aquellos hombres, con sus respectivas mujeres y expedientes de vida que marcaron una época.

Estilo ameno, datos que enriquecen y asociaciones precisas que permiten hablar de un libro de Historia en su mejor concepto.

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Ariel García Mascareño dijo:

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14 de marzo de 2019

17:44:39


Admirable y de altísimo mérito.